jueves, 3 de agosto de 2023

UNA RED DONDE ENTRAMOS TODOS

Ahora lo recuerdo. En aquel momento no me di cuenta pero ahora caigo en la cuenta de que tiene mucha relación con el Evangelio que medito en este momento. Sucedió que me encontré con un amigo y comentamos las cosas que siempre suele decirse:

—Qué tal, ¿cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Bien, haciendo por la vida, respondió el compañero.

—Eso está bien, porque esta vida no se termina sino que se prolonga en la eternidad. Y hay que estar preparado cuando llegue ese momento, me apresuré a responder.

Mi intención fue recordarle a ese amigo que esta vida es antesala de la otra, la única, verdadera y eterna. Y tal como quedemos en esa, será para siempre. Por lo tanto, preocuparnos por trabajar para que nuestra situación en la otra sea la mejor será lo más importante que podamos hacer mientras caminamos por ésta.

No sé si realmente cogió la indirecta que le lancé. Recuerdo ahora que cuando no quieren, y cierran sus corazones a la Verdad, no ven ni oyen tal y como hemos reflexionado hace días. La realidad es la que nos cuenta el Evangelio de hoy: (Mt 13,47-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el …

Ese es nuestro destino: entrar en el redil del Señor, y no hay otro. Sabemos que el Señor sale a buscarnos – parábola de la oveja perdida – Mt 18, 10-14 – y no cesará hasta encontrarnos y ponernos a salvo. Así sucederá hasta que se nos acabe el tiempo en esta vida. Y hay que estar despierto y prepararse para ello. Esa fue la indirecta que le dije a aquel compañero. Hoy rezaré para que se dé cuenta y actúe en consecuencia.

miércoles, 2 de agosto de 2023

DENTRO DE MÍ HAY UN TESORO ESCONDIDO: ¿SOY YO ESE CAMPO DEL QUE HABLA EL SEÑOR?

Posiblemente no tenga que buscar afuera ni en ningún campo porque el Tesoro está dentro de mí. Jesús nos habla en parábolas y toma las situaciones por todos conocidas: tesoro y campo, para darnos a entender de forma amena y clara el gran tesoro que somos para Él.

Somos nosotros eseTesoro escondido. Dios nos ha creado semejantes a Él y ha sembrado en nuestro corazón la semilla de su Amor. A nosotros nos toca descubrirlo. Y no es nada fácil. La primera opción es ponernos en busca. Encontrar supone y exige buscar. Quien no busca no encuentra. Esta primera opción da pie a una primera pregunta: ¿Realmente estoy buscando ese Tesoro? Y si lo busco, ¿dónde lo hago?

La respuesta a esta primer pregunta nos puede aclarar muchos aspectos tanto de nuestra búsqueda como del lugar donde buscamos. Es evidente que estamos en este mundo y, a primera vista, lo aparente es buscar ese Tesoro en él. Sin embargo, la experiencia de muchos nos alumbran a que en este mundo no parece estar o, al menos, no lo encuentran. Luego, ¿qué hacemos?

Declinar nuestra responsabilidad y abandonar la búsqueda es algo parecido a resignarnos a no echar raíces o dejarlas secar por la abundancia de piedras o abrojos en ese terreno donde hemos sido sembrados. Nuestra tierra, aunque contaminadas con la dureza, piedras y abrojos, también tiene tierra buena. El trabajo de búsqueda consiste en limpiarla, ararla y abonarla. Esa tierra que buscamos y donde se esconde ese Tesoro buscado es nuestro corazón. Es ahí donde lo ha sembrado el Sembrador, nuestro Señor, y es ahí donde nosotros debemos buscar, limpiar, arar, abonar y dar frutos.

