lunes, 13 de mayo de 2024

YO HE VENCIDO AL MUNDO

Y esa es nuestra esperanza, nuestra fuerza y nuestro camino: «vencer al mundo en Xto. Jesús». Sabemos que nos espera, de los sufrimientos y luchas que tendremos que afrontar en el camino, pero, también sabemos, lo que nos espera al final: Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad en la Gloria de nuestro Padre Dios.

Tengamos siempre presente de que no caminamos solos y que quien nos acompaña lo puede todo. Tengamos siempre presente que el Señor – quien nos acompaña – ha vencido a la muerte y, por tanto, ha Resucitado. Él nos explica el sentido de las Escrituras y enciende nuestro corazón – recordemos a los discípulos camino de Emaús – iluminándonos y transformándonos para que podamos anunciar al mundo su misterio de salvación con la fuerza y sabiduría – como nos dice el Papa Francisco – que nos viene del Espíritu Santo.

Jesús no nos engaña, habla muy claro con su testimonio de vida. Su sacrificio en la cruz nos deja muy claro cual es nuestro camino:  luchas, esfuerzos, sacrificios, dolor, rechazos…Victimarios que nos persiguen, maniobran de mala fe, manipulan, extorsionan y matan. Ambiciones y afanes de poder desmedidos, excluyentes, distorsionadores… En resumen un camino de cruz. A eso estamos dispuestos si queremos seguir al Señor.

Pero, no vamos solos. Jesús sigue y camina a nuestro lado. Él ha vencido al mundo y nosotros, injertados en Él lo venceremos también porque tenemos la fuerza del Paráclito que nos ha sido enviado para fortalecernos, asistirnos y auxiliarnos en esos momentos de debilidad, de oscuridad y tribulación.

domingo, 12 de mayo de 2024

ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAR EL EVANGELIO

La consigna es: «el que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea será condenado» De ahí que nosotros tengamos la responsabilidad de, al menos, posibilitar que conozcan a Jesús, es decir, anunciarlo. Y ese es precisamente el mandato que Jesús nos manda: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará».

Jesús Asciende al cielo, y con Él lleva nuestra humanidad que ha tomado al entrar en este mundo. Tiene la Naturaleza Divina, pero también la humana. Se ha hecho hombre como nosotros, menos en el pecado. E inaugura en el cielo nuestra humanidad. Es hombre como nosotros, nos conoce y ha compartido tres años con sus más íntimos discípulos. Todo lo que supuso su vida en este mundo nuestro: su vida concreta, su palabra, sus deseos para la humanidad, las luchas que sostiene para realizarlas, su modo de amar, sufrir y morir se han ido con Él al Cielo y están junto al Padre. Allí donde aspiramos nosotros llegar un día.

Esa espera y esperanza – valga la redundancia – es la que debe sostenernos a nosotros firmes en la fe y en su Palabra. Esa idea debe estar cocida a fuego en el centro de nuestro corazón. Esperamos, un día, subir también nosotros con nuestra humanidad, limpia y purificada por los méritos de nuestro Señor Jesús, a ese inimaginable Cielo donde nos espera Jesús para presentarnos a su Padre.

Todo lo humano de Jesús – dice Francisco José Ruiz, SJ -  se halla en Dios. Cuanto somos como humanidad es, por fin, escuchado, entendido y acogido en el cielo. Dios – sigue Francisco José Ruiz, SJ – conoce nuestro idioma. Si estamos en Jesús y, por medio de su Palabra le conocemos, en la misma manera conocemos al Padre. Él y el Padre son uno. Diríamos, parafraseando a Francisco José Ruiz, SJ, que el ser humano conoce igualmente el idioma de Dios.

sábado, 11 de mayo de 2024

SI PIDEN AL PADRE ALGO EN MI NOMBRE, SE LOS DARÁ

Parece una contradicción lo que Jesús nos dice en cuanto vemos como ha terminado Él. Y nosotros pensamos que esa invitación a crucificarnos en nuestra vida no nos parece bien ni apetece. Quizás no entendemos lo que realmente piensa, hizo y nos pide Jesús. El se ofrece libre y voluntariamente al Padre para hacer su Voluntad. Y le pide – recordemos aquella noche en Getsemaní – al Padre que se haga su Voluntad y no la de Él que ya le pesaba demasiado. Acepta su sacrificio por Amor, porque el Padre se lo pide también por Amor. La locura de nuestro Padre Dios es el Amor y, por él, su Misericordia Infinita.

