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lunes, 8 de julio de 2024

LA VIDA EN MANOS DEL SEÑOR

Nada, aunque pase desapercibido a nuestra vista y conciencia, sucede sin que el Señor no lo sepa, no lo acepte o lo permita. Todo está supeditado a Él y en sus manos. Es Señor de la vida y la muerte, por tanto, puede darla y quitarla. Todo según su Bondad y Misericordia Infinita.

De ahí la fama y la consiguiente búsqueda de Jesús. Hoy, el evangelista Mateo va al grano directo y narra, con mucha más sobriedad que Marcos, la petición de aquel jefe de los judíos a Jesús para que salve a su hija de la muerte. También, la curación de aquella mujer hemorroisa al tocar el manto de Jesús.

Todos buscan a Jesús para que les cure. Algo así como si se tratara de alguien con un poder capaz de curar y hasta de resucitar. Sin embargo, Jesús no es ni ha venido para eso. Si bien, aprovecha esos milagros para ir dejando mensajes y anunciando la Buena Noticia para la que realmente ha venido: Su Padre nos quiere con locura y con una Misericordia Infinita. Y Él ha venido para llevarnos a su Padre. Por eso se hace Camino, Verdad y Vida.

Su misión es esa, despertar nuestra fe con su Palabra para ponernos en relación con su Padre, anunciándonos que Él ha venido para rescatar nuestra dignidad de hijos, perdida por el pecado entregando su vida. Y, para ello, se vale de estos momentos de suplica por enfermedad o muerte. Nunca para su propia gloria sino para despertar la fe en nosotros y llevarnos al Padre. Todo para gloria del Padre.

lunes, 24 de julio de 2023

EL MILAGRO DE CADA DÍA

Posiblemente estemos ciegos y no veamos los milagros que se producen cada día. El amor se manifiesta a cada instante en este mundo aunque, aparentemente, aparezca escondido o no tan visible como realmente lo está. ¿Es que no es amor el respeto, la atención al enfermo, el saludo, el servicio y el procurarnos el bien unos a otros? ¿Y no pasa eso a cada instante en muchas partes de este mundo, sobre todo en las familias, que a su vez conforman los pueblos?

Un saludo, una sonrisa, un desear buenos días y que todo vaya bien, son chispas de amor que pululan y brillan a cada momento en los ambientes de este mundo. Es verdad y es evidente que también junto a estos deseos de amor – buenas semillas – también crecen la cizaña, tal y como decíamos ayer, y con la que hay que convivir sin desesperar y con la esperanza de que permanezca firme y productiva la buena semilla.

Si observamos cuidadosamente y con verdadera atención, la presencia de Dios se hace notable y visible a nuestra percepción espiritual. Nuestro corazón vive y goza de sobresalto en sobresalto experimentando la presencia del Espíritu de Dios en cada instante de nuestra vida y en todo lo que nos concierne y se relaciona con nosotros.

 Una mirada tierna, misericordiosa y comprensiva desde nuestra familia; un servicio que busca nuestro confort, nuestro bien y se preocupa de nosotros; unos gestos de amor incondicional de muchos que nos rodean nos hablan de la presencia de Dios en nuestras vidas. ¿No son esos verdaderos milagros que, aunque aparentemente insignificante son de inestimable valor?  

Quizás cuando aparece la cizaña y se ausenta el bien notamos poderosamente el valor y la necesidad del amor y es entonces cuando echamos de menos, apreciamos y descubrimos la presencia de Dios entre nosotros. Es entonces cuando sí advertimos que Dios está plenamente actuando en nuestras vidas y que está presente en nuestro camino. Realmente aquí, entre nosotros, hay uno más importante que todos los signos que quieran ver. Su muerte y Resurrección es el Signo por excelencia.

martes, 5 de julio de 2022

POR DESGRACIA, HACE FALTA MÁS QUE UN MILAGRO

Mt 9,32-38

La experiencia nos dice que, por el pecado, nuestra mente permanece en las tinieblas y, sin luz, no percibe el amor misericordioso que Jesús nos anuncia y presenta con respecto al Padre.

