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viernes, 5 de noviembre de 2021

DISCERNIMIENTO

Lc 16,1-8

Siempre me ha parecido un misterio el saber que mi vida en este mundo tiene un final y vivo sin preocuparme ni prepararme para ese decisivo e importante momento. Algo así como, ¡si a mí no me va a tocar! Y digo misterio, porque no llego a comprender como podemos vivir tan despreocupado sin discernir sobre ese momento tan cierto y seguro que llegará. Es, precisamente, lo único cierto que sabemos sucederá.

Sin embargo, contrariamente a esa despreocupación y descompromiso, sí nos preocupamos por tener un trabajo, una seguridad económica que satisfaga nuestras apetencias y capricho y una asistencia médica que garantice mi salud. Es decir, empleamos toda nuestra astucia y capacidad intelectual para prepararnos y preocuparnos por las cosas de este mundo. Primamos y priorizamos lo material, lo carnal (concupiscencia, sexo, placer, gula…etc) y nuestras satisfacciones egoístas sin el más mínimo interés, miramiento o preocupación por el bien de nuestro espíritu. El devenir de nuestro destino trascendente no nos preocupa nada.

¿Qué pasará cuando llegue ese momento – que sabemos que llegará – de nuestra hora final? Necesitaremos discernir, como ese administrador que se vió descubierto y despedido de su trabajo, para organizar nuestra vida y preocuparnos por lo verdaderamente importante, aceptar esa hermosa y maravillosa llamada a entrar en el Reino de Dios. Pero, hay una gran diferencia, que no tenemos todo el tiempo del mundo. Nuestra vida es corta y podemos perder el tiempo y ser sorprendido por el momento final.  Está en juego nuestro gran Tesoro.

viernes, 23 de octubre de 2020

SIGNOS Y SEÑALES

 

Es obvio, lo vamos aprendiendo desde pequeño, darnos cuenta que cuando el tiempo se oscurece y el sol queda tapado por grandes nubes barruntamos que va a llover. Vamos conociendo el tiempo y sus diferentes formas de comportarse ante un cambio de temperatura, de humedad, de viento...etc. Intuimos que algo va a suceder y nos preparamos para ello. Hoy, toda esa observación nos sobra porque los avances científicos nos hacen el trabajo y nos evitan tener que observarlo. Una simple mirada y nos pronostican el tiempo para varios días.

Sin embargo, tantos adelantos van suprimiendo nuestro esfuerzo y capacidad para pensar, reflexionar y discernir. Cada día nos fijamos menos en el tiempo, miramos el móvil y nos lo dan con anticipación para varios días. Pero, sucede también que vamos perdiendo nuestra capacidad para fijarnos en nuestro presente y ver que vivimos una realidad que, cada día que consume y gasta, se acerca más a su día final. Porque, lo que no podemos negar, se avance lo que se avance, que la muerte llegará. Y no  sabemos cuándo, pero, seguro que llegará.
 
Por tanto, se hace necesario saber discernir esa vida presente - de hoy - que vivimos y que, dependiendo de cómo la gastemos, tendremos - salidos de este mundo - la posibilidad de vivir eternamente dichosos. Y ese tiempo de hoy consiste en preguntarnos sobre nuestros orígenes y destino. Porque, es evidente que de algún lugar hemos salido, y, si hemos venido de Alguien, posiblemente a ese Alguien volveremos. Origen y destino, esa es la pregunta.
 
Esos son los signos que debemos interpretar y buscar. Son los signos que nos interesa fundamentalmente discernir y reflexionar, porque son los signos de Vida Eterna, y eso es lo que todos buscamos  de forma vital y necesaria. Porque, nuestra felicidad descansa en vivir plenamente y eternamente. Y ese tiempo nos ha llegado ya. Está delante de nosotros, pero, vemos las nubes antes o miramos el móvil para conocer el tiempo y se nos escapa el verdadero tiempo que tenemos que mirar, buscar, reflexionar y discernir.