domingo, 11 de enero de 2015

JESÚS SE NOS REVELA EN EL JORDÁN

(Mc 1,7-11)


Me parece muy contradictorio que hayan personas que crean en la teoría del Big Bang, indemostrable y supuestos muchos eslabones, y no en el acontecimiento del Jordán, que recoge la historia narrada por unos testigos presenciales y que se produce en una etapa histórica y demostrable de la vida de un Personaje extraordinario y singular.

Jesús de Nazaret, nacido en Belén y anunciado a los pastores; escapado, por ser puesto en aviso a sus padres, de la matanza ordenada por Herodes; profetizado por Simeón en la presentación en el templo; perdido y hallado, asombrando a los sacerdotes, en el templo, hasta el acontecimiento de su Bautismo en el Jordán, son testimonios históricos que hablan de un Jesús Divino que irrumpe en el mundo, encarnado de Naturaleza Humana, para proclamar la salvación que su Padre Dios quiere, por Amor, para todos los hombres.

Resulta más inverosímil creer en el Big Bang u otras teorías que en la Divinidad del Hijo de Dios. Y es que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, viene a enseñarnos y a descubrirnos el Amor del Padre. Un Padre Dios que nos ama y nos salva en su Hijo por amor. Nos salva dando su Vida y redimiendo con ella la nuestra.

Pero, si nos miramos interiormente, experimentamos que lo que buscamos es lo que Jesús nos propone: la felicidad eterna. Sólo que, empleamos mal nuestra libertad y nos dejamos llevar por nuestra soberbia. Soberbia que nos ciega y nos confunde, creyendo más en lo absurdo, como es el Big Bang u otras teorías que en la realidad palpable de Jesús.

Hoy, señalándonos el camino, y dándonos una prueba más de su Divinidad, se hace bautizar, por Juan, en el Jordán. Momento que el Padre y el Espíritu Santo le anuncian como el Hijo predilecto. Amén.

sábado, 10 de enero de 2015

¿QUÉ MESÍAS ESPERABAN?

(Lc 4,14-22)


El pueblo de Israel tenía claro la esperanza de la llegada de un Mesías. Estaba profetizado por los profetas, y esperanzados en la profecía aguardaban su llegada. Jesús se ajusta al perfil del Mesías esperado. Sus Palabras tienen autoridad y manifiestan poder y curaciones. Su fama se extiende por toda Galilea. Están entusiasmados y alegres, al parecer llega el libertador.

Sin embargo, las apariencias engañan. Habían supuesto un Mesías guerrero, poderoso y caudillo para liderar el levantamiento contra el pueblo opresor, los romanos. Y a medida que van conociendo el Mensaje de Jesús, sus desencantos se hacen patentes. No entienden o no quieren entender lo que Jesús proclama. No aceptan un Reino de amor, de fraternidad, de justicia, de caridad y de paz.

Ellos buscan venganza, poder y muerte si es preciso. Ese es el Mesías que ellos quieren y esperan. Ese Jesús no reúne ese perfil y lo rechazan. No quiere oír hablar de perdón, menos de misericordia de Dios, que no conocen y, por supuesto, tampoco de amor.

¿Aceptamos un Dios vengador y guerrero que impone su poder? Pidamos luz al Espíritu Santo.

viernes, 9 de enero de 2015

¿QUÉ DIRÍA YO?

(Mc 6,45-52)


En un esfuerzo imaginario por trasladarme a la época de Jesús y estar allí presente, me pregunto: ¿Qué hubiese pensado yo? ¿Cómo respondería mi mente al milagro de los panes y peces? Porque los apóstoles estaban todavía estupefactos sin poder asimilar la experiencia que habían vivido. El colmo fue ver a Jesús caminar sobre las aguas.

Supongo que a mí me hubiese ocurrido lo mismo. Nos cuesta entender y asimilar el poder de Dios. Nuestra mente no está preparada ni tiene capacidad para abarcar la grandeza de Dios. Experimentamos que sin su Gracia nada entendemos. 