―Es un misterio ―intervino Manuel― que no nos demos cuenta del poder de Dios al romper las leyes naturales sanando y devolviendo la vida a los enfermos y a los muertos. Y ―continuó Manuel― es un misterio porque no reaccionamos a la bondad, misericordia y poder que nos muestra Jesús.

―El Evangelio de hoy ―precisó Pedro― deja bien claro que solo en momentos de impotencia y desesperación acudimos y buscamos al Señor.

―Sí, así es ―comentó Manuel― hace hablar a un mundo como cura toda enfermedad y dolencia y se resisten a creer. Incluso, le culpan de que echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.

―Y eso sigue ocurriendo actualmente ―puntualizó Pedro.

 

Al parecer, los milagros que Jesús hacía no bastaban para la conversión. Cuando permanecemos agarrados, por el pecado, a nuestros egoísmos y apetencias, nos cuesta dar el brazo a torcer y reconocernos pequeños y pecadores. Y, mientras no abramos nuestros corazones a la Palabra de nuestro Señor, nuestro corazón se resistirá a dejarla entrar.

Sometidos al pecado quedamos a merced del príncipe de este mundo y extenuados y abandonados como ovejas que no tienen pastor. Engañados y fascinados con espejismos que nos mienten y nos seducen falsamente mostrándonos una realidad de mentiras y de espejismos que aparentan lo que realmente no son. Indudablemente, la mies es abundante – termina el Evangelio de hoy – pero los trabajadores son pocos; roguemos, pues, al Señor de la mies que manden trabajadores a su mies.

Y la pregunta nacida de esta humilde reflexión nos cuestiona. ¿Estamos nosotros dispuestos y disponibles, no solo a rogar, sino también a comprometernos para atender a esa mies?

viernes, 1 de octubre de 2021

¿Y YO, DOY RESPUESTA A TODO LO RECIBIDO?

 

Posiblemente porque no nos damos cuenta y porque no  lo hemos meditado serenamente y seriamente. ¿De dónde me viene todo lo que tengo? ¿Quién me ha dado la vida y todo lo que tengo? Es posible que yo haya contribuido con mi obediencia, mi esfuerzo y trabajo, pero, ¿podía haberlo hecho yo solo? La pregunta es categórica y suficientemente clara. Todo te ha sido dado con una misión y finalidad.

Y, la realidad es que no somos conscientes ni de lo que tenemos ni de lo que hemos recibido. Creo y estoy convencido que no soy consciente de todo lo que me ha sido regalado y puesto en mis manos para que lo comparta y lo ofrezca - desinteresadamente - a los que lo necesiten. Es decir, a los más necesitados y pobres que quieran recogerlo y aceptarlo. Porque, dicho sea de paso, hay muchos - pobres y excluidos - que no quieren aceptar nada e incluso rechazan lo ofrecido con buena voluntad e intención y gratuitamente. 

Precisamente, el Evangelio de hoy nos pone varios ejemplos, Corazín, Betsaida, Cafarnaúm, de los que Jesús se lamenta por no haber correspondido tras realizarse muchos milagros en ellas. Pero, eso nos traslada a hoy, a nuestro presente y a nuestra realidad. ¿Damos respuesta nosotros a todo lo que Dios, nuestro Padre, ha realizado en nosotros? 

