viernes, 5 de enero de 2024

VEN Y VERÁS

También a ti, como a mí, nos dice Jesús, a través de muchos Felipe, ven y verás. Igual sucede que tú, como también yo, no estamos muy seguro o desconfiamos, si no de Él, si de muchos que están con Él, y no terminamos por responderle o hacerle caso. Rompe con tus prejuicios infundados y sin fundamentos. La cuestión estaría en confiar más en Él, acercarnos como hizo, respondiendo a la invitación que le hizo Felipe, Natanael y escucharle poniendo atención a sus palabras y tratar de conocerle. Posiblemente nos pueda ocurrir como el mismo Natanael y terminar diciendo: «Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel»

Posiblemente esperamos que Jesús venga con más poder, con más influencia y con la solución a todos nuestros problemas de este mundo, tanto materiales como espirituales. Quizás nuestra idea del  Dios esperado es un Dios fuerte y que nos dé la victoria y la solución a todos nuestros problemas. De alguna forma ese es el contenido más frecuente de todas nuestras oraciones.

Pero, los planes que pensó nuestro Padre Dios van por otro camino. Quiso no armar escándalo ni venir con poder. Quiso hacerse hombre, igual que nosotros, y sin influencia ni poder. Mejor, humilde, pobre y pequeño. Quiso recorrer el mismo camino que cualquier niño de este mundo, con sus mismas necesidades y problemas. Quiso ser tan pequeño como cualquier niño de este mundo.

Posiblemente eso nos ha despistado y nos ha ocultado el verdadero rostro de nuestro esperado Mesías. Es evidente que teníamos otra idea e imagen del Mesías esperado. Pensábamos en un Mesías fuerte, poderoso y arrebatador, y nos encontramos con todo lo contrario. Y es que Dios ha escogido el camino del amor y la misericordia donde realmente se descubre la verdadera intención del corazón – creado libre – del hombre. Y es ahí donde tú, también yo, debemos encontrar nuestra respuesta.


jueves, 4 de enero de 2024

DIOS CUENTA CONTIGO, NO HAY OTRO CAMINO

Es extraño y hasta misterioso que Jesús, el Hijo de Dios, necesite de nosotros para proclamar la Buena Noticia que trae de su Padre. ¿Por qué no podía hacerlo Él solo? ¿Acaso no tiene el Señor poder y fortaleza para hacerlo? Luego, ¿por qué reclutar un equipo y fundar su Iglesia para dar a conocer el Reino de Dios?

Supongo y creo que esta forma de dar a conocer su Reino está estrechamente ligada a nuestra condición de seres libres. Hemos sido creados en libertad y será desde nuestra condición de seres libres como tomaremos la opción de decidirnos por un camino u otro, por acoger el Reino de Dios o tomar el camino del príncipe del mundo (Dt 30, 15). Desde esa concepción del ser humano será condición imprescindible de reclutar un colegio apostólico para salar y dar luz al mundo con y de la Palabra de Dios.

Porque se trata de no solo enseñar sino también de dar testimonio con tu vida y tus obras. No es la palabra la que tiene la última influencia en el corazón del hombre, sino el testimonio y coherencia de su vida con su palabra. Es realmente eso lo que convierte y lo que empuja a vivir y hacer lo mismo.

Y, claro, nuestro Padre Dios no quiso influir con su Poder en nuestra voluntad. Así la cosa no tendría gracia ni hubiese hecho falta sacrificios ni el padecer su Pasión. Con solo mover un dedo bastaría. Luego, si todo va a depender de la decisión que tome el hombre, se necesitará una catequesis y exposición del Amor Misericordioso que nos ofrece y propone el Señor.  

Además, si Él, encarnado en Naturaleza humana, tendría que irse, como nos vamos todos, ¿quiénes seguirían su misión? ¡Démonos cuenta de que todavía hay muchos que no creen en su Resurrección y necesitan conocer la Palabra y la luz del Espíritu!

