viernes, 5 de noviembre de 2021

DISCERNIMIENTO

Lc 16,1-8

Siempre me ha parecido un misterio el saber que mi vida en este mundo tiene un final y vivo sin preocuparme ni prepararme para ese decisivo e importante momento. Algo así como, ¡si a mí no me va a tocar! Y digo misterio, porque no llego a comprender como podemos vivir tan despreocupado sin discernir sobre ese momento tan cierto y seguro que llegará. Es, precisamente, lo único cierto que sabemos sucederá.

Sin embargo, contrariamente a esa despreocupación y descompromiso, sí nos preocupamos por tener un trabajo, una seguridad económica que satisfaga nuestras apetencias y capricho y una asistencia médica que garantice mi salud. Es decir, empleamos toda nuestra astucia y capacidad intelectual para prepararnos y preocuparnos por las cosas de este mundo. Primamos y priorizamos lo material, lo carnal (concupiscencia, sexo, placer, gula…etc) y nuestras satisfacciones egoístas sin el más mínimo interés, miramiento o preocupación por el bien de nuestro espíritu. El devenir de nuestro destino trascendente no nos preocupa nada.

¿Qué pasará cuando llegue ese momento – que sabemos que llegará – de nuestra hora final? Necesitaremos discernir, como ese administrador que se vió descubierto y despedido de su trabajo, para organizar nuestra vida y preocuparnos por lo verdaderamente importante, aceptar esa hermosa y maravillosa llamada a entrar en el Reino de Dios. Pero, hay una gran diferencia, que no tenemos todo el tiempo del mundo. Nuestra vida es corta y podemos perder el tiempo y ser sorprendido por el momento final.  Está en juego nuestro gran Tesoro.

jueves, 4 de noviembre de 2021

INCLUIR O EXCLUIR

Lc.15, 1-10

La pregunta es, ¿incluimos o excluimos? Porque, no podemos negar que hay personas a las que excluimos de nuestro ambiente, a las que hemos - previamente - seleccionados y excluidos de nuestras relaciones. Y, por otro lado, incluimos a aquellas que nos parecen favorables para nuestros intereses. Para un creyente, la pregunta es inminente, ¿excluyes según tus ideas, intereses o gustos, o incluyes atendiendo a los mismos?

Conocemos que la sociedad mantiene una resistencia selectiva previamente a incluir y, de la misma manera, no aprobada, esa resistencia selectiva, excluye. Lo comprobamos en muchos sectores sociales donde a muchos no se les permite entrar en ciertos ambientes excluyéndolos de los mismos. Sin embargo, Jesús piensa de otra manera y siempre incluye. Es más, entrega su Vida para incluir y atraer a todos a la Misericordia de su Padre.

En esa dinámica, Jesús nos relata dos parábolas incluyentes, "La oveja perdida" y "La moneda perdida", donde se propone una búsqueda y se le da una gran importancia tanto a esa pequeña oveja perdida como a la insignificante moneda. Ambas son del interés de sus respectivos dueños que no se plantean juzgar sus actos ni el motivo de sus pérdidas, sino buscar y acoger alegrándose del encuentro, de la recuperación hasta el momento de festejarlo y compartirlo.

Precisamente, por el Amor Misericordioso de Dios todos somos incluidos y llamados a compartir esa alegría de encontrar el verdadero camino al gozo eterno.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

INVITADOS Y LLAMADOS

 

Nadie está excluido. En el Evangelio de hoy podemos observar como lisiados, cojos, ciegos, hidrópicos, paralíticos, marginados, pobres…etc. Todos están invitados o llamados a ese “Banquete”, incluso con insistencia. Nunca con exigencias, pero, sí con perseverancia, machaconería y sin cansancio. La llamada está – siempre que haya vida – activa y llena de esperanza.

Vale la pena leer el Evangelio de hoy y meditarlo serenamente. El de hoy y todos, pero, ahora, hoy, estamos centrado en este.

Cada día, el Señor, celebra un “Banquete” de valor Infinito – la Eucaristía – que nos alimenta espiritualmente y nos fortalece. Todo sucede por la Gracia y la entrega voluntaria y por amor del Hijo, que, con su Pasión, Muerte y Resurrección, nos gana la Vida Eterna. ¡Bendito “Banquete”!

Pero, ¿qué sucede? Muchos todavía no lo hemos entendido. No es cosa de hoy para mañana. Otros están ciegos, paralíticos, apegados a la carnalidad y materialidad de las cosas de este mundo. Cosas caducas y de un valor finito.

¿Sabemos realmente de lo que estamos hablando? Estamos cambiando lo Infinito y perfecto por lo finito e imperfecto. Y seguimos tan frescos, convencidos y hasta indiferentes a esa Invitación al “Banquete” de Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. ¡Realmente, estamos ciegos!

Tú tienes la palabra. Dios la ha puesto en tus manos y tú decidirá el orden y valor de tus prioridades. Decidirás a quién merece la pena seguir, porque, eso que buscas no te lo puede dar sino quien realmente lo tiene. Y, en este mundo donde vivimos - ¡ya son muchos años! - no parece que esté. Se hace muy necesario indagar, buscar y seguir a quien realmente nos puede regalar lo que realmente buscamos:  "La felicidad Eterna"

martes, 2 de noviembre de 2021

CREADOS PARA LA VIDA ETERNA

 

La muerte es un paso glorioso, porque, detrás espera la Vida Eterna, que todos buscamos y deseamos plenamente en plenitud de gozo y felicidad. Una Vida Eterna gloriosa junto a Cristo Jesús – Padre – Espíritu Santo, la Trinidad en un solo Dios. Por eso, morir significa vivir.

