martes, 1 de abril de 2025

¿QUIERES LEVANTARTE?

Primero debes preguntarte si quieres, si estás dispuesto a levantarte, si, a pesar de llevar ya mucho tiempo anclado en tus vicios, en tu manera de vivir, de arreglarte la vida y de resignarte a tu situación, quieres y estas dispuesto a cambiar de vida. Esa es la pregunta que late dentro de ti y debes responderte. Porque, si no quieres, así te quedarás.

Hay mucha gente tumbada junto a la piscina de Betesda. Y muchos llevan mucho tiempo hasta el extremo que cambiar le supondrá un gran esfuerzo. Pero, la palabra la tienes tú. Tú decides, y nadie podrá ayudarte en ese sentido. La decisión es sola tuya.

Por eso, Jesús, primero pregunta eso: «¿Quieres curarte?». Porque, si no quieres no hay nada que hacer. Muchos instalados en los vicios – drogas, juegos … En la rutina, conformismo, pereza, descompromiso y desencanto han tirado la toalla y se han resignado a ver – resignadamente – pasar el tiempo. Han renunciado a levantarse y a enderezar su vida dándole sentido.  

Jesús se compadece de todos aquellos que andan perdidos, enfermos, sometidos y debilitados. Quiere ayudarlos e invitarlos, por su Gracia y Amor Misericordioso, ha levantarse, pero necesita tu colaboración, tus deseos de levantarte, tus ansias de creer y esperanzas, y sobre todo, tu fe en Él.

Él te invita, y si lo hace es porque sabe que puedes en la medida que tengas fe y creas en su Palabra. Ya, si acaso lo dudabas, sabes que estás invitados por Jesús. Te lo dice a ti y a todos: ¿Quieres levantarte? Pues, agárrate a mí y empieza a caminar.

lunes, 31 de marzo de 2025

CONFIADOS EN SU PALABRA

Posiblemente el último recurso al que acudimos es al Señor. Cuando hemos agotado todos los recursos humanos y ya no nos queda más lugares o medios donde acudir, nos acordamos del Señor. Aquel funcionario real, ya casi sin esperanza de que su hijo sanara, pensó en Jesús, y teniendo la posibilidad de acudir a Él, le buscó.

 El resultado de esa búsqueda y petición ya lo conocemos por el Evangelio, pero ahora, la posibilidad de buscar nosotros al Señor, conocerlo y presentarnos ante Él depende de nosotros. Porque, Jesús está entre nosotros. Nos espera como esa parábola del Padre amoroso que hemos leído ayer en la Santa Misa. Y no nos espera enfadado, para reprocharnos nuestro olvido o indiferencia. Nos espera con los brazos abiertos, tal y como hizo con el hijo menor de la parábola.

Fe, perseverancia y valentía nos dice el Papa Francisco. Y, ciertamente, se trata de confiar en el Señor. El conoce nuestros problemas, dificultades y sufrimientos, y nos puede sanar o acompañar en el dolor y la enfermedad hasta la resurrección de la otra vida, la verdadera, la plena de gozo y felicidad eterna. Todo dependerá de su Voluntad, pero, una cosa es cierta, sea lo que sea, no olvidemos que es nuestro Padre. Ese Padre amoroso y misericordioso de la parábola que Jesús, nuestro Señor, nos contó en el Evangelio del domingo (Lc 15, 1-3. 11-32).

domingo, 30 de marzo de 2025

RECONCILIACIÓN: EL CAMINO DE REGRESO

Siempre hay esperanza para reconciliarnos con nuestro Padre Dios. Él nos espera y, a pesar de nuestros desplantes y rechazos, permanece fiel a su Amor Misericordioso. La parábola, de la que Jesús nos habla hoy en el Evangelio, nos lo dice claramente: Nunca es tarde si nos arrepentimos y confiamos en la Infinita Misericordia de nuestro Padre.

Esa es nuestra historia, la historia de muchos que se han ido de su Casa y se han perdido. Y se han ido porque piensan que fuera de ella serán más felices que estando dentro. Eso fue lo que pensó aquel hijo menor y pidiendo su herencia, se fue al mundo a buscar la felicidad. Un felicidad que, a veces se consigue. Pero, nunca plenamente, y siempre efímera. Tal como aparece, desaparece.

Y eso fue lo que le ocurrió a aquel hijo menor. Como nos ha ocurrido a muchos de nosotros. Nuestra felicidad no está fuera de nosotros, sino dentro de nuestro corazón. Un corazón que tenga su centro en el Señor, nuestro Padre y Creador, Dios. Y no en las cosas del mundo, tal y como sucedió con el hijo mayor. Sí, estaba junto al Padre y cumplía todas sus órdenes, pero, en su corazón, el Padre, no ocupaba el centro.

El Padre nos espera y, hayamos hecho lo que hayamos hecho, sus brazos están abiertos, porque su Misericordia y su Amor son Infinitos. Reconciliémonos con el Señor en y con la confianza de que Él nos espera y nos perdona. Ejemplo, esta hermosa parábola donde se nos muestra el Amor Misericordioso de nuestro Padre. Y a la que también podíamos llamar: Parábola del Padre amoroso.

sábado, 29 de marzo de 2025

SÓLO EL QUE RECONOCE SU INDIGNIDAD Y PECADO, SE RELACIONA CON DIOS.

