domingo, 3 de noviembre de 2013

LA INQUIETUD DE CONOCER


(Lc 19,1-10)

Curiosidad, inquietud o simplemente deseos de conocer son los móviles que nos impulsan a movernos y tratar de encontrarnos con ese Jesús del que tanto se habla. Su personalidad atrae y despierta curiosidad, y Zaqueo, aquel jefe de publicano, se sintió atraído por la Persona de Jesús.

Y no reparó en gestos o esfuerzos para tratar de satisfacer esa curiosidad, hasta el punto de subirse a un árbol, pues era pequeño de estatura, con el fin de conseguir verlo. Su inquietud por conocerlo superaba a sus miedos al ridículo o al compromiso. Nunca sabremos como transcurrió aquella conversación de Zaqueo con Jesús, pero si sabemos los resultados de la misma.

Zaqueo transforma su vida, hasta el punto de compartirla con los más desfavorecidos y adquiere el compromiso de restituir cuatro veces más a todo aquel del que considere haberse aprovechado. Queda al descubierto que el encuentro de Zaqueo con Jesús tuvo sus consecuencias y compromisos, y es que sólo hay encuentro cuando de él se desprenden cambios y transformación en la vida de la persona.

¿Está nuestra vida sufriendo y descubriendo ante los demás estos cambios y transformaciones? ¿Hay respuestas al encuentro con Jesús que transforman mi vida?



sábado, 2 de noviembre de 2013

SÓLO NOS PIDE NUESTRAS MISERIAS

(Lc 23,33.39-43)

Un padre siempre es un padre. Es verdad, que aquí en la tierra hay algunas excepciones, pues los hombres están tocados por el pecado y su humanidad, débil y pecadora, se comporta de forma egoísta hasta siendo padres. Sin embargo, el sentido común y la lógica nos invita a experimentar que un padre siempre está dispuesto a dar todo por un hijo. 

Si esto es así respecto a nuestros padres de la tierra, ¿qué será con respecto a nuestro Padre del Cielo que entregó a su Hijo a una muerte de Cruz por cada uno de nosotros? Nuestro Padre sabe de nuestras miserias y pobreza; sabe de nuestras debilidades y limitaciones. Y sabe lo difícil que supone para nosotros mantener la integridad y la limpieza de corazón. ¿Y sabiéndolo se entregó a una muerte de Cruz por nosotros?

Así es, y eso fue lo que experimentó el buen ladrón cuando sientiendo el dolor y sufrimiento de Jesús a su lado, quedó conmovido, e iluminado por el Espíritu exclamo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino».

Gracias Señor por ese santo temor que me mueve a experimentar que Tú eres verdadero Hijo de Dios. Y, repitiendo las sabias palabras del buen ladrón, con él quiero pedirte yo lo mismo con la esperanza de poder escuchar, por tu Amor y Misericordia: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

viernes, 1 de noviembre de 2013

EN COMUNIÓN CON LOS QUE YA HAN LLEGADO

(Mt 5,1-12a)

La comunión de los santos, la festividad que hoy celebramos, es la unión de todos, los que ya han llegado y gozan de la felicidad eterna junto al Padre, ¡dan envidia!, y de las que caminamos todavía en este mundo en dirección a la Casa del Padre. También de aquellos que esperan en el camino purificar sus pecados (Purgatorio)  hasta quedar limpios y entrar en el Reino del Padre Dios.

Es día y momento de celebrar de manera marcada y especial la Vida. Bien es verdad que la celebramos todos los días, pero hoy lo hacemos sobresaltando esta esperanza y realidad a la que aspiramos llegar todos. Y el camino queda marcado y señalado por el sermón que Jesús dirige hoy a la muchedumbre concurrida en aquel monte.

Porque estar junto al Padre y gozar de su presencia, presupone todo lo que Jesús nos proclama en el Evangelio de hoy: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Vivir según este estilo de vida que Jesús nos marca, es caminar bien orientado y con paso firme a compartir con los santos que ya han llegado, esa unión que precisamente hoy celebramos.

jueves, 31 de octubre de 2013

LA IGLESIA SIEMPRE ESTARÁ DE PIE



Donde exista un creyente en Jesús de Nazaret, ¡y siempre lo habrá!, allí estará la Iglesia. Nadie podrá extinguirla por mucho que persigan a sus seguidores, porque Él está y vive en cada uno de ellos. Hoy nos revela Jesús esa promesa de permanecer hoy y mañana cumpliendo y viviendo en la Voluntad del Padre.