Es posible que muchos se quejen y hasta, aparentemente, tengan razones para hacerlo. La vida, sus situaciones, incluso familiares y de orden político y económico les han maltratado y sufren. Es el caso de Tiro y Sidón, que siendo menos agraciadas tendrán un trato con menos rigor. Dios impartirá justicia y, sea cual sea nuestra situación no perdamos nunca la esperanza de que Dios es nuestro Padre, conoce nuestra situación y nos escucha. Si estamos con Él y estará con nosotros. Y nuestras cruces y sufrimientos se convertirán en alegrías y felicidad eterna.

lunes, 14 de octubre de 2019

EXIGENCIAS Y MILAGROS

Resultado de imagen de Lc 11,29-32
A la hora de cuestionar nuestra fe todos exigimos pruebas y milagros. Eso de "demuéstramelo" lleva implícito un milagro. Parece ser que un milagro nos sacará de duda. Sin embargo, la realidad es otra, pues un milagro no parece ser la respuesta crediticia para todos. Hay milagros que sí despiertan la fe para unos, pero no para otros. O dicho de otra forma, unos creen y otros se justifican aduciendo casualidad, o accidente natural que les asista en la razón.

En la vida pública de nuestro Señor hubo muchos momentos parecidos. Algunos creyeron en su Poder y en sus milagros, pero otros se justificaban aduciendo incluso que actuaba en nombre de Belzebú. Algunos pueblos como Corazín o Betsaida, donde Jesús hizo muchos milagros, no se abrieron a su Palabra y no creyeron en Él. Recordamos también a Cafarnaúm como un lugar donde Jesús fue rechazado y no respondieron a los signos que hizo en esos lugares.

Hoy también ocurre lo mismo. Hay muchos lugares y muchas personas que cierran sus ojos a sus signos y milagros, que, a través de muchos que creen en Él son realizados. Sólo basta con ver historias de santos, incluso algunos contemporáneos de nuestro tiempo. No es cuestión de exigir sino de conocer y de abrirte a la acción del Espíritu Santo. Para eso se hace necesario estar a su lado y abrirte a su Palabra esforzándote en comprenderla y escucharla en la silenciosa y meditada oración. 

Hace falta confiar en su amorosa misericordia, porque Jesús es el Mesías enviado, el Resucitado, el que da Vida Eterna a todo aquel que abre su corazón a su Palabra y, creyendo en Él, la cumple asistido y auxiliado en y por el Espíritu Santo.

martes, 9 de julio de 2019

UN JESÚS INIGUALABLE


Resultado de imagen de Mt 9,32-38
Mt 9,32-38
Nadie ha podido hacer ni dar lo que Jesús ha dado. Por eso es el Hijo de Dios, porque su Poder ha sido inigualable. Ha hecho prodigios y milagros que nunca se han visto, no sólo en Israel sino en todo el mundo. Nadie ha curado al enfermos y paralíticos como lo ha hecho Jesús. Nadie ha sido capaz de resucitar a personas que han perdido la vida, ni antes, ni en su momento ni después de Él. 

Nunca nadie ha anunciado un mensaje de amor como lo ha hecho él. Un mensaje de amor que, todos nos damos cuenta, es la solución para el mundo. Un mensaje de amor lleno de bondad, de generosidad, de mansedumbre y gratuitamente. Un mensaje de amor incondicional e igual para todos los hombres y mujeres del mundo. Un mensaje de amor para buenos y malos. Nadie ha entregado su Vida de forma incondicional y gratuita para salvar a los hombres por amor. Una muerte que rescata al hombre y le da la posibilidad de alcanzar la Misericordia de Dios.

Realmente, ¿ha habido o hay alguien que haya podido parecerse a Jesús? Y sin embargo, muchos han creído, pero otros no. Y sigue ocurriendo eso. Muchos le siguen, pero otros se quedan a medias y algunos le rechazan. Y sin embargo, nadie puede igualarle ni siquiera imitarle. Nadie puede presentar y darnos su servicio, su entrega y su amor desinteresado y lleno de ternura y de misericordia. Jesús nos ha revelado el Rostro de su Padre Dios y en diversas parábolas nos ha presentado la forma de amarnos y su mensaje de salvación.

