jueves, 19 de diciembre de 2013

¿TENGO YO LA MENTE BIEN DISPUESTA?

(Lc 1,5-25)
 
Posiblemente, alguna vez hemos oído contar a alguien un sueño extraño o hemos presagiado algo que nos puede suceder. ¿Qué puede estar ocurriendo? ¿Acaso nos puede estar diciendo algo esos acontecimientos extraños o soñados? Sólo tú puedes darle respuesta, o puedes borrarlos de tu vida mirando para otro lado. Pero si es verdad que Dios nos habla de muchas formas y quizás nosotros no le escuchamos.

Algo así le ocurrió a Zacarías. Estaba sorprendido y confuso. No atinaba a comprender ni a creerse lo que el Ángel le decía, y sus dudas le marcaron dejándole mudo por un tiempo. Así quiso Dios demostrarle su vacilación y ayudarle a afirmar su fe.

¿Nos vemos reflejados? Yo al menos pienso que puede habernos ocurrido algo de esto. No sé lo planes del Señor, y mucho menos podré entenderlo, ¡pobre de mí!, pero si es verdad que oímos y soñamos cosas que pueden estar hablándonos de señales que Dios quiere que escuchemos o hagamos. Para Dios no hay nada imposible, y quiere que todos sus hijos se salven. Pues lo lógico será que nos vaya indicando sus caminos y lo que debemos hacer.

Sí, sabemos que la esencia de su Voluntad es amarnos, pero, ¿cómo y de qué forma? Tengamos los oídos atentos a escucharle, a hablarle (oración) y a confiar en Él, porque hay muchas maneras de amar y servir.

Quizás una sonrisa concreta a una determinada persona; quizás un servicio paciente y callado; quizás tu presencia cercana y frecuente; quizás tu comentario amoroso y solidario; quizás tu oración compartida y sentida...

miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL SACRIFICIO DE JOSÉ

(Mt 1,18-24)

No cabe duda que José, el padre adoptivo de Jesús, tiene un gran papel en este Misterio que Dios ha preparado en el nacimiento de su Hijo. Encontrarse en cinta a su prometida sin haber estado junto es algo que te toca de lleno y te deja descolocado. Y más cuando estás terriblemente enamorado de tu futura esposa. 

Imaginar lo mal que lo pudo pasar José puede ayudarnos en nuestro camino empedrado, duro y lleno de dificultades en el esfuerzo de cada día de vivir en y según la Voluntad de Dios. Se hace difícil coincidir con esa Voluntad cuando lo que se nos presenta es algo contrario a lo que buscamos o estamos comprometidos. Y además, queremos. ¿Qué hacer entonces?

José hizo lo que haría cualquier personal, sorprenderse, apartarse y pensar en repudiarla. Ahora, procedió de la forma que no se suele proceder, aceptarla repudiar en secreto para no hacerle daño. Signos de un hombre bueno, comprensivo, misericordioso. Señal también de que la quería.

Pero José fue más lejos, avisado en sueño, no dudo de obedecer y aceptar a María. Sabia decisión que le ha convertido en San José, el Padre adoptivo de Jesús, y el esposo casto de María. Y es que los mandatos del Señor son lo mejor que podemos hacer, pues buscan nuestro bien y nuestra salvación. Pero por José y María, Jesús viene a este mundo y puede nacer entre y como nosotros, en un familia sencilla y bendecida por Dios.

Y con su nacimiento darnos la oportunidad de corresponderle a su regalo de Amor. Desde ahora, nuestra vida será la meta de empeñarnos en corresponderle al  Padre Dios de todo ese Infinito Amor que nos ha regalado.

martes, 17 de diciembre de 2013

UNA FAMILIA DETRÁS


(Mt 1,1-17)

Jesús viene al mundo casi en el anonimato. Se le anuncia a los que únicamente le necesitan, es decir, a los pobres, enfermos y necesitados. A los marginados y excluidos de la sociedad, aquellos que no cuentan para nada. Son los pastores, personas desechadas y tomadas como lo último en su época. En ese contexto, y obligado por las circunstancias del momento, Jesús se ve obligado a nacer en un pesebre.

Es la Luz que ilumina a todos, pero que solo los pobres buscan porque andan en la oscuridad de la noche y necesitados de calor. Los otros, los que se sienten cómodos y seguros al calor del mundo, no se dan por aludidos.

Si alguien, el más imaginario o creativo, llega a intuir quien era aquel Jesús le hubiese ofrecido su casa. Se hubiese hecho famoso y, posiblemente, alcanzado la salvación al estar muy cerca de ella. Esos hechos descubren el anonimato y sencillez del nacimiento del Niño Dios.

Y es que Jesús, como cualquier otro, procedía de una familia, de unos descendientes tan normales como la vida misma. Y en la que había de todo. Desde la fe y obediencia de Abrahan hasta el homicidio de David, la idolatría de Salomón o la prostitución (Rahab). No se esconde nada. Se descubre su grandeza, pero también se transparenta sus pecados. Una familia de un Dios que se hace Hombre como nosotros, con su familia y sus costumbres, pero que con su Divinidad limpia y santifica sus orígenes.