Hoy celebramos el día de los difuntos. Difuntos gloriosos que ya están o transitan – en el purgatorio – hacia la morada que Jesús previamente nos ha ido a preparar – Juan 14, 2 – en la Casa del Padre. Desde esta perspectiva la vida es hermosa ya que es el paso – a través de la muerte – a la Vida Eterna gloriosa a la que estamos todos invitados y llamados.

Pero, no se trata de una espera pasiva, de brazos cruzados o descomprometidos. Nada de eso, se trata de una vida nueva, edificada  e iniciada desde nuestro bautismo y comprometida – asistida por el Espíritu Santo – al estilo de Xto. Jesús. Precisamente, ser cristiano consiste en eso, en ir, poco a poco, aprendiendo a morir al estilo de Jesús. Morir a mis egoísmos, a mis apetencias y satisfacciones individuales y egoístas, a morir con Cristo y a vivir – injertado en Él – como É.

lunes, 1 de noviembre de 2021

SANTOS DE CADA DÍA

Mt 5,1-12a

Ser santo no es una cosa de unos días ni, tampoco, de una temporada. Ser santo es cosa de cada día y de toda la vida. Es verdad que pueden haber caidas, tropiezos y desdenes que enturbian tu santidad y ensombrecen tu luz, pero, el esfuerzo y el dolor de contrición te permiten recuperar esa buena intención de, limpio, recuperar ese buen olor a santidad. 

Ser santo es una lucha de cada día y permanentemente por la Gracia de Dios. Es un camino sin tregua y con  perseverancia. Tenemos idea de que ser santo es algo superior a nuestras fuerzas y aspiraciones. ¡Vamos, que ser santo no es para todo! Sin embargo, nada más lejos de la realidad, tú, y también yo, podemos, y es más, estamos llamados a ser santos. Sin lugar a duda, Dios - nuestro Padre - nos espera.

Porque, ser santo es simplemente ponerse y situarse en cada instante de tu vida en la presencia de Dios. Ahora, es simple, porque Dios te quiere, te invita y  es misericordioso. Y, también, no es tan simple, porque tú solo no puedes vencer ni liberar esa cárcel que te encorseta y te aprisiona. Necesita, pues, estar injertado en todo momento de tu vida en Jesús, el Hijo de Dios. En, con y por Él alcanzarás la santidad que, sabiéndolo o no, tú y todos buscamos.

Una ruta que Jesús te propone son las bienaventuranzas, que no tienes que buscar, sino darle respuesta en el camino de tu propia vida.

domingo, 31 de octubre de 2021

DIOS, SOBRE TODAS LAS COSAS

 

Sin darnos cuenta nos confundimos cuando creemos que estar cerca de Dios consiste en hacer buenas obras en favor del prójimo. Es verdad que eso es bueno y necesario y, además, señal de nuestra fe, pero, lo primero y fundamental es conocerle para amarle. Sin amor a Dios nada es posible. 

Bien, es verdad, que amar a Dios exige conocerle. Y conocerle exige a su vez permanecer a su lado anunciándole y aprendiendo de sus enseñanzas. Sin estar a su lado no se le puede conocer y, menos, escuchar, que no consiste en oír, sino en dejar que su Palabra llegue a nuestro corazón y anide en él convirtiéndole y transformándole.

Pero, además, ahora en nuestro tiempo, tenemos que alimentarnos espiritualmente de su Sangre y Cuerpo en la Eucaristía. Sin ese Alimento difícilmente, por no decir imposible, no podemos estar a su lado. Eso sí, podemos ponernos al lado, pero no estar a su lado. Algo así parecido como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. Estaba al lado de su padre, pero nunca a la escucha de su Padre.

Amar a Dios es lo Primero de todo y, tan primero que todo lo demás será y vendrá por añadidura. Porque, en definitiva, es Dios quien obra y actúa en nosotros.

sábado, 30 de octubre de 2021

SIEMPRE CAE MEJOR QUEDARSE PARA EL FINAL

 

Tomar el último puesto es siempre síntoma de altruismo, de solidaridad, de estar pendiente del otro más que de uno mismo. Cuando das la primacía al otro, quedas bien considerado y tu estima y aprecio crece en los demás. Jesús, que observa que muchos invitados se apresuran a coger los primeros puestos, dice lo siguiente: 

«Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado». 

La experiencia nos da la razón, quedarse para el final descubre tus buenas intenciones y tu generosidad. Sin embargo, también sabemos que las apariencias engañan y, muchos que se ofrecen para ser últimos esconden unos deseos de ser ensalzados y enaltecidos. Y, pueden engañar a los hombres, pero nunca a Dios. Y no cabe duda que cuando hay una recta intención de mirar por el bien de los otros, dejando el nuestro para el final, la recompensa, aunque esa no sea buscada, te señala como ensalzado y no humillado.