viernes, 12 de octubre de 2018

A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

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Es muy importante escuchar la Palabra de Dios. Diría más que importante - Vital - porque de esa escucha se desprende tu felicidad y gozo eterno. Y es que no hay otro camino sino el escuchar la Palabra de Dios para llegar a Él. 

Por eso, supongo que Jesús al oír encantado ese hermoso piropo - «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». - que significaba la importancia de su Madre en su vida, añadió - «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

Porque, eso es lo verdaderamente importante. Por medio de la escucha de la Palabra llegamos al conocimiento de Dios y, por su Gracia, recibimos la fe que nos da la fuerza para vivir en su Palabra. Dichosa es María, la Madre de Dios, porque ella vivió en su Palabra y aceptó su Voluntad. La dicha de María le viene por su obediencia y su fe en la Palabra del Señor, que la llena de Gracia y la hace Madre de su Hijo Unigénito y corredentora con Él para la salvación de todos los hombres.

Imitemos a nuestra Madre, María, para que como ella sepamos escuchar la Palabra, encarnarla en nuestra vida y permanecer apoyada en el pilar, símbolo que fundamenta toda nuestra vida de creyente. Ella se apoya en la roca - pilar - que es su Hijo y se mantiene firme ante todos los vaivenes que la vida nos pone en nuestro camino. 

Es dichosa precisamente por eso, porque su camino está apoyado en la Roca, hoy Pilar que festejamos en su nombre y que nos sirve de testimonio y ánimo para seguir también nosotros apoyándonos en nuestro camino.

jueves, 11 de octubre de 2018

LA INSISTENCIA MANIFIESTA EL INTERÉS

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Lc 11,5-13
Las necesidades no se piden una sola vez, sino que se insiste hasta la saciedad. Precisamente, esa insistencia nos descubre nuestro interés y la fe que tenemos en ello. Porque, cuando una cosa no se desea tanto tampoco se insiste demasiado. Se pide una vez, y quizás no muy alto, y si no se consigue no se vuelve a pedir.

Pero, cuando nos va la vida en ello, la insistencia se repite sin descanso. No significa esto que molestemos, sino que nuestra actitud es la de estar atentos en la solicitud de pedir, de llamar y buscar. Y más cuando confiamos en un Padre que todo lo puede, que nos ama y quiere salvarnos. Es eso lo que Jesús, el Hijo del Padre, nos revela y descubre. Nos anima a pedir, a llamar y a buscar: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Ahora, podemos preguntarnos, ¿qué ocurre que no he recibido todo lo que he pedido? La pregunta está mal planteada. Mejor decir: ¿dame, Señor, aquello que me conviene y que yo no sé pedir? Porque, pedimos según nuestros caprichos, apetencias y razón humana, y cosas que posiblemente no nos ayudarán a madurar sino a perdernos. 

Sucede lo mismo con lo que nos dan para nuestro crecimiento y desarrollo. Hay cosas que no nos gustan ni nos apetece el esfuerzo y trabajo, pero, luego, más tarde damos gracias por habernos obligados a hacerlos. Muchas cosas no entendemos, pero, luego, razonando vemos que es lo que tenía que ser. Lloramos la muerte de un ser querido, pero, resulta que a todos, tarde o temprano, nos llega la muerte. Lo mejor es ponernos en Manos de Dios, el único que sabe lo que nos conviene.

miércoles, 10 de octubre de 2018

SIN RODEOS Y AL GRANO

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Lc 11,1-4
A veces nos perdemos intentando adornar nuestras oraciones, hasta el punto que nos cuesta iniciarlas y optamos por dejarlas. Una oración no es sino una simple petición. Necesitas ayuda, asistencia, auxilio, y lo pides. Ese es el núcleo de toda oración: pedir lo que necesitamos, es decir, el pan de cada día. Implorar perdón por nuestras faltas y fallos - pecados -  y solicitar protección, es decir, librarnos del mal y de las tentaciones que este mundo nos pone.

En estas tres premisas se fundamenta el núcleo de nuestra oración, y Jesús nos lo dejó bien claro y explicito en la oración que nos enseñó:  el Padrenuestro. Es una oración que nos marca un estilo de vida y una forma de vivir. Es una oración que expresa nuestra vivencia diaria y nuestra forma de compartir y comportarnos en el vivir de cada día. Es una oración que nos descubre que todos tenemos un mismo Padre y un mismo origen, y que, por supuesto, somos hermanos e iguales.

