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viernes, 22 de noviembre de 2024

UN DIOS CERCANO Y POSIBLE

Dios se había convertido para el pueblo judío en un Dios inaccesible, lejano y necesitado de sacrificios. Un Dios que, al parecer, para los judíos tenía un precio que todos no podían pagar. Jesús no acepta eso, le es imposible, y, con la exclusión de los vendedores, cambistas y mercaderes, busca la inclusión de todos aquellos que realmente desean aproximarse a su Padre Dios.

Dios es posible, nunca imposible. Jesús viene a decirnos eso, a anunciarnos que Dios es un Padre Misericordioso, que nos busca y llama, y nos invita a su Reino, que quiere compartir con todos nosotros, sus hijos. Y, para eso, envía a su Hijo, que entregando su Vida por nosotros, paga ya por todos nosotros, y nos señala, gratuitamente, el Camino, la Verdad y la Vida.

Dios no tiene precio, se da y ofrece gratuitamente. Sólo y simplemente por Amor. Un Amor Misericordioso que busca redimirnos, perdonarnos y transformar nuestros endurecidos corazones hasta el punto de amarnos como Él nos ama.

viernes, 21 de septiembre de 2018

UNA ACTITUD MISERICORDIOSA

Resultado de imagen de Mt 9,9-13

Jesús no viene a entristecernos ni a complicarnos la vida. Jesús no quiere llenarnos de sacrificios ni de sufrimientos, Jesús viene a salvarnos. Y para ello nos ofrece su Misericordia, porque sabe que la necesitamos. Somos pecadores y débiles y necesitamos ser perdonados una y varias veces. Nuestra debilidad así lo requiere. Y lo experimentamos en nuestra vida muchas veces. Aún sabiendo que podemos enfermar y poner en peligro nuestra vida, cometemos errores y tomamos lo que nos perjudica. Nuestros apetitos y apetencias nos pueden.

La elección de Mateo fue, aparentemente, una contradicción. ¿Cómo se le ocurre a Jesús elegir una persona de mala fama y cobrador de impuestos para los romanos. ¿No nos escandalizamos hoy con la cosas que hace la Iglesia? ¿Qué diríamos del Papa si lo viésemos comiendo con Trump, con Maduro, Sánchez o Iglesia? ¿Y qué opinión tenemos de las riquezas y poder que tiene la Iglesia? Seguramente nos escandalizaríamos y la criticaríamos.

Sin embargo, esas ocasiones y circunstancia que interpelan a otros les sirven a Jesús para dejar constancia y huella clara de su intenciones y de su mensaje: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». 

Somos nosotros, los pecadores, los que necesitamos misericordia y también ser misericordiosos tal y como recibimos, gratuitamente, misericordia. Por lo tanto, la cosa no consiste en hacer sino en perdonar y aceptar a los que hacen mal para que, compadecidos, se den cuenta de su error y hagan bien. Ese es el triunfo de Jesús en la Cruz, transformar nuestros corazones y conrazones misericordiosos.

viernes, 11 de agosto de 2017

ES EL AMOR EL QUE NOS HACE SUFRIR

Mt 16,24-28
No se puede entender el amor sin sacrificios y renuncias. Porque, ¿qué es si no el amor? Un amor que no se sacrifique y que no renuncie no es amor. Porque, amar es buscar el bien del otro, y eso lleva implícito sacrificarte y renunciarte. Está muy visible en el amor de los padres respecto a sus hijos. Y cuando se excluye ese sacrificio o renuncia, se cae en un amor egoísta.

No puedes amarte a ti mismo, pues eso te llevaría a una satisfacción propia y egoísta, y excluye a los demás, que sólo te interesan en la medida de que te puedan servir. El amor lleva en su propia esencia el darte y buscar el bien del otro, y eso exige dolor, renuncia y sacrificio. Exige darte y entregarte; exige negación, tomar su propia cruz y seguir a Jesús.

