viernes, 10 de diciembre de 2021

UN CORAZÓN INSATISFECHO

 

Es bueno y aconsejable tener un corazón insatisfecho, un corazón que busca y aspira. Diría, mejor, que lo tenemos, si atendemos seriamente a nuestras necesidades y deseos. Porque, ¿qué levante la mano quien nos aspire a ser feliz? Todos aspiramos a ser feliz. Una felicidad – es verdad – de acuerdo con nuestras apetencias, satisfacciones y gustos, que serán diferentes según las personas. Pero, eso sí, un denominador común: Un fuerte deseo de ser feliz.

Sin embargo, nuestra respuesta a esa propuesta – de felicidad – que nos propone Jesús de parte – enviado -  de su Padre, no es correspondida y, sí, muy protestada. Unas veces nos parece muy exigente; otras, todo lo contrario, poco exigente; en otras, le acusamos de lo que nos pasa y de que no nos haya solucionado el problema y otras le hacemos culpable de nuestros males. En resumen, que nunca estamos contentos con la respuesta que nos da el Señor.

Quizás, nos ocurre que buscamos al Señor para que haga nuestra vida más feliz y nos libre de la cruz. Es un camino equivocado, pues, la cruz es nuestra y la tenemos que cargar pase lo que pase. Lo que sucede es que, acompañado del Señor nos será más suave, más soportable y llevadera cargarla sobre nuestros hombros hasta la hora final de nuestro tiempo en este mundo.

Tratemos, pues, de no protestar, sino, injertado en el Dios Niño cuyo nacimiento celebramos en este tiempo litúrgico, responder en obediencia y fidelidad a su propuesta de salvación.

jueves, 9 de diciembre de 2021

LA GRANDEZA VA DE LO PEQUEÑO A LO GRANDE

 

Ser pequeño implica ser grande, porque, para ser pequeño hay que tener un gran corazón, humildad, fortaleza y gran capacidad de renuncia para resistir a las apetencias y apetitos que el mundo te ofrece en cada instante de tu vida. Ser pequeño en el reino de los cielos exige ser pequeño en este mundo. Y ser pequeño en este mundo significa abajarte a todo afán de grandeza, de poder, de placeres y riqueza.

Entendemos el camino que tomó Juan el Bautista a acomodarse en el desierto y tener una vida austera y entregada - alejada de toda tentación mundana - a proclamar la Buena Noticia de la llegada del Reino de los cielos. Una vida que nos pedirá la renuncia de todo aquello que nos vicia y nos acomoda hasta el punto de volvernos esclavos de las apetencias que nos ofrece el mundo.

Preparar el Adviento es prepararnos nosotros interiormente y, desde la pequeñez de sabernos criaturas e hijos de Dios, disponer nuestro corazón a vivir en la Voluntad de nuestro Padre Dios. Y, para ello, necesitamos estar su lado y en constante diálogo fortalecido en la frecuencia de los sacramentos, Eucaristía y Penitencia, que nos alimentan y reconcilian con nuestro Padre Dios y su Voluntad. Voluntad que nos conviene porque nos hace bien, nos libera y salva

miércoles, 8 de diciembre de 2021

A JESÚS A TRAVÉS DE MARÍA

 

Dios, encarnado en María, se convirtió en Emmanuel, Dios con nosotros para siempre. Y, María, ofrece su vientre como morada de ese Dios – encarnado en naturaleza humana, Jesús -  que se hace presente entre nosotros. 

Es evidente que el Plan de Dios es aceptado y correspondido por María. Ese “Sí” a la Voluntad de Dios hace posible que el proyecto de Dios, Jesús - Dios hecho hombre -  se haga presente en este mundo.

También hoy, tú y yo podemos hacer que Dios esté presente en este mundo. Todo dependerá de la respuesta que demos a esa llamada que – también a nosotros – Dios nos hace. Es posible que nos hagamos los sordos o despistados torciendo nuestra mirada para otro lado, pero, 

Dios continua llamándonos. Como con María, Dios Padre también quiere – no en vano nos ha creado -  algo de nosotros. Tiene un Plan para cada uno de nosotros y espera que, tanto tú como yo, digamos lo mismo que María: “Sí”

No tengamos miedo a responderle al Señor. Él no se va una vez hayamos aceptado su Plan. Se queda con nosotros yo nos acompaña para que, a cada resbalón que demos, tendernos su Mano y levantarnos. Su compañía es garantía absoluta.

martes, 7 de diciembre de 2021

EL VALOR DE LO PEQUEÑO

 

A todo lo pequeño – por lo general -  se le da poco valor o importancia. Quedan en un segundo o tercer plano. En este mundo lo importante es lo que tiene mucha demanda y se le estima en gran manera por todos. Influye en sus vidas y les da gran importancia. 

Sin embargo, Jesús, el Señor, piensa de otra manera. Para Él, todo tiene importancia, pero, si hay algo que tiene un lugar preferente en su Corazón son los pequeños, los débiles e insignificantes. El hombre, su criatura preferida, creada a su imagen y semejanza no para morir, sino para vivir eternamente a su lado es su mayor preocupación. Sobre todo, los pequeños e indefensos.

 El Evangelio de hoy nos habla de eso al referirse a la parábola de la oveja perdida. Nos manifiesta cuán grande es el Amor del Padre con respecto a sus hijos cuando no quiere que ninguno se pierda, sobre todo los más débiles y pequeños. Ira, sin dudarlo, a su rescate hasta el extremo de dar su Vida.

Sin embargo, se nos ha dado el don de la libertad y dependerá de nosotros perdernos o no. Esa decisión nos corresponderá a cada uno de nosotros. Pero, estemos seguros que Jesús siempre, sea cual sea nuestra respuesta, saldrá a nuestro rescate.

lunes, 6 de diciembre de 2021

APARIENCIAS ESCONDIDAS EN PARÁLISIS

 

Una llamada supone siempre una salida, pues llamar implica ven, y ven significa movimiento y salir de donde moras a donde te llaman. Cuando sientes el impulso de salir, caminas y peregrinas hacia ese mundo que llama tu atención y, en ese movimiento, nace y se desarrolla tu crecimiento, tanto a nivel material como – más importante -  espiritual. La parálisis no es buena ni aconsejable. Quedarse quieto e inmóvil es sinónimo de muerte. Conviene, pues, levantarte, tomar tu camilla y caminar.

Se hace necesario tomar tu camilla, adaptarla y ordenar tu camino, de tal forma que no te quedes paralizado sino que tu vida se sienta viva a pesar de las heridas del pasado que te invitan y amenazan a que te pares – parálisis – y te inmovilices quedándote sin capacidad avanzar. Diríamos que en ese momento tu parálisis te puede, se hace presente y trata de vencerte. Hacen presencias tus miedos, tus heridas del pasado, tus fracasos, tus debilidades…etc. Y te inmovilizan dejándote tumbado en tu camilla. Necesitas una Voz que te dé esa fuerza y fortaleza que te levantes, tomes tu camilla y eches a andar.

Es necesario que nos demos cuenta que para evitar quedarnos paralizados y anclados en este mundo necesitamos ordenar nuestra vida interior – corazón – y poner a quien puede ordenar nuestra vida y levantarnos de nuestras camillas de parálisis como primera Opción. Ese es el Señor, a quien acudimos como ese paralítico que llevan a la presencia de Jesús.