Porque hoy está ocurriendo lo mismo, nuestro corazón se endurece ante las manifestaciones de Dios y nos cuesta asumirla y entenderlas. Comprendemos la necesidad de ser como niños, porque los niños creen seriamente todo lo que le dicen sus padres. Acabamos de vivir estos días de reyes y experimentamos como los niños se confían a los supuestos magos de las cabalgatas y a lo que le dicen sus padres.

Ellos no preguntas sino se confían y creen. ¿No debe ser nuestra actitud igual? ¿Por qué querer entender algo que está por encima de nosotros y no confiar? Vemos claramente que en nuestro corazón anida la duda del pecado que quiere poseer y abarcarlo todo. El corazón de los niños está limpio y no genera duda, sino cree. 

Esa inocencia posiblemente se llama fe y es la que necesitamos para abandonarnos en brazo del Espíritu Santo y confiar en la Palabra y obra del Señor. Llamémosle para que amaine los vientos de nuestra barca y nos mantenga a flote por el mar de nuestra vida. Amén.

jueves, 8 de enero de 2015

LA PRIORIDAD: HACER EL BIEN

(Mc 6,34-44)

Le sucedió a aquel sacerdote que viendo al samaritano necesitado de ayuda se justificó auto engañándose, para descomprometerse y seguir adelante. Y nos sucede también muchas veces a nosotros mismos, que queriendo no comprometernos nos justificamos auto engañándonos también. Todos sabemos cuál es nuestra prioridad, la conocemos bien, pero distorsionamos la realidad para buscar nuestras comodidades, intereses y egoísmos. Será absurdo engañarnos porque a Dios no se le esconde nada.

Quizás los apóstoles buscaron lo mismo ante aquella preocupación de Jesús por la muchedumbre cansada y sin nada que comer. Jesús se compadeció y soluciona el problema. Nosotros nos justificamos en nuestras limitaciones y perdemos de vista la confianza y fe en el Señor. Porque nunca seremos nosotros quienes demos solución a los problemas. Si lo hacemos, lo hacemos en el Señor, porque todo poder nos viene dado de arriba. Ya se lo dijo Jesús a Pilato (Jn 19, 11).

Creo que el Maligno se aprovecha de nuestra confusión y desesperación. Somos poca cosa y no podemos arreglar el mundo Pero eso no nos exime de preocuparnos y esforzarnos en solucionar las situaciones de miserias e injusticias que se viven en el mundo. Sin ser lo suficiente, la Iglesia alivia muchas situaciones como la que hoy nos presenta el Evangelio, y lo hace a través de sus miembros. En esa línea, todos debemos poner nuestro granito de arena y dar de comer al hambriento y ayudar al necesitado.

También se necesita la colaboración del necesitado, porque si es más difícil rechazar el alimento y las necesidades materiales, si experimentamos que rechazan las más importantes y necesarias, las espirituales que les ofrece el Espíritu de Dios y nos da la auténtica y verdadera salvación.

Pidamos al Espíritu Santo la luz necesaria para comprender que no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4). Amén.

miércoles, 7 de enero de 2015

LLEGA LA HORA

(Mt 4,12-17.23-25)

Jesús así lo interpretó. Enterado de que habían apresado a Juan el Bautista, sale a la vida pública y empieza a proclamar el Mensaje para el que fue enviado a este mundo. Había terminado la hora del precursor y empezaba la de Jesús, el Salvador del mundo.

Y Jesús nos anuncia que el Reino de los cielos está cerca. Y tan cerca que lo tenemos presente delante de nosotros. Y ahora también, porque a través de la Iglesia, Jesús se hace presente en los sacramentos y en la comunidades o grupos. No está físicamente, pero sí está sacramentalmente, presente bajo las especies de pan y vino. Es el Señor que vive y se manifiesta entre nosotros.

Jesús recorre los alrededores de Galilea. Cura y sana a todos los que se acercan a Él, y les proclama la Misericordia de Dios. Y le siguen multitudes interesadas en ser curadas. Supongo, sin lugar a duda, que a nosotros nos ocurriría igual hoy. Si supiésemos de alguien que curara enfermedades de todo tipo, incluso las que son raras y difíciles, acudiríamos, haciendo el esfuerzo que sea, sin pensarlo. Pero, ¿y las enfermedades del espíritu?