Y la Iglesia, en cada uno de los seguidores de Jesús, permanece fiel a sus palabras. Nadie impedirá que el Mensaje del Señor siga adelante. ‘Yo, nos dice el Señor, expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’.

Y así sucede hasta hoy. No hay lugar, por muy escondido que esté, que no haya religiosos, creyentes en Jesús de Nazaret, al lado de esos hombres, sufriendo y luchando por la vida. La verdadera vida que es conocer al Señor. Sigamos nosotros, en el Espíritu Santo, el camino sin retroceder a pesar de las dificultades, los obstáculos e impedimentos que la vida nos pone.

miércoles, 30 de octubre de 2013

LA PREGUNTA IMPLICA BÚSQUEDA


»Lc 13,22-30)


Detrás de cada pregunta hay siempre una búsqueda de algo que preocupa, inquieta o despierta curiosidad.  Uno de los que escuchaban a Jesús le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán».

En esa pregunta, posiblemente, había una preocupación por no verse capaz de alcanzar entrar por esa puerta estrecha que Jesús señala como meta final. Ese comentario de que muchos querrán pero no podrán ponía los pelos de punta a todos aquellos que oían a Jesús.

La puerta estrecha exige estar preparado para no pasar las dimensiones que te impidan entrar. Y ese cuidar las dimensiones supone trabajo, esfuerzo, renuncias y sacrificios que posibiliten mantenerte en condiciones para poder atravesar la puerta. El simil parece adecuado y nos descubre nitidamente el camino a recorrer.

No se puede vivir despreocupadamente pensando en divertirse y pasarlo bien, mientras otros lo pasan mal carente de muchas cosas que a ti te sobran. La limosna, el ayuno y la caridad son muy buenos ejercicios para mantenerse en forma y, llegado el momento, poder entrar y pasar por la puerta estrecha.

martes, 29 de octubre de 2013

FERMENTAR NECESITA ESTAR DENTRO

(Lc 13,18-21)
  
No se puede contaminar algo desde fuera. Se hace necesario penetrarle y vivir dentro para contagiarlo todo. Esa es la lección que Jesús nos quiere enseñar hoy. El Reino no se puede proclamar desde fuera, porque desde ahí la Palabra no penetra en los corazones. Se hace necesario estar dentro, penetrar en los corazones y contaminarlos de semillas de amor por medio de la Palabra y la vida.

El Papa Francisco nos lo ha dicho, se necesita salir afuera, a los ambientes, a las periferias, a donde se encuentran los corazones desorientados, perdidos en la oscuridad y sin rumbo. Se necesita fermentar, y eso significa penetrar la masa para, desde dentro, fecundarla y dar frutos. Así hace también la semilla, penetra la tierra y echa raíces a costa de su muerte, y crece y crece hasta servir de refugio y alimento.

Así debemos proceder también nosotros. Derramar la Palabra y la vida entre la vida de los hombres para contagiarlos de la Palabra de Dios, Luz que alumbra y salva eternamente. Pero no se nos ocurra proceder aisladamente y por nosotros mismos. Necesitamos la asistencia del Espíritu Santo y la comunidad de la Iglesia para, desde ella y en el Espíritu, dentro del mundo evangelizar con nuestro testimonio y vida.


lunes, 28 de octubre de 2013

ORAR ES REFLEXIONAR CON Y DELANTE DE DIOS PADRE

(Lc 6,12-19)

No cabe duda que toda acción está presidida de una reflexión. Para actuar lo pensamos primero. Incluso en los momentos que ambas cosas, reflexión y acción, casi se superponen, una, la reflexión precede a la acción. Y cuando reflexionamos buscamos luz en nuestro corazón para proceder a actuar bien.

Para un creyente, reflexionar equivale a orar, porque cuando reflexionamos en presencia y delante de Padre Dios, estamos descubriendo nuestra vida y presentándola con todos nuestros proyectos, ilusiones y deseos, así como nuestras necesidades, problemas y dificultades.

Orar y reflexionar se confunden en una petición o reconocimiento de nuestra humanidad limitada y pecadora. Tanto el fariseo como el publicano de ayer hicieron su reflexión. Uno en la mentira y otro en la verdad. Nuestras oraciones deben estar apoyadas en la verdad, porque la mentira la destruye y aniquila. Nuestra vida debe caminar en esa ruta que la oración en la verdad le marca cada día.

Jesús nos enseña con su oración y vida el estilo que debe marcar nuestro camino. Un camino que sólo podemos recorrer apoyados en la oración constante y suplicante y la acción que la propia marcha impone. El trabajo y las responsabilidades que el camino nos trae, nos da los momentos de oración que necesitamos para dar luz a nuestras respuestas.