Es obvio considerarlos así. ¿Cómo, el orgulloso y que se cree digno por sus méritos, puede relacionarse con Dios, si, en su prepotencia, no lo necesita? El orgullo y la suficiencia te apartan de Dios, pues piensas que todo lo que tienes te lo mereces por tus esfuerzos y trabajo, y que no necesitas de Dios.

Es evidente que el suficiente se olvida de pedir ayuda, se basta consigo mismo y, por tanto, se olvida de Dios. Piensa y cree que no lo necesita. Se cree bueno, y mejor que otros a los que trata de inferiores y de pecadores, sin embargo, él se cree limpio y merecedor de todo lo que tiene.

En la parábola que Jesús nos dice hoy, queda retratado esa figura del orgulloso, del suficiente y del que se cree bueno. Recordemos que cuando aquel joven rico – Mc 10, 17-27 -  se acerca al Señor, y le dice: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.  Quedémonos con estas palabras de Jesús: Nadie es bueno sino Dios.

Reconocernos pecadores nos exige humildad, y el sabernos pobres, limitados y, nunca mejor que nadie, ni que el más y aparente pequeño y marginado. Tengamos siempre en cuenta que somos simples criaturas de Dios, sin más derechos que el que Él, con su Infinita Misericordia y Amor, nos regala y nos da.

viernes, 28 de marzo de 2025

EL PRIMERO, MOTIVA AL SEGUNDO. El SEGUNDO, EXPRESA EL PRIMERO.

Es evidente que, los dos primeros y fundamentales mandamientos, se corresponden. El uno, porque, amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu mente y con todo tu ser, es lo lógico y natural. Dios es nuestro salvador y Señor. Y el segundo, al prójimo, porque, en él expresamos ese amor a Dios, al que no vemos y lo proyectamos en el prójimo.

¿Cómo demostrarle ese amor, que decimos de palabra, al Señor? Dios ha querido que lo expresemos en el prójimo. Sobre todo, a ese prójimo débil, necesitado y, quizás, carente de muchas cosas, no sólo materiales sino también espirituales. De modo que serás sincero y verdadero cuando ese amor que quieres manifestar a Dios, lo manifiestes en el prójimo. Incluso, con los prójimos enemigos o que no piensan como tú.

Está muy claro. Dios nos lo ha dejado sin lugar a duda:  el Amor que dices y que manifiestas profesarle a Él, exprésalo y demuéstralo amando al prójimo. De ahí que ambos mandamientos, primero y segundo van muy unidos.

jueves, 27 de marzo de 2025

CORAZONES ENDUREDICIDOS

La realidad de tus circunstancias te pone en tu sitio. Si andas con corazones endurecidos, tu corazón también se endurecerá. Alejarte de Dios endurece tu corazón porque si no estás con y en Él, estás con el mundo, demonio y carne, y en ese ambiente tu corazón se endurece y deja de ser tierno, compasivo y misericordioso.

Y un corazón endurecido se cierra a la verdad, a la escucha de la Palabra de Dios, y se pierde en la oscuridad de la confusión y del sin sentido. El corazón endurecido se justifica, y ello le lleva a señalar a Jesús como príncipe de los demonios con poder para expulsar a los demonios. Cosa absurda y disparatada, porque el demonio no se va a expulsar a sí mismo.

Otros, cerrados a la fe, exigen signos y pruebas que le abran los ojos, cuando el signo fundamental lo tienen delante. Y es que cuando te traiciona a ti mismo terminas por cerrarte a la evidencia y justificar tus razonamientos auto traicionándote. Además, si Dios te muestra su Poder y su Rostro, la encarnación, celebrada hace unos días, no hubiese hecho falta.  Y menos la redención y muerte de nuestro Señor Jesús. Por tanto, se hace necesaria la fe y el fiarnos de la Palabra de nuestro Señor, y poner toda nuestra confianza en Él.

miércoles, 26 de marzo de 2025

AMAR HASTA EL ÚLTIMO DETALLE

Posiblemente, el más mínimo detalle, por insignificante que parezca tiene gran importancia, hasta el extremo de que puede ser la clave del éxito, de la comprensión o del cambio de cualquier persona. De ahí que hay que cuidar todos los detalles por insignificantes que parezca.

En el Evangelio de hoy, Jesús, el Señor, nos habla de eso: (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

El amor se manifiesta tanto en lo grande como en lo pequeño. Los detalles fortalecen el vínculo del amor, porque, el amor es un compromiso, no una pasión o un placer. El amor es la búsqueda del bien de otra persona, y, referido al matrimonio, es la búsqueda del bien de ambos por ambos, valga la redundancia.

Tenemos un modelo para fijarnos: El Amor con el que nos ama nuestro Padre Dios, y al que hace visible nuestro Señor Jesús, el Hijo encarnado en Naturaleza humana. Fijándonos en Él, y tomándolo como referencia, el amor nos lleva al cumplimiento de la ley, incluso en los detalles mínimos, como las caricias, las miradas, la atención constante y el desvelo, que siendo, aparentemente, actos insignificantes y pequeños, dan al amor su propia esencia y su grandeza.