martes, 25 de julio de 2023

DEJA QUE EL ESPÍRITU GUÍE TU VIDA

Somos de vasijas de barro. Seres humanos frágiles, débiles y sometidos a sus propias pasiones. Personas fáciles de ser dirigidas por sus propias apetencias, sentimientos y deseos de todo tipo: ambiciones, envidias, odios, venganzas, concupiscencias, poderes, riquezas, suficiencias, narcisismo…etc. Personas fáciles de seducir y de esclavizar y muy limitadas.

En este contexto, propio de nuestro origen contaminados por el pecado, nuestra ambición nos lleva a quedarnos en la superficie y a no entender el mensaje que Jesús nos da, nos ofrece y nos enseña. Nuestro corazón está en otra dimensión, más terrenal y material. Los Zebedeos, incluso su madre, no comprenden nada de lo que Jesús les dice. Tampoco los apóstoles ni nosotros. Nuestra naturaleza humana está en otra dimensión y solo el Espíritu Santo puede transformarnos y abrir nuestro corazón a la realidad espiritual de la que también estamos formados y a la que también estamos llamados.

Somos cuerpos y alma y necesitamos al Espíritu Santo, que para eso ha bajado en la hora de nuestro bautizo, para comprender el verdadero mensaje de la Buena Noticia. Sin Espíritu no podremos asumir que nuestra misión es cambiar nuestra propia actitud de servirnos en servir. Hemos sido creados a imagen del nuestro Padre Dios, que precisamente es amor. Y amar es nuestra vocación espiritual, una amor que se concreta y materializa en servicio.

Son las últimas Palabras que Jesús pronuncia en este pasaje evangélico: (Mt 20,20-28): …  el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

lunes, 24 de julio de 2023

EL MILAGRO DE CADA DÍA

Posiblemente estemos ciegos y no veamos los milagros que se producen cada día. El amor se manifiesta a cada instante en este mundo aunque, aparentemente, aparezca escondido o no tan visible como realmente lo está. ¿Es que no es amor el respeto, la atención al enfermo, el saludo, el servicio y el procurarnos el bien unos a otros? ¿Y no pasa eso a cada instante en muchas partes de este mundo, sobre todo en las familias, que a su vez conforman los pueblos?

Un saludo, una sonrisa, un desear buenos días y que todo vaya bien, son chispas de amor que pululan y brillan a cada momento en los ambientes de este mundo. Es verdad y es evidente que también junto a estos deseos de amor – buenas semillas – también crecen la cizaña, tal y como decíamos ayer, y con la que hay que convivir sin desesperar y con la esperanza de que permanezca firme y productiva la buena semilla.

Si observamos cuidadosamente y con verdadera atención, la presencia de Dios se hace notable y visible a nuestra percepción espiritual. Nuestro corazón vive y goza de sobresalto en sobresalto experimentando la presencia del Espíritu de Dios en cada instante de nuestra vida y en todo lo que nos concierne y se relaciona con nosotros.

 Una mirada tierna, misericordiosa y comprensiva desde nuestra familia; un servicio que busca nuestro confort, nuestro bien y se preocupa de nosotros; unos gestos de amor incondicional de muchos que nos rodean nos hablan de la presencia de Dios en nuestras vidas. ¿No son esos verdaderos milagros que, aunque aparentemente insignificante son de inestimable valor?  

Quizás cuando aparece la cizaña y se ausenta el bien notamos poderosamente el valor y la necesidad del amor y es entonces cuando echamos de menos, apreciamos y descubrimos la presencia de Dios entre nosotros. Es entonces cuando sí advertimos que Dios está plenamente actuando en nuestras vidas y que está presente en nuestro camino. Realmente aquí, entre nosotros, hay uno más importante que todos los signos que quieran ver. Su muerte y Resurrección es el Signo por excelencia.

domingo, 23 de julio de 2023

CONVIENE DEJAR LAS COSAS EN MANOS DE DIOS

 

Mt 13, 24-43

Es evidente que en el mundo suceden muchas cosas malas y que hay momentos que nos parece que hay más mal que bien. Sin embargo, a pesar de nuestro parecer, cada día se producen muchos milagros. La semejanza del hombre con su Creador se pone de manifiesto en muchas cosas que nos recuerdan que nuestro Padre Dios está presente. Y es que a pesar de tantas cosas malas aparecen muchas buenas.

