lunes, 13 de julio de 2020

IDENTIFICADOS CON JESÚS

11 mejores imágenes de religio | Dibujos fano, Catequesis ...
Mt 10,34--11,1
Cuando haces algo por alguien, sobre todo si es algo que busca el bien de esa persona, estás haciendo lo que entendemos como una buena obra, que si la haces en nombre y por Xto. Jesús tendrá su recompensa. Y decimos esto porque, antes, mucho antes que nosotros lo dijo Jesús: «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

Jesús es lo primero y eso significa que sus enseñanzas, su referencia y su seguimiento deben marcar siempre la primera iniciativa de la actuación de nuestra vida. Ayer nos advertía y enseñaba las actitudes para que el cultivo de nuestro corazón diese los frutos esperados. Frutos buenos como resultado de una tierra bien abonada y regada que corresponde principalmente a nuestra propia actuación. Porque, la semilla - Palabra de Dios - es plantada en nuestros corazones y dependerá mucho de nosotros, porque así Dios lo ha querido, el recoger una buena cosecha.

Y esa cosecha nos traerá en muchos momentos de nuestra vida problemas, enfrentamientos y luchas. Incluso dentro de nuestras propias familias, con nuestros propios padres, hijos/as, hermanos/as y otros. Y nos exigirá cargar con nuestras cruces y, aceptándolas, seguirle. Quienes no están dispuestos a eso se quedarán en el camino, bien, como ayer nos decía en la parábola del sembrador, aplastado por los caminantes y comido por los pájaros o seducidos por las ambiciones y afanes de este mundo.

Tengamos la confianza de confiar en Jesús y en saber firmemente que su Palabra tiene siempre cumplimiento, pues, su última promesa se ha cumplido, la Resurrección. También resucitaremos nosotros para ser felices a su lado, si en Él creemos porque Él así nos lo ha prometido.

domingo, 12 de julio de 2020

¿CUÁL ES LA REALIDAD DE TU TIERRA?

Evangelio según san Mateo (13,1-23), del domingo, 16 de julio de ...
Mt 13,1-23
A veces nos planteamos la ineficacia de la evangelización y no comprendemos como la comunidad o grupo no crece. Pero, no podemos perder de vista que la Buena Noticia que trae Jesús es una propuesta de amor aceptada desde la libertad. Y, como tal es aceptada o rechazada. Todo dependerá de la calidad de tu propia tierra, porque, si es tierra abierta, cultivable y bien abonada, la semilla plantada dará frutos, pero, si ocurre lo contrario, será baldía.

Jesús nos lo explica con una parábola sencilla usando los términos de la siembra y los frutos que la gente de su época entiende muy bien. Y a nosotros nos toca descubrir si nuestra tierra es de las buenas y rentables o, por el contrario es de las malas y baldías. Sin lugar a duda la cosecha de mi vida dependerá de mis cuidados, de mi siembra, del abono de mi tierra y del riego de mi agua. Porque, mis frutos vendrán del esfuerzo de la disponibilidad de mi corazón a la acción del Espíritu Santo.

Supongo que, independientemente de que tú tierra sea buena  o mala tienes que pones de tu parte todo lo que has recibido gratuitamente y cuidarla, limpiarla, abonarla para que se mantenga cultivable y pueda dar lo frutos que Dios espera de ti. Y eso donde único lo puedes hacer es en la Iglesia, con los sacramentos y llevando la oración tanto personal como comunitaria siempre presente en tu vida.

Tengamos en cuenta que Dios espera nuestros frutos y que esos frutos, aunque Dios me asiste y me acompaña y me cuida, los ha dejado libremente al esfuerzo de mi voluntad. Por tanto, no escatimemos esfuerzos y abramos nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo para mantener la tierra de nuestro corazón en buen estado y productiva.

viernes, 10 de julio de 2020

CUANDO LA ORACIÓN SE PROLONGA EN EL TRABAJO

Mateo 19,27-29 | Evangelio del dia, El hijo del hombre, Sagrada ...
Quizás hayas experimentado, porque suele suceder, que cuando  has descargado tu conciencia, tu corazón parece más ligero y más lleno de paz. He oído a mucha gente experimentar paz y alegría después de celebrar el sacramento de la reconciliación y un deseo grande de compartirla con los demás. Y eso se nota en la cara, porque, como bien dice el refrán, la cara es el espejo del alma.