Un Dios cuya humildad nos libera y nos salva.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LA VERDAD VENCE A LA MENTIRA

(Mt 21,23-27)


Jesús proclama la Verdad, porque el Amor sólo puede buscar la Verdad, pues de no ser así, no sería amor sino mentira. Y los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo buscan su verdad, aquella que, a pesar de ser su verdad egoísta y mentirosa, les permita continuar mandando a sus anchas e intereses.

Porque cuando te buscas a ti estarás enfrente del otro, porque tus intereses, en muchas ocasiones, difieren de los del otro. El bien de todos exige que muchas veces tú renuncies a los tuyos, porque en la renuncia y el amor se esconden los intereses de los demás. Muchas renuncias hacen que el amor satisfaga los intereses de todos.

Y Jesús busca los intereses de todos. Por eso, renuncia a los suyos y se pone al servicio de los demás. Y cuando es preguntado con qué autoridad enseña, Él responde con otra pregunta que no pueden contestar porque no buscan la verdad. 

Sólo en la Verdad se encuentra respuesta para todo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

SEÑALES DE ESPERANZA


(Mt 11,2-11)

Juan también tenía sus dudas. Era sorprendente la forma en que Jesús se presentaba. Al menos no era la que esperaban los judíos. Sus esperanzas pasaban por recibir a un Mesías fuerte, poderoso y líder que los aglutinara y los liberara del poder y la esclavitud romana.

Y Jesús parece todo lo contrario. Manso, humilde y sin oponerse a la opresión romana. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Es la pregunta que todos tienen en la mente, y quizás nosotros también la continuamos teniendo después de 2013 años.

Sin embargo, Jesús, tanto ayer a Juan, como hoy a todos nosotros, nos responde indirectamente: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». 

Sí, hemos vistos muchas parálisis curadas; muchos ciegos que ven; muchos cojos que andan; muchas sorderas que se abren a la escucha; muchos leprosos que son sanados y muchos muertos que resucitan... Y se anuncia la Buena noticia a los pobres, porque sólo los pobres son capaces de aceptarla. Pero nosotros seguimos en duda, preguntando y exigiendo pruebas para creer.

¿Seremos capaces de ver nuestra parálisis, nuestra ceguera, nuestra sordera y cojera, nuestra lepra y nuestra muerte? ¿Estamos tan endurecidos que no advertimos que esa esperanza de vida eterna que cura todos nuestros males nos la está ofreciendo Jesús cada día?

sábado, 14 de diciembre de 2013

CIEGOS Y PREGUNTONES


(Mt 17,10-13)

Nos pasamos parte de nuestra vida haciendo preguntas. Escuchamos pocos, pensamos menos y tenemos la mayor parte del tiempo los ojos cerrados. No nos damos cuenta de muchas cosas, hasta el punto de pasar delante de nosotros y ni verlo o sospecharlo.

Quizás nos pasamos la vida esperando que alguien nos diga lo que tenemos que hacer, y, posiblemente, cuando venga, lo rechazo porque su mensaje no concuerda con lo que yo pienso. y entiendo. Quizás Dios se ha manifestado a muchos hombres que no le han respondido. Adan y Eva le rechazaron ensoberbecidos por la ambición de ser como Él.

¿Y yo, le descubro y le escucho? Vino Juan el Bautista y fue rechazado. Sólo minorías le siguieron, y vino Jesús, anunciado por Juan, y corrió la misma suerte. ¿Dónde me encuentro yo? ¿Abro mi corazón y dejo que sea transformado por su Amor, o lo dejo entre abierto para algunas cosas sí y otras no? ¿Se nota esa abertura y aceptación en mi vida?

Y si se nota, ¿creo que es suficiente y toca descansar? Si esa es mi actitud, líbrame Dios mío de tales propósitos y dame la inquietud de seguir el camino de esforzarme en perfeccionar mi vida según tu Vida.

Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

viernes, 13 de diciembre de 2013

CUANDO EXPERIMENTAMOS LA PAZ...

(Mt 11,13-19)

Cuando nos encontramos a bien con nosotros mismos y experimentamos en lo más profundo de nuestro corazón inmenso silencio de paz y gozo, no echamos de menos nada. Nos encontramos satisfechos, gozosos y llenos de alegría. ¡Claro!, tenemos paz.

¿No será que cuando nos  increpamos y sacamos nuestra agresividad es porque no aceptamos actitudes que nos incomodan y nos exigen amar? Entonces afloran nuestras críticas y nuestras justificaciones para disfrazar la verdad que quizás nos hace daño. Se nos oscurece nuestra mente y nos autoengañamos: buscamos, distorsionada la realidad, justificarnos.

Si nos dicen que ha pasado esto, nosotros argumentamos lo otro; si cambian y hacen lo que les hemos criticado, decimos que se ha hecho tarde o mal. Y así vamos dando razones que nos descubren la actitud de no estar de acuerdo con nada. Y el mal está anidando dentro de nosotros. Necesitamos la paz y la sabiduría del Señor que nos ilumine y nos sosiegue.

Eso nos ocurre con nuestras respuestas. No nos entregamos porque no encontramos la paz, pues si habita en nosotros nada nos importa más, y todo se entrega y se ofrece por la paz. Incluso se sufre y se padece porque la paz compensa y es un bien superior. Cuando nos llenamos de paz, todo se contempla de otra forma, porque la paz inunda el corazón y aguanta todo. ¡Claro!, es la Paz.