Es el amor lo primero, y, por amor, luego viene la entrega, la renuncia y el sacrificio. Cuando te sacrificas primero, sin haber una llamada por amor, es un servicio, que no pasa de ahí, y no tiene valor. El sufrimiento no tiene valor en sí mismo, porque a nadie le gusta sufrir. Ni tampoco es bueno sufrir. Sólo se sufre por amor. Jesús no vino a sufrir por sufrir. No es un estoico ni le gusta ni manda el sufrimiento. Se sufre y se renuncia por amor. Esa es la clave. Jesús nos salva entregando su Vida por amor, no por el gusto de sufrir. Porque el hombre no ha sido creado para sufrir.

Cuando ayudamos a alguien, hay que ver primero en él al Señor, y por amor al Señor y al hermano, donde está el Señor, nos entregamos al servicio, a la renuncia o al sacrificio. Esa actitud nos ayudará a estar disponible y a superar todas nuestras desganas y tedios para entregarnos a la ayuda y al servicio al prójimo. De está forma, aunque para el mundo está perdiendo el tiempo, para Dios estás ganando la Vida Eterna, que es la primera, la única y la verdadera.

Los sufrimientos no son enviados por Dios. Dios no es sacrificio, sino Amor. Tener eso muy claro nos ayudará a tener claro que camino elegir. Luego, ¿por qué ocurren tragedias, guerras y... en este mundo? Sabemos que el hombre es el culpable y el que las genera. Pues, antes del pecado no era así. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

viernes, 17 de julio de 2015

SACRIFICIOS, ¿PARA QUÉ?

(Mt 12,1-8)


La pregunta que hoy nos hacemos nos la ha aclarado Jesús. Un sacrificio debe servir para algo y debe estar justificado. Un sacrificio sin saber para qué y por pura costumbre y tradición se sale fuera del sentido común y de la razón.

Pero antes que el sacrificio está la necesidad y el bien del hombre. Es decir, no se puede hacer un sacrificio que perjudique el bien del hombre. Sería absurdo matar a un animal para desperdiciar su carne o por simple vicio o tradición. Conviene que, a la luz de este Evangelio de hoy, revisemos el verdadero sentido del sacrificio. Y no nos cerremos al sacrificio meramente privativo, sino también al de las promesas.

Se sufre cuando la situación lo exige, y se hace sacrificio en el mismo sentido. Nos privamos de algo que nos gusta, o hacemos un esfuerzo y ejercicios para estar en forma. Nos exigimos contra nuestra naturaleza débil y holgazana para, a pesar de nuestra voluntad herida, estar en presencia de Dios y hacer oración. Sabemos y experimentamos que necesitamos exigirnos para permanecer cerca y en contacto con el Señor. Esos son sacrificios que nos sirven para perseverar, porque por nosotros nos relajaríamos y nos olvidaríamos de Dios.

Confesamos nuestra fragilidad y nuestra naturaleza herida y débil. Necesitamos la Gracia del Señor para estar y permanecer en su Voluntad. En Él estaremos cumpliendo la Voluntad del Padre Dios. Pero no nos dejemos apesadumbrar por sacrificios sin contenido y sentido. Hacer una caminata porque he hecho una promesa no tiene mucho sentido. El Señor y menos su Madre, no necesitan promesas. La promesa debe ser esforzarnos en amar y cumplir con el servicio a los que nos rodean.

Caminar por cenizas incandescente, o ir de rodillas a algún santuario por promesa, está fuera de lugar. Eso no sirve sino para quemarse o estropearse los pies. Nadie va a salir beneficiado. En su lugar, rezar por esa persona por la que ha hecho la promesa y tratar de vivir cada día el amor a los que siguen a nuestro lado. Esos sacrificios, que los son y más que los otros, tienen sentido y, por la comunión de los santos y la Gracia de Dios, los causantes de nuestras promesas reciben la Misericordia de Dios.

El Evangelio de hoy nos describe ese pasaje donde se rompe una tradición absurda. El sábado está para servir al hombre y no al revés. No tiene sentido que unas personas pasen hambre por el hecho de que sea sábado. Se come todos los días y en donde las circunstancias y el hambre nos sorprendan.

Quiero Misericordia y no sacrificio, nos dice el Señor. Y es que la Misericordia mira principalmente las necesidades de la persona y adapta las circunstancias a su bien. No a su capricho y apetencias, sino a sus necesidades vitales de acuerdo con su dignidad de verdaderos hijos de Dios.