Junto a la semilla buena crece también la cizaña, la semilla mala. Y nuestra reacción inmediata es quitarla, cortarla e impedir que crezca y estropee la mala. La sorpresa es que nuestro Padre Dios nos dice que mejor es dejarla que crezca junto a la buena y, al final de los tiempos, Él hará la siega.

La indicación es que tenemos que vivir junto a la cizaña y no perder de vista nunca su poder de seducción que nos tienta para que olvidemos el valor del trigo, Tener siempre presente que el amor es el valor más grande que podamos dar. Abrir los ojos y ver la cantidad de cosas buenas – pequeños milagros – como frutos de la buena semilla que crecen y salen a la luz cada día. ¿Acaso no es un milagro que el mundo mantenga su equilibrio a pesar de la cantidad de cizaña que hay en él?

Y el objetivo es tener plena confianza en nuestro Padre Dios y obedecerle. Él está con nosotros y sabe de la malicia de aquel que, por la noche, ha venido y sembrado cizaña. Nos dice que no desesperemos, que crezcamos con ella pero siempre a su lado. No busquemos la perfección ni el arreglo inmediato.  Él vendrá al final a separarla la cizaña del trigo. Y ese mandato de nuestro Padre Dios nos alegra, nos fortalece y nos ayuda en el camino. Al final esperamos confiados que Él ponga las cosas en su sitio.

sábado, 22 de julio de 2023

TRAS LA MUERTE RENACE LA VIDA

Jn 20, 1-2. 11-18

La hora de la muerte es la que nos preocupa y lo que, a pesar de que le perdemos el olor, está siempre presente en nuestro camino. Porque, tarde o temprano en el correr de los años se hará presente en nuestro camino y, por supuesto, marcará el fin de este.

La situación es que aunque sea nuestro mayor temor le perdemos el rastro. Y esto tiene sentido. ¿Cómo podríamos vivir si no dejamos de tener presente ese momento? Sabemos que llegará pero, es un gran misterio, no lo tenemos en cuenta ni pensamos en ello. Eso nos da deseos de vivir y de caminar con alegría dependiendo de nuestra circunstancias sociales y familiares.

Sin embargo, por una causa u otra la muerte, la hermana muerte, como diría San Francisco, se nos hace presente, bien en nosotros o en personas cercanas o conocidas. Y con ella se nos van nuestras esperanzas y relaciones con personas queridas y que de alguna manera son importantes y significan mucho para nosotros. Eso sucedió con Jesús cuando fue crucificado y muerto en la cruz. Su Madre, sus discípulos y entorno cercano quedaron profundamente tocados.

El pasaje evangélico de hoy nos cuenta esa mañana en la que María Magdalena va camino del sepulcro, llorosa y afligida, a permanecer cerca de su Maestro. Seguramente a desahogarse y consolarse. No es capaz de encajar lo que ha sucedido y no entiende que Jesús haya podido morir de esa manera. Después de encontrarse con Jesús, escucharle y ver todo lo que ha hecho y la transformación de su propia vida, no puede asumir que todo acabe de esa manera.

De alguna forma no se resigna a esa muerte. Intuye algo y eso le mueve - ¿Espíritu Santo? - a acercarse al Sepulcro. Y sucede lo que tenía que suceder: Renace la Vida. Porque hemos sido creados para vivir y la Resurrección de Jesús, el Hijo de Dios, es el principio de esa nueva vida a la que todos estamos llamados. Nace pues la Buena Noticia a la que todos seremos invitados a proclamar y extender desde nuestra fe y con nuestras palabras y vida.

viernes, 21 de julio de 2023

EL SERVICIO Y LA NECESIDAD ANTES QUE EL PRECEPTO Y CUMPLIMIENTO.

Es evidente que nuestra naturaleza es limitada, débil y proclive a caer en el pecado. Más evidente todavía la necesidad de la Misericordia de Dios para poder ser salvo. Porque, si no, ¿quién puede salvarse? Ya esa pregunta se la habían hecho los apóstoles y la respuesta de Jesús fue contundente: Para los hombres es imposible más para Dios todo es posible.

Tarde o temprano el hombre está predispuesto a caer en la trampa del cazador. Hay un salmo – 124:7 – donde se manifiesta esta necesidad de la Misericordia de Dios y por la que somos salvados de la esclavitud y de la trampa del pecado. De cualquier forma sin la Infinita Misericordia de Dios quedamos presos, sometidos y condenados a la esclavitud del pecado.

