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sábado, 31 de julio de 2021

EL SEÑOR SIEMPRE LA PRIMERA OPCIÓN

 

Es obvio que no podemos seguir a dos señores porque, para hacerlo tendríamos que partirnos y, en consecuencia, no podrías seguir plenamente a ninguno de los dos.  Por tanto, nuestro seguimiento no sería pleno como quiere el Señor: Como grandes multitudes lo seguían, Jesús se volvió a ellos y les dijo: «Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su cruz y...

Es obvio que seguir a Jesús implica plenitud y total entrega. Luego, hay que dejar todo lo demás para poder poner a Jesús en el centro y que sea la primera opción de nuestra vida. Indudablemente, eso significa que nuestra primera opción tendrá que ser el amor. Amar como Jesús nos ama y para lo que nuestro Padre Dios nos ha creado. Amarlo a Él, sobre todas las cosas, es decir, la primera opción. Y,  amar a los demás, empezando por los más próximos - familia - y por los más pobres y débiles, significa poner a Jesús, el Hijo de Dios, en el centro de nuestra vida. Porque, precisamente, Dios es Amor.

Por tanto, cuando amamos al estilo de Jesús, estamos haciendo la Voluntad de nuestro Padre Dios y poniendo a Jesús como la primera opción de nuestra vida. Ello nos exigirá posponer todos nuestros proyectos, ambiciones, ideales, egoísmos y satisfacciones en un segundo plano para buscar la Voluntad de Dios que será amar tal y como Él nos ama.

miércoles, 9 de junio de 2021

EL COMPROMISO DEL AMOR

 

No hay ninguna duda de que la plenitud de la Ley es el Amor. Sin amor no hay ley, pues todo quedaría reducido a un cumplimiento, a unas apariencias e intereses. El Amor es un compromiso que nace desde lo más profundo de nuestros corazones, está impreso en el corazón de todos y cuando se vive contrario al amor no se es feliz ni te sientes bien. 

El amor es algo que nos iguala, nos acerca, hace justicia y vive en verdad. Amar es el único mandamiento que nos manda Jesús y lo circunscribe al amor entre los hombres. Es decir, para manifestar nuestro amor a Dios se hace imprescindible y necesario amar al prójimo. Si no es así mentimos y nuestro amor queda reducido a simple apariencia.

Jesús viene a revelarnos ese Amor del Padre, y lo hace, precisamente, descubriéndonos y expresándolo a y entre nosotros hasta el extremo de entregar su Vida. Y es que el Amor contiene toda la Ley, hasta el precepto más pequeño y, aparentemente, más insignificante. Todo tiene su importancia y trascendencia. Nada deja de ser importante y todo debe tener su cumplimiento desde la perspectiva del Amor.

Recordemos que Dios es Amor, y, por Amor nos ha creado. De modo que somos creados semejantes a Dios para amar. Y amar como Él nos ama, no fijándonos en las apariencias sino la bondad de cada uno que nace en lo más profundo del corazón. Y, Jesús, el Hijo de Dios y Mesías enviado, viene a decírnoslo.

viernes, 14 de mayo de 2021

UN CAMINO MUY BIEN RESUMIDO Y SEÑALADO

 

Jesús nos traza el camino a seguir. Nos hace, digamos, un resumen de lo fundamental y necesario para seguirle, advirtiéndonos, primero, que permanezcamos en Él como Él permanece en el Amor del Padre. Tal y como el Padre le ha amado, así - nos dice - nos ha amado Él. Por tanto, nos invita a permanecer en su Amor. Y la pregunta que surge espontánea e inmediata es: ¿Y cómo permanecemos en Él?

La respuesta viene enseguida. Jesús nos aclara el camino: Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Y todos sabemos, lo tenemos incluso impreso en nuestro corazón, los mandamientos que nos manda el Señor. Todos se contienen en uno: Amor. Uno, que se extiende también al prójimo. Amar a Dios, primero, pero casi unido al segundo, que se refiere al prójimo. Porque, de no amar al prójimo, mientes si dices que amas a Dios. Por lo tanto, están ligados el uno con el otro.

Y ese amor, continúa Jesús, no es un amor etéreo, intangible e invisible, sino un amor que se concreta y se manifiesta en el día a día de tus relaciones con los demás, con aquellos que entran directamente o indirectamente en tu vida. Porque, ¿si no manifiestas tu amor con ellos, que están a tu lado, como puedes manifestarlo con Dios al que no ves?

