jueves, 20 de febrero de 2014

EL SEÑOR NOS CUIDA E INTERPELA

(Mc 8,27-33)


Te gusta que te diga que te quiere, diríamos. se me ocurre ahora, la frase de las tres "t": te gusta; te diga; te quiere. Y aunque lo sabes necesitas que de vez en cuando te lo repita o te lo recuerde. Quizás por nuestras debilidades estamos deseosos de que nos den prueba de amor con bastante frecuencia.

Supongo que el Señor, sabiendo todo lo que se decía de Él y todas las murmuraciones que se oían, preguntó a sus discípulos que pensaban ellos acerca de su Persona. Ellos constestan con evasivas porque hablan de lo que se oye y dicen otros. Pero Jesús vuelve y les repite: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo». 

Hoy, Jesús, también nos pregunta a nosotros sobre su Persona, y nos pide una respuesta. Respuesta que pasa por muchas pruebas por las que pasamos y en muchas ocasiones no entendemos o se debilita nuestra fe. Siempre tenemos la duda detrás de la puerta y necesitamos esos toques de amor que el Señor nos da y nos advierte que Él está ahí.

Por eso, Señor, te respondemos con un sí decidido y firme que queremos seguirte y confiamos en Ti. Danos las fuerzas para no desfallecer y aumenta nuestra fe.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿QUÉ LUZ ME INTERESA VER?

(Mc 8,22-26)
 
No cabe duda que a bote pronto deseamos ver la luz del sol y todo lo que ella alumbra. Ver a mis familiares, a mis amigos, el campo, las flores y todo lo que se mueve a su derredor. Ver es muy hermoso, pero, ¿qué relamente interesa ver?

No vamos a negar que nos encanta ver lo dicho anteriormente, pero Jesús nos quiere hoy hacer pensar que la Luz más importante es Él y la que verdaderamente importa ver. Y para eso necesitamos abstraernos, apartarnos de las cosas de este mundo y buscar espacios de silencio y serenidad donde encontrar al Señor y poder escucharle.

Por nuestros propios ojos que damos deslumbrados y el mundo nos ofrece verdaderas maravillas. Son apetencias que el demonio usa para apartarnos de la escucha atenta del Señor y de la verdadera Luz. La paradoja de la luz del mundo, aparentemente hermosa, pero que nos oscurece el camino, y la Luz que aunque empieza por poco y algo borroso, en la presencia del Señor se hace clara y hermosa.

Seamos pacientes y dóciles a la Palabra del Señor y déjemonos alumbrar por la Luz que viene de sus Manos.

martes, 18 de febrero de 2014

SÓLO VEMOS LO QUE TENEMOS DELANTE

(Mc 8,14-21)


Sucede que no tenemos ojos sino para la necesidad que se nos pone delante. Observamos que nos faltan provisiones y perdemos de vista lo demás quedando sólo preocupados por eso. Ese les ocurrió a los apóstoles, se olvidaron por el problema de la  escasez de pan de que iban con Jesús. 

Sus mentes no se separaban del problema de la falta de pan. Posiblemente nos ocurre también a nosotros lo mismo. Estamos preocupados por muchas cosas que necesitamos o que deseamos, y nos olvidamos de los peligros que nos acechan tentándonos a ofrecérnoslo a cambio de alejarnos de la verdadera necesidad: "Sólo Dios basta".

Y viéndolos distraídos y con la mente embotada, Jesús les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo que los apóstoles? Pedimos pan al Señor, pero el Señor nos advierte de otras cosas más importante y más peligrosas. ¿Acaso no creemos que el Señor proveerá nuestra comida y nuestro trabajo? Sin embargo, sostener nuestra fe y amistad con Él es el principal alimento que debemos guardar y pedir.

Aunque estamos atrapados por nuestra humanidad, pidamos al Señor que nos dé la sabiduría de saber elegir escucharle y seguirle por encima de otras necesidades.

lunes, 17 de febrero de 2014

FARISEO: LA LEY ES LO IMPORTANTE


(Mc 8,11-13)

Todo lo tienen regulado y establecido. Sus vidas están centradas en las leyes, y ellas son lo único importante. De modo que quien no acomoda y vive su vida según las leyes está vulnerándolas y faltando a su cumplimiento. Y quién no cumple no es buena persona y queda señalado como pecador.

Los fariseos piden una señal que les confirme la ley y que les descubra el camino, pues para ellos el cumplirla es lo que prima y lo importante. Y Jesús se niega porque la señal está contenida en su presencia. Es esa la Voluntad del Padre, que vean las buenas obras en el Hijo, y la unidad del Padre con el Hijo, y que se abran a la acción del Espíritu Santo.

