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domingo, 3 de noviembre de 2024

SENTIDO DE LA VIDA: AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

No hay nada más importante que el amor. Pero un amor entregado, dado y regalado. Es decir, gratuito y sin condiciones. Porque, amar no es amarse, sino todo lo contrario, darse. Ama verdaderamente quien realmente se da y entrega su vida, su servicio. ¿No nos amó así nuestro Señor hasta el extremo de entregar su Vida por cada uno de nosotros? Pues, cuando hablamos de amor nos referimos a esa clase de amor.

Porque, egoístamente, confundimos amar con amarnos y satisfacer todas nuestras apetencias e intereses. Y eso está en las antípodas de lo que significamos cuando hablamos del amor con el que nos ama nuestro Padre Dios, y del amor con el que nos amó nuestro Señor Jesús. Y del amor con el que quiere – nuestro Padre – que amemos nosotros.

¿Y a quién vamos a amar? Está claro: a nuestro prójimo. De ahí que, primero amar a Dios, porque del Él parte toda nuestra fuerza, para, luego, amar al prójimo según la Voluntad de Dios: Amarlo como si se tratara de ti mismo. No podemos separar a Dios del mundo, y para ello, tenemos que, mirando a Dios, caminar por el mundo. Es decir: nuestro amor a Dios se concreta y se ve en nuestro amor al prójimo. Un amor que se traduce, no sólo en el compartir, sino en el tratamiento como hijo de Dios y hermano nuestro.

viernes, 23 de agosto de 2024

AMAR COMO NOS AMAMOS A NOSOTROS MISMOS

A veces nos llenamos de normas y preceptos que, incluso, no nos da el tiempo para cumplirlos todos. Y, aunque son necesarios, no son imprescindibles no lo esencial del cristiano. Un cristiano comprometido con su fe de bautismo sabe, o al menos debe saber, que el primer mandamiento es Amar al Señor, mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente.

Pero, la prueba de ese amor se concreta y visibiliza en el amor al prójimo de la misma manera que te amas a ti mismo. Significa que, no está este mandamiento por encima del Amar a Dios – el primero – sino que va cogido de la mano y unido a él. De tal forma que, si no amas a tu prójimo, que lo tienes delante de ti, como te amas a ti mismo, estás mintiendo cuando dices que amas a Dios con todo tu…

Claro queda que para cumplir, digamos el segundo, se hace imprescindible el primero. Sin amar a Dios, nuestro Padre, y estar unido a Él de manera íntima, firme y filial como un hijo depende de su padre, nuestra capacidad de amor a nuestro prójimo se desvanece y debilita, y terminamos amándonos a nosotros más que a nuestros prójimo. Nos decimos:  primero yo, y siempre yo, y después los demás.

En consecuencia: Nuestro Amor a Dios lo hacemos visibles en la medida que tratamos y nos esforzamos, injertados en el Espíritu Santo, en amar a nuestros prójimos. Si bien, es verdad, no se trata de agradar y facilitar todo lo que te pidan, sino de dar lo que realmente es necesario y les conviene.

Amar es una cuestión muy difícil, un compromiso más que afectos y sentimientos. De ahí la imprescindible necesidad de estar conectado al Espíritu Santo, para que con su asistencia y ayuda poder encontrar los verdaderos caminos por donde señalar, ayudar y orientar a hacer el bien en la vida de nuestros prójimos.

domingo, 29 de octubre de 2023

AMAR A DIOS SIN MÁS SERÍA COSA FÁCIL

Resulta mucho más asequible y fácil mantener un amor con Dios desvinculado de nuestras relaciones con los demás y de nuestras responsabilidades sociales y civiles. Experimentamos que esa manera de relación con nuestro Padre Dios está mucho más en consonancia con nuestras apetencias e intereses egoístas.

Sin embargo, sabemos muy bien que el mandato de nuestro Señor vincula nuestro seguimiento, fe y amor a Él al amor a nuestro prójimo. Luego, ¿para qué preguntarle? Está claro que esa pregunta trae escondida el buscar la manera de enredar al Señor e intentar ridiculizarle o desprestigiarle.

