miércoles, 16 de abril de 2014

AMOR Y ODIO

(Mt 26,14-25)


No se puede comprender como dos personas enamoradas pueden odiarse en un corto o largo periodo de tiempo. Ocurre eso con más frecuencia de la debida en los matrimonios que, enamorados durante el noviazgo y la luna de miel, empiezan luego en el devenir de la convivencia a establecer diferencias y lejanías. Difícil problema de entender, pero muy fácil de explicar.

Y es que en la medida que ese amor pasional, repentino, incontrolable y superficial no se interiorice, se madure y se comparta en diálogo sincero y auténtico y responsable, el compromiso no florece. Y sin compromiso, el amor no madura sino que desaparece. Entre otras cosas porque nunca floreció, sino que hubo mucho de pasión, de físico, de gustos, de satisfacciones que no llegaron sino a despertar sentimientos y emociones que, de la misma forma que aparecen, desaparecen.

Nos ocurre igual con el Señor. Nuestra amistad no se cultiva, no crece y no se compromete sin su presencia, sin su proximidad, sin su Gracia. Y para eso necesitamos estar a su lado y en estrecha unión con Él. La oración, los Sacramentos, sobre todo la Eucaristía son pilares y fundamentos básicos para no despegarnos y crecer en santidad por su Gracia y Misericordia.

En potencia somos unos malhechores y unos traicioneros. Podemos venderle como Judas, y creo, al menos yo, lo he hechos en ocasiones en las que me he alejado de Él, le he dado la espalda y me ha importado poco o nada su presencia. Por eso, mi gratitud experimenta, al tomar conciencia de ello, más agradecimiento y admiración, y deseos de responder a esa Gracia.

Dame Señor la sabiduría de no alejarme, aun esté mi noche oscura, de Ti, y de perseverar pacientemente a tu lado, porque sólo en Ti encontraré el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

martes, 15 de abril de 2014

CUANDO ME ALEJO DE TI, SEÑOR, SE HACE LA OSCURIDAD

(Jn 13,21-33.36-38)


Ocurre muchas veces en nuestra vida, de repente se hace de noche y la oscuridad reina en nuestro corazón. La oscuridad de nuestra soberbia, de nuestra vanidad, de nuestra suficiencia, de nuestra avaricia... que nos hacen subir, creernos más que otros, dignos de elogios, de privilegios, de centro de los demás, de tenidos como importantes, de ser servidos más que servir, de...

Y las tinieblas nos ciegan, nos confunden, nos mueven a actuar, ni como creemos ni como debemos, sino como no debemos actuar y en sintonía con el Maligno. Así le ocurrió a Judas aquella noche, se alejó de Jesús y perdió su contacto, su diálogo con Él... y las tinieblas se apoderaron de su corazón. Y así también nos ocurre a cada uno de nosotros cuando pensamos que sin el Señor podemos encontrar el camino y la solución a nuestros problemas.

Ese es el efecto del pecado, una ruptura con Dios pensando que en las cosas de este mundo encontraremos solución y remedio a nuestro deseo de paz, alegría y felicidad. Y nada más lejos de la realidad. La solución pasa únicamente por el regreso a Dios en Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y en Él ha sido glorificado el Padre, y el Padre lo glorificará a Él y en Él nosotros seremos también, por el Amor del Padre y el Hijo, glorificados.

Gracias Señor por tu Inmenso Amor y por tu Misericordia, pues a pesar de romper contigo por nuestro amor a nosotros mismos, Tú, Misericordiosamente, nos perdona y nos abre tus brazos para acogernos y salvarnos.

lunes, 14 de abril de 2014

PROTESTAS E INCOHERENCIAS

(Jn 12,1-11)


Si nuestras protestas fuesen coherentes no serían muy frecuentes. Parece un pareado con ritmo, pero tiene mucho de verdad, porque cuando se protesta debe ser porque tenemos una opción mejor y estamos dispuestos a comprometernos en ponerla en practica.

Muchas veces nuestras protestas esconden segundas intenciones. Segundas intenciones contaminadas de envidias o venganzas. Cuando las cosas se miran con ojos limpios se ven de otra forma. Nuestra fe, por llamarla fe, está cegada por pasiones y razones adulteradas, porque sólo creemos lo que nos interesa y lo que favorece a nuestro egoísmo. 

Queremos ver para creer, y visto preguntamos y buscamos razones para desmentir, porque lo que nos interesa es no creer. Muchos se acercan a Betania para ver a ese amigo de Jesús, Lázaro, y comprobar que es verdad lo que se dice: "Lázaro ha sido resucitado por Jesús". Experimentamos que no creemos lo que se dice en este caso, pero sí otras cosas con menos consistencias y sin ninguna demostración. Muchos testigos presenciales afirmaban la resurrección de Lázaro, pero agotamos esa posibilidad de verlo con nuestros propios ojos antes de dar nuestro brazo a torcer.

Todo lo que hablara y proclamara la Verdad del Hijo del Hombre era perseguido, pues amenazaba con acabar con sus poderes religiosos. Incluso Lázaro fue sentenciado también a muerte, pues su presencia y vida era un testimonio y prueba de la Verdad y de que Jesús ere el Hijo de Dios.

domingo, 13 de abril de 2014

ACLAMACIONES Y RECHAZOS


(Mt 26,14—27,66)


Entre la algarabía de la entrada a Jerusalén, vitoreado y aclamado como Rey, a las acusaciones, rechazos y desprecio condenándolo a una muerte de Cruz, Jesús se encuentra ante los hombres que no ven más allá de lo que tienen enfrente. Es también la paradoja de la vida, el amor y el odio, porque no se ama gratuitamente sino compensadamente, y cuando no hay prestaciones se da la espalda.