Concluimos en que Dios viene a sugerirnos que no moverá las cosas si no nos ponemos de su parte y aceptamos estar con Él. Anhela la alianza y nos la ofrece: es todopoderoso, sí, pero con nosotros (esto último tomado del Evangelio diario de la Compañía de Jesús – comentarios: Francisco José Ruiz, SJ). 

miércoles, 3 de enero de 2024

CON EL BAUSTISMO EMPIEZA SU VIDA PUBLICA

Ha llegado su hora. Jesús marcha al Jordán para ser bautizado por Juan. Es lo convenido y la Voluntad del Padre. Desde ese momento Jesús sabe que ha llegado la hora de empezar su Misión: «dar a conocer el Infinito Amor Misericordioso de su Padre». Ha terminado el preámbulo, la preparación de la Buena Noticia. Ahora, tras el bautismo, empieza la acción; «Darla a conócela con la Vida y la Palabra»

Es evidente, si reflexionamos, que el bautismo es el tiempo donde mirándonos interiormente nos preparamos para vernos y salir de nosotros mismos. Es la etapa de la catequesis donde reflexionamos y buscamos un encuentro serio y profundo con Jesús. Es el tiempo de tomar nuestra decisión de abrirnos a la venida del Espíritu Santo.Y una vez – bautizados – en la presencia del Espíritu, pasamos a la acción. Es lo que hizo Jesús, tras su bautizo dio a conocer la Buena Noticia que traía. Tras su bautismo proclamó al mundo la conversión de salvación.

Es decir, tras la preparación y bautizo, dispuesto a salir de nosotros mismos pasamos a la acción, al servicio de darnos a los demás, de manera especial a los más vulnerables. Ese es el camino a seguir, pero, claro, nunca solo ni por tu cuenta, sino siempre injertado y unido al Espíritu Santo recibido en el bautismo. El mismo Espíritu Santo que bajó sobre Jesús, nuestro Señor.

martes, 2 de enero de 2024

ESTÁ EN MEDIO NOSOTROS

Nos preguntamos, ¿estamos convencidos de que está en medio de nosotros? Esa es la propuesta de Juan el Bautista, Jesús ya está entre nosotros. Y eso descoloca a los que le escuchan. El pueblo de Israel espera a un Mesías, pero Juan afirma ya de manera contundente que ese Mesías esperado ya está entre nosotros.

¿Y tú, lo entiendes así, o todavía lo esperas? Quizás ya ni eso, se te ha ido el tiempo y, no solo no lo esperas sino que ya no crees ni que hay venido. Igual posiblemente nunca lo has esperado de una forma seria, confiada y profunda. Quizás no hayas tenido un encuentro con Él ni tampoco lo hayas buscado.

Es buena hora para preguntarnos: ¿Esperamos de verdad nosotros a ese Mesías del que Juan nos habla? ¿Y, realmente, lo hemos celebrado así en estas fiestas de Navidad? Será bueno y necesario hacer una pequeña reflexión de la, no solo necesidad, sino de la importancia vital de que el Mesías prometido vino y está entre nosotros. Lo estuvo en aquel tiempo de Juan el Bautista, y está ahora entre nosotros.

Jesús vive realmente y palpita en nuestro espíritu, que vive en Él. Mira, sería absurdo preguntarnos si hay que comer, o respirar. Sabemos ciertamente que eso lo necesitamos obligatoriamente para vivir. Sin aire y alimentos no podemos comer. De igual manera, tu espíritu – alma – necesita al Señor. Nuestro espíritu se muere sin la presencia del Señor y queda en manos del demonio, del mundo y la carne que lo llevarán a la condenación eterna. Y eterna quiere decir que no muere sino que vive en horrible sufrimiento eternamente.

La única diferencia es que si las necesidades corporales son obligadas, necesarias y vitales, las del espíritu son libres y opcionales. Tienes, entonces, dos caminos que escoger – Dt 30, 15 – porque así lo ha querido el Señor, y porque así puedes demostrar y expresar tu elección y amor por el Señor. No sería verdadero ni auténtico, ni opción libre, si fuese como el alimento obligatorio. Sería un amor por obligación, interesado o por conveniencia.

En consecuencia, preguntarnos por si es obligatorio visitar y recibir el alimento Eucarístico estaría de más si realmente hemos descubierto que lo necesitamos para que nuestro espíritu y, también nuestro cuerpo, vivan eternamente. Se hace necesario buscarlo, comerlo y alimentarnos de Él lo más posible.

lunes, 1 de enero de 2024

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Cada comienzo genera nuevos retos y metas. Termina un año y empieza otro, se suceden promesas, objetivos, retos y se vuelve la vista atrás con mirada de revista, de análisis y de corrección. Y todo esto con la sana intención de empezar una vida mejor, más organizada, más productiva y con más sentido. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que volvemos a lo mismo. El camino siempre lo recorremos de la misma forma.

Sin embargo, mirado desde la fe todo cambia y es diferente. Se promete, se camina y aunque haya tropiezos no se pierde el rumbo, la orientación ni tampoco el ánimo. Porque desde la fe cada año es cada día. Y cada día se renueva ese espíritu constructivo, limpio, sencillo, humilde y misericordioso de avanzar en conversión y actitud de servicio.

