sábado, 19 de abril de 2025

NO HAY OTRA PALABRA: ¡JESÚS HA RESUCITADO!

Todo está contenido en esa palabra. La muerte ha sido vencida y el triunfo de la vida es palpable. La apariencia de fracaso de un Jesús crucificado y muerto en la cruz, tras ser abandonado por los suyos, parece patente y el final. Pero, nada más lejos de la realidad, tenía que morir para Resucitar. ¿Jesús Vive y su Resurrección marca el triunfo de los que creen en el Señor.

La muerte ya no tiene poder. Ha sido vencida por Jesús en la Cruz. Una Cruz signo de triunfo y de resurrección eterna. Los enfermos, los lisiados, los sin esperanza ya pueden cantar gloria a la vida. En Jesús volverán a tener vida plena y eterna. En Jesús restauran sus vidas y todo será pleno de gozo y felicidad.

Estamos llamados a ser felices eternamente. Ese es nuestro camino, a pesar de las dificultades y espinas que tendremos que sortear en el camino. Jesús es nuestra esperanza. No un Jesús crucificado, sino un Jesús que tras entregar su Vida en la Cruz, ha ganado para nosotros la vida plena y eterna.

Llegará el día en que todos formemos una gran familia humana, unida, fraterna y compartida con Xto. Jesús. Ahí vamos. Ese es nuestro camino, hacia la Casa del Padre, y lo conseguiremos injertados en el Espíritu Santo, que nos asistirá y señalará el camino.

viernes, 18 de abril de 2025

ENTREGÓ SU VIDA POR CADA UNO DE NOSOTROS

¡Señor mío y Dios mío!, proclamó Tomás cuando metió su dedo en las llagas de Jesús. Y, también yo, sin llegar a eso, pero por su Gracia, hoy, más de veinte siglos después digo lo mismo en cada Eucaristía. Y lo digo consciente de que el Señor está presente, bajo las especies de pan y vino, en la epíclesis eucarística.

Cuando veo a personas débiles, enfermas o pobres, trato de imaginarme que Jesús, el Señor, también dio su vida por ellos. Y eso me ayuda a tratar de amarlos, de tenerlo en cuenta y de darles el valor y la importancia que les ha dado el Señor dando su Vida también por ellos.

Su Pasión fue, y sigue siendo en cada ofrecimiento eucarístico, un darse plenamente en amor y misericordia para nuestra salvación. Salvación que se concreta en darnos la plena felicidad eterna. Y es eso, precisamente, lo que toda persona siente, desea y experimenta en su vida.

Cuando algunos se preguntan por la existencia de Dios, y muchos llegamos incluso a dudar. Tomás, uno de sus discípulos dudó, ¿No nos basta con experimentar ese deseo de felicidad eterna que queremos y buscamos afanosamente, y que sólo en el Señor llegamos a encontrar y satisfacer? ¿No experimentamos que cuando amamos en clave del Señor, sentimos gozo y felicidad eterna?

Porque, esa felicidad que tanto anhelamos desde nuestro interior, se encuentra en Jesús. Su Palabra y su Amor Misericordioso nos lo demuestran, y la entrega de su Vida, nos rescata esa dignidad perdida por el pecado, para, en Él, ser hijos de Dios.

jueves, 17 de abril de 2025

SABÍA QUE HABÍA LLEGADO SU HORA

Caer en la cuenta de lo importante que es conocer que tendremos nuestro final, es como encontrar todas las respuestas a nuestros interrogantes y preguntas, porque detrás de nuestra muerte se esconde nuestra felicidad. Una felicidad que tendrá mucho que ver con nuestra manera de vivir y de comportarnos.

Es verdad que no sabemos la hora, pero si sabemos que debemos estar preparados porque esa hora llegará. Y ese darnos cuenta de que tenemos que estar preparados equivale como a saber la hora, pues no nos cogerá desprevenidos ni con nuestra alcuza media vacía. Tendremos suficiente aceite para encender nuestras lámparas y ver la llegada de nuestro Señor.

Antes, Jesús nos ha preparado una mesa donde nos invita a la fraternidad, dándonos ejemplo con el lavatorio de los pies, y ofreciéndose su Cuerpo en ese pan y vino eucarístico. Y ese será nuestro alimento para aceptar el reto del amor, incluido los enemigos. Un amor fraterno que se extiende preferentemente a los más débiles y pobres. Y así, de esa forma debemos también nosotros  esperar la llegada de nuestra hora.

miércoles, 16 de abril de 2025

CONOCE LA HORA DE SU MUERTE

Saber la hora de tu muerte, lejos de ser un problema, es una solución. Solución a lo que acontece después de la muerte. Porque, creas o no, sabes y experimentas que lo correcto en la vida es hacer el bien. Todos, incluso los malhechores desean ser reconocidos como personas de bien, honestas y honrados. Nadie levanta la mano para culparse de malos actos. Todos, a la hora de presentarnos ante los demás, alardeamos de honradez y ser buenas personas. Luego, dentro de nosotros hay un impulso a hacer el bien.

Y si eso es así, es porque hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador. Por tanto, después de nuestra muerte, todos nuestros indicios señalan que hay vida. Y esa vida tendrá mucho que ver con la vida que hayas vivido en este mundo. Por tanto, dependerá del amor que hayas derramado en éste, la vida que tendrás en el otro. Y, recuerda, esa nueva vida será eterna.

