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martes, 15 de abril de 2025

TODOS LE ABANDONARON

Y cuando digo todos, también me incluyo yo, y supongo que tú, que quizás puedas leer esta humilde reflexión, también te consideres entre los que abandonaron al Señor. Porque, cada momento de nuestra vida, cuando actuamos contrariamente a la Voluntad del Señor, le estamos dando la espalda y abandonándolo.

Quizás sea de forma no querida, involuntaria o sometido por nuestras debilidades, pasiones y egoísmos, pero, bien por una u otra cosa, le abandonamos. Y sostiene nuestra esperanza y nuestra fe su Infinita Misericordia. Dios nos salva por los mérito de su Hijo Jesús, porque, lo ha enviado precisamente para eso, para darnos la oportunidad, una y mil veces, de arrepentirnos, de darnos cuenta de que sólo en Él encontraremos esa felicidad eterna que buscamos.

Y esa oportunidad se concreta en su Infinita Misericordia. Es evidente que no la merecemos. Es puro regalo de su Infinito Amor, pero cada instante de nuestra vida que experimentamos dolor de contrición y nos duele no esforzarnos en hacer y vivir en su Voluntad, estamos poniéndonos en sus manos y dejándonos llenar por su Gracia y Amor Misericordioso. Amén.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

LA NECESIDAD DEL DESCANSO

Resultado de imagen de Mt 11,28-30 por Fano
Mt 11,28-30
El descanso es necesario. Necesitamos dormir al menos ocho horas, pero también a hacer un alto en camino cada día en las tareas cotidianas y el trabajo diario. La fatiga nubla nuestras capacidades y necesitamos reponernos para emprender la labor. Sin embargo, hay un cansancio mucho más peligroso que la fatiga física de nuestro cuerpo y también la mental.

Puesto sobre la mesa la necesidad del descanso, el Señor, que nos conoces mejor que nosotros mismos, se ofrece como descanso de todas nuestras fatigas y cansancios corporales, pero, de forma especial sobre el cansancio que nos tienta a abandonar el camino; del cansancio que nos nubla el sentido de nuestra vida; del cansancio psiquico, espiritual que nos hace perder la paz. El cansancio que nos tienta a dejar de perseverar en la presencia del Señor.

A ese cansancio, sin dejar el otro del que hablabamos al principio, es al que se refiere Jesús. Este cansancio rutinario, de abandono, de sin sentido, de esperanza, de desespero al no ver frutos y de tantas cosas más. Jesús te dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».