sábado, 23 de marzo de 2024

LA VERDAD VESTIDA DE MENTIRA (Jn 11, 45-47)

A continuación transcribo literalmente esta reflexión que me parece acertada, meridianamente clara y actual. No acostumbro a hacer esto, es la primera vez. Y lo hago porque, sucedido hace dos mil años, continúa repitiéndose a menudo en muchos lugares. Me parece tan real hasta el punto de que es la comidilla nuestra de cada día en todos los medios, sobre todo políticos.

LA VERDAD VESTIDA DE MENTIRA

Siempre sucede igual: cuando los intereses personales y colectivos se sienten amenazados, la factura la tiene que pagar la verdad y, finalmente, la vida. Para zafarse de cuanto los pone en entredicho, los intereses entran en una dinámica harto repetida: se mezclan y dejan de ser intenciones puras; se inventan justificaciones para llevar adelante su perversión; traman emboscadas a los que piensan en el bien común; y son corruptos en todo cuanto pueden…

Ante Jesús, al saberse ya quién podía ser realmente, se disparan las alarmas y el mal decide aplicar su estrategia: aliar a los egoísmos afectados en contra de quien no tiene ninguno…

Acompañemos a Jesús a su Pasión. Conoceremos con Él el infierno que crean nuestros intereses inhumanos. Pero así nos podrá acompañar en nuestra propia Pasión. (recogido del Evangelio Diario en la compañía de Jesús 2024 – comentario de Francisco José Ruiz, SJ).

viernes, 22 de marzo de 2024

QUERÍAN APREDREARLE PORQUE DECÍAN QUE BLASFEMABA

Ellos nunca quisieron entender lo que Jesús les decía. Consideraban blasfemia que Él siendo hombre se hiciera Dios. No les molestaban sus obras ni siquiera sus milagros. Lo que no podían admitir era su confesión de ser Hijo de Dios y de que sus obras eran las de su Padre. Tanto que llega a decir: (Jn 10,31-42) «¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre».  

La cuestión, que hoy también sucede, es que tienen el corazón cerrado a la acción del Espíritu Santo. La fe, don de Dios, no puede entrar si mantenemos el corazón cerrado y no permitimos entrar al Espíritu Santo. Eso sucedió ayer y también sucede hoy. Se hace imprescindible abrir nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo para que la fe pueda asentarse en nuestro corazón. Sin Él nos será imposible creer.

Dios, nuestro Padre, nos ama con locura y quiere, por medio y a través de su Hijo, el predilecto, anunciarnos y revelarnos su Amor. Pero nos deja libre elección. No quiere forzarnos ni seducirnos para que le amemos y abramos nuestros corazones. Quiere simplemente que seamos libre para optar por creer en su Palabra y seguirle. Así que la elección nos corresponde a nosotros.

Y eso es peligroso y de gran responsabilidad porque nuestra naturaleza está debilitada por el pecado. Para el mundo, demonio y carne – enemigos del alma – les es muy fácil seducirnos y engañarnos y, en consecuencia, apartarnos del camino del bien y del amor misericordioso. Por eso necesitamos el auxilio, el acompañamiento y la acción del Espíritu Santo, para que, fortalecidos en Él, podamos ser fuerte y salir victoriosos de esa lucha a muerte de cada día. Y eso exige como primer paso abrir nuestro corazón.

jueves, 21 de marzo de 2024

ANTES DE QUE ABRAHÁN EXISTIERA, YO SOY

Las discusiones entre Jesús y los fariseos se proyectan hoy entre aquellos que no creen y los que creen. La Iglesia, en nombre de Jesús, sigue hoy perseguida y muchos siguen cogiendo piedras para tirárselas a los cristianos que creen en la Palabra de Jesús. De alguna manera todo sigue igual o peor. En muchos lugares del mundo los cristianos son masacrados y asesinados.

La cuestión es bien sencilla: Jesús se confiesa hijo de Dios.  Él existe desde siempre, desde el principio. Y lo refiere cuando al hablar de Abrahán confiesa que Él ya existía. ¿Y qué sucedió? Cogieron piedras para tirárselas.

