jueves, 7 de mayo de 2026

AMAR Y SER AMADO

Jn 15, 9-11

Tengo de todo y, sin embargo, me falta lo más grande: la alegría de sentirme feliz.

Con esas palabras, Rogelio confirmaba que la felicidad no consiste en tener, sino en ser. No se trata de poseer todo lo que desees, sino de compartir lo que tienes con los demás.

Aquel día se sentía por primera vez verdaderamente feliz. Había sido capaz de compartir con aquellas personas que encontró en su camino lo que llevaba para pasar un buen día al aire libre.

—Ha sido usted muy amable, señor —le dijo uno de aquellos del grupo.

—Nada de eso —respondió Rogelio—, el afortunado he sido yo, por haber pasado un rato con ustedes.

—Sí, y nos alegramos de eso —dijo otro del grupo—, pero no es frecuente encontrar personas que compartan sus cosas con nosotros.

—Supongo que no saben lo que se pierden —respondió Rogelio—; la felicidad se esconde en el dar más que en el recibir.

Y así es, descubrimos lo que tanto buscamos cuando somos capaces de darnos y compartir.

De regreso a casa, Rogelio decidió pasar por la terraza de Santiago. Su semblante irradiaba alegría por todas partes.

—Buenas tardes, Rogelio —le saludó Manuel—, ¿de dónde vienes tan alegre?

—No lo sé… He pasado un rato con unas personas que me encontré en el camino y me siento muy bien. Me brota una alegría interior.

Manuel, que conocía a esas personas de las que hablaba Rogelio, se percató de lo que posiblemente había sucedido.

—¿Hablas de un grupo de personas que andan al borde del parque? —le preguntó Manuel.

—Sí, ¿las conoces?

—He pasado largos ratos con ellos también —respondió Manuel—, y tienes razón, se pasa muy bien.

Hizo un breve silencio, le miró y dijo:

—Sobre todo cuando te abres y compartes. Algo sucede en tu interior que te llena de gozo.

Rogelio asintió con una encendida sonrisa y elevando sus hombros. 

Sí, estaba de acuerdo. El corazón salta de alegría.

Entonces Manuel sacó la Biblia e, indicándole que escuchara, leyó:

—Evangelio según San Juan, capítulo 15, versículos del 9 al 11: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Cuando terminó de leer, dirigió los ojos a Rogelio y añadió:

—Ese es el secreto: cuando amamos como nos ama el Señor, la verdadera alegría nos inunda. Y se nota.

Rogelio comprendía ahora de dónde podía venirle ese gran gozo y alegría.

Se trata de amar y ser amados, de compartir vida, de relacionarnos desde la gratuidad, sin reserva… Porque, si Jesús nos sueña de alguna manera, es ciertamente felices.

Nos invita a una existencia donde el amor y la alegría se entrelazan en una danza que nos lleva a dar y recibir vida en su máxima expresión.

Hoy el Señor nos recuerda que permanecer en su amor es la fuente de la verdadera alegría.

miércoles, 6 de mayo de 2026

SARMIENTOS Y FRUTOS

Jn 15, 1-8

Ni se había abonado ni cuidado lo necesario para que la tierra estuviese en condiciones de dar frutos. El suelo estaba seco, y las semillas no encontraban alimento para extenderse, arraigar y germinar.

Un año más, la mirada de Antonio se perdía en la lejanía de aquella finca estéril y arruinada.

Sabía cuál era el remedio, pero no encontraba la motivación para aplicarlo. Le costaba permanecer atento a lo que la tierra necesitaba.

«Esa es la razón de la falta de frutos», pensó.

De regreso al pueblo, pasó por la terraza y decidió tomar un café.

—Buenos días, Manuel, a tomar un cafelito en la terraza de Santiago.

Antonio quedó pensativo. Sabía lo que tenía que hacer, pero no se sentía con fuerzas.

También nosotros estamos llamados, como la tierra, a dar fruto.

Hay momentos en la vida en los que es necesario podar. Los sarmientos nos hablan de unión, permanencia y dependencia.

El problema surge cuando vivimos como si no necesitáramos la savia que nos da vida, o cuando buscamos frutos que no nacen de la verdadera vid.

Antonio guardó silencio. Se sabía débil, pero empezaba a comprender que cada poda lo acercaba más a ser, como Jesús, don para los demás.

martes, 5 de mayo de 2026

¿VIVO PACIFICADO?

Jn 14, 27-31a

Cuando creo que voy por buen camino y estoy a punto de lograr cierta estabilidad, de repente surge algo inesperado… y todo se viene abajo.

La vida está llena de tormentas: algunas nos superan; otras, con esfuerzo y paciencia, logramos atravesarlas. Pero entre unas y otras la vida se vuelve dura y, a veces, casi insoportable.

Carmelo no encontraba paz. Se sentía amenazado por las tempestades de este mundo, que no son pocas, y que le mantenían en vilo.

Mientras tomaba un café en la terraza de Santiago, buscaba sosiego, intentando recobrar fuerza para seguir luchando.

Estaba levantándose cuando le paró un saludo de un buen amigo.

Pidamos al Señor esa paz que no depende de las circunstancias, sino de su presencia en nosotros.

lunes, 4 de mayo de 2026

UN DON NOS ASISTE

Jn 14, 21-26

Hay instantes en que me parece imposible mi existencia. Me tiento, y palpo que existo, que soy… no un sueño, sino una realidad.

Pero… ¿De dónde vengo?

¿Quién me ha creado?

¿A quién me parezco?

Son preguntas que emergen desde mi interior y que no encuentran respuesta.

Experimento que deseo hacer el bien, pero hago el mal; discierno lo que está bien y lo que está mal y, aun conociendo el bien, me inclino por el mal.

