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domingo, 21 de abril de 2024

PODER PARA ENTREGAR Y RECUPERAR SU VIDA.

Esta es la fe que nos  llena de esperanza y fortaleza. La vida, que es un camino hacia la muerte en este mundo, por el nombre de Jesús, el Señor, no termina aquí en este mundo sino que continúa en el mundo de la eternidad al que todos estamos llamados.

Este es el fundamento de nuestra fe, no hemos sido creados por el Señor para morir, sino para vivir eternamente. Y este mundo es el paso, digamos el examen, para examinados de nuestro amor y perdonados por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios vivir eternamente en su Gloria.

Y es esto lo que verdaderamente nos anima y nos fortalece al experimentar que somos amados, conocidos y tenidos en cuenta por el Buen Pastor, nuestro Señor Jesús. En realidad somo ovejas de su rebaño. Un rebaño que pertenece a un Pastor que da su Vida libremente, la entrega, por verdadero amor para libertar y salvar a sus ovejas.

Nuestra vida está puesta en manos de nuestro Señor. En Él ponemos toda nuestra esperanza y en Él nos refugiamos de todo peligro y amenaza. Él nos ha creado por Amor y somos semejantes a Él. Si Dios es Amor, también seremos amor nosotros. Y eso lo notamos y percibimos en nuestra vida. Experimentamos que el amor es la esencia y fundamento de nuestro vivir de tal forma que sin amor nuestra vida pierde todo sentido y nos es imposible sostenerla.

Conclusión: Hemos sido creados por Amor y estamos llamados a vivir en el Amor. O dicho de otra manera: Creados por nuestro Padre Dios para ser felices eternamente. Y solo alcanzaremos esa meta cuando regresemos por amor a Él, al final de nuestro paso por este mundo. De alguna manera es lo mismo que dijo San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti»

viernes, 14 de febrero de 2020

MI FUERZA ES EL SEÑOR

Resultado de imagen de Lc 10,1-9

La experiencia me dice que muchos momentos de desánimos se producen porque el éxito se nos esconde y no lo vemos. Pensamos, inmediatamente, que nuestra labor ha sido en balde y pensamos en arrojar la toalla y abandonar. En el fondo creemos que nuestro trabajo depende de nosotros, y si eso ocurre en muchos aspectos de nuestra vida, no sucede así en nuestra labor apostólica. 

Somos enviados como ovejas entre lobos. Eso significa que nuestra fuerza no está en nosotros sino que depende del Espíritu Santo que nos acompaña, nos fortalece y nos auxilia. Nuestro Pastor nos pastorea y nos defiende y nos mantiene unidos en el mismo redil. Y mientras seamos ovejas del Buen Pastor nuestra victoria está asegurada y nuestra misión será cumplida. Aunque las apariencias, como sucede en la actualidad, señalen lo contrario.

Somos testigos de la Palabra de Dios, pero, testigos que han experimentado esa Palabra en su vida y la transmiten a los demás. Sin ser testigos no se puede anunciar esa Palabra. La Buena Noticia se saborea cuando se ha experimentado y se conoce. Y eso se vive desde la experiencia de sentirse oveja y nunca lobo, porque, el lobo camina por sí mismo y confía en sus fuerzas, mientras que la oveja, experimentándose mansa y débil, se pone en manos del Buen Pastor.

Porque, solos desde la actitud humilde de sentirnos enviados por el Señor e injertados en su Espíritu, podemos anunciar la Buena Noticia de Salvación y esperar a la siembra que dependerá del Señor, que respeta la libertad del hombre sin imponerse y arriesgándose a la acogida y a la responsabilidad humana.