Hay quienes abrimos nuestros corazones a su Amor y, por su Gracia, le acogemos y creemos en Él. Sin embargo, otros se cierran a su Palabra y le quieren expulsar de este mundo. Es la lucha que experimentamos cada día en este mundo nuestro. El amor, que viene de Dios, y el mal que viene de aquellos que, incomprensiblemente no ven el Corazón amoroso de Dios. 

lunes, 1 de abril de 2019

LA FE NO SABE DE DISTANCIA

Resultado de imagen de Jn 4,43-54
Para el Señor no hay distancias ni lugar. Jesús puede curar cuando, donde y a gran distancia del lugar donde se haya la persona a la que se pide curar u otra cosa que se le halla pedido solucionar. Para el Señor no hay nada imposible, y si eso no fuera cierto, convendríamos en que no sería Dios. 

Eso da un sentido muy diferente a todo. Nos llena de esperanza y nos aclara que donde quiera que estemos y, por la Gracia de Dios, nuestras oraciones y nuestros actos pueden llegar a los que lo necesiten. Nuestras oraciones  porque para el Señor no hay barreras, oídas, Él nos lo ha prometido, su Poder actúa como, cuando y donde quiera solucionando lo pedido. Y nuestros actos solidarios llegan a través de las diferentes organizaciones o Cáritas, a las personas, por muy lejas que estén, que lo necesiten.

Pero, tanto de una forma como de otra, la fe es necesaria y vital. Sin fe no actúa a Gracia del Señor. Hay que creer y confiarse a Él depositando toda nuestra confianza. Así hizo aquel funcionario real, enterado de que Jesús había bajado a Galilea y de su poder de hacer milagros, acudió a buscarle para pedirle que fuese a curar a su hijo que estaba gravemente enfermo.

Con mucha frecuencia se repite esto. Acudimos al Señor cuando la gravedad está muy cerca de nuestra vida. Podemos preguntarnos, si aquel funcionario no llega a tener a su hijo gravemente enfermo, ¿hubiese buscado al Señor? Y más todavía, ¿se hubiese convertido él y su familia? Cada cual la tendrá que responderla si es capaz, primero, de planteársela.

Lo cierto es que experimentamos que muchas veces las circunstancias de la vida nos llevan a encontrarnos con Jesús. Pero, eso nos debe también descubrir que, a pesar de que todo vaya bien, nuestra vida camina hacia la muerte y, tarde o temprano, nuestro encuentro con Jesús es inevitable. Por lo tanto, tratemos de dejarnos encontrar por Él, porque es Él quien nos busca antes que nosotros. Nos ha creado, no para morir, sino para vivir eternamente y, por lo tanto, quiere darnos esa Vida Eterna.

lunes, 12 de febrero de 2018

ERRE QUE ERRE

Seguimos porfiando y retando al Señor. No terminamos por creer a pesar de sus milagros y su ternura. Tampoco nos, si nos sorprende, afecta su misericordia, pero no llegamos a cambiar. Seguimos erre que erre esperando un Mesías tal y como nosotros pensamos y queremos. No queremos un Mesías que venga a hablarnos de la Voluntad de Dios. Nuestro Mesías es el pensado y querido por nosotros.

De alguna manera también nosotros interpretamos la Voluntad de Dios. Nuestro corazón permanece endurecido y continúa hermético a toda Palabra de Dios. Queremos pruebas y milagros que nos aparten nuestras dudas. Todos estamos expectantes para que el Señor nos convenza. Tendremos fe si vemos milagros. Todos buscamos razones que refuercen nuestra fe y estamos ávidos de encontrar a personas que nos hablen y nos muestren experiencias o milagros.

¿Dónde queda nuestra fe? Porque, si para creer necesitamos milagros, nuestra fe no tiene razón de existir. Con milagros y pruebas creerán todos. Se necesitaría ser tonto para viendo milagros no tuviésemos fe. La fe es realmente auténtica cuando se fía sin necesidad de ver. La fe exige la confianza de creer sin ver. Ese es nuestro mérito, regalo de Dios que nos da esa oportunidad. Para eso nos ha creado libre, con capacidad de elegirle o rechazarle.