Jesús se da cuenta de que la única posibilidad de que el mundo le entienda es amándolo. Y ama al mundo y todo lo que lo contiene hasta el extremo de entregar su Vida libre y voluntariamente por amor a la Voluntad de su Padre. Y es eso lo que le pide al Padre en cada instante de su Vida. Es más, acepta la misión que el Padre le encomienda por y para eso: Amar Misericordiosamente como es la Voluntad de su Padre.

Y es la oración, el vehículo que le une al Padre íntimamente, lo que Jesús utiliza en cada instante y a cada momento de su vida. Su Padre siempre está a una oración de distancia hasta identificarse con Él. Es realmente Camino, Verdad y Vida para todos los que le escuchan y le siguen. Marca el Camino hacia la relación con el Padre y, en, con y por Él llegamos a conocer y relacionarnos con nuestro Padre Dios.

Dios llega a la cruz porque esa es la Voluntad del Padre y eso es lo que Él le pide a cada momento, que se haga su Voluntad y no la de Él. Porque ese es el camino que el Padre ha elegido para llegar a la Gloria eterna. Y ese es también el camino que nos propone a nosotros invitándonos a pedirle al Padre esa fortaleza, esa paciencia, esa voluntad para cumplir con lo que el Padre nos pida. Sin perder la esperanza de que llegará el momento de la Gloria Eterna, como Jesús, en la Resurrección.

viernes, 10 de mayo de 2024

MOMENTOS DE TRISTEZA Y SUFRMIENTO

Y está sucediendo, vivimos momentos de persecución y exclusión. Se nos acorrala hasta el extremo de querer prohibirnos hablar con Dios. Se nos impide rezar en defensa de la vida y la ley, se nos dice, no protege la vida de los más inocentes.

¿Qué está pasando? Precisamente lo que nos dijo Jesús: (Jn 16,20-23a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada».

Sus Palabras se cumplen exactamente tal y como Él ha vaticinado y prometido. No fueron palabras dichas ayer sino que nos separan miles de años. Y experimentamos y comprobamos que se han ido cumpliendo en el transcurso de los siglos. Si queremos encontrar milagros aquí tienen uno muy claro: Jesús nos dice lo que va a suceder en nuestra vida, ya así está pasando.

Y esa es nuestra esperanza que, evidentemente, nos sostiene y nos fortalece para seguir adelante a pesar de las espinas del camino. Vivimos esperanzados en saber que el final nos sonríe, nos llena de gozo y alegría. Este mundo es algo pasajero, caduco y pasar por él nos da, siguiendo fiel a la Palabra de Jesús, el gozo y la felicidad de vida eterna. Realmente, ¡vale la pena!

jueves, 9 de mayo de 2024

TRISTEZA CONVERTIDA EN ALEGRÍA

Con estas palabras termina el Evangelio de hoy: (Jn 16,16-20): En aquel tiempo, Jesús habló así… En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo».

Y con esa alegría que Jesús nos promete terminará nuestro camino por este mundo. Esa es la idea y esperanza que debe permanecer a flote en el centro de nuestro corazón. Nuestro final, pase lo que pase, de permanecer en el Señor, será un final de gozo y alegría. Porque nuestro destino, llamados a una vida eterna en plenitud, está en creer y ser fiel a la Palabra de Dios. Esa perseverancia y fidelidad se convertirá en un inmenso gozo de felicidad eterna.

