Mostrando entradas con la etiqueta Lázaro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lázaro. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de febrero de 2024

Y TÚ, ¿TIENES ALGÚN LÁZARO A TU LADO?

Hay muchos Lázaros que siguen vivos y a tu lado, y se repite la misma historia que ese rico epulón de la parábola que nos cuenta Jesús. Nos piden una limosna, llaman nuestra atención pero no queremos verlos. Ni siquiera si se nos aparecieran resucitados y de la misma forma. Volveríamos a rechazarlo. Es cuestión de creer y fiarse de la Palabra de Dios (Moisés y los Profetas para los de aquella época).

No esperes a tener un Lázaro a la puerta de tu corazón. ¡Abre los ojos míralos, hay muchos! Posiblemente alguno, quizás el que te corresponde, te llama, te tiende su mano, te pide una palabra, una atención o una limosna. ¿No crees que el mundo estaría mejor si muchos lázaros fuesen atendidos? Descubrir ese Lázaro que llama a la puerta de tu corazón es despertar a la fe y creer en la Palabra de Dios.

De cualquier manera todavía, muchos, estamos a tiempo. A tiempo de tender la mano a quien pasa por nuestra vida y nos tiende la mano pidiéndonos ayuda, consejo, amistad, compañía, una sonrisa …etc. Ese a quien quizás nos quieras ver es ese resucitado que se te aparece y que tú reclamas pero tu mirada esconde y no quiere verle.

Por tanto, abre los ojos y, sobre todo, tu corazón y mira a quienes tienes a tu lado. Obsérvalos y míralos con humildad, mansedumbre, solidaridad y misericordia y, en la medida de tus posibilidades date y ofréceles tu servicio. Recuerda, ¡quizás haya muchos lázaros a tu lado y no quieres verlos!

jueves, 17 de marzo de 2022

¿CÓMO Y DÓNDE GASTAS TUS TALENTOS Y RIQUEZAS?

Lc 16,19-31


Has recibido mucho, el regalo más grande, la vida. Una vida que tienes, en el espacio de tiempo de este mundo, la incomparable oportunidad de vivirla eternamente en plenitud de felicidad. Dios, tu Padre, te ofrece ese inmenso y maravilloso regalo. Nada se puede comparar a eso. Por tanto, la gran riqueza que todos tenemos es el don de la vida, y, en consecuencia, estamos obligados por ese compromiso de Amor que Dios, voluntariamente, ha contraído con todos nosotros, a compartirla con los demás. Sobre todo, con los más necesitados y pobres.


Ahora, ¿cómo gastarla? Esa es la cuestión y en gran dilema. Jesús lo plantea y le da respuesta en esta ejemplar y didáctica parábola del hombre rico o rico epulón. Porque, puedes, gastarla como hizo ese hombre rico, dedicando sus riquezas, su vida y talentos para su propio disfrute, banqueteándose placenteramente indiferente a los sufrimientos, problemas y dificultades de los demás, incluido el pobre Lázaro. O, humildemente ponerlas al servicio de los más necesitados.


Al parecer, el hombre rico de la parábola escogió esa primera manera de gastar su vida, su fortuna y sus talentos. Pensó solo en darse la gran vida y disfrutar. Es lo que muchos eligen también en nuestro tiempo, vivir la vida – dicen – que son cuatro días. Pero ¿es qué ignoran que nuestra vida es eterna? Y nuestra felicidad dependerá de estar a la derecha o izquierda. Y eso, dependerá a su vez de cómo la gastemos, con amor o sin amor. Con los necesitados y pobres, o para nuestro provecho y bien solamente.


La cosa está muy clara. Esa es la moraleja. Preguntarnos ¿dónde estamos? ¿Vivimos en la actitud del hombre rico o estamos en con el sufrimiento del pobre Lázaro? La primera actitud no es la deseable. Las riquezas recibidas, ya sean materiales o espirituales son para compartirlas para el alivio de los más necesitados y pobres. Ese es el camino para el que tenemos y necesitamos pedir la fortaleza y la Gracia de Dios.

jueves, 29 de julio de 2021

NACIDOS PARA VIVIR

 

No hemos sido creados para, después de un tiempo, morir. Dios nos ha creado para vivir, pero, al darnos libertad, ha querido que pasemos primero por el filtro del amor y que libremente, optemos por dejarnos amar correspondiendo mutuamente a es amor en el amor a los hermanos. Es decir, amar como nuestro Padre Dios nos ama. Esa es la prueba y la manifestación de nuestro amor. Y es así como nos ganamos esa eternidad plena de gozo y felicidad.

