domingo, 9 de febrero de 2025

DEJARLO TODO Y SEGUIRLE

Esa es la consigna: «Dejarlo todo y seguirle» Ese es el espíritu de no llevar sino simplemente un bastón y una túnica. Se trata de apoyarse simplemente en Jesús, confiar en ÉL y remar mar adentro echando las redes.

Ahora, ¿Dónde está ese mar adentro de nuestra historia? ¿Dónde tenemos que echar nuestras redes? ¿Dónde ponemos nuestras seguridades? Esa es la historia personal de cada una a la que tendremos tendremos que retar y desafiar. Pero, nunca solos, sino siempre en el nombre del Señor y en manos del Espíritu Santo.

Porque, la cosecha vendrá siempre por la Gracia del Señor, aunque la barca sea nuestra y nosotros la que la movamos mar adentro. Dejarlo todo y seguirle es el reto de nuestra fe. Los apóstoles lo hicieron, y testigos de ello es esa Buena Noticia que nos llega a nosotros. Será también testigos de nuestra fe si también nosotros – valga la redundancia – somos capaces de que esa Buena Noticia llega a las futuras generaciones que siguen a la nuestra.

De cualquier modo, nuestra actitud debe ser la de ponernos en manos del Espíritu Santo y tratar de dejarnos guiar por sus impulsos y señales. Ese será nuestro reto, el de responder a la llamada del Señor.

sábado, 8 de febrero de 2025

ENCUENTRO Y COMPASIÓN

Puedes pasar tu vida, y ese es un grave peligro, sin darte cuenta de que has sido creado para vivir eternamente. Recuerdo una película que trata ese tema: “Horizontes perdidos” y de la que he hecho una reflexión en unos de mis blogs. La cuestión de la eternidad es de suma importancia porque cuando descubres que has sido creado para ser eterno, te preocupas por buscar y encontrar al Ser que te ha dado la eternidad.

Ese encuentro se convierte desde ese momento en lo más importante de tu vida. Porque, de él dependerá tu actitud compasiva y la situación de tu eternidad. La cuestión es que, queramos o no, todos seremos eternos. El hecho de que haya infierno lo demuestra con una claridad rotunda, pues eso es para siempre. Y si no fuera para siempre no existiría infierno. Y, por el contrario, habrá también cielo, y eso será gozo y felicidad para siempre.

De ahí que, saber eso es vital para buscar ese encuentro con Jesús, el Señor, que, precisamente, viene a anunciarnos esa Buena Noticia, la de vida eterna en plenitud. Pero, como todas las cosas, tendremos que merecerla – para eso hemos sido creados libres – a pesar de que nuestros méritos y obras, por muy compasivas que sean, nunca podrán alcanzar el precio de esa gloria. Nos la regala el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios. Pero, dependerá, porque así Él lo ha querido, en parte de nuestra elección y disponibilidad a obedecer su Voluntad y a dejarnos guiar por el Espíritu Santo que viene a nosotros desde la hora de nuestro bautismo.

viernes, 7 de febrero de 2025

LA VERDAD LLEVA AL MARTIRIO

La historia no se para, camina y se escribe segundo a segundo. Y, por desgracia, en muchas cosas llenas de malicia y mentiras, se repite. La muerte de Juan, por la denuncia y decir la verdad, no tuvo perdón. Y de la misma manera hoy siguen oyéndose y sonando muchas voces denunciando la corrupción, la mentira en defensa de la vida y los derechos humanos. El resultado lo vamos viendo y experimentando en nuestras propias personas. Tampoco hay perdón y muchos (periodistas y defensores de la verdad y los derechos) como Juan, dan su vida.

Vemos que, a pesar de avanzar mucho en tecnología y ciencia, los derechos de los hombres siguen sometidos al poder mediático y autoritario. Y, como sucede siempre, son los pobres, los humildes y los débiles los que cargan con la cruz del sufrimiento y el dolor. Precisamente, a esos son a los que ha venido a liberar Jesús de esa condición de esclavos. Pero, también a todos los que están cautivos del poder, del autoritarismo, de la fuerza y de las ambiciones materiales. Por nosotros, pero también por ellos, Jesús, nuestro Señor, entregó su Vida en la Cruz, y desde ese momento, la cruz es señal de nuestra salvación. Porque, Jesús, el Señor, Resucitó.

jueves, 6 de febrero de 2025

CONFIADOS EN EL SEÑOR

Se trata de confiar en el Señor, y la mejor y única manera es despojarse de toda aquello que te pueda dar seguridad y tentarte a prescindir de Dios. Así se explica que el Señor nos envíe de esta manera: Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas».

La fe se apoya y se descubre en el camino de la inseguridad. Sólo Dios es mi seguridad y en Él pongo todas mis esperanzas. Claro está que eso no significa que no busquemos lo necesario para vivir y que trabajemos para conseguir lo necesario, pero el criterio que Jesús nos da es que creamos en Él y, en Él, pongamos todas nuestras prioridades.

Tener muy en cuenta que tenemos que poner nuestra confianza en el Señor y en la buena intención y generosidad de la gente que encontremos en el camino. De modo que lo que luzca sea la Buena Noticia, es decir, el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios, y todo sea por su providencia.