Y termina Jesús diciendo que la elección la hace Él. No somos nosotros quienes le hemos elegido, sino que ha sido y es el Señor quien nos crea y nos elige. Claro, nos da libertad para responder o no. Luego, de ti depende que abras tu corazón y le pidas al Padre lo que realmente necesitas para responderle y seguirle. Jesús te dice que todo lo que pidas al Padre en su nombre se te concederá. Y, por último nos recuerda que lo que quiere de todos nosotros es que nos amemos los unos a los otros.

domingo, 9 de mayo de 2021

TODO CONSISTE EN AMAR

 

La vida se nos enreda con tantos formulismos y formalismos estereotipados y rígidos que convierten nuestras oraciones y nuestra piedad en actos rutinarios y desencarnados. Jesús nos propone otra forma de relación desde la libertad y desde las situaciones concretas en cada momento de nuestra vida. Eso no significa que no sea necesario el formular y formalizar ciertas oraciones que vienen ya desde la antigüedad y tradición, y que, sobre todo en actos comunitarios, nos unen y nos identifica.

Pero, la esencia de la vida del cristiano se apoya en el encuentro personal con Cristo. Un encuentro libre, sin presiones ni condiciones, simplemente apoyado en y por amor. Es evidente que Jesús formuló su mensaje sin caer ni amortajarlo en fórmulas. La relación en la intimidad nace del libre encuentro personal de corazón a corazón sin rituales ni formalismos ya concebido.

Jesús al presentarnos el proyecto de amor del Padre, no nos amortaja con formulismos ni formalismos, sino que nos deja libres y con una sola propuesta de amor. Amar es la esencia y el fundamento de nuestra fe, porque, si se ama todo lo demás cumple la Voluntad de Dios. De ese Dios encarnado y, crucificado en la Cruz, Resucitado para Gloria del Padre. Él nos libera de las esclavitudes, nos perdona nuestros pecados misericordiosamente y nos propone una vida gozosa y plena de felicidad eterna en el amor del Padre.

El amor cumple plenamente todo lo que el Señor espera de nosotros. En él, toda la Ley y los Profetas quedan encerrados y perfeccionados en un solo mandamiento: "Amesen los unos a los otros como Yo les he amado".

viernes, 26 de febrero de 2021

EL AMOR LLEGA A TODAS PARTES

Mt 5,20-26

No es cuestión de cumplir los preceptos mandados. La medida del amor no está sujeta a unas reglas o normas que lo encasilla y determina. El amor es desmesurado y generoso. Llega a todas partes y se manifiesta en todo lugar y circunstancias, y siempre comprende, acoge y perdona. Simplemente, por una sola razón, el Amor es Dios, o dicho de otra forma, Dios es Amor.

La cuestión no consiste en ser buena persona y cumplidora con todo lo establecido y mandado. Eso, indudablemente, es bueno y necesario, pero el amor va más lejos y más profundo. Es humilde, comprensivo, paciente, suave y bondadoso. Es, sobre todo, misericordioso y lo perdona todo. Por lo tanto, no habla mal de nadie; soporta todo con paciencia y está siempre disponible al perdón y la acogida.

La cuestión es que se trata de, no ser como los escribas y fariseos, sino mejores con y por el amor. Jesús nos lo dice claramente hoy en el Evangelio: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos».

Por tanto, no se trata de cumplir, sino de amar misericordiosamente, porque es de esa manera como nos ama nuestro Padre Dios y como quiere que amemos también sus hijos.

viernes, 21 de agosto de 2020

AMAR AL PRÓJIMO ES AMAR A DIOS

MATEO 22, 34-40 | Dios, Citas inspiradoras de la biblia, Palabra ...
Mt 22,34-40
Al equiparar el segundo mandamiento al primero, Jesús nos está diciendo que quien ama al prójimo ama también a Dios. ¿Por qué?  Porque, su Padre Dios está en todos aquellos que sufren, que están enfermos y necesitados y que padecen y sufren tanto necesidades materiales como espirituales.

Sucede lo contrario cuando decimos que amamos a Dios, pero, eludimos nuestro compromiso con los demás, sobre todo con los más necesitados, viviendo de forma individual y con indiferencia a todas esas necesidades y sufrimientos, que, precisamente recaen en los más pobres. Luego, nuestra declaración de amor a Dios es falsa y se esconde bajo las apariencias de la mentira.

Jesús nos lo dice muy claro, ambos mandamientos, primero y segundo, van unidos y son inseparables. En ellos están contenidos toda la ley y los profetas. De modo que todo lo que se haga, si no es movido por el amor a Dios es vano. Hemos sido creados por Amor y para amar. Y solo el Amor misericordioso de Dios nos salva. Por tanto, cuando confesamos nuestro amor a Dios, también confesamos nuestro amor a todos los hombres y mujeres de este mundo sin diferencias de ningún color, raza o creencias.