Pero, eso nos pide fe, y la fe no es algo que se puede comprar o adquirir de alguna forma. La fe es un don de Dios gratuito que Dios lo regala a quien la busca, la pide y la recibe. Es un don que te exigirá humildad para que como un niño te fíes de tu Padre Dios, y sin entenderla, porque - ese misterio - no cabe en tu cabeza, te fíes de su Palabra y del Poder y Amor de tu Padre Dios.

Eso es lo que cuenta el Evangelio de hoy: Juan 11, 19-27. En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y crea en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?». Ella contestó: «Sí, Señor. Creo firmemente que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

lunes, 15 de abril de 2019

CON JESÚS RESUCITADO

Resultado de imagen de Jn 12,1-11
¿Podrías imaginarte estar a la mesa con Jesús después de haberte resucitado? Esa escena fue realidad después de que Jesús resucitó a su amigo Lázaro. El Evangelio de Juan nos dice: Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa.

María, la hermana de Lázaro, en señal de agradecimiento, ungió a Jesús los pies con perfume de nardo puro muy caro. Y, nos dice el Evangelio, que Judas Iscariote murmuró que se debía de haber vendido ese perfume tan caro y el dinero dárselo a los pobres. Pero, al parecer no lo decía con esa intención sino que como era el encargado manejaba la economía y se quedaba con el dinero. Siempre la cuestión del dinero pervierte al hombre y rompe la unidad.

Jesús le recriminó que lo guardaran para su sepultura, prediciendo su muerte en la cruz, y manifestando que pobres habrá siempre, pero Él se iría muy pronto. Y así ha sucedido. Jesús, hecho Hombre se ha ido, pero se ha quedado su Espíritu y está entre nosotros. Y continúa nuestro camino junto a cada uno de nosotros. Un Dios que nos acompaña y que nos anima a caminar siguiéndole.

Los judíos se acercaban a la casa no sólo por ver a Jesús sino también por ver a Lázaro. Y es que Lázaro es un testimonio y una prueba de un resucitado. Eso que piden muchos ahora y que no les será dado. Tienen a la Iglesia y a las Escrituras que nos dan testimonio de su Palabra y de su Vida. Y es que, como se dice en la parábola del rico epulón - Lc 16, 19-31 - que aunque venga uno resucitado no harán caso tampoco, tal y como sucedió con Lázaro al que los sumos sacerdotes y fariseos querían también matar.

sábado, 29 de julio de 2017

RESURRECCIÓN

Jn 11, 19-27

El fundamento y la Roca en la que se apoya nuestra fe es Jesucristo, su Palabra y, sobre todo, la Resurrección, cumplimiento de su Palabra:  "Yo soy la Resurrección. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá" - Jn 11, 25. -. Ahora, la cuestión está en preguntarse si lo crees o no. Porque es ahí donde se esconde la llama, que prende el fuego en tu corazón, de la fe. 

No te pares ni te distraigas en razonar o entender ese misterio de resurrección, porque nunca lo entenderás. Nuestra cabeza no está capacitada para eso, ni siquiera los más sabios e inteligentes. El hombre es criatura y no llega a comprender a su Creador. Simplemente, cree, como hizo Marta: Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo - Jn 11, 27 -.

Lázaro resucitó por voluntad del Señor. para que se manifestara su Gloria y Poder. Pero, a pesar de eso, muchos siguieron igual, establecidos, instalados y anquilosados en la razón y los afanes y ambiciones de este mundo humano, material y caduco. 

Si bien, Lázaro tuvo que morir llegada su hora, como cualquier mortal, sufriendo y padeciendo la muerte como nuestro Señor Jesucristo. Una muerte que consiste en un paso para la otra vida, la verdadera y Eterna. Esa Vida que Jesús nos tiene prometida y que ha venido para dárnosla gratuitamente. Y que, como sello guardado en lo más profundo de nuestro corazón, experimentamos esa aspiración eterna que late dentro de nosotros y a la que nos sentimos llamados.

Porque, hemos sido creados para vivir, para la vida. Sería absurdo que nuestra vida tuviese fin, cuando nuestro Creador es Eterno y Señor de la Vida y la Muerte. Y nos ha creado por Amor para la Vida.

lunes, 10 de abril de 2017

LUNES SANTO

(Jn 12,1-11)
Jesús se prepara para su Pasión. Intuye lo que le está esperando y, previamente, se retira a una casa de verdaderos amigos. Allí es atendido, agasajado y querido. María, en un acto de verdadero amor, unge los pies de Jesús tomando una libra de nardo puro muy caro, y los seca con sus cabellos. Y, dice el Evangelio, que la casa se llenó del olor del perfume. 