He compartido en otros momentos mi asombro al ver a tanta gentes esforzándose en cuidar su salud; haciendo ejercicios físicos y preocupados en mantener su cuerpo sano. Y es bueno y saludable, y se debe hacer porque somos responsables de cuidarnos. Pero, por la misma razón, ¿cómo es que no cuidamos nuestra alma? El cuerpo, a pesar de tantos cuidados, caducará tarde o temprano, pero nuestro espíritu seguirá vivo, y será eterno. Dependerá de nosotros ahora de que mañana, la eternidad, viva gozoso y feliz.

Busquemos al Médico Bueno que cura las enfermedades, pero busquémoslo no sólo para sanar el cuerpo, sino fundamentalmente para salvar el alma, porque es ella la que permanece eternamente.

martes, 6 de enero de 2015

ESTABA ESCRITO EL NACIMIENTO DE JESÚS

Mt 2, 1-12



No era un nacimiento más sino que estaba escrito y pensado por Dios, el Padre Eterno: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de la ciudades de Judea; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel".

Pero no está anunciado para Herodes solo, sino también para todos nosotros. Sabemos cuál fue la reacción de Herodes, pero, ¿y la nuestra? ¿Aceptamos nosotros a ese jefe, pastor de Israel como nuestro Dios y Señor? ¿O lo aceptamos a media como una formalidad más de tantas que tenemos y practicamos en nuestra vida? De hecho así parece, pues no se entiende que mucha gente frecuente la misa y no participe en ella sino como mera formalidad social.

Y también, porque no expresarlo, los que participamos eucarísticamente, que dejamos toda nuestra fe para sólo esos momentos. Pidamos al Señor responder a nuestro compromiso de bautismo más coherentemente tanto de palabra como de obras.

Comprometerse y responder a la fe exige esfuerzo. Un esfuerzo como el que nos presenta hoy el Evangelio con los reyes magos. No es fácil salir de tus comodidades, de tu territorio, de tus dominios y aventurarte en tierra extraña en la búsqueda de alguien que no ofrece aparentemente seguridades. Exponerte a perder tus propias seguridades exige dejar al descubierto tu fe y probarla.

Entiendes que es incómodo, arriesgado, molesto y hasta preocupante salir al encuentro del Señor. Exige riesgos, decisiones inseguras que te predisponen a perderlo todo. Sin entender ni saber qué camino seguir y qué hacer. ¡Dios mío, esa es la misión del Espíritu Santo! Confía en Él y, a pesar del sufrimiento de tu propia cruz, déjate llevar. A l final verás la luz, el gozo y la felicidad eterna.

lunes, 5 de enero de 2015

COSAS MAYORES VERÉIS

(Jn 1,43-51)

No sé exactamente qué puede significar lo que Jesús dice a Natanael: "Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre», pero supongo que significará lo que dice literalmente. Y eso espero, ver cosas mayores, porque creo en la Palabra del Señor. 

En esa esperanza despertar cada día es un hermoso y maravilloso reto. Cada día nace la ilusión de vivir el amor y de esperar, como Simeón, las maravillas que el Señor nos ha prometido: "Has de ver cosas mayores..." Y también de compartir ese gozo y felicidad prometida comunicándoselo a los demás. Porque todos los hombres sienten el deseo trascendente de ser felices siempre, y en eso se esmeran cada día.

Ocurre que lo hacemos equivocadamente pensando que en las cosas podemos encontrarla. Y la experiencia nos indica que no es así, pero seguimos empeñados en lo mismo con tal de no cambiar, de no dejar la soberbia y avaricia que nos invade. Necesitamos despojarnos de todo eso y cambiarlo por la humildad. Sólo así podremos cambiar.

Sólo el Señor Jesús puede llenar tu corazón de lo que buscas, de gozo y felicidad eterna. Él es el tesoro que andamos buscando, pero que lo ignoramos rechazándolo por cosas caducas y perecederas. No tiene sentido buscar en aquello que muere, porque también nos traerá la muerte a nosotros. Sólo el Señor, que nos da a beber el agua que salta a la vida eterna, nos da la fuente de vida feliz y eterna.