Nuestro amor, semejante al Señor, se extiende a todos sin condiciones. Claro es que con nuestras solas fuerzas no podremos conseguir amar a nuestros enemigos. Necesitamos estar injertados en el Espíritu Santo y ponernos en sus Manos para, como Jesús, ser capaces de ofrecer nuestra vida por amor a los demás. Es esa la expresión y declaración más grande que podemos hacer de nuestro amor a nuestro Padre Dios.

domingo, 28 de junio de 2020

ACOGER, EN ESTE MUNDO SIGNIFICA PERDER

Fano
Mt 10,37-42
Es lo que suele pasar cuando tú tratas de acoger a otro. Si ese otro es un pobre, un señalado, un mal tratado o un señalado por otros. Si tratas de acogerlo te complicas la vida y, posiblemente, empiezas a perder tu vida. Esta vida. Eso a nadie se le esconde y la solución que le damos es evadirnos, mirar para otro lado y significar que eso no va conmigo. Pensamos que así ganamos el mundo y no nos damos cuenta que lo perdemos, porque, este mundo en caduco y termina pronto. El que verdaderamente importa es el que es eterno. Y ese lo ganamos perdiendo este, es decir, gastando esta vida en buscar la verdad y la vida.

Jesús nos lo repite muchas veces y su Palabra nos lo deja muy claro: »Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado». Nos está diciendo que en la medida que le amemos amaremos más a los demás. Porque, estando unidos al Señor y tratando de seguirle, estamos también más comprometidos con los demás, ya que, en la medida que trabajes por el bien de los demás le estás amando y reflejando el Amor de Dios a través de ese amor humano. 

Sin embargo, el centro de tu amor tiene que ser Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y sin Él no podemos comprometernos a amar a los demás, porque, nuestra naturaleza es débil y está herida por el pecado. De manera que, sin la Gracia de Dios, nuestro amor sería muy limitado, interesado y hasta egoísta. Por eso, Jesús es el centro de nuestra vida y nuestro Padre Dios tiene que estar por encima de todo, porque, será de Él de donde sacaremos la fuerza y la fortaleza para poder amar como Él nos ama.

Y no olvidemos esa promesa que el mismo Jesús nos promete: Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y eso sólo lo podremos realizar con y por la Gracia de Dios

lunes, 7 de octubre de 2019

EL AMOR A DIOS SE CONCRETA EN EL AMOR AL PRÓJIMO

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Lc 10,25-37
Puedes pensar lo que quieras y tratar de justificar tu actitud en referencia a tu relación con tu prójimo, pero, seguir a Jesús lleva implícito el amor al prójimo, y de forma especial y determinante a los enemigos. Precisamente, en el Evangelio de hoy lunes Jesús deja zanjado, con la parábola del samaritano, ese problema de forma meridiana y muy clara.

Queda, pues, muy claro que si no hay amor verdadero al prójimo todo lo demás queda reducido a nada. Y es que la prueba de tu fe y confianza en el Señor pasará siempre por el amor a los demás. Un amor que tiene unos preferidos, y son claramente los heridos, los marginados, los pobres y desposeídos de sus derechos. No se trata de mantener a personas acomodadas en la pereza, en la vagancia y que no tienen respuesta al auxilio o a la ayuda para mejorar su situación, sino a aquellos que son maltratados y expoliados de sus derechos y tratados de forma injusta. Aquellos que son incapaces de defenderse y que son mantenidos en la ignorancia. En una palabra, los pobres de todo, tanto materialmente como espiritualmente.

No se puede expresar tu amor a Dios sin mirar para el prójimo. No se puede levantar tu corazón a Dios sin importarte los problemas de pobreza y de injusticia con los que son tratados los excluidos y los marginados. Tu amor y tu fe en Dios debe llevarte a la misericordia. Si en la medida que sigas a Jesús no experimentas que tu corazón camina también del endurecimiento a la misericordia, tu camino está siendo estéril e hipócrita. 