De nada nos vale confesar que amamos al Señor si nos desvinculamos del amor a las personas que tenemos a nuestro lado: familia, amigos, trabajo, sociedad, pobres y más necesitados… La prueba de nuestro amor al Señor pasa por el amor a los más necesitados, pobres e incluso enemigos. Y no hay otra alternativa. Así lo ha querido nuestro Padre Dios.

Por otro lado, experimentamos que esa es la mejor y única prueba de expresar nuestro amor: realmente amamos cuando somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos y darnos gratuita y enteramente al bien de los demás. En muchas parábolas según nos deja claro su intención y su mandato: Parábola del samaritano – Lc 10, 25-37 – hijo pródigo – Lc 15, 11-32 – y otras.

Reconocer que nos cuesta vincular el Amor a nuestro Padre Dios al prójimo nos resulta duro, costoso y molestoso. Preferimos por nuestra tendencia e inclinación al mal tener una relación directa con Dios y olvidarnos del prójimo, pero no es esa la Voluntad de Dios.

Sabe de nuestras dificultades y debilidad. Por eso se ha quedado entre nosotros y nos ofrece su cercanía, su asistencia y fortaleza para superar esa prueba de amor misericordioso a la que somos vulnerables y tentados por el Maligno. De ahí la gran importancia y necesidad de caminar unidos al Señor.

jueves, 8 de junio de 2023

AMAR A DIOS LLEVA IMPLÍCITO AMAR AL PRÓJIMO

Dos mandamientos imprescindibles contenidos en uno solo: Amar a Dios. Porque, amar a Dios necesita para realizarse amar al prójimo. El uno sin el otro no será nunca posible. De modo que quien tenga un íntima relación con su Padre Dios dejando de lado al prójimo está perdiendo el tiempo. Esa amistad con Dios quedará siempre interrumpida e incapaz de cristalizar sin la presencia amorosa y misericordiosa de tu amor al que tienes a tu lado.

Pero, sucede lo mismo si volcamos nuestro corazón en amor al prójimo prescindiendo de nuestro Padre Dios o, al menos, sin contar con Él para esos menesteres. Nuestros actos de amor y caridad quedarían en un plano meramente humano y no asistidos por el Espíritu Santo que nos da la única y verdadera medida de amor: Como nos amó y nos ama Jesús.

Por tanto, son dos mandamientos que están tan entrelazados que lo hacemos simplemente uno: Amar a Dios exige amar al prójimo. Y sin amar al prójimo nos será imposible amar a Dios. De forma que si queremos darle un fuerte abrazo a Xto. Jesús tendremos que hacerlo a través del prójimo. Bien supo el Señor de dejarnos atados los unos a los otros como verdaderos hermanos e hijos de Dios.

En conclusión, podemos deducir que nuestra unión íntima con el Señor nos será imprescindible – oración – penitencia y Eucaristía – para que luego tengamos una motivación y disponibilidad, por la acción de su Espíritu, con el más próximo que tengamos a nuestro lado para servirle, acogerlo y asistirle en la medida de nuestras posibilidades y de sus necesidades. ¡La preferencia, claro, los más necesitados!

No tengamos miedo. Sí, lo sabemos, nos será costoso, difícil y duro por nuestra naturaleza egoísta y herida por el pecado, pero nunca olvidemos que el Espíritu Santo trabaja y camina con nosotros. Y en y con Él lo podemos todo.

lunes, 8 de octubre de 2018

SE TRATA DE AMAR

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Lc 10,25-37
Podríamos decir que para heredar hay que amar. Y amar en clave de ágape, es decir, de entregar la vida por el otro. Y el otro puede ser tu amigo, tu ser más cercano o tu enemigo. El otro es aquel que te necesita y que depende de ti en ese momento. Posiblemente quedemos desnudos ante estas Palabras de Jesús.

Porque, cuántas veces hemos justificado nuestra escucha y atención a otros poniendo delante nuestros compromisos y obligaciones para evadir tal asistencia o escucha tan necesaria por ese al que llamamos prójimo. Es posible, también, que no sepamos discernir dónde tenemos que poner el acento en muchas circunstancias y momentos de nuestra vida, pero, es verdad también que solemos dar carpetazo a muchas ocasiones donde la atención y ayuda al otro es lo primero que tenemos que atender.

