miércoles, 5 de marzo de 2014

¿HAS RECIBIDO TU PAGA O TU PREMIO?

(Mt 6,1-6.16-18)


Dar o darse gratuitamente lleva consigo también el desaparecer en el momento oportuno y no recibir ni siquiera las gracias.  Porque cuando das desinteresadamente y de forma gratuita no espera agradecimiento ni halagos, sino lo inmediato es pasar desapercibido o hacer mutis en silencio sin que nadie lo advierta. Es la prueba de tu pureza y buena intención: te das gratuitamente.

Así lo ha hecho nuestro Señor: "Ha dado su vida y todo su amor sin pedirnos nada, e incluso sin saber que respuesta vamos a dar nosotros". Se ha dado gratuitamente y sin condiciones y no ha esperado a recibir nada. Sólo busca y quiere nuestro bien y nuestra salvación. Es eso lo que espera porque Él no va a ganar nada con nuestra respuesta. Simplemente nos ama y desea inmensamente nuestra salvación por amor.

Él es nuestra referencia y nuestro máximo Ideal. No se trata de escondernos, pero sí de actuar de forma discreta y lo más escondida posible. Porque intentamos no recibir favores, y sabemos que la gente es muy dada a agradecer y halagar por los favores recibidos. De recibirlos y colocarnos en un pedestal nos han pagado nuestro servicio y nos han robado nuestro amor. Ya hemos recibido nuestra paga porque eso descubre que, si aceptamos la admiración y gratitudes, no hemos actuado por verdadero amor.

Por eso, silenciosos, prudentes, humildes y agradecidos por poder servir, actuemos de forma callada y discreta sabiendo que nuestro Padre Dios ve en lo secreto y El nos dará la justa y debida recompensa.

Nuestro publico es nuestro Padre Dios.

martes, 4 de marzo de 2014

DEJARLO TODO

(Mc 10,28-31)


Dejarlo todo no consiste en quedarte desnudo y pasar frío, sino en compartir la ropa que tienes o en no pensar tanto en lo que llevas sino en lo que puedes dar. Dar y darte para acercar a otros a esta buena noticia de salvación. Dejarlo todo es poner en primer lugar tu inquietud en proclamar con tu vida que Jesús, el Hijo de Dios vivo es la meta y la verdad de la vida y de nuestra vida.

Posiblemente queden muchas cosas que dejar, y quizás no tengamos tiempo, por nuestra condición pecadora, de dejarlas todas, pero si hay una cosa que podemos dejar cada día, y es la desmotivación, el cansancio, la comodidad y la pereza de abandonar y quedarnos quietos, cómodos y dejarnos arrastrar por el bienestar de este mundo sin importarnos el bien, la justicia y la salvación de los demás.

Esa es la lucha y la que debemos priorizar por encima de todo, y en eso estriba el dejar todo lo que nos impida continuar el combate diario y la guerra durante nuestro camino y nuestra vida. Sí, se hace duro y difícil de soportar y se sufren persecuciones, criticas, abandonos y humillaciones, pero es el camino que Jesús recorrió primero y el que nos invita a recorrer a nosotros.

No se trata de despojarte de lo que tienes, sino de ponerlo al servicio de los que lo necesitan. Y si en ese menester te quedas sin nada, confía que el Señor te dará ciento por uno.

lunes, 3 de marzo de 2014

SEGUIR A JESÚS NO ES UN MERO CUMPLIMIENTO

(Mc 10,17-27)


Puede parecer, y parece que nos va esa forma de pensar,  que seguir a Jesús se reduce a un mero y simple formulario de cumplimientos: ir a misa, dar alguna limosna, no matar, no levantar falso testimonio, no cometas adulterio...etc Y cumplidas estas normas y ley, todo se acaba ahí. No sería tan difícil reducir el seguimiento a Jesús en unas concretas leyes.

No se trata de eso, la ley está para cumplirla pero el amor va más lejos y supera a la ley. Es, no sólo generoso sino misericordioso. Se entrega más allá de lo meramente legislado y su inquietud le lleva a darse y entregarse sin condiciones. Digamos que su ley sería la de olvidarse de sí para estar atento al otro. Cuando se ama no hay límites ni leyes que delimitan tu amor, se da todo y se vive en la presencia y atención a estar siempre disponible al servicio y la entrega.

Se comprende que aquel joven agachara la cabeza porque estaba muy apegados a tantos bienes que tenía. E igual nos ocurre a nosotros. Apegados a tantas apetencias, al estado del bienestar y el hedonismo, a las comodidades de cada día, queremos con la ley y su cumplimiento quedarnos tranquilos.

Señor, sé de mis fracasos, de mis apetencias, de mis cumplimientos y quiero liberarme para seguirte sin condiciones. Libérame y dame la Gracia de seguirte tal y como Tú quieres, porque eso es lo que también yo quiero.

domingo, 2 de marzo de 2014

DOS COSAS NO PUEDEN OCUPAR UN MISMO LUGAR


(Mt 6,24-34)

La razón nos descubre con una lógica aplastante que dos cosas no pueden permanecer en el mismo lugar, pues donde está una no puede ocuparlo otra. De la misma forma, nuestro corazón no puede servir a dos señores, pues se dará más a uno y terminará por dejar al otro. 

El Señor nos deja claro que dependiendo de lo que guardemos en nuestro corazón, estaremos con unos o con otros. Es decir, si en mi corazón entra el dinero, el éxito, la vanagloria, los privilegios, el triunfo y la admiración del poder, Jesús será desplazado a un lugar secundario o casi inexistente, porque lo que me importa y de lo que está lleno mi corazón son de las cosas del mundo.