Jesús sabe lo que le va a suceder y conoce la hora de su muerte. Por tanto, se prepara, y lo que más le importa es hacer la Voluntad de su Padre. Y eso es lo que hace, entregar su Vida por mandato de su Padre.

También para nosotros sería muy importante conocer la hora de nuestra muerte. Al menos tratar de estar preparados para cuando llegue. Y, sobre todos, los que tenemos ya una edad avanzada, debemos dar gracias porque, de alguna manera, sabemos que nuestro final en este mundo está ya próximo. Mirar para otro lado es una gran equivocación.

martes, 15 de abril de 2025

TODOS LE ABANDONARON

Y cuando digo todos, también me incluyo yo, y supongo que tú, que quizás puedas leer esta humilde reflexión, también te consideres entre los que abandonaron al Señor. Porque, cada momento de nuestra vida, cuando actuamos contrariamente a la Voluntad del Señor, le estamos dando la espalda y abandonándolo.

Quizás sea de forma no querida, involuntaria o sometido por nuestras debilidades, pasiones y egoísmos, pero, bien por una u otra cosa, le abandonamos. Y sostiene nuestra esperanza y nuestra fe su Infinita Misericordia. Dios nos salva por los mérito de su Hijo Jesús, porque, lo ha enviado precisamente para eso, para darnos la oportunidad, una y mil veces, de arrepentirnos, de darnos cuenta de que sólo en Él encontraremos esa felicidad eterna que buscamos.

Y esa oportunidad se concreta en su Infinita Misericordia. Es evidente que no la merecemos. Es puro regalo de su Infinito Amor, pero cada instante de nuestra vida que experimentamos dolor de contrición y nos duele no esforzarnos en hacer y vivir en su Voluntad, estamos poniéndonos en sus manos y dejándonos llenar por su Gracia y Amor Misericordioso. Amén.

lunes, 14 de abril de 2025

EL AMOR SÓLO SABE DE EXCESOS

Cuando nos sentimos impulsado por nuestro egoísmo somos capaces de romper con nuestra ética y moral saltándonos toda ley y toda norma que regula la convivencia, el bien común y respeto a la ley. Las personas, cuando nos dejamos llevar por nuestro egoísmo rompemos nuestra conciencia y nuestro sentido común, y eso acarrea serias y graves consecuencias para la humanidad y convivencia.

Por otro lado, experimentamos que cuando se ama, y ese amor es consciente y profundo, sus manifestaciones y excesos son signos y gestos de la realidad con la que vive esa relación amorosa. Todo es poco para manifestar esa relación íntima y amorosa con el ser amado. Ese fue el signo de María, la hermana de Lázaro, al manifestarle a Jesús su expresión de agradecimiento, de amor profundo como Rey y Señor de su vida. Sobre todo al ser testigo de la resurrección de su hermano Lázaro. Y es que el amor aólo sabe de excesos.

Ese es realmente el secreto, somos hijos de Dios, y nuestro Padre Dios nos ama tan profunda e inmensamente hasta el extremo que nos ha creado para ser felices eternamente. Bien, es verdad, que tendremos que compartir, como Él, la muerte en este mundo para saltar al otro, Pascua, por la Gracia de Dios. Y es eso precisamente lo que nos disponemos a celebrar esta semana Santa. Tratemos de mirar, pensar y reflexionar sin dejar que nuestra mirada se desvíe de la Cruz. Esa Cruz que es signo de Vida y Resurrección.

domingo, 13 de abril de 2025

UNA MUERTE ENTREGADA POR AMOR

Ante la pregunta, ¿por qué muere el Hijo de Dios?, no encuentro otra respuesta que la de: «Por Amor». Un Amor con mayúscula, gratuito y misericordioso, porque no se puede entender de otra manera. Su Vida fue presentada para eso, para pagar por todos nuestros pecados, y para, con su muerte, merecer para nosotros nuestra salvación.

Y ante tal acontecimiento, cruento y desgarrador, no encuentro respuesta ni puedo, por mucho que me empeñe en comprenderlo. Todo es amor y misericordia de ese Padre Dios, encarnado en Naturaleza Humana, que nunca podremos merecer, y menos pagar. Luego, ¿por qué, Señor, has elegido ese camino tortuoso, sacrificado y cruento de sufrimiento para redimirnos?

Mi esperanza está puesta en que algún día, por la Gracia de Dios, y en su presencia, lo pueda entender. De cualquier modo, la realidad es esa, somos salvados porque Dios, por su Amor Infinitamente Misericordioso ha decidido salvarnos. Nos ha creados para ser eternamente felices, y, dándonos libertad, ha decidido que colaboremos con Él para ganarnos – por decirlo de alguna manera – ese inmenso regalo de gozar de su presencia eternamente.

Nos disponemos en estos días a vivir ese Triduo Pascual del paso de la muerte a la vida que el Señor nos regala misericordiosamente. Empezamos con el domingo de ramos, donde damos la bienvenida al Señor, para luego, por nuestros propios pecados, darle la espalda. ¡Señor, por tu Gracia, ayúdanos a que cada día nuestra fe sea más grande, profunda y firme en tu Palabra y en tu Amor Misericordioso. Amén.