De cualquier forma la receta está bien explicada. Conocemos y sabemos que tenemos que hacer, aunque nuestras fuerzas, para ejecutar lo mandado, sean débiles y muy frágiles, y fácilmente vencibles por las tentaciones que nos impiden cumplir con lo mandado y con lo que a nosotros nos justaría. Y lo experimentamos en nuestra propia vida cuando, sabiendo lo que nos prohibe el médico, lo incumplimos poniendo en riesgo nuestra propia vida. Si hacemos eso con nuestra salud, cuánto más con nuestra salud espiritual que nos parece más lejana y difícil de entender.

Ésta es la realidad de nuestra vida. Nuestra herencia de Vida Eterna dependerá de nuestra capacidad para tomar conciencia que todo lo que hagamos a quien lo necesite será un fuerte abrazo a Xto. Jesús y un puñado de puntos para garantizar tu herencia eterna. De todas formas en eso consiste todo, en amar como Xto. Jesús nos ama.

jueves, 7 de junio de 2018

EL VALOR DE LOS HOLOCAUSTOS Y SACRIFICIOS

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Mc 12,28-34
Con frecuencia confundimos lo fundamental con lo accidental y le damos más importancia o más valor a lo que es consecuencia que a la esencia y sello del ser creyente. Porque, nada de los actos religiosos que hagamos tienen valor si realmente no son consecuencia del amor. De un amor que emana del único y verdadero Amor que es Dios. 

Porque, para darnos de manera total e íntegra necesitamos la fuerza del Amor Absoluto que nos alimenta y nos capacita con su Espíritu y Gracia para amar como Él nos ama. Nada de lo que hagamos en favor de los otros será valioso si no está bañado de ese amor generoso, gratuito que busca el bien desinteresado del otro. Esa es la realidad de nuestra vida y lo que observamos a nuestro alrededor.

Solemos decir que nadie da nada gratis y así parece suceder en la vida de cada día. Nos sorprendemos cuando observamos que alguien se da desinteresadamente y gratuitamente y pensamos que esa persona debe ser creyente y consecuente con su fe. Porque, una cosas son las prácticas y la liturgia, y otra muy distinta es la aplicación de tu fe en la realidad de tu vida de cada día. No, por el hecho de practicar y orar das testimonio de tu fe, sino cuando esa fe aterriza en la vida y se hace amor con obras. Es entonces cuando realmente el testimonio y el ejemplo se contagia y se hace verdad.

Sucede que nuestra vida va muy por debajo de lo que nos gustaría, y que no hacemos lo que pensamos que deberíamos hacer. Nos confesamos pecadores y no nos debemos desanimar porque comprobemos que eso sea verdad y se haga realidad. No damos el nivel y a muy pesar nuestro no contagiamos nuestra fe. El Señor, a pesar de que lo ve y lo sabe, sigue confiando en nosotros y mantiene sus brazos abiertos a nuestra conversión y espera pacientemente a que nos dispongamos a mejorar. 

Claro, necesitamos mucha oración, mucho acercamiento y confianza en que Él nos transforme y, también, a dejarnos nosotros transformar. Necesitamos abrirnos a su Gracia y a dejar al Espíritu Santo entrar en nuestro corazón y movernos. Necesitamos, como los niños, dejarnos guiar por nuestro Padre del Cielo y, conociéndole, amarlo más para también amar al prójimo.

lunes, 7 de octubre de 2013

¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?

Lc 10, 25-37


A veces ocurre que nos gusta nos den el potaje hecho puré. Es decir, todo fácil y sin ninguna necesidad de encender nuestras neuronas y ponerlas a trabajar. Aquel maestro de la ley, conocedor de la misma, quería eludir la responsabilidad de señalar al prójimo. Nos cuesta reconocer que mi prójimo está necesitado y reclama mi ayuda. Buscamos autoengañarnos y en el intento de justificarnos, distorsionamos la realidad.

