miércoles, 4 de septiembre de 2013

SINAGOGAS Y ENCUENTROS

(Lc 4,38-44) l


Siempre hay un lugar donde nos citamos para encontrarnos. La ciudad se congrega, según para lo que sea, en diversos lugares donde sus moradores se reúnen con el fin de buscar, entretenerse o pasar el tiempo. Jesús habla en las sinagogas y saliendo de una de ellas es asaltado por muchos enfermos a los que impone sus manos y les cura.

Previamente había sanado a la suegra de Simón, pues había entrado en su casa y le rogaron que la curase. Jesús no se hace rogar. Se ofrece y sana a todos aquellos que le buscan y le ruegan ser curados. ¿Estamos nosotros también en esa actitud? Pero una actitud que no se pare solo en una curación física, sino que llegue más lejos y solicite la curación verdadera que salta a la vida eterna.

Hay momentos que nos cuesta acercarnos. Nos molesta escuchar y obedecer al Señor; llenarnos de paz y paciencia y esforzarnos en vivir desde su Palabra. Huimos como esos demonios que al sentir su presencia se alejan despavoridos. Nos fastidia acudir a la Eucaristía, buscar espacios de oración y seguir su camino.

Busquémosle sin descanso, a pesar de nuestras debilidades y cansancio. Él es el Médico que cura toda dolencia física y espiritual. No tengamos pereza ni miedos. Su Gracia nos dará todo lo necesario para superar las adversidades del camino.

martes, 3 de septiembre de 2013

SÓLO CONTEMPLARTE

(Lc 4,31-37)



Hoy es uno de esos días que sólo dan ganas de escucharte en silencio. Tu Palabra nos basta y nos llena. Enseñas con autoridad y como quien tiene poder para expulsar espíritus inmundos, y todos quedan maravillados de tu actuar.

Nos llenas de enseñanzas que sentimos dentro de nosotros mismos. Todo lo expones claro y fácil de entender, y es más, nos descubres nuestro propio interior, pues sentimos que lo que dices es la verdad y lo que nos acontece cada día en nuestras vidas.

Y lo vives y lo testimonias con Tú actuar. Mandas sobre la enfermedad y sobre los demonios, y sanas y los expulsas con la autoridad que te ha sido dada de arriba. No eres un hombre cualquiera, eres el Verdadero Hijo de Dios Vivo. Tu actuar y tu Palabra lo testifica a cada momento. Por eso, tu fama se extiende por toda la comarca.

No queremos pasar de largo Señor, sino pararnos ante tu Palabra, porque esperamos y confiamos que de ella nos vendrá la salvación eterna. Danos la fuerza de saber escucharla y alimentarnos para que nos sostenga y alimente en nuestro camino.

lunes, 2 de septiembre de 2013

LOS QUE SUFREN SIENTEN NECESIDAD DE SER LIBERADOS

(Lc 4,16-30)

No buscan la liberación los que se experimentan liberados, ni los satisfechos, sino los oprimidos, los cautivos, los pobres y los que sufren enfermedad y explotación. Son ellos los destinatarios de la venida de Jesús, y a ellos se dirige su Mensaje de la Buena Nueva: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Sin embargo, los satisfechos son exigentes y exigen pruebas de lo que Jesús ha hecho en otros lugares. Quieren verse sorprendidos, pues el origen de Jesús no les convence: «¿No es éste el hijo de José?». Así Jesús manifiesta que ningún profeta es bien recibido en su patria. Él lo experimenta en su propia carne.

Hoy continua sucediendo lo mismo. Lo de casa no sirve. Nos atrae más nuevas doctrinas o religiones, o nuevas filosofías que prometen, bajo apariencias, felicidad inmediata, pero efímera y vacía de contenido. Por eso, la Buena Nueva es siempre acogida en aquellos que sienten necesidad de ser liberados:  "Los pobres".




domingo, 1 de septiembre de 2013

DAR A QUIEN NO PUEDA DARTE

(Lc 14,1.7-14)


Negarse es el camino más perfecto, pues bien sabemos por propia experiencia que nos gusta destacar, ser admirados, ocupar los primeros puestos y dar con ánimo de recibir. Jesús, nos propone hoy todo lo contrario: ocupar los últimos puestos, y dar a quien no puede darte.

Recibir compensación por el servicio prestado y ser tratado con honores y privilegios es el pago a lo que hemos buscado y servido. Por lo tanto, ya hemos recibido nuestra recompensa y nuestro pago. Por el contrario, cuando damos sin ánimo de recibir estamos muriendo a nuestro propio egoísmo y rechazando toda compensación que nos descubra nuestras intenciones de recibir según damos.