Somos nosotros ese campo donde nuestro Padre Dios ha escondido y sembrado su Palabra, su Reino. Cada uno de nosotros somos un sembrado particular, por decirlo de alguna manera simbólica, que Dios ha mimado y sembrado con su Palabra. Busquemos, pues, dentro de nosotros y, con los Sacramentos, abonemos nuestro propio terreno para dejarlo limpio y fértil en manos de nuestro Padre Dios.

martes, 1 de agosto de 2023

BUENAS Y MALAS HIERBAS

No hace falta confirmar que en el mundo hay buenas y malas hierbas. En eso todos estamos de acuerdo. La experiencia así nos lo dice y nos la hace ver a cada instante. La cizaña, el mal, ha sido sembrado al mismo tiempo que la buena semilla y crece junta a ella. Por tanto, el bien y el mal crecerán juntos.

Y eso lo vemos cada día: robos, injusticias, engaños, mentiras, malas intenciones y deseos, abusos, explotaciones, esclavitudes, vicios, drogas y hasta muertes. La cizaña ha crecido junto a la buena semilla. Deducimos que nuestra naturaleza humana está contagiada y herida por el pecado – cizaña – y establece esa lucha entre el bien y el mal.

Jesús explica muy bien el contenido de la parábola y deja muy claro el papel de cada uno: (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los …

Queramos o no esa es la realidad de nuestra vida y lo experimentamos a cada instante de nuestro camino. Eso sí, nuestra esperanza, y confiamos fuertemente en nuestro Señor Jesús, el bien triunfará sobre el mal. Esa idea que debemos tener siempre presente en nuestro corazón nos ayuda a seguir adelante. Al final, lo dice el Evangelio: … De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del …

Nuestra esperanza descansa en la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Así nos lo ha anunciado su Hijo, nuestro Señor Jesús en muchas ocasiones: la mujer adultera – Jn 8, 1-11 -; la oveja perdida – Lc 15, 1-10. Porque, al menos yo, he sido cizañan en algún momento de mi vida y, por la Misericordia de Dios, he sido convertido a buena hierba. Y esa lucha será constante: Cada día debemos preguntarnos qué clase de hierba estoy sembrando en mi corazón. Por eso debemos esforzarnos en cultivar bien nuestro corazón y ponernos en manos del ese Labrador Bueno que es el Espíritu Santo, usando términos agrícolas, para que nuestra especifica huerta del corazón se convierta en buena hierba y dé buen fruto.

lunes, 31 de julio de 2023

LA MÁS PEQUEÑA E INSIGNIFICANTE. POSIBLEMENTE LA QUE NADIE ESCOGERÍA.

De poco Jesús saca mucho. Su poder se descubre en lo pequeño e insignificante. Fueron simplemente doce discípulos los que eligió para que le ayudaran a anunciar su mensaje de amor y misericordia. Y doce elegidos de entre los más humilde, analfabetos y pobres. Se supone que para anunciar su mensaje debería haber escogido gente formada, bien preparada y de lo mejor de aquella época.

Es evidente que se hace más visible su poder escogiendo lo pequeño, lo pobre y humilde para tan alta misión. De lo insignificante consigue lo grande, darle la vuelta al corazón endurecido y egoísta del hombre. Y esto significa que para entrar en su Reino, ser su amigo y discípulo habrá que empezar por la humildad. Y hoy, en esta parábola nos habla de la semilla más pequeña e insignificante que nadie escogería como ejemplo de poder y fuerza.

Está claro, Jesús nos exige ser pequeños como niños abiertos a toda ilusión y creatividad.  Pequeños en actitud de disponibilidad, de aprender, de considerarnos pequeños y humildes para, desde la mano de Dios, crecer como esa pequeña semilla hasta dimensiones donde los pájaros llegan a anidar y donde la levadura fermenta toda la masa hasta el punto de hacernos ver que es su Poder lo que realmente hace todo. Simplemente, ha querido que nosotros, sus criaturas, tengamos una pequeña participación que el mismo nos ha concedido.