Sí, el autoengaño, he hablado mucho de eso, está a la orden de día en nuestro vivir cotidiano. Cuando algo me descubre mis limitaciones, mis egoísmos o apetencias, busco enseguida autoengañarme y justificándome distorsionando la realidad. Precisamente eso fue lo que les ocurrió a aquel sacerdote y al otro levita que de forma casual acertaron a pasar por allí. Simplemente, sin más comentario: "Hicieron la vista gorda".

Sin embargo, el señalado como enemigo, el samaritano, tuvo compasión y actuó con misericordia. Se complicó parte de su tiempo y dinero y socorrió a aquella persona necesitada en aquel momento. Todos sabemos quiénes son nuestros prójimos, a pesar de que sean nuestros enemigos. Quizás esos sean más prójimos. Y el examen que nos importa y para el que debemos prepararnos seriamente es precisamente ese, socorrer al prójimo. Luego, la fiesta será celebrada, la única y verdadera fiesta, la del amor. Es la única que nos hará inmensamente y eternamente feliz.

domingo, 14 de julio de 2013

EL AMOR SE NOTA

(Lc 10,25-37)

No es, el amor, algo que se dice, se rumorea, se habla y nadie lo ha visto. No, el amor es algo que se nota en gran manera y se nota hasta el punto de producir efectos tan maravillosos como que cambia la vida de cualquier persona. Así, el amor que el Padre nos tiene a cada uno de nosotros, por insignificante que nos creamos, es tanto que nos hace importantes, grandes y dichosos hasta la eternidad.

Un amor que desborda hasta el punto de derramarse y contagiar a otros. Sólo si no nos llenamos en abundancia seremos capaces de no derramarlos e interrumpir la cadena de contagiar amor del bueno, del que nos transmite Jesús. Hoy, en su Palabra, nos transmite como hemos de vivir ese amor, y a través de la parábola del buen samaritano nos sienta el criterio de cómo hay que amar.

Pero, ¡abramos los ojos en el Espíritu Santo!, para darnos cuenta que cada día y a cada instante hay muchos prójimos que necesitan la asistencia de un buen samaritano. Porque soy un buen samaritano cuando estoy atento y respondo al saludo de los demás; cuando tomo conciencia que con quienes me relaciono son hermanos en Xto. Jesús, y reclaman todas mis atenciones; porque también, con y en nuestros blogs, damos nuestro servicio, nuestro tiempo, nuestro apoyo y compartimos nuestra fe... Hay muchos momentos de nuestro cada día en los que podemos ser un buen samaritano.
 


viernes, 8 de marzo de 2013

¿DÓNDE ME SITÚO?

 Supongo que será una buena opción tomar una actitud de niño, abajarnos humildemente y tratar de escuchar este hermoso cuento. ¿No se modificarían muchas portadas de periódicos de nuestro tiempo imitando esta actitud del samaritano?






domingo, 4 de noviembre de 2012

DIOS SOBRE TODO...

 Marcos 12, 28-34


porque cuando nuestro Padre Dios ocupa el centro de nuestro corazón, todo lo demás vendrá por añadidura. Por eso, el amor a Dios, ocupa el primer lugar, porque no puede haber amor al prójimo si no hay amor a Dios.

O dicho de otra manera, el amor a Dios se hace realidad, se palpa y se ve en el amor al prójimo. De tal forma que, si no sirves por amor al que está a tu lado que lo ves y lo tocas, ¿cómo dices que amas a Dios que no lo ves? Ambos preceptos están unidos y el primero no se consuma si no se vive el segundo.

Por todo ello, necesitamos estar injertados en Jesús, porque sin Él nada podemos, y por su Gracia recibimos al Espíritu Santo que nos da todo lo que necesitemos para amar y servir. Y es que solo sirviendo a los hombres estaremos manifestando nuestro amor a Dios.

Todos nuestros actos litúrgicos y  de adoración al Señor cobran sentido y eficacia cuando están respaldados por nuestro servicio y actitud disponible a ser mejores con los demás. Sin esto toda nuestra vida se diluye en apariencias e hipocresía.

Pidamos al Espíritu Santo que nos fortalezca y nos de la paciencia y la fe de seguir pidiéndole que cada día seamos mejores personas y convirtamos más nuestro corazón al estilo de Jesús. Amén.