Jesús que lo ha dado todo, y está dispuesto a dar su vida, encuentra momentos de júbilo seguidos de momentos de cruz. Es el rechazo a la verdad que descubre nuestro egoísmo y nos interpela a dar un giro total a nuestro camino de soberbia, de vanidad, de individualismo, de pasiones, de poder, de riqueza...etc.

Un domingo de Ramos tocado por la apariencia de la aceptación, pero escondido en el pecado soberbio del desamor. Un domingo de Ramos donde se confunde el amor con el poder, la venganza y la victoria del más fuerte. Un domingo de Ramos donde no se entiende que la libertad se esconde en la propuesta amorosa de la concordia, la fraternidad y la paz.

Un domingo de Ramos donde el Amor es la propuesta que esconde el Tesoro que todos buscamos: la felicidad eterna.

sábado, 12 de abril de 2014

MIEDO A PERDER SU POSICIÓN

(Jn 11,45-56)


Los sumos sacerdotes andaban preocupados. La Palabra de Jesús, sus signos y obras no dejaban lugar a duda y muchos empezaban a creer en Él. El temor a que el pueblo terminara por creer en Él les empujo a tomar una decisión. (Pausa): ¿Es tu caso también ?

Temían que todo el pueblo fuera tras Él y que los romanos les destruyeran el lugar santo y la nación. (Pausa): ¿Es también tu lugar santo tu templo o parroquia? 

Caifás, sumo sacerdote aquel año, impulsado proféticamente, anunció que Jesús convenía que muriera para salvar al pueblo. Quizás nosotros pensemos lo mismo, aunque no nos detengamos a reflexionar imbuidos por las prisas y el consumo. Aquel día los sumos sacerdotes decidieron darle muerte y andaban atento buscando la ocasión para prenderlo. ¿Es esa también nuestra actitud?

Quizás Jesús ocupa un puesto más entre los objetivos e ideales que tenemos en nuestra vida. No es el primero ni el que dirige y motiva nuestra diario vivir y obrar, a pesar de que aparentemente es eso lo que de alguna manera queremos transmitir. Me escondo en muchas justificaciones y actitudes falsas e hipócritas y me autoengaño tradicionalmente entre lo que creo y debo.

Señor, llena y dale coherencia a mi vida para que sea capaz de hacer lo que creo según tu Palabra. Porque es tu Palabra la que quiero que rija mi vida. Amén.

viernes, 11 de abril de 2014

¿ENTENDEMOS NOSOTROS QUE JESÚS ES DIOS?

(Jn 10,31-42)


Así lo entendieron los judíos cuando manifestaron sus deseos de apedrearlo: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». Dejan claro con sus intenciones que entienden que Jesús se proclama Dios: Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre».

La pregunta que se desprende de todo esto, al menos a mí, me sugiere eso, es: ¿Y yo que entiendo? ¿Entiendo yo también que Dios se ha hecho Hombre, encarnándose en María, para, tomando una Naturaleza humana como los hombres menos en el pecado, acercarse a ellos y, por amor, redimirlos entregando su vida en una muerte de Cruz?

¿Es Jesús, pues, nuestro redentor y salvador, por el Amor del Padre, que ha sido enviado para proclamar a los hombres su salvación? ¿Y sus obras, son signos y prodigios que descubren y revelan su Divinidad?

Señor todo lo que ha dicho Juan y todos aquellos profetas que le precedieron ha tenido perfecto cumplimiento en Ti. Lléname de tu Gracia para que mi fe sea grande y confiada en Ti. Amén.

jueves, 10 de abril de 2014

VIVIR SEGÚN TU PALABRA SEÑOR ES VIVIR ETERNAMENTE


(Jn 8,51-59)

No cabe ninguna duda que todos deseamos vivir eternamente. Es algo en lo que todos estamos de acuerdo, sin embargo, no todos hacemos lo que debemos por alcanzar esa vida eterna prometida. Porque quién la promete es Jesús en nombre del Padre. Nadie más habla de vida eterna, y menos aquellos que no creen en ella ni pueden darla.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Más claro el agua. No hay punto de discusión y sí, sólo se necesita fe. Y la fe supone, tal y como hizo Abrahán, ponerse en camino, buscar y escuchar la Palabra que Dios te indica y te confía. No pasivo, estático y con los brazos cruzados descubriremos y escucharemos la Palabra de Dios. La fe implica riesgo, camino, atrevimiento, confianza, abandono...

Así hizo Abrahán y los profetas, y todos los que nos han precedido en el seguimiento a Jesús, y también nuestros contemporáneos que caminan en su Palabra. Pero, también los hay que no confían ni creen en su Palabra, y no aceptan que Jesús se declare el Hijo de Dios. Ni que tampoco afirme y diga que Él ha existido siempre, desde el principio, porque es Dios y Hombre Verdadero.

No obstante, ese Dios que todos llevamos dentro no lo encontraremos en ninguna parte, porque está delante de nosotros, con nosotros y siempre que nos reunamos en su Nombre. Él se hace presente y comida para nuestro diario alimento: Nos espera en la Eucaristía.