Hoy, también pedimos señales, signos y gestos que nos reafirmen en la fe. Queremos que Jesús se adapte a nosotros y que se presente como nos gustaría a nosotros. Exigimos pruebas, demostraciones y milagros que nos sorprendan y aviven nuestra incipiente y débil fe. Muchos, cuando le presentamos al Señor, responden que todavía no ha venido nadie para decírnoslo. Quieren que un muerto y resucitado vuelva para que ellos lo puedan ver y así creer.

Jesús es el Signo, la Señal, la Prueba que nos revela la Voluntad del Padre. Su Muerte y Resurrección está proclamada para todos los hombres, y Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Todo está dicho y claramente señalado.

domingo, 16 de febrero de 2014

EN EL AMOR SE CUMPLE TODO


(Mt 5,17-37)

Jesús no viene a abolir ni lo más mínimo de la Ley sino todo lo contrario, a darle cumplimiento. Y es que en el amor todo su cumple, pues aquel que ama no mata, perdona, no adultera, no engaña ni tiene necesidad de jurar porque dice y camina en la verdad. Todo se complica cuando el amor se queda a media y requiere normas y vigilancia para que se cumpla la ley.

Cuando nos sentimos débiles estamos tentados a defraudar y a saltarnos la ley. Y es que la debilidad nos hace imposible cumplir con lo prescrito por la Ley. Necesitamos reconocernos débil y es en ese momento cuando descubrimos que en la debilidad nace nuestra fuerza y nuestro poder. Porque ante el reconocimiento de la debilidad nuestro Padre Dios no resiste, por su Amor, perdonarnos y fortalecernos para poder vencer en esa lucha.

Así, Pablo experimenta que en la debilidad es fuerte. Y nosotros también experimentamos que cuando nos reconocemos débiles, pecadores y nos humillamos, alcanzamos la misericordia y el perdón del Señor.

sábado, 15 de febrero de 2014

LÁSTIMA Y COMPASIÓN

(Mc 8,1-10)


Creo que no existe nadie que no se compadezca de aquel que sufra por hambre u otras necesidades primarias. Sin embargo, si nos cruzamos de brazo y miramos para otro lado es posible que nuestro corazón se vaya endureciendo hasta el punto de transformarse en un corazón de piedra, endurecido por los callos de la indiferencia y el egoísmo que borren de su corazón la misericordia y la compasión.

Jesús, en cada encuentro con el hombre aflora sentimientos de compasión y misericordia, y actúa en solución de esos problemas porque ama y quiere el bien del hombre. Pero, ¿qué hacemos nosotros? ¿Es esa nuestra intención? ¿Nos preocupamos por la situación de los demás? ¿Tratamos de compartir con los demás lo que tenemos? 

Porque no se trata sólo de bienes materiales. También tenemos sonrisas, buen humor, amabilidad, servicio, escucha, atención, paciencia, alegría, compañía, comprensión, verdad, justicia, solidaridad... Hay muchas cosas que hemos recibido y que otros esperan que las compartamos, pues ellos carecen de ellas.

Hazme pan Señor para ser repartido y comido, para tu Gloria, por los demás.

viernes, 14 de febrero de 2014

ABRE MIS OÍDOS Y DESATA MI LENGUA

(Mc 7,31-37)


Hay muchas ocasiones que oímos, pero no escuchamos. De cualquier forma se hace necesario, primero oír, y después escuchar. Ambas cosas son necesarias y ambas cosas le faltaban a aquel sordo de trabada lengua. Y son las súplicas de otros, familiares y amigos, los que ruegan a Jesús que lo libere de esas carencias necesarias para desarrollar la vida normal.

Y Jesús, todo bondad y atención, se compadece, y apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!".

Todo lo hace bien y para bien de las personas. Es la etiqueta que colocan a Jesús. Le buscan porque el contacto con Él es medicina de sanación. Y es que el hombre busca salvarse. Salvar su cuerpo de la enfermedad pero también, y eso le pasa más desapercibido, salvar su alma.

Porque el cuerpo volverá a enfermar, pues de algo hay que acabar aquí este camino de peregrinación, pero el alma seguirá su camino hasta la Resurrección y la vida auténtica y eterna junto al Padre. Y es esa la que importa curar definitivamente.

Y Jesús ha venido precisamente para eso, para salvarnos no de una muerte temporal, sino de la muerte eterna y darnos la Vida gozosa y plena de felicidad eternamente.