La sensación y las obras que van descubriendo tu misericordia con los necesitados de ella irán señalando tu verdadero amor a Dios. En esa actitud tratamos de esforzarnos contando con la Gracia de Dios, porque, nosotros solos no podemos.

viernes, 23 de agosto de 2019

UN AMOR AUTÉNTICO ES LO QUE IMPORTA

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Mt 22,34-40
Tendemos a formulas muchas leyes y para cada situación concreta nos inventamos leyes y maneras de interpretarlas que no significa que sea mala, sino que, quizás no es lo esencial y principal. En este contexto y forma de ver las leyes, los judíos tenían su vida apoyada en la Ley de la Tora, como Ley revelada y con muchos mandamientos con los que a veces dudaban del cual era el principal. Es por lo que también, sin descartar una segunda intención, aquel doctor de la ley quiere arrancar de Jesús una respuesta a esa cuestión planteada.

Y Jesús responde con naturalidad, seguridad y firmeza:  «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Debemos dejar claro que nuestra vida está centrada en el Amor, y lo está porque nuestro origen es el Amor y, precisamente de Él venimos. Dios es Amor y Él nos ha creado. Sin embargo, sucede que nosotros hemos manchado ese amor por el pecado y, por la Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios, hemos sido rescatados por los méritos de su Hijo Jesús al entregar voluntariamente su Vida en una muerte de Cruz.

Por el Bautismo, Dios, borra nuestro pecado y volvemos a recuperar nuestra dignidad de hijos recibiendo las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Es, entonces, cuando estamos en la actitud de vivir en el Amor verdadero para poder amar como Jesús nos ha amado y nos ama. Y, no hay otro mejor modo de hacerlo que amar al prójimo, pues sólo así y de esa forma podemos demostrar y demostrarnos que realmente amamos al Señor.

domingo, 14 de julio de 2019

LA LEY ES CLARA

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Mt 10, 24-33
La ley es clara, pero, a pesar de estar muy clara y no dejar dudas, nosotros si encontramos dudas a la hora de llevarla a la práctica. La teoría es una cosa, pero la práctica es otra. Si la teoría es más fácil de reconocerla y de asumirla, la práctica se nos hace más difícil y más complicada. De ahí el refrán: obras son amores y no buenas razones. El amor se descubre y se manifiesta no con palabras sino con obras.

Quizás, aquel maestro de la ley quiso ver que pensaba Jesús de la última sentencia referida al amor a Dios y al prójimo, sobre todo a esta última. Posiblemente, ¿tendría dudas? Igual nos puede ocurrir a nosotros, queremos matizar y hasta darle un cierto carácter light a esto de amar al prójimo para justificarnos. Es posible que no sepamos lo que escondían la razones de su pregunta. Si trataban de justificarla preguntando esa duda o si realmente la tenía. De cualquier modo, desde mi humilde opinión personal puedo decir que a mí también se me presenta muchas veces la duda, no en cuanto a la claridad de saber quien es mi prójimo, pero sí en cuanto a la forma de aplicar esa expresión de la ley. Para eso debemos pedir sabiduría y capacidad de discernimiento.

Jesús nos lo deja muy claro con la exposición de la parábola del samaritano. Y lo lleva al extremo de la situación extrema referente a los enemigos. No sólo nos advierte quien es nuestro prójimo, sino que nos desvela la posibilidad de descartar a los que no nos sean gratos o enemigos. Nuestros prójimos son todos aquellos que están en apuros y necesitan ayuda, sean de la condición que sean, de la raza, etnia o color que sean. En resumen, son todos los hombres y mujeres que necesiten de nuestra caridad y asistencia.

Y todo, al menos yo lo veo así, por un sencilla razón: Así nos quiere Dios a todos y no excluye a nadie. Por lo tanto, también nosotros debemos querer y estar en actitud de ayudar a todos, a los buenos y malos, a los simpáticos y antipáticos, a los amigos y enemigos, a los blancos y negros...etc. 

viernes, 29 de marzo de 2019

AL AMOR SE RESPONDE Y CORRESPONDE CON AMOR

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Mc 12,28b-34
No puedes responder al amor con desamor. Sería una incongruencia no responder a quienes te aman. A pesar de, en muchas circunstancias, no corresponder al amor de tus padres, de tus hermanos o de tu familia en general; a pesar de no corresponder al amor conyugal, siempre hay en lo más profundo de tu corazón un deseo y un impulso de amar. Esa experiencia es vivida y sentida dentro de todo corazón humano.

Dios nos ha creado por amor y eso significa que salidos del amor estamos hecho de amor. Por lo tanto, si hemos salido del Amor tendremos que dar amor queramos o no. Somos semejantes a Dios y, quieras o no, el amor está dentro de ti y saldrás a pesar tuyo. 