Sí, lo reconocemos, hay caídas, pecados, pero siempre acompañados de arrepentimientos y buenos deseos de corregirse, mejorar y perfeccionarse. La suma de muchos días en esa actitud de renovada conversión hacen un año, y terminado el año se mira atrás para ver el recorrido que hemos avanzado y renovar las fuerzas para seguir avanzando. Los pecados, los tropiezos y caídas quedan perdonados y en el olvido por la Misericordia de nuestro Padre Dios, y solo hay un objetivo y meta, seguir adelanta injertados en el Espíritu de Dios hasta alcanzar la meta definitiva, reunirnos con Él en su Gloria.

Como los pastores tras adorar al Niño se volvieron dando gloria y alabanzas a Dios. También nosotros seguimos el camino alabando y dando gloria a nuestro Padre Dios y conservando, como nuestra Madre María, todas estas cosas en nuestro corazón.

FELIZ AÑO 2024

domingo, 31 de diciembre de 2023

EN LA VIDA ORDINARIA Y COMÚN COMO CUALQUIER FAMILIA.


Así vino Jesús, el Hijo de Dios al mundo y así creció como cualquier otro, sin diferencias ni privilegios. Eso sí, Hijo de Dios, encarnado en Naturaleza humana pasó por todos los tramites como cualquier otra familia, pero siempre según el Plan y Voluntad de Dios. Eso marca la diferencia respecto a otras familia.

¿Cuántas veces nosotros queremos imponer nuestra voluntad a la de Dios? Yo diría, hablando de mi propia familia, donde nací y crecí, que casi siempre según nuestra voluntad. Y también, de la que he formado con mi mujer más adelante, diría que casi siempre he seguido mi voluntad, o la he antepuesto, a la del Señor.

Posiblemente fuese consecuencia de un fe más débil, más hundida en las necesidades materiales, más sometida a los vicios y apegos propios de nuestra naturaleza herida por el pecado. Una fe que necesita crecer, fortalecerse y madurar y, en consecuencia, tiempo. Pero, de cualquier forma un camino que hoy vemos más claro, más decidido, más fortalecido y, por supuesto, más maduro.

En consecuencia experimentamos un crecimiento en conversión y una fe más firme y capaz de sostenerse en una actitud más solidaria, más dada a pensar en el otro y olvidarte de ti. Posiblemente sea ese ejemplo que nos brinda la Sagrada familia detrás de esos treinta años oculto en Nazaret. Una vida ordinaria, rutinaria en el trajín de los problemas que también hemos vivido cada uno de nosotros. Una vida desde un amor capaz de recomenzar cada día y de salir de su propio interés para ir al encuentro del otro.



sábado, 30 de diciembre de 2023

QUÍEN BUSCA ENCUENTRA

El refrán lo descubre claramente: «Quién busca encuentra» Y la experiencia lo confirma. Todos hemos experimentado que cuando nos empeñamos en algo terminamos por conseguirlo. Sobre todo si ese algo es algo – valga la redundancia – que está a nuestro alcance. Pues bien, el Reino de Dios está al alcance de todos porque Jesús, el Mesías prometido, ha venido a eso, a enseñarnos el camino para alcanzar el Reino de Dios.

El testimonio y vida de búsqueda que hoy nos pone el Evangelio – sobre la profetiza Ana – nos puede servir de ejemplo para fortalecer nuestro empeño por encontrarnos con el señor. Su vida fue una búsqueda incesante del Señor sirviéndose de todos los medios que tuvo a su alcance. ¿Y nosotros, utilizamos los medios – Sacramentos, oraciones, la Palabra y otros -  que están a nuestro alcance para ayudarnos a encontrarnos con el Señor? ¿Estamos empeñados en discernir, meditar, reflexionar y orar a fin de Señor?

No esperemos que cruzados de brazo y vamos a encontrarnos con el Señor. Ni tampoco que las cosas se nos aclaren tal y como deseamos sin poner todo lo que está a nuestro alcance. El camino de conversión nos exige esfuerzo, riesgo, confianza, fiarnos y creer en el Señor.

Y, sobre todo, estar atentos y expectante a los signos que, a lo largo del año, tanto el que termina como el que viene, se nos han ido regalando a través de los acontecimientos, de las personas o sucesos que han tocado nuestra vida. Estar en esa actitud expectante y en espera nos aviva y despierta nuestro corazón para poder ir aclarando el rostro, el amor y la misericordia de Dios nuestro Padre.