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sábado, 28 de mayo de 2022

LA ORACIÓN, EL ARMA QUE NOS RELACIONA DIARIAMENTE CON NUESTRO PADRE DIOS

Seguir a Jesús es llegar al Padre, porque, Jesús es el enviado del Padre y viene de parte del Padre. Pero, también, su destino es regresar al Padre. El Evangelio de hoy nos lo revela de una manera muy clara: Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre». (“Juan, 16 - La Biblia de Jerusalén - Bíblia Católica Online”)

La forma de mantenernos en contacto con Dios es la oración. En y con la oración nos relacionamos con Dios a través del Hijo. Porque, Jesús, el Señor, Hijo de Dios, nos ha enseñado a orar y hablar con Dios, nuestro Padre. La oración del Padrenuestro es un compendio de nuestra diaria relación con nuestro Padre Dios. Y, a través de la oración, pedimos al Padre, aunque Él sabe de nuestras necesidades mejor que nosotros, lo que necesitamos, que no estará exento de esfuerzo y dificultades que ejerciten y pongan a prueba nuestra fe.

Porque, en nuestro camino necesitamos probar nuestra fe. No basta con decir que creo y sigo al Señor, sino que mi vida debe ser una voz clara, transparente y coherente que testimonie y justifique que mi palabra toma vida en mi vida. Y, claro, no hay mejor ocasión y prueba que hacerlo que en las dificultades y sufrimientos. Es ese el momento donde tu amor y fe se ponen a prueba y descubren su autenticidad.

miércoles, 30 de marzo de 2022

PADRE E HIJO

 

Creo que sería de iluso agregar o poner otras palabras. El Evangelio de hoy lo ha dejado tan claro Jesús que, precisamente, lo que necesita es una lectura pausada, sincera y abierta a interiorizar lo que, de manera muy clara, nos dice Jesús, nuestro Señor. Por eso, más que reflexionar, creo que lo mejor que puedo hacer es transcribir, tal como viene, el Evangelio de hoy miércoles. Y que cada cual saque sus propias conclusiones.

Texto del Evangelio (Jn 5,17-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo
del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».

sábado, 1 de mayo de 2021

JESÚS, REFLEJO DEL PADRE

 

A Dios nadie lo ha visto, pero, en Jesús y conociéndole a Él podemos imaginar y conocer al Padre, porque, precisamente, el Padre y Jesús son uno. Por tanto, Jesús es la clave para conocer al Padre. Jesús, encarnado en naturaleza humana - hecho hombre - ha bajado a este mundo y ha convivido con los apóstoles y demás discípulos durante tres años de vida pública. Pero, lo más importante es que nos ha dejado su Palabra recogida en las Escrituras y que la Iglesia nos ha transmitido a través de los siglos.

De modo que, conociéndole en y por su Palabra, conocemos a Jesús y también sus obras. Y ese conocimiento nos da también el conocer al Padre. Y no son deducciones que nos imaginamos nosotros, sino la misma Palabra de Jesús que nos lo dice: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: « ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Es, por tanto, deducir lo que acabamos de expresar. El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre.  Los apóstoles han visto al Señor. Se lo dejó muy claro, Jesús, a Tomás, y, nosotros, conocemos a Jesús a través de lo que nos dicen los apóstoles de Él en los Hechos. Jesús, nos dice, habla según la Voluntad del Padre. No ha venido por cuenta propia, sino enviado por el Padre y para hacer la Voluntad del Padre.

Ahora, ¿cuál es nuestro problema? Posiblemente, el mismo que Tomás. Teniendo su Palabra y el testimonio de la Iglesia, los apóstoles y sus obras, tampoco nosotros conocemos al Padre. Porque, Jesús está en el Padre, y el Padre en Jesús. Luego, si no conocemos al Padre, es síntoma de que tampoco conocemos a Jesús.

¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.» Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.

miércoles, 17 de marzo de 2021

EL SEÑOR ACTÚA EN MI VIDA

 

Ser consciente de la actuación del Señor en mi vida es darme cuenta que cada paso que doy, Él está presente y lo permite. Todo lo visible e invisible ha sido creado por Él. Y cada día sale el sol y se pone, para dar paso al turno de la luna según así lo ha previsto Él. Y, el Padre, ha enviado a su Hijo para que anuncie su Amor al mundo, a pesar de la resistencia que muchos pondrán a esa Buena Noticia de salvación.

Les molesta y se resisten a aceptar que el Padre y el Hijo están al mismo nivel. (Jn 5,17-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sin...

El Padre ha dejado al Hijo para que sea Él quien juzgue y, de esa forma, sea honrado tal y como lo es el Padre. Y, de la misma forma que el Padre nos da la vida, así también el Hijo nos la dará. Porque, no lo olvidemos, hemos sido creados por nuestro Padre Dios a imagen y semejanza de Él. Por lo tanto, tenemos semejanza con la Santísima Trinidad - Padre - Hijo y Espíritu Santo. 

Y esa semejanza significa que dentro de cada uno de nosotros hay una huella e impronta del Amor de Dios. Y eso, quieras o no, te remite a tu Creador.

viernes, 19 de junio de 2020

PADRE E HIJOS

EVANGELIO - SAN MATEO 11,25-30 (con imágenes) | Evangelio san ...
Son dos palabras simples y sencillas: Padre e hijos. Si Dios es nuestro Padre, nosotros, por lógica, somos sus hijos. Y si hijos, todos seremos hermanos. Y eso nos implica en amarnos como el Padre nos ama. Así que por lógica y sentido común, hemos sido creados para, siendo hijos de un mismo Padre, seamos hermanos. Y esa relación nos compromete a amarnos, soportarnos y servirnos los unos a los otros. Y dentro de ese amor el perdón y la misericordia ocupan un lugar central.

Seguir a Jesús es enamorarse de Él. Y te enamoras cuando le dejas entrar en tu corazón y experimentas que su Palabra coincide y tiene eco dentro de ti. Experimentas que eso que oyes es lo que buscas; experimentas que eso que entra dentro de ti es lo que te da plena felicidad. Experimentas que cuando te abres con humildad y sencillez, la Palabra llega a tu corazón y la inunda de paz y gozo.

Entonces, te das cuenta que lo que ha dicho Jesús se cumple en ti cuando te abres humildemente a su Palabra: En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar ».


Se hace necesario confiarnos a Jesús, nuestro Señor, y humildemente, como si de niños se tratara, acércanos a Él con sencillez, humildad y confiados a y en su Palabra. Nuestra salvación está en nuestra proximidad a Él, en nuestra cercanía y apoyo en su Palabra y presencia. Porque, Él da descanso a nuestra fatiga y cansancio y fortalece nuestro camino haciendo llevadero nuestro yugo y ligera nuestra carga.

miércoles, 3 de abril de 2019

EL PADRE Y EL HIJO

Resultado de imagen de Jn 5,17-30
El Misterio de la Santísima Trinidad es algo superior a nuestra capacidad, y nunca, salvo cuando estemos delante de Dios, Uno u Trino, podremos entenderlo por su Gracia. De cualquier forma, el Señor nos ha dado algunas razones que sí podemos entender. Tres Persona, Padre, Hijo y Espíritu Santo de la misma Naturaleza divina, pero diferentes naturalezas humanas. Desde ahí podremos entender que el Padre y el . Hijo, siendo iguales en Naturaleza divina, no lo son en la humana.

Por lo tanto, la Persona del Padre es el Padre y el Hijo está subordinado a Él en obediencia. Ha sido enviado por el Padre y hace la Voluntad del Padre. Todo lo que ha recibido lo ha recibido del Padre, hasta el poder de dar la vida: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.»