Se hace difícil actuar de esa forma, porque eso se llama amor. Amor verdadero, pues ningún mérito tiene amar a aquellos que nos aman y nos corresponden pagando nuestros favores. Amar implica y contiene el dar sin recibir, pero mejor, dar a quien aunque quiera compensarte, no puede hacerlo. 

El verdadero camino está en aceptar la discreción, el último lugar, el esperar a ser invitado y solicitado tu servicio. El verdadero camino consiste en tu propia valoración estimando que eres un siervo y humilde hijo de Dios, alguien tan pequeño entre los pequeños en actitud de servicio desde la humildad de tus propios talentos recibidos.

sábado, 31 de agosto de 2013

CAER Y LEVANTARSE

Mt 25, 14-30

No es cuestión de rendirse ni de amilanarse. Se trata de levantarse cada vez que se cae, pues solo caminando se puede alcanzar la meta del camino. Luchar cada día es la consigna: Luchar con todos los talentos recibidos para dar los frutos esperados.

Frutos que son causa del esfuerzo de amar. Pues, así como me ama Dios, de la misma manera debo hacerlo yo. E igual que, de Él, he recibido todos mis talentos de forma gratuita, también yo he de ponerlos gratuitamente al servicio de los demás.

No hay que mirar atrás; no hay que llorar ni lamentarse de tiempos pasados, perdidos, fracasados y mal gastados. Hay que levantarse y continuar el camino poniendo todo nuestro ser en responder a todo aquellos dones, atributos y talentos recibidos gratuitamente en favor y servicio de los demás.

Se nos pedirá cuenta de nuestra propia fortuna. ¡Sea la que sea! De cómo y dónde la hemos gastado. De los beneficios o frutos obtenidos y de cómo la hemos empleado. Tratemos de mirarnos y de dar rendimiento a esos talentos que nos ha sido confiados. Esa es la misión más importante de nuestra vida, y la única que merece la pena hacer.

viernes, 30 de agosto de 2013

A LA ESPERA DE TU LLEGADA

(Mt 25,1-13)


No sé Señor cuando vendrás. Tú nos lo has prometido, pero no sabemos ni la hora ni tampoco el día. ¿Por qué no puede ser en este mismo momento, o mañana o cualquier día inesperado? Una cosa es segura: vendrás. Vendrás porque Tú lo has dicho, y Tú tienes, Señor, Palabra de Vida Eterna.

También me puedes llamar en cualquier momento de mi vida. Igual puede ser ahora, o mañana o cualquier otro día. Mis días están contados por tu Inifinita Sabiduría, y sólo Tú sabes cuando estaré en tu presencia. Temo Señor ese momento, y no tanto cuando Tú decidas llamarme. 

Eso sí, quisiera aprovechar para pedirte que me sostengas despierto y preparado, como a esas doncellas prudentes. Quisiera pedirte, por encima de todo, que no descuide el tener mi alcuza llena de aceite y presta a mantener mi lámpara encendida alumbrando mi vida para cuando Tú decidas visitarme.

Quisiera pedirte que me des la sabiduría de entender que el aceite de mi fe no la puedo dar, pues la fe solo la regalas Tú. Por eso, necesito estar vigilante, agarrado y sostenido en Ti sin perderte de vista. Tú eres el aceite que sostiene mi lámpara encendida y luminosa para alumbrar mi vida que conduce a ese Banquete que nos tienes preparados.

jueves, 29 de agosto de 2013

LA VALENTÍA DE SER

(Mc 6,17-29)

En cierta ocasión, un amigo bloguero compartía que no solo se trata de ser sino también de parecer. En alguna reflexión yo también he reflexionado, valga la redundancia, sobre lo mismo. En los Evangelios de estos días anteriores, Jesús nos ha advertido sobre las apariencias e hipocresías, y hoy, la figura de Juan el Bautista nos descubre la necesidad de no escondernos ni de silenciar nuestra fe.

Su vida fue una constante proclamación del que había de venir. Su misión, de allanar y preparar el camino, la llevó a cabo con entereza, constancia, perseverancia y valentía. Nada fue obstáculo para que su boca gritara a los cuatro vientos que había de venir Uno, que ya estaba cerca, que bautizaría con fuego y Espíritu. Nunca usurpó su lugar, y siempre supo mantenerse en el que le correspondía.

Entendió la Voluntad del Padre, y la vivió y cumplió con humildad y firmeza, hasta el punto que dejó su lugar al que es y era más grande que él. ¿Estamos nosotros dispuestos a responder de la misma forma a la misión que el Padre nos ha confiado? ¿Ponemos nuestra palabra por delante de nuestra vida? Estas y otras preguntas nos interpelan al contemplar y meditar la vida y hechos de Juan el Bautista.