Hoy vuelve a pasar lo mismo. Cuando hablamos de Dios nos toman por locos, por bobos o por idiotas. E incluso lo consideran ridículo y lo toman a risa. Y eso en el mejor de los casos, porque, dependiendo del lugar nos detienen o nos matan.

Sin embargo, el Espíritu Santo nos da fortaleza para continuar anunciando esa Buena Noticia que nos trae nuestro Señor Jesús: La Infinita Misericordia de Dios que nos salva y nos da Vida Eterna. Y no es cosa que nosotros deducimos o podamos imaginar, son palabras del mismo Jesús: (Jn 8,51-59): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás» …

Y es esa Buena Noticia la que también nosotros anunciamos: ¡Jesús Vive y camina junto a nosotros y nos ofrece esa Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad junta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

miércoles, 20 de marzo de 2024

SOLO LA CRUZ ES SIGNO DE VERDADERA SALVACIÓN

No hay salvación fuera de Cristo. Es precisamente la Cruz, donde Cristo es crucificado la que realmente nos salva. No hay otro camino. No nos salvan las ideas, ni la buena voluntad ni siquiera el deseo de ser bueno. Solo nos salva la Cruz, esa Cruz que es Dios hecho carne.

De la misma manera que la serpiente de bronce curaba, la única salvación  nos viene de la Cruz donde Xto. Jesús, el Hijo de Dios Vivo, fue crucificado. Es precisamente esa Cruz la que libra del veneno y esclavitud del pecado y nos hace hombres libres. Nuestra fe, por tanto, debe estar en la Cruz donde Jesús, el Hijo de Dios, entregó su Vida para salvación de todos los que creen en Él.

Es evidente que la verdad te hace sentirte liberado de la mentira. Supongo que lo has experimentado en el Sacramento del perdón. Una vez confesado uno se siente otro, se siente libre de ese veneno que te esclaviza y te contagia del mal. Esa es mi experiencia y la experiencia de muchos. La verdad nos hace sentirnos libres y hace emerger toda la basura que nos contamina y nos esclaviza.

Es momento de dirigir nuestra mirada hacia la Cruz. Sobre todos en estos momentos previos a la hora de la crucifixión del Señor que celebramos en la Semana Santa. Porque, no serán nuestras ideas, ni nuestra voluntad y buenos deseos los que nos darán la libertad de los hijos de Dios, sino los méritos contraídos por Jesús con su Pasión, muerte y Resurrección tras ser crucificado en la Cruz. Su Misericordia es Infinita hasta el punto de entregar su Vida para salvarnos a todos. ¡Creamos en Él!

martes, 19 de marzo de 2024

SAN JOSÉ (Mt 1, 16. 18-21.24a)

Presente, silencioso y obediente afronta el papen encomendado. ¿Y tú, y yo, seremos capaces de comprender los designios de Dios, nuestro Padre, sobre lo que acontece sobre nosotros? Porque, José entendió muy bien cuál era el plan de Dios en él y, confiado en su Palabra, obedeció fielmente y resilienciamente de forma silenciosa y presente. Poco se habla de José en el recorrido de Jesús, sin embargo, su figura de padre está presente en los primeros años de su hijo, sabiendo en cada momento cuál es su verdadero papel de padre.

José sabe lo que representa como padre adoptivo del Hijo de Dios. Entiende su misión y su rol, y, obedientemente, lo cumple ajustándose a lo que Dios prevé en cada momento. No sabe lo que sigue ni lo que está previsto. No conoce quizás el camino, pero sabe que es plan de Dios y lo acepta decidido a cumplirlo. Entiende que ese Niño nacido en el seno de María no es su hijo sino el Hijo de Dios. Y por su fe y confianza en Dios obedece y acepta su papel.