El Hijo, como Él mismo nos ha dicho, es el Camino, la Verdad y la Vida y a través de Él encontraremos la Vida Eterna. No hay otro camino ni otro medio. Jesucristo, el Señor, es nuestra salvación. El Hijo se ha encarnado en Naturaleza humana y se ha hecho Hombre, por lo tanto es diferente al Padre, y como Hombre está subordinado a Él - Flp 3,6-8 -. Esto explica claramente lo que Jesús dice en Jn 14, 28. Se está refiriendo a esa Naturaleza Humana que le hace hombres como nosotros. Y ese ese sentido se ha despojado de sí mismo haciéndose esclavo y asumiendo semejanza humana.

Sí, Señor, ahora entiendo un poquito más tu rebajamiento, tu humildad, tu hacerte como yo para enseñarme el camino hacia tu Padre y el camino de mi salvación. Y tu invitación a convertirme y creer en Ti.

miércoles, 29 de marzo de 2017

IGUALADO CON EL PADRE

(Jn 5,17-30)
Jesús se descubre igual al Padre, sin lugar a dudas: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 

Poco hay que decir a esto que nos comunica Jesús. Queda muy claro que Él y el Padre son uno mismo. Y no se puede decir ni mejor ni más claro. Los judíos entendían lo que decía y, por eso, querían matarlo, porque llamaba a Dios su Padre haciéndose igual a Él. Y ese rechazo de su pueblo es lo que le lleva a la Cruz.

Jesús y el Padre son uno mismo. Jesús no puede hacer nada que no vea hacer al Padre. Ambos están sincronizados, por decirlo de alguna manera, y, siendo Personas distintas, tienen la misma naturaleza divina. No se puede separar al Hijo del Padre. De ambos viene el Espíritu, que nos acompaña en nuestro camino hacia la Casa del Padre. Tres Personas en un sólo Dios.

Sin embargo, lo importante es quedarnos con esto, con lo que verdaderamente importa, porque es, en resumen, lo que queda y vale: «En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».

martes, 3 de mayo de 2016

Y NOSOTROS, ¿LE CONOCEMOS?




Podemos estar leyendo este pasaje del Evangelio como si a nosotros no nos pasara eso. Quizás nosotros somos de los que creemos que le conocemos porque tenemos la ventaja de que, por ellos, hemos recibido la revelación de que Jesús es el Hijo enviado por el Padre.

Pero, la pregunta que nos toca hoy responder es la misma: Tanto tiempo hablando de Jesús y oyendo su Palabra y, ¿realmente lo conozco? Porque reflexionando sobre mi vida y meditando lo que pongo en primer lugar de mis aspiraciones puedo ir descubriendo que es lo primero que guardo, persigo y busco dentro de mi corazón. Porque de lo que habite en el corazón, hablará la boca.

Porque conocer a Jesús es conocer al Padre, y cuando manifiestas conocerlo estás diciendo que vives en su Palabra y que tus obras vivencian sus enseñanzas y las hacen vida en tu vida. Y amenazados por nuestra debilidad humana nos apoyamos en la acción del Espíritu Santo, que nos fortalece y auxilia. 

Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 

Ocurre que podemos pasar mucho tiempo delante del Señor y no le reconocemos; ocurre que hablamos mucho con el Señor, pero no le acompañamos ni tratamos de ayudarle en aquellas personas que necesitan nuestra ayuda. Y eso es como decirle un día que sí y otro que no. Eso es estar a dos velas y no tomarte en serio el encuentro con Jesús. Pidamos al Señor la fortaleza y voluntad de sostenernos en la lucha por, no sólo conocer al Señor, sino seguirle viviendo según sus obras y Palabra.

miércoles, 18 de marzo de 2015

ENVIDIA Y SOBERBIA

(Jn 5,1-3.5-16)


Detrás de toda critica, sobre todo negativa, puede esconderse la envidia. Porque, es posible, que no resistamos las cualidades ni los talentos de aquel que, siendo de nuestra misma condición, se muestre superior a nosotros.