Ese es nuestro mayor descubrimiento. Cuando desparramas amor te encuentras con Dios y descubres que en Él está esa felicidad que buscas. Nunca la encontrarás en el poder, ni en las riqueza o satisfacciones. Sólo se encuentra en el amor ágape, el amor que se da y entrega hasta el extremo de dar toda tu vida. Y como irás comprendiendo, desde nuestra naturaleza no podremos darlo. Somos pecadores y estamos sometidos al pecado y, sólo desde el Amor podemos ser liberados. 

Es decir, sólo desde el Amor de Dios podremos encontrar la fortaleza y la sabiduría para, correspondiendo y amando a Dios, corresponder y derramar ese amor en los hermanos. Pues, Dios ha querido unir ese amor y correspondencia a Él con el amor también a los hombres. De modo, que amar a Dios implica amar también a los hombres y amar a los hombres implica amar a Dios.

Y eso es lo que Jesús respondió a la pregunta de aquel maestro de la ley:«El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».

lunes, 8 de octubre de 2018

SE TRATA DE AMAR

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Lc 10,25-37
Podríamos decir que para heredar hay que amar. Y amar en clave de ágape, es decir, de entregar la vida por el otro. Y el otro puede ser tu amigo, tu ser más cercano o tu enemigo. El otro es aquel que te necesita y que depende de ti en ese momento. Posiblemente quedemos desnudos ante estas Palabras de Jesús.

Porque, cuántas veces hemos justificado nuestra escucha y atención a otros poniendo delante nuestros compromisos y obligaciones para evadir tal asistencia o escucha tan necesaria por ese al que llamamos prójimo. Es posible, también, que no sepamos discernir dónde tenemos que poner el acento en muchas circunstancias y momentos de nuestra vida, pero, es verdad también que solemos dar carpetazo a muchas ocasiones donde la atención y ayuda al otro es lo primero que tenemos que atender.

De cualquier forma la receta está bien explicada. Conocemos y sabemos que tenemos que hacer, aunque nuestras fuerzas, para ejecutar lo mandado, sean débiles y muy frágiles, y fácilmente vencibles por las tentaciones que nos impiden cumplir con lo mandado y con lo que a nosotros nos justaría. Y lo experimentamos en nuestra propia vida cuando, sabiendo lo que nos prohibe el médico, lo incumplimos poniendo en riesgo nuestra propia vida. Si hacemos eso con nuestra salud, cuánto más con nuestra salud espiritual que nos parece más lejana y difícil de entender.

Ésta es la realidad de nuestra vida. Nuestra herencia de Vida Eterna dependerá de nuestra capacidad para tomar conciencia que todo lo que hagamos a quien lo necesite será un fuerte abrazo a Xto. Jesús y un puñado de puntos para garantizar tu herencia eterna. De todas formas en eso consiste todo, en amar como Xto. Jesús nos ama.

viernes, 9 de marzo de 2018

BUSCANDO DONDE AMAR

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El hombre está en continúo movimiento, aunque aparentemente parezca que está quieto, instalado y parado. No, nada de eso, se mueve constantemente, aunque eso no implique que tiene que caminar o trasladarse de un lado para otro. Su corazón no deja de latir y está siempre en alerta y estado de busca. Interiormente, hasta durante el sueño, el hombre busca y camina ¿Por qué? Porque el hombre está hecho para ser feliz eternamente y en este mundo no lo consigue, por eso busca y busca.

Razón tenía San Agustín al decir: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti." Y es que no hay descanso mientras andamos por estos lares. Por eso, no nos queda otro remedio que estar en continúo desasosiego y movimiento. El hombre para ser feliz necesita amar. Sin amor se siente vacío, inútil, sin sentido. Necesita darse, experimentarse útil y entregarse. Y eso sólo se lo da el amor.

El hombre ha sido creado por amor y sólo amando se encontrará a sí mismo. Por eso, su primer impulso debe ser amar. Pero, ¿amar cómo? ¿Dejándose llevar por su propio egoísmo y ambición? ¿Respondiendo a sus propias pasiones y satisfacciones? Sería su error más grave, porque caería hundido en sus propios egoísmos que le conducirían al vacío, al sin sentido y a la perdición.

La referencia es Jesús que está unido al Padre. Y ambos se aman eternamente. La meta es estar unidos como el Padre y el Hijo lo están y forman uno. El fundamento de nuestra vida es el amor a la única y verdadera fuente de Amor, Dios. Y la forma de demostrarlo y concretarlo es volcando ese amor en el prójimo. Es la única forma de verificar que realmente ama a Dios. 

