jueves, 13 de marzo de 2014

LA ÚNICA POSIBILIDAD: EL DIÁLOGO

(Mt 7,7-12)


No hay otra forma de relacionarnos con los demás sino a través del diálogo. En este sentido, la palabra y el lenguaje resultan fundamentales. Es la palabra la vía que nos pone en relación con todo y con el conocimiento, y nos descubre la verdad y hace efectivo el amor entre los hombres.

Esa palabra se llama oración cuando la realizamos con Dios. Con ellas nos relacionamos y hablamos con nuestro Padre Dios, y conocemos su Mensaje y su Amor. Y le pedimos por todo aquello que necesitamos, no sólo para nuestra diaria vida material sino también espiritual. Pedimos el alimento del cuerpo, pero también el alimento del alma. Pedimos lo que necesitamos para nuestra salvación, porque eso es lo que verdaderamente interesa.

¿De qué nos vale salvar ahora la vida, un corto tiempo, para luego perderlo todo? Nuestra razón y sentido común nos dice que lo importante es salvar la vida total. Y eso coincide con la Voluntad de Dios que sólo busca nuestra salvación eterna. Por eso, nos dará sólo aquello que nos viene bien para nuestra salvación, a pesar de que nosotros en muchas ocasiones no estemos de acuerdo porque sólo vemos lo material y no sabemos discernir qué es lo verdaderamente bueno para nosotros.

Hagamos de nuestra vida una intensa e íntima amistad con nuestro Padre Dios, tal y como hizo Jesús y nos enseñó también a nosotros. Tenemos la palabra y sólo necesitamos hablar con Él.

miércoles, 12 de marzo de 2014

UN SIGNO QUE NOS CONVENZA

(Lc 11,29-32)


Siempre estamos pidiendo signos o pruebas que nos demuestren lo que nos dicen. Nuestra razón no acepta sino aquello que ve y queda demostrado, y en ese sentido también le pedimos pruebas al mismo Señor. Jesús nos responde de esta forma: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.

Jonás fue un signo de conversión para los ninivitas que se convirtieron por su predicación, pero nosotros no reaccionamos a la predicación del que es más grande que Jonás, el Señor. Pasamos indiferentes a sus Palabras y no nos enteramos de su Mensaje ni de los tiempos litúrgicos que nos ofrece la Iglesia. Seguimos absortos en nuestro mundo consumista y caduco cegados a la verdadera luz que no deja de alumbrarnos.

Pero somos libres de responder o no, y al parecer nos merecemos ser llamados malvados y perversos porque teniendo la salvación elegimos la muerte. ¿Es eso lo que buscamos? ¿Un signo que nos evada de tener fe y confianza en Jesús? ¿Buscamos la prueba que no nos haga pasar por el riesgo de creer y de transformarnos por amor? ¿Es esa nuestra actitud ante la presencia de Jesús?

El Señor es la señal, el enviado.  Él es el Camino, la Verdad y la Vida y quién cree en Él tendrá vida eterna.

martes, 11 de marzo de 2014

PERDONAR PARA SER PERDONADOS

(Mt 6,7-15)


La oración que Jesús nos enseña nos muestra, no sólo lo que tenemos que pedir al Padre, sino el camino a vivir y cómo vivirlo. Se trata de perdonar tal y como quiero que me perdonen a mí. Y eso es muy duro, pues por propia experiencia sabemos lo difícil que se hace perdonar, no ya sólo a nuestros amigos y familiares, sino a nuestros enemigos, porque el perdón va dirigido a nuestros enemigos.

Y es que cuando se trata de perdonar, el perdonado representa en ese momento a nuestro enemigo, pues la consecuencia de tenerle que perdonar significa que nos ha declarado la guerra perjudicándonos. Es difícil perdonar a quien me hace mal, pero es la única prueba donde el perdón se descubre como verdadero y el amor nace como efecto de ese perdón.

La conversión es el efecto del perdón. Cuando se perdona se responde a esa acogida de amor y se dispone el corazón a cambiar. No se entiende como una madre mata a su hijo o hija defendiendo su derecho de libertad como mujer. ¿Y condena a su hija? ¿Porque puede ser su hija la que vive dentro de ella en ese momento? Es decir, se mata a una posible mujer para defender el derecho de la mujer. Por donde quieran mirarlo no se entiende. La verdad ya no da para más demagogia ni egoísmos personales.

Pidamos al Espíritu Santo sabiduría para darnos cuenta de que la vida está ante que cualquier otro derecho, pues es el derecho y la ley los que nacen para proteger la vida.

lunes, 10 de marzo de 2014

CON LOS MÁS PEQUEÑOS

(Mt 25,31-46)


No se trata de dar a cualquiera. Hay una indicación clara a los que se debe dar: Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.Hay que subrayar lo de más pequeño, porque se trata de hacerlo con los necesitados y los que carecen de lo más básico o que están enfermos.