Y a pesar de su Resurrección, el milagro de los milagros, seguimos incrédulos y resistiéndonos a fiarnos del Señor. Quizás el mayor milagro sea la Misericordia de Dios que, pacientemente, nos soporta, nos aguarda, nos espera y nos sostiene hasta el final de nuestra vida con la oportunidad y la esperanza de volvernos a Él y confiarnos a su Amor y Misericordia.

Dios se ha hecho Hombre y ha venido, encarnado en Naturaleza Humana, de María, por obra del Espíritu Santo, para revelarnos que el Padre nos quiere y en Él nos ha dado la oportunidad de salvarnos, puesto que ha pagado con su Muerte por nuestros pecados. Y con su Resurrección nos ha dado la Vida Eterna.

lunes, 24 de julio de 2017

EXIGENCIAS Y MILAGROS

(Mt 12,38-42)
El hombre exige pruebas y milagros para abrirse a la fe. Pero, más que llevado por su inquietud, por razones de poder. El hombre teme que Jesús les quite poder. Observan que la gente le sigue y se rinden a su Palabra y Obras. Y eso les enfurece y desespera. Tratan de desacreditarlo, y es por eso por lo que le piden que haga algún prodigio que les deslumbre y les convenza.

No deja de ser una contradicción exigir pruebas para responder con la fe. La fe no pide ni exige pruebas, pues su esencia es precisamente el fiarse y abandonarse en aquel que cree. Y cuando la tienes, la fe desaparece. Pues, delante del Señor no te hace falta. Ya lo estás viendo. Conocemos al Señor Jesús por la historia, y también por el testimonio de sus apóstoles derramado en la Sagrada Escritura. Fueron muchos los que presenciaron su Muerte, y, sus apóstoles, su Resurrección. Fundamento de nuestra fe.

Quizás nos ocurre como a aquellos escribas y fariseos. Admitir la Resurrección de Jesús nos invita al cambio de vida y a la conversión. Y eso nos complica la vida. Cuando se piensa que el amor es procurarse bienestar y satisfacción para uno mismo, se está en el polo opuesto, y lo que se hace es vivir en el egoísmo y para uno mismo. Luego, en cuanto se exige renuncia y sacrificio, el amor falseado desaparece y se desenmascara.

Entonces, tratamos de justificarnos y de levantar barreras que nos impiden creer. Utilizamos el filtro de la razón y ponemos nuestra condición humana, débil y frágil, para justificar nuestros pecados y no dar el brazo a torcer. Pensamos que, por nosotros mismos podemos amar, y no descubrimos que sólo en el Señor podemos llegar a ser capaces de vencernos y darnos en amor.

Jesús ya ha dicho todo en la Cruz. Nos ha redimido y perdonado, y en consecuencia, salvados. No habrá más señales ni prodigios. Todo ha sido consumado. Ahora depende de ti, de abrirte a su Palabra y a su Amor. Ha entregado la Vida por ti, para cambiarte la tuya por una Vida en plenitud eternamente.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

HECHOS MILAGROSOS QUE NOS DAN TESTIMONIO DE LA DIVINIDAD DEL SEÑOR

Si nos paramos a pensar cómo Isabel pudo saber que su prima María llevaba en su seno al Mesías y salvador, tendremos que convenir que no puede ser de otra manera que por obra del Espíritu Santo. Isabel no puede, ni entender ni saber que la criatura que lleva María en su seno es el Mesías enviado y esperado por todo Israel.

Queda, pues, totalmente probado que Isabel es asistida y auxiliada por el Espíritu Santo. Y su hermoso saludo, lleno de humildad, manifiesta el gozo y alegría, que es refrendado por el salto exultante de alegría y de gozo de la criatura que lleva en su vientre.

Esta hermosa página que, sin darnos cuenta, pasamos de largo, es un acontecimiento que nos llena de gozo, de alegría y entusiasmo, pues es la confirmación del cumplimiento de la profecía de Isaías 7, 10-14, sobre que "la Virgen está en cinta y da a luz un hijo...