Será el mundo mi dueño y a él serviré. Jesús quedará postergado y sólo para momentos puntuales de necesidad, enfermedad o situaciones que el mundo ni nadie te soluciona. A veces recibo petición de oraciones de personas que su fe está dormida y alejada de la Iglesia. Y es que todos nos acordamos de Dios cuando nos falla el mundo y nuestras limitadas y pobres fuerzas.

Condición indispensable y necesaria es vaciar mi corazón de todo aquello caduco, de aparente hermosura y felicidad, de falsas promesas e hipocresías, y mentiras, a veces revestidas de una falsa piedad. Y llenarlo de la única y pura Verdad que proviene del Señor, a quién entregaremos nuestra vida en servicio y obediencia porque Él es nuestra meta y nuestra felicidad.

En vano serán todos nuestros esfuerzos y logros, porque lo que viene y está en el mundo es caduco y vacío en el tiempo. Nada importa sino el Señor que siempre permanece y está. En Él nos apoyamos y a El servimos.


sábado, 1 de marzo de 2014

SEÑOR, CREA EN MI UN CORAZÓN PURO

(Mc 10,13-16)
 
 
Jesús da prioridad a los más pequeños, pequeños en el sentido de debilidad, de ignorancia, de impotencia e indefensos. No hay nadie más indefenso que un niño, un niño a quien no se le escucha y al que se le quitan todos sus derechos. Y hoy, aunque aparentemente parece haber cambiado, sigue todo igual. Son los niños los más desfavorecidos, los más sometidos y expuestos a la condena tanto de hambre como de muerte.

Hay muchos niños explotados y sometidos a la esclavitud cuando no condenados desde el vientre de sus madres a muerte. Débiles hasta el punto de no tener voz, ni posibilidad siquiera de presencia física. Son los más débiles y desamparados y los más amenazados pues son sus mismas madres y padres los que deciden excluirlos y matarlos.

Y es que los mayores hemos perdido la inocencia pura y las buenas intenciones. Nuestra pureza infantil ha sido contaminada por el mundo en nuestro caminar hacia la madurez. Hemos optado por elegir el mundo y sus riquezas y someternos al poder del Maligno. No hemos superado las tentaciones de nuestro propio desierto y hemos entregado la pureza de nuestro corazón puro y bien intencionado.

Por eso, mientras no volvamos a nacer de nuevo, del agua y del Espíritu que nos transforma y nos llena de la Gracia del Señor, estaremos sometido a las cadenas de corrupción de este mundo. Pidamos al Señor que nos libere de esta esclavitud.

viernes, 28 de febrero de 2014

LO UNIDO POR AMOR NUNCA SE SEPARA

(Mc 10,1-12)


Sé que hay separaciones y frustraciones matrimoniales. Sé que hay hasta razones por las que parecen justificadas algunas separaciones, y sé que las familias, por estas separaciones, están en peligro. Hay muchas situaciones que no entiendo y en algunos momentos me desoriento y me pierdo. Como tus discípulos, Señor, hoy quiero yo también preguntarte para que me lo aclares más y mejor.

Es claro que donde hay amor el separarse no tiene sentido, y también es claro que muchas separaciones están motivadas por un egoísmo utilitarista y placentero que, desaparecido este, la atracción desaparece y, demagógicamente, lo confunden, porque interesa y es lo más fácil, con amor. 

El amor que no es verdadero, y por lo tanto no es amor, está asentado en una conducta individualista desprovista y vacía de responsabilidad. Esto es todo lo contrario al amor, es la antítesis del amor, y en este sentido diría que todas las separaciones derivan de esa realidad. Cuando el amor es verdadero esto no sucede porque viene del Señor y está garantizado y unido por Dios.

Así, la familia, célula y fermento de la convivencia en el amor, hace justicia y genera paz. Y los pueblos, nacidos de familias juntas, garantizan la convivencia entre hombres responsables  y de buena voluntad. Es el ideal de todos los pueblos pero están ciegos por los egoísmos que el demonio alimenta entre ellos.

Sólo el Señor es la solución que nos dará luz y fuerzas para desterrar el libertinaje e irresponsabilidad y acoger el verdadero amor responsable que nos una en paz y justicia.

jueves, 27 de febrero de 2014

CARGA TU CRUZ


(Mc 9,41-50)


Se hace difícil entender cuando nuestra mente y nuestro corazón está apegado a este mundo y a las cosas de este mundo. Es necesario primero una mirada al Señor para, fortalecidos en el Espíritu Santo, seamos capaces de encontrar fuerzas para vivir el Mensaje de Jesús, que no es otra cosa sino la búsqueda de nuestro propio bien.

Experimentamos que en este mundo hay cosas que aun gustándonos, nos perjudican. A nadie se le esconde que el fumar es malo, y el beber demasiado es perjudicial para la salud. Todo necesita una moderación y tiene un límite. De la misma forma, el amor tiene sus sacrificios y sus renuncia, porque amar a favor de la corriente deja de ser amor para convertirse en egoísmo.

Hay muchas circunstancias en nuestra vida que nos exigen renuncia, sacrificio y entrega sin condiciones. Los niños indefensos y con minusvalías e imperfecciones; el egoísmo de un esposo o esposa que rompe el matrimonio; la rebeldía de un hijo/a que rompe la armonía familiar; este apego o vicio o aquella envidia o tentación, enfermedad...etc. Son manos, pies u ojos que debemos arrancar para que no sean motivos de pecados y pérdida del Reino de Dios.

Aunque ahora, en este mundo, el camino se haga difícil e insoportable, recuerda que la travesía por el desierto del pueblo de Israel también lo fue. Pero al final, llegar a la tierra prometida es lo verdaderamente importante, y todo lo demás pura quimera finita y caduca.

Vale la pena entrar cojo, ciego o manco en el Reino de Dios que con los dos ojos, pies o brazos quedar fuera.