Y nos ha dejado la libertad para responderle. Una libertad que solo pasa por, injertados en Él, dejarnos conducir por su Espíritu y dar esos frutos que se espera de nosotros. Porque, precisamente esa pequeñez es la que nos descubre su Poder y que todos nos viene de la mano de Dios, nuestro Padre, concedido de manera gratuita y misericordiosa. Al considerarnos pobres y pecadores asumimos nuestra verdadera condición humano y entendemos que solo Dios, por su Amor Infinito y Misericordioso, nos salva, nos rescata, nos devuelve la dignidad de ser sus hijos y nos da la plenitud de la felicidad eterna.

domingo, 30 de julio de 2023

GOZO, ALEGRÍA Y FIRMEZA EN SABER QUE EL REINO DE DIOS ES LO QUE REALMENTE TE HACE FELIZ.

Nada de lo que consigas en este mundo referido a tus propias satisfacciones, riqueza, poder, admiración y un largo etc. te podrán dar el gozo y la alegría de saberte inquieto, disponible y dispuesto a buscar el Tesoro del Reino de los Cielos. Es ahí, precisamente, donde se esconde esa felicidad plena que buscas.

Y esa búsqueda te exigirá destreza, compromiso, riesgo y creatividad. Saber por donde buscar y perseverancia para buscar serán dos de las condiciones que tendrás que exigirte para la búsqueda del Reino, donde esperas encontrar esa felicidad eterna que buscas. Nunca esperes, con los brazos cruzados, que venga a ti.

La prueba necesita riesgo, fiarse y creer en que la puedes conseguir. De ahí se concluye y desprende que escuchar la Palabra de Dios es el Camino, la Verdad y la Vida. Poner todas nuestras esperanzas en Jesús que nos señala y enseña el camino para encontrarle. Él es ese Tesoro escondido en nuestro corazón – Reino de los Cielos – que nos llena plenamente de gozo y alegría.

Es evidente que todos buscamos un tesoro en nuestra vida. Un tesoro que podemos concretar en ser feliz. Pero, también es evidente que esa felicidad no llega. O dicho de otra forma, no se sostiene en el tiempo. Hay rachas o temporadas de cierta bonanza y felicidad y otras donde la inestabilidad, la angustia e infelicidad está presente. Y nuestra vida en este mundo transcurre en esas coordenadas.

Descubrir que ese tesoro está escondido en nuestro corazón y sembrado desde el inicio de nuestra creación es la mayor alegría y el mayor tesoro – valga la redundancia – que podamos encontrar en el camino de nuestra vida. Un Tesoro que es Jesús, nuestro Señor, y que en Él está precisamente todo lo que buscamos y queremos.

sábado, 29 de julio de 2023

«YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA: EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE HAYA MUERTO, VIVIRÁ»

Eso es lo que nos jugamos cada instante de nuestra vida. ¿Es que no nos damos cuenta o no nos importa? ¿Por qué, al menos, no le prestamos atención y tratamos de conocer un poco a Quien nos ha prometido la Vida Eterna?  Esa es la única cuestión que importa en nuestra vida porque de ella depende nuestra felicidad eterna. Todo lo demás por muy importante que nos parezca ahora sabemos que quedará en nada. Luego, ¿qué nos ocurre que no nos damos cuenta?

Está claro, el problema es cuestión de fe. Si no crees lo importante para ti será aprovechar al máximo el tiempo de esta vida. Sin embargo, eso nos llevaría a pensar que ese creador de todo lo que vemos, porque, ¿alguien tuvo que crearlo?, ¿no?

Sería muy injusto esa creación con todos aquellos que todo el tiempo de sus vidas, o casi toda, la pasan sufriendo y en la más absoluta pobreza. Y sabemos que hay muchas personas en esa situación. La vida sería una suerte y del más fuerte que sometería a los demás para satisfacerse el mismo. Precisamente es lo que estamos viendo en muchos lugares de este mundo.