Como interpretar este acto de María. Por un lado se gasta un perfume muy costoso cuando hay quizás otras necesidades. Por otro lado, Jesús está con nosotros y como si intuyéramos que le va a pasar algo y lo agasajamos y cuidamos. El mismo Jesús responde a las insinuaciones de Judas: « ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?». Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Muchos curiosos se acercaban a la casa para ver a Jesús, y también a Lázaro, al que había resucitado Jesús. Era un testimonio vivo del poder del Señor que preocupaba a los sumos sacerdotes y acechaban para darle muerte, pues a causa de él, muchos judíos se les iban y creían en Jesús, al que también acechaban para matarle.

Vivamos estos días de Semana Santa esperanzados en la Resurrección final. No la resurrección de Lázaro, para Gloria de Dios, que tuvo que morir otra vez, sino la Resurrección final con la que Jesús, crucificado y muerto en la Cruz, es Resucitado por el Padre para su Gloria.

 Y vivamos en la esperanza todos los que creemos en Él, porque en, por y con Él resucitaremos nosotros también. Reflexiónemos en el gozo y la esperanza de experimentarnos resucitados y vivamos la Pasión del Señor con esa actitud.

domingo, 2 de abril de 2017

PIENSAS QUE TODO FUE PREMEDITADO

(Jn 11,1-45)
Deduces, después de leer el Evangelio de hoy, que Jesús dejó pasar unos días, para que, muerto Lázaro, su amigo, su resurrección fuera signo y testimonio para Gloria de Dios. Todo lo ocurrido parece indicar esto. Y, realmente es así. La resurrección de Lázaro es un acontecimiento sorprendente y un signo de la Divinidad y el Poder de Jesús, el Hijo de Dios.

Lo normal y lógico es que el Evangelio termine diciendo lo que dice: Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Y es que no queda otra salida ni alternativa. Ante el hecho de la resurrección sólo queda decir "amén".

Por eso, se hace ininteligible e incomprensible que no se reconozca a Jesús como el Hijo de Dios, porque dar la vida a quien la ha perdido es solo un poder sobrenatural atribuido a Dios. Y nos llena de esperanza este esperanzador, valga la redundancia, pasaje evangélico donde Jesús, para Gloria de Dios, resucita a su amigo Lázaro. Pero, también, nos interpela y nos cuestiona nuestra fe. Igual que a Marta y María, Jesús nos pregunta por nuestra fe. Quiere llamarnos la atención y cuestionarnos nuestra fe.

Realmente, ¿creemos en Jesús, el Señor? ¿Y creemos que Él es la Resurrección y la Vida? Eso nos pregunta Jesús también a nosotros hoy, y también nos responde: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo». 

Y no sólo se queda en palabras y promesas, sino que con la resurrección de Lázaro nos deja su testimonio y el cumplimiento de su Palabra. ¡Sí, Señor, confesamos que Tú eres el Hijo de Dios Vivo, el Cristo que había de venir y que Vives y estás entre nosotros!

jueves, 16 de marzo de 2017

VIDA Y TALENTOS

Hoy, no sé cómo, a la hora de tratar de reflexionar sobre esta parábola del rico epulón, me ha venido a la cabeza también las parábolas de los talentos - Mc 25, 14-30 - porque encuentro mucha relación de una con la otra. Junto con la  vida se te ha dado unos talentos, cualidades y bienes, que tendrás que saber gastar, usar y compartir. El resultado lo podemos discernir viendo el desenlace de ambas parábolas.

Todo queda muy claro. Se trata de usar lo que has recibido para bien de los demás. Si unos tienen poco y sus circunstancias son difíciles, otros, que gozan de óptimas circunstancias deben tenerlo en cuenta y compartir. Suena eso mucho con las cuestiones y los problemas que se nos presentan en estos tiempos de refugiados y perseguidos.

Las palabras de Abraham suenan muy demoledoras, pero muy realistas con lo ocurrido en la vida de aquel rico epulón y el pobre Lázaro: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros".  

Desde esta parábola podemos comprender que esta vida nuestra es nuestra hora de salvación. De cómo gastemos nuestro tiempo y nuestros talentos y bienes dependerá nuestra salvación. No se trata, pues, de cumplir unas reglas y preceptos, sino de vivir un estilo de vida en actitud de compartir y darse en caridad a los demás. No se trata de cumplimientos y obras, sino de amor. Y el amor va más allá de las reglas y las normas, e incluso, de las leyes.

Tengamos en cuenta que la vida es un tiempo hermoso si lo sabemos aprovechar y gastar, porque de nada vale emplearlo mal para luego sufrir como ese rico, que la desperdició banqueteándose sin mirar el sufrimiento de los demás.

lunes, 21 de marzo de 2016

SE LES VENÍA EL TINGLADO ABAJO

(Jn 12,1-11)


Estaban decidido a quitar a Jesús del medio y todo lo que pudiese recordarle y servir de testimonio. La Resurrección de Lázaro también les molestaba. Unos días antes de la celebración de la Pascua, estando Jesús en casa de Lázaro, al que había resucitado, se congregó mucha gente allí para ver a Jesús, pero también porque querían ver a Lázaro, el resucitado por Jesús.

Y, claro, todo esto molestaba a los sumos sacerdote que advertían como muchos judíos se les iban y creían en Jesús. Nos cuesta mucho dar el brazo a torcer y abandonarnos en las Manos del Señor. Incluso viendo sus obras nos resistimos a creer en el Señor. Queremos imponer nuestros criterios y nuestra fe, y también nuestro dios, el que nosotros mismos hemos creado.

Todo esto nos descubre la necesidad de la Gracia de Dios, porque es Ella la que nos transforma y nos convierte nuestro corazón apegado a las cosas terrenas y caducas. Un corazón endurecido que necesita la Gracia de Dios para ser transformado en un corazón tierno, generoso y misericordioso. Un corazón capaz de guardar silencio antes las acciones bien intencionadas de los demás y sumarse a las buenas intenciones que otros propones.

Judas, que presenciaba como Marta perfumaba los pies de Jesús con un perfume caro, dijo: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?». Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Nuestras protestas, muchas veces, no se corresponden con una buen intención, sino que la hacemos pensando en nuestro propio interés, por envidia u otras razones mal intencionadas. A veces ni sabemos por qué las hacemos. Algo superior a nuestras fuerzas nos impide callarnos o aceptarlo, y sumarnos positivamente, pues lo importante es la intención que sale del corazón, aunque la obra no sea lo suficientemente buena o no salga bien.

Pidamos al Señor estar siempre vigilante y dispuestos a serenarnos, para estar en disposición de discernir lo bueno de lo malo asitidos por el Espíritu Santo.

lunes, 14 de abril de 2014

PROTESTAS E INCOHERENCIAS

(Jn 12,1-11)


Si nuestras protestas fuesen coherentes no serían muy frecuentes. Parece un pareado con ritmo, pero tiene mucho de verdad, porque cuando se protesta debe ser porque tenemos una opción mejor y estamos dispuestos a comprometernos en ponerla en practica.

Muchas veces nuestras protestas esconden segundas intenciones. Segundas intenciones contaminadas de envidias o venganzas. Cuando las cosas se miran con ojos limpios se ven de otra forma. Nuestra fe, por llamarla fe, está cegada por pasiones y razones adulteradas, porque sólo creemos lo que nos interesa y lo que favorece a nuestro egoísmo. 

Queremos ver para creer, y visto preguntamos y buscamos razones para desmentir, porque lo que nos interesa es no creer. Muchos se acercan a Betania para ver a ese amigo de Jesús, Lázaro, y comprobar que es verdad lo que se dice: "Lázaro ha sido resucitado por Jesús". Experimentamos que no creemos lo que se dice en este caso, pero sí otras cosas con menos consistencias y sin ninguna demostración. Muchos testigos presenciales afirmaban la resurrección de Lázaro, pero agotamos esa posibilidad de verlo con nuestros propios ojos antes de dar nuestro brazo a torcer.

Todo lo que hablara y proclamara la Verdad del Hijo del Hombre era perseguido, pues amenazaba con acabar con sus poderes religiosos. Incluso Lázaro fue sentenciado también a muerte, pues su presencia y vida era un testimonio y prueba de la Verdad y de que Jesús ere el Hijo de Dios.

domingo, 6 de abril de 2014

TAMBIÉN NOSOTROS ESPERAMOS LA RESURRECCIÓN

(Jn 11,1-45)


Posiblemente Jesús aprovechó esa muerte de su amigo Lázaro para Gloria de su Padre Dios, y para que muchos hombres creyeran en que Él era el Mesías. Termina el Evangelio de Juan afirmando esto: Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.

Estamos inclinados a necesitar grandes prodigios, como es el resucitar de la muerte a una persona, para abrir nuestros ojos y creer seriamente. Eso le ocurrió a muchos judíos en aquella ocasión, pero nos ocurre también a nosotros ahora, en nuestro tiempo. 

A la pregunta de Marta por la tardanza de Jesús y la muerte de su hermanos Lázaro, Jesús responde:  «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo». 

¿Y creemos nosotros también? Esa es la pregunta que busca respuesta en nuestra vida : vencer la muerte. Porque lo verdaderamente importante es vivir eternamente y Jesús nos propone esa vida eterna y gozosa en presencia del Padre. Estamos a pocos días de celebrar la Pascua, ese misterio del paso de la muerte a la vida, y aprovechamos la ocasión para, una vez más, pedirle al Señor la fe de Marta y María en la esperanza de resucitar en el Señor para la eternidad.

Porque el Señor es el Camino, la Verdad y la Vida.