Los sanos y suficientes no necesitan ayuda, pues lo tienen todo. Están tan satisfechos hasta el punto que se olvidan de los que necesitan y carecen de casi todo. Son los cabritos que nadan en la abundancia y olvidan dar y darse. Se cierran a las necesidades de los otros endureciendo sus corazones. Y cuando lo hacen, lo hacen en su propio nombre y para su propia alabanza. 

No lo hacen en el nombre del Señor, ni considerando que en cada uno de esos necesitados mora el Señor. Lo hacen por y para su propia vanidad. Y se extrañaran de no ver al Señor porque tienen sus ojos cegados por sus egoísmos y sus avaricias. 

Nuestra salvación consistirá en eso, en vivir nuestro amor en y para los demás. No cuentan las Eucaristías, ni los rosarios u oraciones, sólo cuenta que el amor recogido y alimentado en las Eucaristías, rosarios y oraciones sirvan para que compartamos nuestra vida con los demás dándonos y sirviendo a los más pequeños y necesitados: Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’.

El amor se concreta en el servicio y la ayuda al necesitado.

domingo, 9 de marzo de 2014

LA NECESIDAD DE LA TENTACIÓN

(Mt 4,1-11)


Nunca sabremos si somos fieles y nos esforzamos en seguir al Señor si no somos tentados. Jesús se deja tentar para señalarnos el camino de cómo debemos enfrentarnos y actuar ante las tentaciones. La tentación es la ocasión que nos pone en la necesidad de estar en contacto permanente con nuestro Padre Dios, y la prueba que nos descubre nuestros esfuerzos y nuestra fe.

No estamos solos ante el peligro de ser tentado por el diablo. Contamos con la Gracia de Dios, la asistencia del Espíritu Santo y con la oración, nuestra mejor manera de agarrarnos al Señor y buscar su protección. Las tentaciones se pueden describir como los “enemigos del alma”. En concreto, se resumen y concretan en tres aspectos. En primer lugar, “el mundo”: «Di que estas piedras se conviertan en panes» (Mt 4,3). Supone vivir sólo para tener cosas.

En segundo lugar, “el demonio”: «Si postrándote me adoras (…)» (Mt 4,9). Se manifiesta en la ambición de poder.

Y, finalmente, “la carne”: «Tírate abajo» (Mt 4,6), lo cual significa poner la confianza en el cuerpo. Todo ello lo expresa mejor santo Tomas de Aquino diciendo que «la causa de las tentaciones son las causas de las concupiscencias: el deleite de la carne, el afán de gloria y la ambición de poder».

De cualquier forma, los peligros de ser tentados serán las pruebas que nos descubrirán nuestra fe y seguimiento al Señor. En esa lucha de cada día manifestaremos nuestra opción de seguir a Jesús.

sábado, 8 de marzo de 2014

TODOS SOMOS LLAMADOS

(Lc 5,27-32)


En lo más profundo de nuestro ser palpita un gran deseo: felicidad y eternidad. Todo ser humano, por el hecho de ser hijo de Dios busca la Casa del Padre. Allí ha experimentado que es feliz en contraposición a la experiencia que guarda del mundo.

Ese inmenso deseo se convierte en llamada que nos mueve constantemente a la búsqueda de la verdad, porque en ella encontramos la libertad y la felicidad. Descubrir, como Leví, que Jesús es ese Camino, Verdad y Vida plena que todos buscamos, es la experiencia del encuentro que todos ansiamos, porque en Él vivenciamos esa felicidad y ese amor que anhelamos.

Ese tesoro vocacional duerme dentro de nosotros y despertarlo significa responder a esa llamada que mora dentro de nuestro corazón y que nuestro Padre Dios ha sembrado en él.

viernes, 7 de marzo de 2014

UN AYUNO COMPARTIDO

(Mt 9,14-15)


Tomamos las cosas al pie de la letra, tal y como nos conviene, o como nos resulte más fácil aplicarlo a la vida. En este sentido nos parece mejor cumplir unas normas, costumbres o tradiciones que nos comprometen a algún sacrificio y nada más. Sería más complicado arriesgarnos a compartir y a estar atento a los problemas que se puedan presentar y demanden nuestra colaboración.

Porque nos cuesta más. Es más fácil dar algo sin comprometer mucho que arriesgar un compromiso que no sabemos a dónde nos va a llevar. Sentimos miedo a comprometernos y eso nos inhibe a darnos. Jesús ya ha venido y se queda con nosotros para acompañarnos en nuestra propia travesía. Travesía que nos exige esfuerzo y ayunos; travesía que demanda, no sólo dar, sino compartir con caridad.

Porque el compartir es más que el dar. Cuando compartes repartes y todos toman de lo que hay. Se igualan y participan de lo compartido. Es lo que ha hecho Jesús: "Nos ha invitado al Banquete de salvación y Él se ha dado como Alimento Eucarístico".

Estamos en tiempo de salvación y lo aprovechamos en la medida que compartimos y nos damos.