Porque, si dice que amas a Dios, pero no al prójimo, estás mintiendo. Sólo, verificado tu amor verdadero al prójimo dejas ver y testimonias tu amor a Dios.

sábado, 24 de febrero de 2018

NACIDOS PARA AMAR

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Todo en nuestra vida está centrado en el amor. De tal forma que quien no ame queda desligado, descentrado y totalmente perdido, porque sin amor le será imposible vivir y encontrarse. Pues, hemos sido creados para amar y nuestro recorrido consiste en amar y volver al amor. Es el Amor nuestro punto de partida y la causa de nuestra existencia. Existimos por el Amor y salvados de la esclavitud del pecado por la Misericordia de Dios. Realmente, podemos clamar y cantar alabanzas al Señor porque somos unos privilegiados por su Amor y en El estamos salvados.

El salmón regresa a su punto de partida, su origen, para desobar y morir en el río que le vio nacer, y nosotros volvemos a nuestro Creador, por amor, para Vivir Eternamente. La diferencia es que somos las criaturas preferidas por el Señor. Nos quiere y nos ofrece la salvación eterna. No es para desoírlo y tomarlo a broma. Nos gugamos nuestra plena felicidad eterna.

El hombre lleva grabado en su corazón la impronta de la felicidad eterna y sin esa esperanza su vida queda sin sentido, debilitada y sin rumbo. Pierde toda su orientación y su esperanza. Queda atrapada en lo absurdo y disparatado; en lo caduco y en la muerte. Ante esta realidad, Jesús nos invita a amar y perfecciona lo dicho antiguamente: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».

Podemos observar que Jesús reforma lo antiguo. Él ahora es la Ley y le da un nuevo matiz de perfección. Habla en su propio -Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos-  Nombre, revelándonos su Divinidad como Dios. Hermanos, escuchemos la Palabra de Dios y en Él pidamos la fortaleza para transformar nuestro corazón de pecado en un corazón amoroso capaz de darse por los demás.

sábado, 30 de diciembre de 2017

LA CONTRASEÑA ES AMAR

Lc 2,36-40
Podemos ir llenos de medallas y hacer muchas oraciones y cumplimientos en y con todo lo que nos manda la Santa Madre Iglesia, pero si nuestro corazón está apegado a las pasiones de la carne, a la codicia de los ojos o la arrogancia del dinero, no hacemos diferente a muchos otros que están en las antípodas del Mensaje del Señor. Las oraciones y cumplimientos necesitan cristalizarse en el amor al prójimo.

No se está con Dios por las oraciones y cumplimientos, sino por el trato con el prójimo que lo descubre el amor. En la medida que ames a los que viven a tu lado y se cruzan contigo en este mundo, estarás también amando a Dios. Entonces, serás madre, padre, hermano e hijo del Señor Jesús. Porque, son esos los que cumplen la Voluntad del Padre los que serán como María. 

Necesitamos estar cerca para, luego, contagiar de su Amor. Y estar cerca no consiste en amar sólo al prójimo, sino también relacionarte en la intimidad de tu corazón con el Señor. Y te relacionas con tus oraciones y con la práctica de los Sacramentos. En especial con la Penitencia y la Eucaristía, el alimento que nos sostiene y nos da la Vida.

La profetiza Ana supo sostenerse en contacto con el Señor. Ella tuvo la dicha y el gozo de descubrirlo. No se separaba del templo haciendo ayuno y oraciones y, en consecuencia, el Espíritu la movía a hablarle a todos de aquel Niño. Su testimonio nos marca el camino a seguir. Si nos quedamos en el mundo quedaremos a su merced. Las pasiones de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero nos alejarán de Dios.

No perdamos el norte de nuestra vida y perseveremos en la esperanza de vencer al mundo permaneciendo injertado en el Espíritu Santo y sosteniéndonos fieles a la Voluntad del Padre, que no es otra sino la del esfuerzo por amar.

lunes, 9 de octubre de 2017

AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN...

Lc 10,25-37
En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Son Palabras de Jesús que responden a lo que ha dicho aquel maestro de la Ley. Y también responden a tus propias preguntas. Obtener y conseguir la Vida Eterna supone amar al Señor tu Dios, pero no de cualquier manera, ni tampoco a tu capricho y gusto. Se trata de amarlo con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Es decir, sin condiciones y plenamente. Y concluye Jesús afirmando que haciendo eso vivirás.

Está claro, al menos así lo entiendo yo, que Jesús se refiere, cuando dice vivirás, a la Vida Eterna. Y eso también significa que estamos llamados a esa vida, porque tú y también yo queremos la Vida Eterna. Una Vida Eterna en plena felicidad y gozo. Sin imperfecciones tanto físicas como espirituales. Una vida perfecta e inimaginable desde nuestra ahora condición humana.