Eso nos compromete a ser fraternos y compasivos los unos con los otros. Y a compartir una misma fe y una misma fiesta al santificar al Padre de todos, nuestro Padre Dios. Nos invita a estar en íntima conexión con el Padre al que le pedimos por todas nuestras necesidades, y eso se necesita, valga la redundancia, todos los días. Por lo tanto, la frecuencia de esa petición es, no sólo diaria sino a cada instante, sobre todo porque necesitamos hacer su Voluntad, no la nuestra que está sujeta al error y a la equivocación.

Y, conscientes de que nos equivocamos y faltamos a cada momento, pues nuestra debilidad es manifiesta, necesitamos rogarle que tenga misericordia de nosotros que el Señor nos la da gratuitamente en la medida que tú y yo también la damos a nuestros hermanos en la fe. Y  todo eso se vive cada día, de ahí que la oración del Padrenuestro la vivimos y la tenemos presenta a diario. Es nuestro estilo de vida.

martes, 9 de octubre de 2018

ORACIÓN Y OBRAS

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Lc 10,38-42
La vida es camino y hay que vivirla en la medida que caminas, porque, de no hacerlo  quedaría parado y, si no caminas no vives. Parado difícilmente se puede vivir. Y hablamos de parado cuando la vivencia de tu vida se estanca, se paraliza y se refugia y queda en ti, y no compartes, no te abres y enriqueces en la relación con los otros. No te das la oportunidad de amar con signos y obras que lo manifiesten.

De la misma forma, los frutos se dan cuando los sarmientos permanecen injertados en la vid. De ella recogen la fecundidad que luego dan a los frutos. La conclusión es que, si no hay injerto en la vida tampoco hay frutos. Podemos decir que los frutos son efectos del riego de la vid y, de la misma manera nuestras obras también serán efecto de nuestra relación con Dios.

Y eso se manifiesta y realiza con la oración. Ella es el agua que, no sólo riega nuestro corazón, sino que lo abona y los fertiliza cosechando  los dones necesarios para convertirlos en buenos frutos necesarios para el testimonio de nuestra fe. Porque, sin obras nuestra fe permanece seca hasta que llega a desaparecer.

Son necesarias en nuestra vida ambas actitudes, la de Marta como la de María, pero siempre priorizando que la de María es primordial, porque sin la Vida no habrá frutos, al menos esos frutos que requiere la vida cristiana y son producto del Amor de Dios.  Porque es la escucha de la Palabra la que nos da la sabiduría, fortaleza y la Gracia para, aplicándola a nuestra vida, dar esos hermosos frutos que testimonian el verdadero amor.

lunes, 8 de octubre de 2018

SE TRATA DE AMAR

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Lc 10,25-37
Podríamos decir que para heredar hay que amar. Y amar en clave de ágape, es decir, de entregar la vida por el otro. Y el otro puede ser tu amigo, tu ser más cercano o tu enemigo. El otro es aquel que te necesita y que depende de ti en ese momento. Posiblemente quedemos desnudos ante estas Palabras de Jesús.

Porque, cuántas veces hemos justificado nuestra escucha y atención a otros poniendo delante nuestros compromisos y obligaciones para evadir tal asistencia o escucha tan necesaria por ese al que llamamos prójimo. Es posible, también, que no sepamos discernir dónde tenemos que poner el acento en muchas circunstancias y momentos de nuestra vida, pero, es verdad también que solemos dar carpetazo a muchas ocasiones donde la atención y ayuda al otro es lo primero que tenemos que atender.

De cualquier forma la receta está bien explicada. Conocemos y sabemos que tenemos que hacer, aunque nuestras fuerzas, para ejecutar lo mandado, sean débiles y muy frágiles, y fácilmente vencibles por las tentaciones que nos impiden cumplir con lo mandado y con lo que a nosotros nos justaría. Y lo experimentamos en nuestra propia vida cuando, sabiendo lo que nos prohibe el médico, lo incumplimos poniendo en riesgo nuestra propia vida. Si hacemos eso con nuestra salud, cuánto más con nuestra salud espiritual que nos parece más lejana y difícil de entender.