Lo sensato, lógico y de sentido común es esperar a un Creador justo, bueno y que premie a los que creen en Él y se esfuerzan en vivir en su Voluntad. Lo lógico es pensar que quienes hayan recibido menos y lo pasen mal tengan luego la recompensa de pasarlo bien eternamente. En la parábola del rico epulón – Lc 16, 19-31 – Jesús nos lo deja bien claro. De no ser así este mundo sería una lotería y una injusticia.

Y no parece eso lo que nos dice nuestra simple razón. Pensamos y deseamos que quienes la hacen la paguen. Y esperamos que de eso se encargue nuestro Padre Dios que sabe mucho más que nosotros. Además es Infinitamente Misericordioso y sabrá perdonar nuestras imperfecciones y pecados. Solo nos pide nuestra fe y confianza en Él y, por supuesto, propósito de enmienda y arrepentimiento.

Lázaro, su querido amigo, junto a sus hermanas Marta y María son la respuesta que nosotros necesitamos imitar. Creer en el Señor, fiarnos de Él y esperar firmemente que en Él alcanzaremos la Resurrección a la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

viernes, 28 de julio de 2023

LIMPIA, ESPÍRITU SANTO, TODO LO QUE DE CAMINO DURO, PEDREGROSO Y ABROJOS HAY EN MI CORAZÓN.

Siempre tendremos al causante de que nuestra tierra no esté lo suficientemente limpia atento a ensuciarla, contagiarla y hacerla infértil, el pecado. Y siempre tendremos al tentador aprovecharse de nuestras debilidades y precipitarnos a la tentación.

Y siempre tendremos que estar atentos, ávidos y dispuestos a no desfallecer y estar injertados en el Espíritu Santo para que ese camino duro, terreno pedregoso y abrojos no nos seduzcan y sequen nuestra fe, esperanza y caridad. Un camino endurecido por nuestra pereza, nuestros esfuerzos desesperanzados, baldíos y cómodos. En esa calidad de tierra la semilla sembrada por la Palabra de Dios tiene pocas o ninguna posibilidad de germinar. Los pájaros de la vida – nuestras propias seducciones – la devoran y nuestra inquietud de germinar y dar frutos desaparece.

Es evidente que la Palabra de Dios nos gusta, nos llega al corazón, nos alegra y da esperanza. Cuando lo escuchamos con paciencia y tranquilidad nuestro corazón despierta y exulta de paz y gozo. Nos sentimos bien, a gusto, alegres y renovados. Experimentamos fortaleza y deseos de hacer esa Palabra vida en nuestra vida.

Pero, observamos que nuestro camino sigue igual de duro y difícil. Incluso hasta se empeora en muchos momentos. Aparecen las dificultades, enfermedades y problemas que nos invitan a reflexionar y pensar que antes, quizás, estábamos mejor. Nos desencantamos y pensamos en regresar y, casi sin darnos cuenta, nos olvidamos de esa Palabra – buena semilla – que había encendido nuestro corazón y darle sentido a nuestra vida. Ese terreno pedregoso no ha permitido que nuestra semilla eche raíces y pueda dar frutos. Y nos quedamos estériles y vacíos.

Por otro lado siempre vamos a encontrar cizaña en nuestra vida. El pecado la ha sembrado en nuestro corazón y permanece junta a la Buena Semilla que la Palabra de Dios ha derramado en nuestros corazones. Nos damos cuenta qué la lucha es a diario. Nuestra naturaleza contagiada y herida por el pecado establece una lucha diaria que, sin la asistencia y ayuda del Espíritu Santo, nos será imposible sostener y vencer.

Es evidente, llega el momento de la gran decisión: Abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios y dejar que el Espíritu Santo – venido a nosotros en nuestro bautizo – are, abone, limpie y riegue nuestra tierra para que purificada de toda dureza, piedras y abrojos germine y dé frutos. Entonces entenderemos esa Buena Noticia y, por la Gracia de Dios, daremos frutos. Unos cientos, otros sesenta y otros treinta.