Es fácil entender que nadie es profeta en su tierra. Porque, también es fácil, descubrir que todo lo cercano y conocido nos resulta más difícil valorar. Jesús, el Hijo de Dios verdadero y hecho Hombre, no fue aceptado porque se presentó antes nosotros como eso, simplemente un hombre. Un hombre sencillo, nacido en una familia humilde, de padre carpintero y madre sencilla.

¿Cómo se atreve éste a proclamarse el Hijo de Dios? No cabe en ninguna cabeza humana. Y así lo entendían los contemporáneos de su época. No podían admitir ni cabía en sus cabezas tanta arrogancia y desfachatez. La envidia distorsiona la realidad para justificarla, porque Jesús nunca se mostró de esa forma. Fue siempre el servidor de todos y hablaba con la autoridad que le daba quien realmente lo había enviado. Enviado para amar y servir a los hombres proponiéndoles la salvación.

Jesús nos revela su filiación con el Padre, y nos descubre que el Padre le da a conocer todo lo que hace, y el Hijo hace lo que ve que el hace el Padre. Jesús se iguala al Padre al hacer lo mismo que el Padre, y como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Y quien no honra al Hijo tampoco honra al Padre que lo envió.

No estamos hablando de fantasía, ni de cosas irreales. Hoy ocurre lo mismo. Hay mucha gente que se indigna cuando oyen hablar de Jesús, y cambian de color cuando escuchan sus Palabras a través del Evangelio. Muchos se dicen quién es ese Señor y que autoridad tiene. Han pasado unos dos mil años, pero no ha cambiado para nada el pensamiento de muchos que continúan indiferentes y negando la divinidad de Jesús.

La envidia y la soberbia hacen estragos en los hombres que no aceptan la Voluntad del Padre. De un Padre que Jesús nos presenta como el Padre amoroso que, a pesar de nuestras ofensas e indiferencias, nos espera para colmarnos de besos y abrazos.

miércoles, 2 de abril de 2014

¿QUIÉN DIRIGE MI VIDA?



Hay muchas preguntas a las que debemos responder. Preguntas que igual nunca nos hemos hecho y que quizás nunca nos las haremos, pero que de sus respuestas dependerá nuestra salvación. Experimentamos que nuestra vida es un camino, en muchos momentos alocados y en otros atormentados. Caminamos muchas veces sin sentido y en otros, el sentido se lo damos nosotros.

La pregunta: ¿Quién dirige nuestra vida? tiene una respuesta de vital importancia para, valga la redundancia, nuestra propia vida, pues si la dirigimos nosotros posiblemente la perderemos, pero si la ponemos en Manos del Señor será bien encauzada y salvada. Todo dependerá de donde la pongamos.

Si nuestra referencia es Jesús, el Hijo de Dios, observamos que Él ha puesto su vida en Manos de su Padre: "El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace... (Jn 5, 17-30).

Ahora, la pregunta que me hago es: ¿Quién dirige mi vida? Si la dirijo yo, ya sé que me puede pasar, pues soy ciego y pecador, pero si la pongo en Manos del Señor, Él me conducirá a tierra fértiles de abundancia de paz y felicidad. Y la experiencia que tengo es que soy yo quien dirige mi vida e inmovilizo al Señor. Mis planes y proyectos son los que prevalecen aunque me autoengañe y los consulte con el Señor.

Pues cuando la cuesta se me hace dura y difícil de seguir, tomo otra dirección y yo mismo me pregunto y me respondo. Se hace difícil ponerse en manos de otro porque tus planes no coincidirán con él. Tendrás que obedecer sin estar de acuerdo. Cuanto más en Manos del Señor cuyos planes nunca entenderemos.

Sin lugar a duda, cuando es el Señor quién me dirige está asegurado el camino y siempre, a pesar de no entenderlo, será lo mejor para mi salvación. Y todos los que están a mi lado notan su presencia. Si esto no ocurre descubre que no suelto plenamente mi vida en Manos del Señor.
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