Amar a Dios no parece muy difícil, pues adecuar tu vida a una series de prácticas y preceptos es cuestión de disciplina y algo de voluntad. Y el habito hace al monje. También lo hacen los deportistas para conseguir un premio mucho más limitado y caduco. Un premio que no te salva y que todo queda en un poco de gloria humana que con el tiempo se evapora.

El problema empieza cuando aquel maestro quiere justificarse y, aparentando ignorancia, quiere comprometer a Jesús y que descubra quien es ese prójimo. Y Jesús de forma magistral nos regala esa parábola del samaritano que disipa toda duda y deja boquiabiertos a todos los que trataban de evadir, esconder y justificar el amor al prójimo. Tú tienes ahora la oportunidad de, a la luz de esta Palabra de Jesús, discernir quien es tu prójimo y amarlo como te enseña Jesús para alcanzar esa Vida Eterna.

domingo, 11 de junio de 2017

EL AMOR DE DIOS

Jn 3, 16-18
Es impresionante y misterioso el Amor de Dios. No podemos comprender ese Amor. Pero, el hombre, terco como una mula, se empeña en querer comprender. Menos aún su existencia. "Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan Vida Eterna"- Jn 3, 16 -.

Somos tan limitados que no advertimos nuestra pobreza de entendimiento con respecto a Dios. ¿Cómo pretendemos entenderle si no somos merecedores de todo lo que hemos recibido? La vida, nuestra propia vida y todo lo que tenemos le pertenece. Y encima tratamos de exigirle, porfiarle y hasta despreciarle. Sin lugar a duda, estamos ciegos y llenos de necedad e ignorancia. ¡Y nos creemos grandes!

La fe es la que nos salva, porque es la que nos mueve a seguir sus pasos y a acoger ese amor que Él nos regala. Un amor que es acogido en nuestro corazón en la medida que nos abrimos también al amor de los demás. Porque van unido, de tal forma que no podremos amar al Señor si permanecemos cerrados al amor a los demás.

Creer en Jesús es acoger esa clase de amor. Un Amor Trinitario, porque Dios es Trinidad. Y nuestra referencia son el Padre y el Hijo, que se aman profundamente hasta el punto de dar origen al Espíritu Santo, que mora y hace templo en nosotros. Y nos relaciona y nos hace uno como el Padre y el Hijo son uno.

Por lo tanto, nacidos del Padre e hijos adoptivos cohermanados en Jesús y guiados por el Espíritu Santo, encontraremos el Camino, la Verdad y la Vida para llegar a fundirnos eternamente con Dios, Uno y Trino.

viernes, 24 de marzo de 2017

SOMOS DE DIOS Y A ÉL VOLVEREMOS

 (Mc 12,28b-34)
De nada nos vale hablar mucho, trabajar mucho y hacer muchas cosas. De nada nos vale invocar y orar hasta saciarnos sin realmente no reconocemos que sólo nos salva Dios. No nos salvan nuestras fuerzas y empeños. Será Él quien disponga y elija. A nosotros sólo nos queda implorarle y postrarnos a sus pies.

El misterio del amor está por encima de nosotros. Si bien, es verdad, que experimentamos ese amor en nosotros hasta el punto de no poder vivir sin amor. Todos nuestros actos están movidos por amor. Conscientes e inconscientes. Nos invade y nos mueve esos sentimientos amorosos de hacer el bien y de establecer verdad y justicia. Cuando las cosas no son así nos entristecemos y nos decepcionamos.

Nos busquemos tanto el hacer como el amar. Amar buscando siempre el bien de los demás y procurando que la vida que gira en torno a mí sea vida alegre y en paz. Porque todo pertenece a Dios y será Él quien haga y deshaga; quien mueva y paralice; quien dé vida o la quite. Dios es el Padre bueno que nos salva por amor, y a quien nosotros tenemos que estar agradecidos y unidos a su Amor.

Jesús responde hoy a la pregunta de uno de los maestro de la Ley: «¿ Cuál es el primero de todos los mandamientos?».  Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos». 