Y esa tendencia proclive al pecado es mirada por nuestro Padre Dios con Infinita Misericordia. Él se fija más en nuestra debilidad, en nuestra necesidad de ser misericordiosamente perdonados que en el delito y la culpa. Sabe de nuestras debilidades y limitaciones y de nuestra impotencia frente al tentador y sus seducciones. Sabe de nuestras sumisiones y debilidades a las pasiones y lo fácil que resulta al cazador de tendernos una trampa.

Por eso, el Señor nos mira de otra manera a la propia mirada humana. Él nos mira con misericordia y con deseos infinitos de perdón. De eso sabe mucho Pedro, el apóstol que lo negó tres veces. Y también Pablo, el apóstol de los gentiles que persiguió duramente a los primeros cristianos. Y también debemos saber mucho nosotros, pobres pecadores, que caemos en la trampa del cazador un día sí y otro también. Experimentar nuestro perdón y salvación por la Misericordia de Dios nos ayudará también a nosotros a cambiar nuestra mirada de culpa y cumplimiento a los demás por una mirada de misericordia y perdón. Porque, para los hombres nos será imposible, más para nuestro Padre Dios todo es posible.

jueves, 20 de julio de 2023

NUESTRAS DIFICULTADES PODEMOS PONERLAS EN MANOS DE NUESTRO SEÑOR.

La vida se nos viene encima cuando menos lo esperamos y cambia radicalmente trescientas sesenta grados el rumbo que llevábamos. En unos instante todos nuestros planes pueden quedar rotos, imposible de llevarlos a cabo y totalmente destruidos. Son momentos tensos y difíciles que, de superarlos, nos exigirán mucho esfuerzo, paciencia y voluntad.

La Palabra que nos dirige hoy el Señor nos llega directa, mansa y esperanzada: (Mt 11,28-30): En aquel tiempo, Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Cuando aparentemente todo está perdido, Jesús nos abre sus brazos, nos acoge, no nos pregunta ni nos pide ninguna explicación. Simplemente nos tiende su mano y nos invita a descansar, a no desesperar, a sostenernos firmes, paciente y, sobre todo, confiados y esperanzados en su Palabra. El Señor lo que dice lo cumple.

Posiblemente la travesía será dura y difícil de soportar pero tengamos confianza que al final, cuando nuestra vida llegue a su final, todo tornará a la luz, al gozo y a la paz duradera y eterna. Y llegará porque no vamos solos. Jesús nos acompaña y nos invita a descansar en Él, Fuente de gozo y plenitud eterna.

miércoles, 19 de julio de 2023

LA BUENA NOTICIA ESTÁ CERRADA A LOS SUFICIENTES Y SOBERBIOS.

Mientras no limpie mi tierra – corazón – de toda dureza, piedras y abrojos, la semilla – Palabra de Dios – sembrada en mi corazón no dará frutos. Y no los dará porque no podrá germinar en la mala tierra de mi corazón. Una tierra dura que no deja que la semilla pueda germinar; una tierra llena de piedras que no deja que la semilla eche raíces; una tierra contaminada de abrojos que ahogan a la semilla e impide que germine. Solo una tierra limpia, abonada, trabaja con el arado y bien regada será capaz de permitir que la semilla – Palabra de Dios – germine, sea acogida y dé frutos.

Jesús nos lo va dando a conocer de forma simple, sencilla y al alcance de todos. Posiblemente nuestra tierra – corazón – esté endurecida por las malas hierbas de la soberbia, de la envidia, de la suficiencia, de las pasiones y egoísmos que no permiten que la Palabra de Dios sea oída, menos escuchada y, en consecuencia rechazada impidiendo que germine en nuestro corazón y dé frutos.

La única posibilidad de acoger el Reino de Dios del que nos habla Jesús es reconociéndonos pequeños, niños incapaces de caminar sin la ayuda de su Padre Dios. Lejos de esa actitud de sabios y entendidos que conocen los dogmas y criterios pero no los hacen vida en sus vidas. Porque, una cosa es conocer y saber y otra muy diferente, y es la importante, captar la esencia de la Buena Noticia donde el amor se hace centro y núcleo de la vida.

Por tanto, se hace necesario, muy necesario, deponer nuestras actitudes prepotentes y de sabios para acoger con humildad y pequeñez el Amor misericordioso de nuestro Padre Dios que nos ama infinitamente y nos regala nuestra salvación.