Dichosos, decimos hoy, los que han creído, como María, porque la Palabra del Señor se cumplirá, se ha cumplido y se cumple siempre y en todo momento. El Señor vino, viene y vendrá al final de los tiempos como está prometido.

Pidamos esa Gracia, para que nuestra fe persevere, sea firme y nos conduzca por los caminos que llevan a ese pesebre donde nace el Señor y del que nosotros debemos tomar la fortaleza, la paciencia y el alimento para, humildemente, vivir en su Palabra y en su Amor.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¿NO ESTÁ PASANDO LO MISMO HOY?

(Lc 7,19-23)

Nos parece muy lejano aquellos tiempos en los que Jesús dijo: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

Sin embargo, hoy está ocurriendo lo mismo. Hay muchos milagros que no se cuentan, o que contados no se les da crédito. Incluso muchos tratan de mostrarlos como engaño o farsa. Se trata de desprestigiarlos y de que aparezcan como mentiras. A Jesús tampoco se le creyó, a pesar de la autoridad con la que hablaba y los milagros que hacía.

Por otro lado, es lógico pensar que Jesús no va a estar haciendo milagros y demostrando su divinidad toda nuestra vida. Hubo un tiempo en que vino la Palabra de Dios, y ya está proclamada. Ahora es tiempo de salvación, pero para ello necesitamos la fe. Es necesario creer y fiarse del Señor. Ese es el reto que debemos afrontar y en el que debemos confiar.

Los signos que Juan Bautista necesitaba le fueron transmitido: En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Y la respuesta de Jesús ya la hemos visto más arriba. 

Ahora, nosotros, tenemos el testimonio de la Iglesia que nos ha transmitido esa Palabra de Dios, y creemos como Juan Bautista y sus discípulos que Jesús es el Hijo de Dios hecho Hombre. Creemos que Él sigue actuando y sanando nuestros corazones y también curando enfermedades. Pero, lo más importante es que vendrá de nuevo para llevarnos a ese lugar que Él prepara para todos aquellos que creen en su Palabra.

viernes, 13 de febrero de 2015

EL PODER DE JESÚS

(Mc 7,31-37)


Me asombra el poder de Jesús, y me pregunto la reacción de aquella gente en cuanto a seguirle y a convertirse a su Mensaje. Por ejemplo: aquel sordo y casi mudo, pues apenas podía hablar, quedó asombrado y maravillado, y termina el Evangelio: Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Hay que suponer que la gente quedaba encantada con Jesús y le seguía a todas partes. Y que muchos se convertían al Evangelio. Su poder era algo único, desconocido y puesto al servicio de los más pobres y necesitados. No cabe duda que Jesús era diferente y que lo que decía lo afirmaba con autoridad y poder confirmándolo después con obras como la que vemos hoy en el Evangelio.

Dejemosno sorprender por Jesús y seamos dóciles a sus Palabras y crédulos a sus milagros, porque son hechos para manifestar su poder y dominio sobre las leyes del mundo. Pero, sobre todo, seamos capaces de ver que Jesús hace todo eso para anunciarnos el Reino de Dios y para invitarnos a aceptar su salvación.

Jesús, esas eran las palabras que se repetían por toda Galilea, todo lo ha hecho bien. Y continúa haciéndolo bien. Tengamos la confianza plena de pedirle que nos abra nuestros oídos para entender bien sus Palabras, y también que destape nuestra lengua para que proclamemos el Evangelio.

jueves, 4 de septiembre de 2014

LA ATRACCIÓN DE JESÚS


(Lc 5,1-11)

Jesús desprende admiración y la gente se agolpa a su derredor. Hay deseos, inquietud y esperanza en sus Palabras. El Evangelio de hoy nos dice: "En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios". Porque, supongo yo, la Palabra de Dios iba directa a dar respuesta a sus problemas, a sus inquietudes, a sus ansias de salvación.

