viernes, 4 de abril de 2014

PELIGRO DE MUERTE

(Jn 7,1-2.10.14.25-30)


La vida de Jesús corre peligro porque lo que dice no gusta a los que mandan y manejan al pueblo. Es la ley la que ellos adoran y a la que someten a los demás. La ley que les interesa mantener porque favorecen sus intereses y la adaptan a sus conveniencias. Jesús representa un peligro porque les descubre sus oscuros y egoístas intereses.

Les nubla sus mentes el conocer a Jesús. El saber que es de Galilea ciega sus ojos y sus corazones y les predispone al rechazo. No puede ser el Mesías alguien conocido, murmuran, y este sabemos quien es. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado».

Dios se hace Hombre para revelar su Amor a los hombres. Y Jesús, el Hijo de Dios Vivo, es el Mesías enviado y encargado de dárnoslo a conocer. A Dios nadie lo conoce ni lo ha visto, sólo sabemos que Jesús, el Hijo, nos lo revela, nos habla de sus intenciones y de su Amor y nos ofrece, en Él, la vida eterna de parte de su Padre Dios.

Gracias Señor porque por tu entrega libre y voluntaria, llegada tu hora, a una Muerte de Cruz, nos has rescatado y salvado para siempre por la Voluntad y Amor del Padre.

jueves, 3 de abril de 2014

YO CREO EN TI SEÑOR


(Jn 5,31-47)

Creo porque todo lo que me circunda habla de Ti, pero porque las Escrituras, tu Palabra, me dan testimonio de que Tú eres el Hijo de Dios vivo. Sé que muchos así no lo creen, y te rechazan porque de reconocerte tendrían que renunciar a muchas cosas. La actitud de aquel joven rico nos descubres y señala a nosotros también.

Experimento lo duro que es renunciar a nuestros apegos, nuestras comodidades y nuestros intereses, pero confío en tu Palabra y en la fuerza del Espíritu Santo que nos asiste y nos prepara para esta renuncia. Juan, tu primo, dio fe y testimonio de Ti, y nos preparó el camino. Y Tú Señor nos anunciaste el Amor de tu Padre y la locura por salvarnos a cada uno de nosotros por tus méritos de muerte en la Cruz.

Tus obras Señor son testigos de tu Amor y de tu Poder. Nos lo demuestra porque nos curas y salvas de nuestras enfermedades y muerte. Nos promete vida eterna y nos libera de nuestras cadenas de esclavitud. Tú, Señor, eres el Hijo de Dios Vivo. El enviado por el Padre para que en Ti podamos reconocer su Amor y alcanzar la liberación y vida eterna.

Gracias Señor porque por tu Gracia mi fe tiene consistencia y se sostiene, y en Ti se construye y edifica. Gracias Dios mío porque me das la fe y la aumentas para que acepte el testimonio de las Escrituras y de la Ley que nos trasmitió Moisés y tiene en Ti su cumplimiento.

miércoles, 2 de abril de 2014

¿QUIÉN DIRIGE MI VIDA?



Hay muchas preguntas a las que debemos responder. Preguntas que igual nunca nos hemos hecho y que quizás nunca nos las haremos, pero que de sus respuestas dependerá nuestra salvación. Experimentamos que nuestra vida es un camino, en muchos momentos alocados y en otros atormentados. Caminamos muchas veces sin sentido y en otros, el sentido se lo damos nosotros.

La pregunta: ¿Quién dirige nuestra vida? tiene una respuesta de vital importancia para, valga la redundancia, nuestra propia vida, pues si la dirigimos nosotros posiblemente la perderemos, pero si la ponemos en Manos del Señor será bien encauzada y salvada. Todo dependerá de donde la pongamos.

Si nuestra referencia es Jesús, el Hijo de Dios, observamos que Él ha puesto su vida en Manos de su Padre: "El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace... (Jn 5, 17-30).

Ahora, la pregunta que me hago es: ¿Quién dirige mi vida? Si la dirijo yo, ya sé que me puede pasar, pues soy ciego y pecador, pero si la pongo en Manos del Señor, Él me conducirá a tierra fértiles de abundancia de paz y felicidad. Y la experiencia que tengo es que soy yo quien dirige mi vida e inmovilizo al Señor. Mis planes y proyectos son los que prevalecen aunque me autoengañe y los consulte con el Señor.

Pues cuando la cuesta se me hace dura y difícil de seguir, tomo otra dirección y yo mismo me pregunto y me respondo. Se hace difícil ponerse en manos de otro porque tus planes no coincidirán con él. Tendrás que obedecer sin estar de acuerdo. Cuanto más en Manos del Señor cuyos planes nunca entenderemos.

Sin lugar a duda, cuando es el Señor quién me dirige está asegurado el camino y siempre, a pesar de no entenderlo, será lo mejor para mi salvación. Y todos los que están a mi lado notan su presencia. Si esto no ocurre descubre que no suelto plenamente mi vida en Manos del Señor.
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martes, 1 de abril de 2014

DAME LA GRACIA DE NO PERDER LA ESPERANZA

(Jn 5,1-3.5-16)


Hay momentos complicados y comprometidos. Te invade la soberbia y pierdes el control de ti mismo. Se hace la oscuridad y te experimentas incapaz de dominarte y de ser dueños de tus actos. Te pones en manos del demonio y te sientes vencido e impotente. Se hace necesario tener paciencia y permanecer postrado como el paralítico de Betsaida a pesar de que pase el tiempo y no ocurra nada.

Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. Para el Señor no cuenta el tiempo y Él actúa cuando llega el momento y la hora. Aquel paralítico, después de treinta y ocho años, fue curado por el Señor, y también lo seremos nosotros cuando Él disponga. Hay momentos de oscuridad y de impaciencia que nos hacen pensar que Tú te vas Señor y que no hay tiempo para verte y suplicarte curación. Todos corren detrás de Ti y se pierde el orden y se alborota la gente.

Dame la paciencia y la capacidad de saber esperar como el paralítico y de no perder la esperanza en Ti, Señor. Tú, Señor, siempre estás pendiente de mí y sabes de mis necesidades, de mis impaciencias y temores; de mis inquietudes, de mis pecados, de mi  soberbia y suficiencia. Límpiame de todos mis dudas, de mis prejuicios, de mi pobre conciencia escrupulosa o laxa...

Perdóname Señor y báñame de humildad y de tu Gracia porque soy un pecador.

lunes, 31 de marzo de 2014

BUSCAS CUANDO TIENES NECESIDAD

(Jn 4,43-54)


La experiencia nos dice que estando harto y satisfecho no nos movemos para buscar. Tenemos lo que nos acomoda y nos satisface y, ¿para qué buscar? Teniendo salud nos busco al médico, ni tampoco valoro mucho lo que es tener salud. Vivimos despreocupados y sin preocupaciones. Sólo nos interesa satisfacer nuestros caprichos, pasiones y pasarlo bien.

Podríamos convenir que es bueno tener necesidades porque ellas nos mueven a crecer y perfeccionarnos. Quien no padece nunca valorará el sufrimiento ni sabrá lo que significa una renuncia o sacrificio. Y eso es malo para el hombre. Tratamos de esforzarnos en educar a nuestros hijos en esos valores entendiendo que son buenos y necesarios para ellos.

En la necesidad, sobre todo en la enfermedad grave, levantamos la mirada y miramos hacia el Cielo. Buscamos en el horizonte celestial la presencia de Dios y le pedimos que alivie o sane el sufrimiento y dolor que padecemos o que padece algún ser querido de nuestro entorno. La necesidad aviva y despierta nuestra fe y nos pone en camino de encontrarnos con Jesús, el Hijo de Dios vivo.

Fue precisamente lo que le ocurrió a aquel hombre que buscó a Jesús, enterado que había regresado a Galilea, por la necesidad de salvar a su hijo. Busquemos al Señor para que nos alivie y cure, pero sobre todo para que nos dé la salvación eterna.

domingo, 30 de marzo de 2014

LA LUZ DE LA VERDAD

(Jn 9,1-41)


Hay quienes no ven la luz del sol y quienes viéndola no le dan la debida importancia. Experimentamos la necesidad de ver, de ver físicamente lo que hay a nuestro derredor y la luz del sol, pero percibimos que eso sólo no nos basta. La luz del mundo no es suficiente. Y ocurre que viendo no ven, pues con la simple vista de nuestros ojos no nos es suficiente para encontrar el camino de salvación.

No sólo se trata de ver, sino de ver la verdadera Luz donde se esconde la Verdad. Aquel ciego, cuya vida desde su nacimiento estaba envuelta en oscuridad, despertó a la luz cuando sus ojos se abrieron por la Gracia del Señor. Sin embargo, la verdadera luz estaba delante de él: "Jesús, nuestro Señor".

Sucede que muchos de nosotros, con buena salud óptica y mirada de águila nos perdemos en el horizonte de este mundo viendo cosas aparentemente importantes que sólo la tienen de verdad cuando son miradas y contempladas desde la mirada del Señor. Él es la Luz verdadera y todo en Él cobra verdadero sentido. Fuera de Él nada se sostiene ni nada tiene sentido.

Por eso, muchos que ven, no ven lo verdaderamente importante. Viendo no ven, y creyéndose videntes están verdaderamente ciegos pues permanecen en la oscuridad de este mundo, perdido y precipitado al abismo de la oscuridad, pues rechazan la única y verdadera Luz.

Abre mis ojos, Señor, y dame la verdadera Luz que ilumina mi camino hacia Ti.

sábado, 29 de marzo de 2014

LA NECESIDAD DEL PERDÓN


(Lc 18,9-14)

Descubrirme necesitado de Perdón y Misericordia es experimentarme pecador, pobre y enfermo. Sólo así, cuando me experimento enfermo descubro la necesidad de médico. ¡Pero no cualquier médico!, porque no cualquier médico puede sanar este tipo de enfermedad. Sólo Tú, Señor, por tu Inmenso Poder e Infinita Misericordia puedes embriagar mi humilde y pobre corazón de paz y auténtico amor.

Sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Palabra que da Vida nueva y renueva todo mi ser limpiándolo de toda inmundicia y pecado. Dame Señor un corazón publicano que sepa abajarse y humillarse ante tanta Grandeza y Divinidad, pero sobre todo, Misericordia y Amor.

Porque Tú, Dios mío, eres Fuente de Perdón y Misericordia, yo me postro ante Ti y te suplico misericordia por todas mis faltas, mis pecados de omisión, de indiferencia, de egoísmos...etc., que me impiden responder a tu llamada tal y como a mí me gustaría. 

Por todo ello Señor, te ruego transformes mi corazón endurecido, cómodo e instalado en un corazón generoso, activo y disponible para amar por amor.