No cabe duda que nuestro trabajo, y cuando digo nuestro, me refiero a los creyentes comprometidos, es el reflejo del alma. Al menos debe serlo, porque el trabajo de un seguidor de Xto. Jesús debe ser prolongación de su oración. Una oración de la que, en este contexto con respecto al trabajo, San Benito es una referencia y exponente místico que marca el camino de su fundación como iniciador de la vida monástica. Su regla, cuyo principal mandato es "ora et labora", refleja ese mandato que hoy Jesús nos propone hoy en el Evangelio donde la prioridad es el trabajo por establecer el Reino de Dios.

En aquel tiempo, Pedro dijo a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna».

También nosotros hoy debemos poner todo, nuestra vida y todo lo que hayamos recibido gratuitamente, aunque creamos y nos parezca que se debe a nuestro esfuerzo, al servicio de la evangelización de la Buena Noticia, que Jesús nos ha anunciado, con su Vida y su Palabra. Tengamos fe, paciencia y mucha confianza que todo lo que Jesús propone y promete se cumple. Recibiremos, pues, el ciento por uno.

LA VERDAD CUESTIONA EL SISTEMA Y, SOBRE TODO LA MENTIRA

11 mejores imágenes de Dia del catequista | Catequista, Dia del ...
Mt 10,16-23
Cuando tratas de vivir en la verdad, la vida se te complica. Y es que la verdad cuestiona la mentira que otros quieren imponer. Eso es tan claro como el agua y lo estamos experimentando a cada instante en nuestras propias vidas. En estos mimos momentos de elecciones observamos que algún partido es excluido porque su presencia molesta y descubre, ¿qué?, las mentiras de otros.

Y eso es responsabilidad de todos, porque somos todos los que les colocamos con nuestros votos. Nuestra complicidad queda de manifiesto y no podemos eludirla ni justificarla, ni menos ocultarla, que si, con respecto a los hombres podemos engañarles, no ocurre lo mismo con respecto a Dios. Y eso nos pasará factura, no solo algún día, sino desde ahora mismo como vamos experimentando. Es mejor, nos lo dijo Jesús, perder esta vida para ganar la otra. 

Porque, perder esta vida significa ir contra contracorriente y contra todo lo que el mundo quiere presentarte como verdad aparente, pero que en realidad es una mentira disfrazada de verdad. Y eso te complica la vida y te exige una lucha constante contra ti mismo. Porque, para cumplir la Voluntad de Dios es necesario renunciar a nuestras pasiones y a nuestras tentaciones moderándolas según las pautas y caminos que la Palabra del Señor te señala y descubre.

Compartir nuestra fe nos fortalece y nos ayuda a superar las dificultades que salen al paso de nuestra vida. Se hace necesario estar unidos y caminar como comunidad injertados en el Señor para hacerle frente a todas las tentaciones que pueden seducirte y apartarte de ese destino intransferible que tiene el hombre de ser feliz y alcanzar la Vida Eterna. Y eso solo lo puedes alcanzar en Dios.

jueves, 9 de julio de 2020

SIN PODERES NI IMPOSICIONES

Comentario al evangelio del Domingo V del Tiempo Ordinario, 4 de ...
Mt 10,7-15
La Buena Noticia, la cercanía del Reino de Dios, ese deseo de paz, de justicia y de amor fraterno que todos los seres humanos buscan y desean, pues, no en vano, esta sellado en lo más profundo de sus corazones, es lo que Jesús propone y para lo que envía a sus apóstoles a proclamad: 
«Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».

La característica del anuncio es precisamente la propuesta humilde, libre y sin condiciones. Porque, el poder, la fuerza y la imposición anulan libertad e impide el amor. Y eso rompe la naturaleza humana que ha sido creada para vivir y decidir en plena libertad. Sería una contradicción emplear el poder y la fuerza. Por eso, Jesús pone esas condiciones que podemos resumir en humildad y gratuidad.