Aquí empieza todo y se acaba todo. Todos nuestros actos deben mirar a ese primer mandamiento y estar regulado y referenciado en él. Todo lo demás tiene sentido y valor en cuanto está relacionado y derivado de ese primer mandamiento. No nos revistamos y empeñemos en tantas cosas que sólo son adornos y, a veces, apariencias. Lo único importante y verdadero es el Amor.

jueves, 2 de junio de 2016

LA VERDAD ES QUE NO PUEDE HABER MANDAMIENTO MAYOR

Mc 12, 28b-34

Todo en la vida consiste en amar, pero amar de verdad. Porque se puede amar de mentira. Y lo hacemos cuando nuestro aparente amor se esconde en nuestros disimulados egoísmos. No puede envolverse el amor en una satisfacción de mis gustos; no puede envolverse el amor en una ideología de mi pensamiento y mi verdad; tampoco puede envolverse el amor en el papel de mis apegos y apetencias, y menos en crecer yo menguando la personalidad y dignidad del otro.

Realmente, ¿es eso amor? Supongo que todos convergeremos que eso es un amor adulterado y egoísta. Es un amor narcisista que sólo se busca a sí mismo. Es un amor destructivo, corrupto y posesivo. Es un amor que mata. Esa clase de amor no construye, sino destruye. Y es el reflejo del mundo herido, tocado por las explotaciones, imposiciones, dominadores y poder de unos sobre otros. ¡No!, definitivamente eso no puede ser el amor.

El Amor con mayúscula ha quedado revelado y retratado por el único Personaje que ha sabido Amar. No sólo lo ha revelado con Palabras (), sino que lo ha dicho con su Vida. La historia es testigo de lo que digo y quien quiera comprobarlo la tiene a mano. Jesús de Nazaret ha dado su Vida por amor y se ha puesto como la única referencia de Amor. 

Porque amar según Jesús es poner tu vida y tu tiempo al servicio de quien más lo necesita. No se trata de ponerlo al servicio de todos, sino de aquel que realmente tiene necesidad de ello. Entre otras cosas porque son los que lo van a acoger, a recibir y a aceptar. Al orgulloso, que no necesita nada, se lo impide su propio orgullo, y al rico y poderoso le basta con sus riquezas, aunque no vea que son caducas. Lo ha cantado María anticipándose a su Hijo en el Magníficat  (Lc.1, 46-55). 

Y, Jesús, su Hijo, el Mesías enviado por el Padre, lo repite ahora: El primero es: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. Y el segundo: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Luego, más tarde nos dirá un nuevo mandamiento. Es este: ámense como Yo les he amado. Él es nuestro modelo y referencia.

viernes, 21 de agosto de 2015

AMAR A DIOS PARA AMAR AL PRÓJIMO

(Mt 22,34-40)


No te empeñes en amar al prójimo si primero no amas a Dios. Pero, ¿qué es eso del amor? ¿Sentir o experimentar deseo de alguien? Amar es estar comprometido en buscar el bien de otro o de otros. Es, por lo tanto, un compromiso por buscar la verdad, la justicia y la paz. Eso origina y da nacimiento a la buena convivencia entre todos los hombres.

Experimentar ese deseo, que todos los hombres, valga la redundancia, lo experimentan, es amar. Y ese amor sólo lo puedes satisfacer plenamente en Dios. Por eso, sin amar a Dios, vano serán todos tus esfuerzos y tus desvelos. De ahí que Jesús nos haya dicho que el primer y más importante mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. Porque desde ahí podrás amar a los hombres según el Amor de Dios y según su Voluntad.

Se hace necesario estar injertado en el Espíritu Santo para, de Él, recibir la Gracia y la paciencia para soportar las diferencias, los obstáculos, caracteres y demás dificultades que viven y nacen en la convivencia de cada día. Amar exige aceptar, comprender y soportar las diferencias que viven en los corazones de cada persona, y eso será imposible hacerlo sin estar injertado en el corazón del Amor de Dios. De todo lo cual se deduce que el primero de todos los mandamientos es el Amor a Dios.

Ser consciente de que cada acción realizada con esfuerzo, compromiso y entrega en cada persona es una oración y un beso de amor al Padre Dios, aunque no sintamos nada, porque no está en nosotros el sentirlo. Todo es gracia de Dios. Sólo Él basta como decía santa Teresa. 

Ser conscientes de esa realidad nos puede ayudar a superarnos y a comprender que amar no es cosa solo de afectos, sentimientos y emociones, sino también de un verdadero compromiso por la verdad, la justicia y solidaridad. Pero sobre todo a dejarnos llevar por el Espíritu de Dios y a abrirle nuestro corazón para que nos llene de esa sabiduría que nos transforme y nos dé la fuerza y la capacidad de servir, que es el único y verdadero fruto del amor.

Pidamos al Señor que nos dé la Gracia de estar disponible para servir, porque en el servicio encontramos la oportunidad de amar como Dios quiere que amemos.