En una primera enseñanza, ¿proclamamos nosotros una palabra liberadora y en consonancia con las respuestas que se le plantean al hombre de hoy? Porque quizás nuestras palabras se alejan de los problemas y la realidad en la que el hombre vive hoy. Sin lugar a duda, su ansias de salvación son la misma. Buscan la felicidad y la vida eterna, pero sus circunstancias y entorno son otros.

Jesús, quizás, y esto lo pienso yo, aprovecha la ocasión para afirmar su origen Divino, y el Poder que ha recibido del Padre. Obra la pesca milagrosa, y donde no han podido pescar nada los apóstoles durante toda la noche, Él hace el milagro de que recojan dos barcas casi dispuestas a hundirse. Sus Palabras quedan respaldadas por su Poder y sus hechos. El Evangelio nos dice sobre la respuesta de respecto a Pedro: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 

La respuesta de Jesús no se deja esperar:«No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron. ¿Estamos nosotros también dispuesto a dejarlo todo y seguirle? Esa es nuestra pregunta y a la que debemos dar respuesta. Pero nunca solos, sino auxiliados e injertados en el Espíritu Santo. 

martes, 4 de febrero de 2014

DESPERTAR DEL SUEÑO

(Mc 5,21-43)


Jesús manifiesta su poder y su divinidad. Devuelve a la vida a una joven muerta, y cura de una enfermedad, padecida toda una vida, a una mujer desesperanzada y sufrida. Pero lo importante no serán esos milagros sino el darnos cuenta de que Jesús es el Señor de la vida y la muerte y que en Él está nuestra esperanza y nuestra salvación. Eso significa confiar y tener fe en Él.

Pero no la salvación de ahora, una curación y un despertar de la muerte, sino la salvación eterna. También tengo esa experiencia. Fui despertado de una muerte súbita y en un momento que posiblemente no estaba preparado para morir y presentarme ante Él. Los médicos dicen que de cien mil escapa uno, pero yo digo y creo que fue la Mano del Señor que me salvó de una muerte inesperada y repentina. Daba un paseo matutino en uno de los días que mejor me sentía.

Pero hoy, agradecido y postrado en alabanza ante Ti, Señor, te pido que me asistas en la muerte que preceda a mi encuentro contigo. Esa es el momento verdaderamente importante, y que sé que tiene que llegar. Sin embargo, Señor, estoy aquí, ahora, en tu presencia porque Tú así lo has querido, igual que hiciste en aquel día con la hija de Jairo y la mujer enferma de flujo de sangre.

Infunde en mí, Señor, la sabiduría de acudir a Ti con mis humildes manos cargadas de amor.

viernes, 4 de octubre de 2013

HACER LO QUE ÉL NOS DICE


Lc 10, 13-16

Es la forma de expresarlo en castellano canario, porque yo soy canario. Hacer lo que Jesús de Nazaret nos indica es hacer la Voluntad del Padre, porque Jesús nos señala eso. Muchos lugares, como los que hoy nos señala el Evangelio (Corozaín, Betsaida, Cafarnaúm...) no obedecieron las indicaciones y mandatos de Jesús. No escucharon su Palabra y obedecieron a las suyas propias.

No procedamos nosotros de la misma forma. Obedezcamos en María a la Iglesia, nuestra Madre ahora en la tierra, que nos vuelve a decir que procedamos a vivir y actuar tal y como Jesús nos indica (Hacer lo que Él les diga) y señala en su Palabra. No cerremos nuestros corazones sino dejemos que se empapen del buen vino guardado en odres nuevos, y hagamos que renazcan jóvenes y nuevos para recorrer un camino nuevo de esperanza y de fiesta.

Vaciemonos del vino viejo que guarda nuestro corazón viejo, cansado y fracasado, y llenémonos del vino nuevo que Jesús, como hizo en Cana, obedeciendo a su Madre, transforma en aquello corazones que se abren a la esperanza de empezar un nuevo camino, que aunque trae dolor y lucha, llena de esperanza y alegría porque posiblemente coincide con la Voluntad de Dios.