Su presencia en silencio y su obediencia plena hacen de que su testimonio sea continuo, sencillo, y resiliente. Y sin nada extraordinario, al contrario, discreto y oculto, José da un testimonio de acogida a lo imprevisible e incalculable. Acepta todo lo que acontece y sucede en el día a día y lo acoge como camino del plan de Dios. Su fe y su obediencia despiertan nuestra admiración, sobre todo ahora en un mundo inseguro, imprevisible e incierto donde todos buscamos seguridad como clave de nuestra camino la seguridad. Él la puso toda en Dios. ¿Y nosotros?

lunes, 18 de marzo de 2024

LA MISERICORDIA ABRE LA PUERTA DE LA ESPERANZA

Evidentemente no hay esperanza, la ley dictaba la condena a ser apedreada y no había otra escapatoria. Sin lugar a duda todo estaba sentenciado y los presentes y acusadores se preparaban llenándose sus manos de piedras. De repente, las palabras de Jesús responden y desconciertan: «El que esté sin pecado que le tire la primera piedra» Y que curioso, nadie se sintió libre de pecado.

De alguna manera también nosotros experimentamos esa culpa en lo más profundo de nuestro corazón. Supongo, y creo no equivocarme, que tampoco nosotros lanzaríamos ninguna piedra si nos dieran esa respuesta. Todos, incluso hasta el más prepotente se siente culpable de alguna mala acción o decisión. Todos admitimos que no somos perfectos y, en consecuencia, cometemos errores o faltas. Y quien esté libre de eso que diga la primera palabra.

Pero, al margen de esa respuesta de Jesús, lo verdaderamente importante y esperanzador es lo que le dice a la mujer al final: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

Son palabras que también han sido pronunciadas para cada uno de nosotros. Porque, también cada uno de nosotros tiene un corazón pecador que necesita ser purificado, limpiado y perdonado. Y Jesús, enviado por su Padre, ha venido para eso, para limpiarnos, perdonarnos y sugerirnos que no volvamos a la senda del pecado. Su Misericordia es Infinita, por eso ha dejado abierta la puerta del sacramento del perdón.

domingo, 17 de marzo de 2024

LA CRUZ, CAMINO DE AMOR Y SERVICIO (Jn 12, 20-33)

No se trata de sacrificio, ni de interiorización, ni de tener bien atendida nuestra huerta interior. Se trata de hundirse en la tierra de tu corazón, morir y dar frutos para que otros los coman. Tal y como hace la semilla a ser sembrada. En otras palabras, se trata de salir de ti mismo para darte a los demás.

El panorama no es nada fácil. Es más, demasiado difícil. Diría imposible para uno mismo, lo que nos abre la necesidad de contar con el Espíritu Santo. Sin Él seremos reos y víctimas del mundo, demonio y carne. Solo esa unión en el Espíritu del Señor nos puede dar la fortaleza y sabiduría para poder vencernos.

Porque, se trata de una lucha interior contigo mismo. Eres tú contra tú, contra tu egoísmo, tu soberbia, tu suficiencia, tu envidia, tu satisfacción, tu venganza, tu avaricia, tu poder, tu riqueza, tu ser más que los demás, tu … Una lucha a muerte hasta que desapareciendo tú queden solo tus frutos y puedan servir para el bien de otros. Ese fue el resultado de la Vida de nuestro Señor Jesús: la Cruz lo resume todo. Su entrega fue tal que se dio íntegramente hasta el último suspiro.

Evidentemente, lo único que nos puede glorificar es dar la vida por amor para el bien del otro, incluso si es el enemigo. Y confieso que me siento muy lejos de todo eso, pero también sé que la Gracia de mi Padre Dios me puede transformar y cambiar mi vida, mi trayectoria y todo lo que me impide darme y morir como el grano de trigo.

Cada instante, momento, día o semana puede ser Semana Santa. Momento en el que tú eres capaz de morir a ti mismo y darte por amor a los demás. Eso fundamentalmente es el significado santo de esos días en el que Jesús nos dejo el resumen de su Vida crucificado en la Cruz. Por eso, la Cruz resume muy bien todo el camino que tengo que recorrer. Y es que si mi vida no termina en la cruz, posiblemente he equivocado el camino. Posiblemente, he sembrado y cultivado muchos frutos, pero se han quedado para mi provecho y beneficio. No han sido ofrecido con y por amor a los demás.