En caso negativo, Jesús, nuestro Señor, también nos da la forma de proceder: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos».  Eso nos explica que encontraremos obstáculos, y quienes rechacen la Palabra de Dios. La consigna es que no nos desanimemos sino actuar como el Señor nos indica.

miércoles, 5 de febrero de 2025

EN SU PUEBLO: UN DON NADIE

La historia y la evidencia nos demuestran eso: «Nadie es profeta en su tierra». Es más, si dices algo o incluso demuestras algo eres un don nadie. Esa fue la experiencia de Jesús en su pueblo natal. En lugar de admirarse de lo que decía y hacía, se mostraban recelosos, críticos y, asombrados diciendo: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José de Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y se escandalizaban a cuenta de él.

Posiblemente a nosotros nos extrañe, pero, ¿no hacemos nosotros lo mismo, o al menos estamos tentados de hacerlo, en muchos momento y circunstancias de nuestra vida? Y, de alguna manera, ¿no somos también nosotros unos don nadie para nuestras familias, vecinos y amigos?

Hablar y anunciar a Jesús se ha convertido en muchos lugares algo prohibido hasta el extremo de ser perseguidos y peligro de muerte. Concretamente en muchos lugares de este mundo estén muriendo muchos cristianos, por defender y anunciar su fe, en estos momentos. Y todo porque nos molesta que la verdad, el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios sea anunciada por personas sencillas, humildes que vivan y estén entre nosotros.

Buscamos lo espectacular, lo grande y heroico, y no aceptamos que desde lo sencillo y humilde venga el verdadero anuncio del Amor de Dios. Un anuncio que empezó con la anunciación a una muchacha joven, sencilla y humilde y al nacimiento de un niño en un pesebre, alejado del ruido de la urbe, en Belén.

martes, 4 de febrero de 2025

DESESPERACIÓN Y ESPERANZA

El curso normal de las cosas nos lleva, si no hay remedio y arreglo, a la desesperación. Hay momentos, incluso, estamos al borde del suicidio, cuando nuestras esperanza están al límite. Es el caso que hoy nos narra el Evangelio de ese jefe de sinagoga, o esa mujer que, por detrás, toca el manto de Jesús. Ambos desesperados al tener todos sus recursos de solución agotados. Entonces viene a su corazón la posibilidad de ese Jesús que han oído que cura.

Quizás nosotros no estemos tan lejos. Muchos nos acercamos a Él, participamos en la misa, pero no damos el brazo a torcer. No estamos seguro de que es el Mesías, el Salvador de nuestra vida. Necesitamos una demostración, un milagro, algo espectacular y … quizás creamos. Incluso, muchos practicamos y cumplimos, pero no llegamos a conectar personalmente ni profundamente con Jesús. Nos quedamos en eso, en meros cumplimientos.

¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Acaso necesitamos un milagro? ¿Acaso estamos esperando algo espectacular que nos deslumbre y nos convenza? ¿No se nos ha sembrado en nuestro corazón la semilla que nos asemeja al amor de Dios? ¿No nos damos cuenta de que, la vida, esa hermosa oportunidad que nos da nuestro Padre Dios, es para que nos liberemos del pecado y seamos felices eternamente? ¿Tan ciegos estamos?

Al menos, aquel jefe de sinagoga y la mujer que padecía de flujo de sangre confiaron en que Jesús era su única solución, y se movieron en buscarlo. Y nosotros, ¿qué hacemos?

lunes, 3 de febrero de 2025

UN ENCUENTRO CON JESÚS CAMBIA NUESTRA VIDA

La experiencia nos va descubriendo la verdadera realidad de la vida. Sabemos que por muy bien que hagas las cosas, la vida te presentará tempestades, contratiempos y tormentas con las que sólo podrás someterte y esperar. Pero, la pregunta viene enseguida a la mente, ¿en quién esperas?

Porque para el creyente la esperanza está puesta en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que viene precisamente a eso, a liberarte. A liberarte de todo aquello que te somete: tus propios afanes, tus pasiones, tu envidia, tu orgullo, tu soberbia, tu ansías de riquezas, de poder, de ser más fuerte e inteligente que el otro, de tu ensimismado narcisismo que te lleva a hacer de la mentira tu forma de vida, sin saber respetar ni querer, de … Podemos añadir un largo etcétera y siempre encontraríamos un sometimiento más. Quien realmente encuentra a Jesús, disipas sus dudas, y siente que es eso lo que buscaba, lo que esperaba y lo que responde a sus aspiraciones más auténticas.

Precisamente, Jesús nos dice que viene a liberar a los cautivos, y, por mucho que disimulemos, tú y yo lo somos. Por tanto, encontrarnos con Jesús siempre será liberador. Y es de eso concretamente de lo que trata el Evangelio que leemos hoy: (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni …

Un hombre, sometido por un espíritu inmundo, se encuentra con Jesús, y el resultado es la paz y la serenidad; la cordura y el sentido común; la liberación y el anuncio de esa Buena Noticia que trae Jesús. Porque, sólo la Verdad (Jesús) nos hará libre, Jn 8, 31-42.