Sin embargo, cuando mis esfuerzos se dirigen al bien de otros, siento gozo; justo lo contrario que cuando hago el mal.

Y me pregunto: ¿a qué se debe esto, si me siento atraído por el mal?

Levantó la cabeza, apoyó los brazos sobre la mesa y mantuvo la mirada fija.

Pedro se había quedado en silencio. Empezaba a comprender de dónde venían aquellos interrogantes y dónde podían encontrarse las respuestas.

Ahora —se dijo— podía empezar a entender muchas cosas.

domingo, 3 de mayo de 2026

UNA REFERENCIA PARA EL CAMINO

Jn 14, 1-12

Hay muchas cosas que persigo pensando que me darán lo que busco. 

Estoy deseoso de conseguir tal cosa, y cuando la consigo, tras unos momentos de gozo, todo se disipa y vuelvo al mismo estado de ansiedad. 

Apenas alcanzas una meta, ya estás corriendo tras la siguiente.

Ese estado de ansiedad por conseguir más y más no cesa y tu paz siempre está alterada por el anhelo de ser más.

El rostro de Pedro iba cambiando de semblante a medida que escuchaba las palabras de Manuel.

Sí, evidentemente, ahora se daba cuenta de que al imitar a Jesús, su vida daba un cambio trascendente.

Y esto no es solo para Pedro; es para todos nosotros. No tengamos miedo de lanzarnos a este mundo que tanto necesita del Señor para ser, estar y hacer como Él.

Y el mundo empezaría a cambiar… empezando por nosotros.

sábado, 2 de mayo de 2026

LLAMADOS A PARTICIPAR

Jn 14, 7-14

Hay momentos en que mis fuerzas fallan. Todo se me viene abajo y siento que estoy al borde de un precipicio.

No encuentro salida y la desesperanza hace presencia. Busco en quién confiar y no encuentro palabras de esperanza donde apoyar mis sentimientos en esos momentos.

Todo se desmorona y la vida se hace cuesta arriba hasta el extremo de preguntarte:

¿Qué hago aquí?...

¿A dónde voy?...

¿Qué me espera?...

Al llegar a la terraza, Manuel quedó sorprendido al ver a Pedro desfallecido.

Sin poder remediarlo, le preguntó.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué esa cara depresiva?

Mirándole, casi sin darse cuenta de quién le hablaba, Pedro dio un suspiro y dijo:

—Estoy decepcionado y experimento que mi vida no tiene sentido.

Guardó un breve silencio y, levantando la cabeza, añadió:

—Me fallan las fuerzas para vivir y enderezar mi camino…

Hizo una pausa y continuó:

—No sé a quién acudir y en dónde recuperar mi energía.

Manuel, que se había mantenido en escucha, le puso la mano sobre la cabeza y, con ternura, le dijo:

—Estamos necesitados de una referencia que nos alumbre el camino…

 Y mirándole con compasión, le invitó a fijarse en Jesús.

—Quien le conoce, conoce también al Padre, que permanece en Él y hace las obras.

Se paró un instante, abrió la Biblia y dijo:

—En este evangelio de Juan 14, 7-14, Jesús se identifica con el Padre y nos revela que quien le conoce, también conoce al Padre.

Y pronunció en alta voz las últimas palabras:

—Y lo que pidan en mi nombre, Yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…

Y mirando hacia el cielo, clamó:

—Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

El rostro de Pedro parecía transfigurado. Era otro y su semblante transmitía paz. Ahora sabía en quién tenía que fijarse.

viernes, 1 de mayo de 2026

NOS PREPARA UN LUGAR

Jn 14, 1-6

Cuando era pequeño —pensaba Justino— deseaba intensamente ser mayor. En mi época, los niños usábamos pantalones cortos hasta que llegábamos a cierta edad, y una de las cosas que más anhelábamos era vestir pantalones largos, como los hombres.

Ahora, ya crecido, te das cuenta de que la mejor etapa de nuestra vida suele ser la infancia. Ignoramos muchas cosas y solo pensamos en vivir y jugar.

¿Por qué, entonces, ese deseo de crecer? Supongo que, como tantas otras, son etapas que vamos atravesando en el camino de la vida.

Con el paso de los años, experimentas que tu vida avanza hacia otro mundo. Este termina… y llegará otro.

—¿Es que piensas que detrás de esta vida hay otra? —preguntó Osvaldo.

—Sin lugar a duda —respondió Justino—. Es más, creo que esta es el camino que nos prepara para vivir felices en la otra.

Algo desconcertado, Osvaldo frunció el ceño y, mirándole con extrañeza, dijo:

—¿Realmente crees lo que dices o son solo suposiciones?

Manuel, que estaba al lado y había escuchado toda la conversación, intervino:

—Justino habla con sabiduría. Esta vida es un camino hacia la otra, pero no de cualquier manera…

Hizo una pausa. Sacó la Biblia, la abrió por el evangelio de Juan (14, 1-6) y proclamó:

—Jesús nos dice que en la casa de su Padre hay muchas moradas, y que va a prepararnos un lugar. Y cuando lo tenga preparado, vendrá y nos llevará con Él.

Continuó, con voz serena:

—Entonces Tomás le preguntó: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Guardó unos segundos, señaló el texto y añadió:

—Jesús le responde: «Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Levantando los brazos al cielo, lleno de gozo, proclamó:

—Nuestra referencia es Cristo. Él nos muestra el camino que conduce a la Casa del Padre. Su Verdad y su Vida marcan nuestras huellas y orientan cada paso.

A Osvaldo todo le había quedado claro. Ahora no solo conocía el camino, sino también a quién debía mirar para encontrarlo.