Ésta es la realidad de nuestra vida. Nuestra herencia de Vida Eterna dependerá de nuestra capacidad para tomar conciencia que todo lo que hagamos a quien lo necesite será un fuerte abrazo a Xto. Jesús y un puñado de puntos para garantizar tu herencia eterna. De todas formas en eso consiste todo, en amar como Xto. Jesús nos ama.

domingo, 7 de octubre de 2018

CONOCIMIENTO Y COMPROMISO

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Mc 10,2-16
La unión de dos personas puede realizarce por diversos intereses y conveniencias. Pueden relacionarse por asuntos económicos, mercantiles o deportivos, pero también, caso de tratarse de hombre y mujer por un compromiso de amor. Y digo, hombre y mujer, porque fuera de ese parámetro estamos hablando de desviaciones o intereses humanos donde el hombre quiere meter la mano y dirigir la creación.

Hay un sólo Creador y desde el principio, ante la pregunta que hacen los fariseos refiriéndose a que Moisés les permitió repudiar a la mujer, Jesús les responde: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre».

El matrimonio es una vocación a la comunidad por un compromiso amoroso. Es una vocación al compartir todo desde los sentimientos hasta la pasión y a prolongar ese compromiso de amor en los hijos. Abiertos a la vida. Es la escuela de amor donde los esposos maduran su compromiso y donde tienen la oportunidad de darse, de soportarse, de entenderse, de sacrificarse, de crecer como personas y de ser un ejemplo para sus hijos. Es la unidad familiar célula de los pueblos, pues ellos están formados por familias que se establecen en un lugar formándolos. 

Y dependiendo de como sean esas familias serán también los pueblos. La importancia del matrimonio es fundamental para la justicia, la verdad y la paz en los pueblos. Es un importante reflexión la que debemos hacer a este respecto, porque de ello dependerá el futuro de nuestros hijos. Y, por cierto, de ellos podemos aprender mucho, porque de su ternura, transparencia, pureza e inocencia necesitamos llenarnos, pues, «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él».

sábado, 6 de octubre de 2018

GRACIAS, SEÑOR, POR LA FE

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Frecuentemente nos entusiasmamos al escuchar la Palabra de Dios. Nos viene a la memoria la parábola del sembrador y las diferentes opciones que se producen al sembrar la Palabra. ¿Dónde estamos situados nosotros? Sería necesario e importante reflexionar y discernir nuestra situación? Porque, ocurre, que a veces nuestro entusiasmo, por nuestra capacidad o virtudes, y por nuestra fuerza de voluntad, para anunciar la Buena Noticia,  se queda conservada y guardada en nosotros mismos.

¿No pecamos de egoístas y de no compartir los talentos y sabiduría recibido? Nuestra alegría no debe refugiarse ni apoyarse en ese espontáneo entusiasmo ni en los posibles frutos de nuestras primeras acciones, sino que debe estar apoyada en la toma de conciencia de que nuestros nombres están escritos en el Cielo. Es ahí dónde debe estar apoyada nuestra alegría y nuestro gozo, porque todas nuestras obras son consecuencia del Poder de Dios que actúa a través de nosotros.

Y yo, Señor, me agarro fuertemente a tu Palabra y, creyéndomela, me regocijo y me alegro. Gracias, Señor, por regalarme la fe y el poder de saborear tu Palabra cada día. Y la posibilidad de discernirla, reflexionarla y transmitirla cada día. Gracias por poder compartirla y recibir el eco de unos hermanos en la fe que la enriquecen y la prolongan hacia otros lugares. Y gracias porque compartiéndola se fortalece y se acrecienta nuestra fe cada día por la Gracia de tu Espíritu.

Sí, Señor, es verdad. Me alegro por sentirme elegido y porque deseo enormemente responder a esa elección. Sí, Padre, me alegro porque me tienes entre los tuyos, al menos yo quiero y deseo eso y me gusta pensarlo. Y porque sé que todo me viene de Ti. Gracias, Señor, porque soy consciente de tu presencia y del regalo y tesoro más grande que el hombre puede encontrar. Sí, Padre,  mi alegría descansa en tu Gracia y en saberme llamado, elegido y perdonado por tu Infinita  y amorosa Misericordia.