Y esa así como también nosotros debemos anunciar el Reino de Dios. La Buena Noticia lo es porque nos libera de la esclavitud del pecado y nos hace, precisamente libres. Libres para amar sin condiciones, sin mentiras, sin dobleces ni segunda intenciones que miran egoístamente nuestros intereses y someten a los demás. La Buena Noticia que nos salva, nos hace felices y eternos y que se propone desde la libertad y la gratuidad, sin venganza,  en caso de no ser acogida. Porque, el amor es paciente y espera que el hombre se dé cuenta de que sólo en Dios alcanzará la felicidad eterna que busca.

miércoles, 8 de julio de 2020

EVIADOS A SERVIR EN NOMBRE DEL SEÑOR

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Mt 10,1-7
Nunca podemos perder de vista que es el Señor a quien anunciamos y quien libera, sana y salva. Nosotros, simples enviados, lo hacemos siempre en su nombre y anunciamos su Palabra. Y, por su Gracia, expulsar demonios y curar todo tipo de dolencias y enfermedades. Y así ha sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia. Esa Iglesia que empieza con esa primera comunidad tras la Ascensión de Jesús a los cielos.

Nunca ha faltado esas curaciones desde el inicio de ese envío del "Colegio Apostólico" - los doce apóstoles -  a través de todos los santos que la historia recoge durante todo el trayecto de la Iglesia hasta nuestros días. La Iglesia descubre su vocación misionera desde ese momento en que Jesús los envía a proclamar la Buena Noticia de Salvación Eterna: A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca»

Ahora, Señor, la pregunta que brota en mi corazón me interpela y cuestiona mi participación en anunciar también a esa mies tu mensaje de Buena Noticia que, en mi bautismo, he contraído. Y me planteo esto porque quiero responder y quiero sentirme enviado por Ti. Pero, al mismo tiempo, también reconozco mi incompetencia, mis limitaciones y mis inclinaciones al mal. Me siento débil y frágil desde mi naturaleza humana, pero también fortalecido y animado por tu confianza y elección.

¡Señor, si Tú me has elegido, cómo puedo yo desconfiar y dudar de tu elección! Tú nunca te equivocas y si Tú me has aceptado como hijo y has enviado - bautismo - el Espíritu Santo sobre mí, es indicio de que Tú me envías y me acompañas. Confiado en tu Palabra y tu elección, Señor, me esfuerzo y pongo todo de mi parte.

martes, 7 de julio de 2020

MUCHAS CLASES DE POBREZAS

MATEO 9, 32-38 | Evangelio, Apareciste tu, Fariseos
Mt 9,32-38
La pobreza es una lacra que siempre nos amenaza. Pero, hay muchas clases de pobrezas y cada una de ellas representa una lacra que tiene consecuencias en la vida de las personas. Por eso, eliminarlas y luchar contra ellas se hace necesario e imprescindible. Sin embargo, la pobreza más visible y, quizás, más importante es la física o económica. Lo estamos comprobando durante esta pandemia. La economía es lo que más nos importa, incluso antes que la vida de las personas, de forma que se arriesgan la vida de las personas para poner en marcha la economía.

Sin embargo, hay otras clases de pobrezas también muy importante. La pobreza cultural, que excluyes a los que la padecen del ámbito cultural de la sociedad. Hay múltiples eventos culturales a los que los pobres no tienen acceso. Primero, porque su cultura no da para más, y, segundo, porque su tiempo no se lo permite. Pero, también existe la pobreza relacional o pobreza que te aísla y te impide, por carencias de tiempo y oportunidades, relacionarte en los ámbitos sociales donde tienes oportunidad de crecer culturalmente y madurar como persona.

Y todavía está la pobreza espiritual, que te deja un vacío interior de desesperanza y abandono. Siempre se ha dicho que primero hay que llenar el estomago para luego llenar el alma de esperanza y espiritualidad. Espiritualidad que completa la plenitud de la persona - cuerpo y espíritu - porque, sólo alimentando el cuerpo no se consigue la plenitud que busca nuestro corazón. Y esa plenitud necesita de esas pobrezas que, desde la económica llega hasta el espíritu.

Y Jesús, nuestro Señor, se acerca a los pobres y, compadecido de ellos, les asiste, les llena de esperanza y les sana, expulsando de ellos los demonios y toda dolencia que les impida vivir en la esperanza de alcanzar ese Reino de paz, justicia y amor que Jesús anuncia y propone. Conviene, pues, acercarse al Señor y, escuchando su Palabra vivir confiados y esperanzados en que, en y con Él, podemos vencer a esas pobrezas que nos amenazan.