Y es que nuestra vida es sencillamente un «poco». En más de una ocasión hemos oído decir que la vida son cuatro días, y la realidad es que es así. Aparentemente nos parece mucho tiempo, pero se nos va sin darnos cuenta. Basta echar la mirada hacia atrás para darnos cuenta cuantos familiares y amigos nos han dejado ya.

Es evidente que durante este camino pasamos quizás más tiempo con tristezas, penas y sufrimiento que con alegrías y felicidad. Pero, también sabemos, al menos los que creemos en la Palabra del Señor, que al final llegará el gozo, la alegría y felicidad eterna. Entonces ya no habrá más llanto ni tristeza, todo será eternamente alegría y felicidad junto a Padre Dios.

miércoles, 8 de mayo de 2024

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Jesús vive y está presente en el día a día de nuestra existencia y en la del mundo. Desde la hora de Pentecostés el Espíritu de Dios se hace presente en nosotros y nos acompañará durante todo el recorrido de nuestra vida hasta nuestro último día. Un Espíritu que recibe del Hijo y del Padre, pues todo lo del Padre está también en el Hijo y lo derramará sobre aquellos que creen en Él.

Un Espíritu de la Verdad que nos anuncia el Camino, la Verdad y la Vida y que nos irá fortaleciendo en la fe y alumbrándonos el camino a seguir. Un Espíritu que nos recuerda de dónde venimos, se hace presente en el hoy para construir el mañana paso a paso. Un Espíritu que se nos hace presente en todo tiempo y en todo lugar y que nos recuerda en cada momento que Jesús Vive, ha Resucitado y nos espera en su Gloria para vivir en plenitud de gozo y felicidad junto a Él.

Un Espíritu que nos transforma y nos hace sentirnos hijos del Padre, amados y en la presencia de Dios. Un Espíritu que nos une a la historia de la Iglesia que camina triunfante en comunión con los que están purgando y en estado activo de camino hacia la Casa del Padre. Un Espíritu que nos fortalece para que podamos soportar el camino de cruz que nos lleva al encuentro con Jesús, abrazar su cruz y a Resucitar en Él para gloria de Dios Padre.

Nuestra misión como cristianos es mantener vivo el fuego que Jesús trajo a la tierra, es decir, el amor de Dios. Sin ese fuego del Espíritu la tristeza reemplaza a la alegría, el servicio se convierte en esclavitud y la rutina sustituye al amor (Papa Francisco 170321).

martes, 7 de mayo de 2024

UN PRÍNCIPE YA JUZGADO

Sí, aunque las apariencias nos engañen, el príncipe de este mundo está derrotado. Esa debe ser nuestra alegría de cada día. Tenemos un Padre que nos quiere con locura, envía a su Hijo en nuestro rescate y nos salva del peligro y amenaza de este mundo, de su príncipe – el demonio – y de las pasiones y tentaciones impuras de nuestra propia carne.

Esa es la evidencia que tenemos que tener los creyentes siguiendo y fiándonos de la Palabra de nuestro Señor Jesús. Es verdad que muchos no lo creen y se dejan llevar por la apariencia de lo que realmente está sucediendo en muchas partes del mundo. Parece – como si de espejismo se tratara – y realmente lo son desde nuestra fe en la Palabra del Señor, que el mal vence y que el príncipe piensa y cree que vencerá. Algunos se mofan de nuestras oraciones porque no se ve resultados inmediatos, pero todo llegará a su tiempo, cuando lo decida el Señor.

Caminamos apoyados en y por la fe que alimenta cada día nuestra esperanza. Jesús nos lo ha dicho y prometido, el Espíritu, que ha enviado su Padre, en la ausencia del Hijo, no de su presencia espiritual sino de la física de este mundo, está en nosotros y camina con nosotros, nos fortalece y en y por Él somos los vencedores.

Nos conforta y llena de esperanza sus últimas Palabras de este Evangelio: (Jn 16,5-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me… en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado».