| Mt 9, 27-31 |
No se te van a pedir tus éxitos, sino el amor que hayas gastado en beneficio de los demás.
viernes, 5 de diciembre de 2025
NECESIDAD DE PROCLAMAR
domingo, 27 de octubre de 2024
CONSECUENCIAS DEL PECADO
Es evidente que
somos pecadores. No reconocerse así es sinónimo de suficiencia, arrogancia y,
sobre todo, soberbia. Posiblemente, consecuencias del pecado nos vienen todas
esas prerrogativas de imperfecciones que nos pierden y nos alejan de nuestro
Padre Dios.
Considerarse así,
pecador, nos debe poner como Bartimeo, a orillas del camino. De un camino de
conversión, de necesidad del Señor, de acercamiento a su Persona y de, como
Bartimeo, solicitud de recobrar la vista del alma, del corazón y del amor a
Dios.
Bien, es verdad,
que en el tiempo de Bartimeo, la ceguera se consideraba causa del pecado. Ahora,
en nuestra época, no lo consideramos así, pero, por el contrario corremos el
peligro de seguir ciegos al no considerarnos distanciado del Señor y en grave
peligro de indiferencia hacia Él.
Necesitamos
experimentarnos pobres, desdichados y enfermos cuando, cegados por el mundo,
demonio y carne, vivimos de manera intrascendente la búsqueda del encuentro con
el Señor, nuestro Dios y destino de nuestro camino. Y si no lo experimentamos
corremos y vivimos en un grave peligro: indiferencia y ceguera de no buscar ese
encuentro de gozo y felicidad que significa encontrarse – valga la redundancia –
con el Señor.
Pongámonos a la orilla del camino, como Bartimeo, y, atentos, abramos nuestros oídos a la escucha de los pasos del Señor, que, evidentemente pasa también por nuestra orilla – vida – y espera nuestra súplica de pedirle que veamos el único y verdadero Camino, Verdad y Vida.
viernes, 13 de septiembre de 2024
LA IGNORACIA CIEGA NUESTROS OJOS
A veces defendemos
algunas ideas sin realmente saber con seguridad de donde las hemos tomados.
Oímos y escuchamos, pero, ¿a quién? Esa es la clave, porque la verdad no está
en aquel que dice, sino en aquel que escucha y se documenta de fuentes fidedignas
y verdaderas.
Sólo hay un
Camino, una Verdad y una Vida. Y sabemos quien ha dicho eso: «Yo
soy el Camino, la Verdad y la Vida», y esa es la
única Fuente de la que debemos beber para recorrer nuestro camino, encontrar
nuestra verdad y vivir nuestra vida. Sólo en Jesús, el Hijo de Dios Vivo,
encontraremos la luz para orientarnos y caminar en la verdad, y salvar nuestra
vida para la eternidad gozosa junto al Padre.
Por todo ello,
debemos saber de quien nos fiamos y a quien acudimos para orientarnos en el
camino de nuestra vida. Y, sobre todo, desde Jesús, y asistidos por el Espíritu
Santo – que hemos recibido en la hora de nuestro bautismo – aprender a
mirarnos, a interiorizar en nosotros mismos y descubrirnos pecadores,
imperfectos y con una enorme viga que desalojar de nuestros ojos para ver mejor
y más claro.
Porque, más que ver la mota en el ojo ajeno, debemos aplicarnos a ver la viga en el nuestro. De esa manera podríamos la del ajeno y ayudarle a disminuirla hasta el extremo de dejarla en mota. Y es que corrigiéndonos nosotros, ayudamos a que exista la posibilidad de que se corrijan otros.
lunes, 15 de noviembre de 2021
UN MUNDO ENFERMO Y CIEGO

Hace un momento comentaba con un amigo sobre la ceguera que tiene este mundo. Está tan ciego hasta el punto que vive de espalda a Dios. Es evidente, lo constatamos a cada instante, que este mundo no es nuestro destino ni nos da luz suficiente para encontrar el verdadero camino que todos llevamos impreso en nuestros corazones y deseamos ardientemente.
Sus
aspiraciones no son otras que las propias de un mundo ahogado en la
materialidad y la concupiscencia de los placeres, sometido al afán del consumo,
del poder, de la avaricia y satisfacción de todo apetito y apetencia carnal y
humana. Un mundo ciego y perdido instalado en el camino de la comodidad y de la
pasividad de su propio egoísmo. Un mundo instalado al borde del camino, pasivo, cómodo y ciego.
En estas circunstancias construye su propia muralla que le impide ver la Luz que alumbra el verdadero Sol que baja del Cielo. Es esa la Luz que nos interesa ver y que – muchos, aún sin saberlo - alumbra nuestro camino hacia la verdadera morada donde el gozo y la felicidad harán presencia eterna. Descubrir esa Luz y seguirla no es cosa fácil. Al contrario, nos resulta hartamente difícil y complica nuestra vida hasta el punto que sólo se nos ocurre lanzar un grito de auxilio, de ayuda pidiendo ver, entender y comprender.
Porque, esa es la cuestión, ver y comprender que Jesús es el Señor y que para seguirle, no basta con sólo nuestras fuerzas, sino que nos es necesario la Gracia y la Luz que nos viene del Seño. Y es eso, precisamente, lo que nos conviene ver.
miércoles, 3 de noviembre de 2021
INVITADOS Y LLAMADOS

Nadie está excluido. En el Evangelio de hoy podemos observar como lisiados, cojos, ciegos, hidrópicos, paralíticos, marginados, pobres…etc. Todos están invitados o llamados a ese “Banquete”, incluso con insistencia. Nunca con exigencias, pero, sí con perseverancia, machaconería y sin cansancio. La llamada está – siempre que haya vida – activa y llena de esperanza.
Vale la pena leer el Evangelio de hoy y meditarlo serenamente. El de hoy y todos, pero, ahora, hoy, estamos centrado en este.
Cada día, el Señor, celebra un “Banquete” de valor Infinito – la Eucaristía – que nos alimenta espiritualmente y nos fortalece. Todo sucede por la Gracia y la entrega voluntaria y por amor del Hijo, que, con su Pasión, Muerte y Resurrección, nos gana la Vida Eterna. ¡Bendito “Banquete”!
Pero, ¿qué sucede? Muchos todavía no lo hemos entendido. No es cosa de hoy para mañana. Otros están ciegos, paralíticos, apegados a la carnalidad y materialidad de las cosas de este mundo. Cosas caducas y de un valor finito.
¿Sabemos realmente de lo que estamos hablando? Estamos cambiando lo Infinito y perfecto por lo finito e imperfecto. Y seguimos tan frescos, convencidos y hasta indiferentes a esa Invitación al “Banquete” de Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. ¡Realmente, estamos ciegos!
Tú tienes la palabra. Dios la ha puesto en tus manos y tú decidirá el orden y valor de tus prioridades. Decidirás a quién merece la pena seguir, porque, eso que buscas no te lo puede dar sino quien realmente lo tiene. Y, en este mundo donde vivimos - ¡ya son muchos años! - no parece que esté. Se hace muy necesario indagar, buscar y seguir a quien realmente nos puede regalar lo que realmente buscamos: "La felicidad Eterna"
sábado, 29 de mayo de 2021
LA SOBERBIA ANTE LA VERDAD

Nos cuesta aceptar la verdad. Sobre todo, cuando la verdad nos afecta y nos exige cambiar de rumbo en nuestra vida, o cuando nuestros intereses tanto económicos o espirituales se ven afectados y exigidos a una coherencia con la justicia y la verdad. No hace falta discutir, pensar o abstraerse mucho, simplemente aterrizar en la vida de cada día. Ejemplos hay muchos. Por decir uno, muy actual y presente en este momento en la sociedad española, el tan sonado indulto sobre los condenados por el proceso soberanista de Cataluña.
La verdad se distorsiona cuando los intereses personales son otros. Lo mismo ocurrió hace ya aproximadamente dos mil años con aquellos sumos sacerdotes, escribas y ancianos cuando le pidieron a Jesús sobre su autoridad para hacer esto. Es decir, para enseñar y proclamar la Buena Noticia. Y exigiendo respuestas cayeron en su propia trampa, porque no supieron - también por intereses partidistas y egoístas - responder a la pregunta con la que Jesús devolvió la de ellos: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme».
Todos hemos podido experimentar en algunos momentos de nuestra vista como se nos nubla la mente y se nos cierran los ojos quedando a oscuras e inmersos en una ceguera que nos impide ver. Nuestra soberbia, envidia, apegos y apetencias a las cosas de este mundo nos atrapan y esclavizan hasta el punto de resistirnos y ensoberbecernos a aceptar la Verdad y la Palabra de Dios.
jueves, 8 de marzo de 2018
CEGADOS POR LOS PREJUICIOS
Nos sentimos muy inclinados a los prejuicios, sobre todo con aquellas personas que nos caen mal. A todo lo que hacen le buscamos el lado malo y tratamos de minimizar lo que tienen de bueno. Por el contrario, a los que nos caen bien le ensalzamos y magnificamos todos sus actos. Incluso, los malos tratamos de darle la vuelta y presentarlos como no tan malos.viernes, 6 de diciembre de 2013
SUPONGO QUE HAY QUE ACERCARSE Y GRITAR
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| (Mt 9,27-31) |
jueves, 30 de mayo de 2013
YO TAMBIÉN CREO
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| (Mc 10,46-52) |
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