sábado, 17 de agosto de 2013

TENER LA FE DE UN NIÑO


(Mt 19,13-15)

Mis razonamientos me alejan de Dios. Y es que no cabe en mi cabeza tanto amor, tanto regalo y tanta misericordia. Si fuera como un niño, quizás todo sería de otra forma, porque los niños no razonan tanto, o no se detienen en ello por su ingenuidad y se fían de lo que le dicen. Sobre todo, si se les dice con tanto cariño y amor.

Sí, creo que hasta que no sea como un niño no podré acoger el amor que el Señor me da. Sólo convirtiendo mi corazón de hombre viejo en un corazón de niño seré capaz de renovarme, convertirme en un hombre nuevo y estar en disposición de entrar en el Reino de los Cielos.

Nunca, desde un corazón viejo, endurecido y apegado a la racionalidad de apoyarse en lo material, en lo tangible, en lo caduco y en lo inmediato, aparente felicidad temporal, podremos encontrar la oportunidad de transformarnos en hombres con corazón de niños.

viernes, 16 de agosto de 2013

SE HA ENDURECIDO NUESTRO CORAZON

(Mt 19,3-12)


Cuando dejas que tu corazón se endurezca empiezas a pensar en ti mismo. Desde ese momento el primero eres tú y el segundo también. Todo gira en torno tuyo y prima tu voluntad. Voluntad que está dirigida por tus apetencias y egoísmos. Sin darte cuenta has convertido tu mundo en un mundo absurdo, caótico y en ruinas, donde prima la ley del más fuerte, del más poderoso y egoísta.

Es la sociedad que estamos construyendo. Padres viejos porque llegan tarde al matrimonio responsable. Planteado como una etapa final donde hay que sentar la cabeza y formar un familia. Padres que deberían ser abuelos. Es decir, sustituimos los padres por los abuelos.

Convivencias pactadas por intereses, por apetencias y por enamoramientos románticos, construidas sobre arenas movedizas manejadas por las pasiones, sentimientos o emociones. Menos por el amor responsable y comprometido. Desde esa visión material, la Voluntad de Dios es algo que estorba e interesa eludir y pasar por debajo la mesa. El mundo guiado por ciegos va camino de la perdición.

Dios ha revelado su Plan y su Voluntad sobre el hombre y la mujer, pero el hombre, más fiel a sus pasiones e irresponsabilidades, desobedece la Voluntad de Dios. Así vemos y experimentamos las consecuencias que se derivan del deseo del hombre de hacer su voluntad.

jueves, 15 de agosto de 2013

¿TAMBIÉN YO ME LO CREO?

(Lc 1,39-56)


María creyó en todo lo que el Ángel le dijo en nombre del Señor; María abrió su corazón humilde y saltó de gozo por haber encontrado Gracia delante de Dios. María posibilita, con su fe, la encarnación de Dios en su Hijo Jesús. María, Madre de Dios y Madre nuestra.

La cuestión es mirarme y ver si mi corazón está dispuesto, como el de María, a responder al Señor de forma afirmativa y según su Voluntad. María nos sirve de ejemplo y nos alienta a que, igual que Ella, por la Gracia de Dios podemos hacer su Voluntad.

María se pone en camino de hacer la Voluntad de Dios yendo presta a servir a su prima Isabel. E Isabel, tocada por el Espíritu Santo, le confirma la grandeza de ser elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo Jesús: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Sí el Señor así lo ha pensado y hecho, tengamos la confianza de que en Él podemos responder como María: "Hágase tu Voluntad", y ponernos en camino de hacerlo. Hacer su Voluntad no es sino tenerlo presente en cada momento de nuestro vivir esforzándonos en pensar y actuar como Él lo haría. Él estará pendiente para asistirnos.

miércoles, 14 de agosto de 2013

DESCUBRIR LA VERDAD


(Mt 18,15-20)

Se hace fastidioso, molesto e incómodo, pero es el único camino válido para descubrir la mentira, el egoísmo y la hipocresía. Hoy, el Evangelio habla muy claro: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano».

La elección esta clara; se puede decir más alto, pero nunca más claro. Si, es verdad que necesitamos paciencia, fortaleza y valentía, pero no estamos solos, el Espíritu Santo nos asiste y nos guía. Antes hemos orado y pedido luz y sabiduría para descubrir la verdad. Y sabemos que todo aquello que pidamos nos será dado por nuestro Padre Dios.

Tengamos confianza en las Palabras de nuestro Señor Jesús: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


martes, 13 de agosto de 2013

EL MAYOR, EL MÁS PEQUEÑO

(Mt 18,1-5.10.12-14)


Es una contradicción, pues el más pequeño nunca puede ser el más grande. Los criterios del mundo son estos: los mayores son los que tienen más, los que almacenan más, los que ostentan más poder, los que coleccionan más títulos y alcanzan prestigios entre los hombres. 

Y, por el contrario, los pequeños son los que carecen de todo o casi todo: aquellos que dependen en todo de los demás. Pero, sin embargo, en el Reino de Dios el criterio es diferente: aquí son mayores los que nada tienen, los humildes y sencillos, los que mantienen una mirada limpia, transparente, capaces de amar. Esos son los mayores, los que ocuparan los primeros puestos.

Porque son capaces de hacerse pequeños entregando todos los talentos recibidos al servicio de los que lo necesitan. Porque siendo grandes se ponen a la altura del pequeño para servirle y ser como ellos. Esa capacidad de prescindir de tu grandeza para caminar en la humildad con los más pequeños es lo quedará a tu altura la grandeza, valga la redundancia, de ser grande en el Reino de Dios.

lunes, 12 de agosto de 2013

EL DESCONCIERTO DE LA MUERTE

(Mt 17,22-27)


Sin lugar a duda, hay momentos donde el sufrimiento nubla nuestra esperanza y en nuestra vida se hace oscuridad. Saber que la muerte no espera y que su llegada nos llega con sufrimientos, nos entristece. Eso fue lo que les sucedió a los apóstoles cuando Jesús compartió con ello lo que le iba a suceder.

Fue un día mientras estaban juntos, mientras compartían esos momentos de amistad y de cercanía que les unían y les permitía conocerse más. Jesús les descubre el camino de su Pasión, pero ellos no entendieron el mensaje, porque se quedan sólo con la muerte y olvidan, o ni la oyen, la Resurrección.

El cristiano sabe que tras la Cruz viene la Resurrección, y con la Resurrección la gloria de pasar eternamente la vida junto al Dios Padre, que ha entregado a su único Hijo a una muerte de Cruz por nosotros. Gracias a la acción del Espíritu en los Apóstoles, sabemos nosotros hoy esta buena noticia: La muerte está vencida y la esperanza de la nueva Vida alegra gozosamente nuestro camino por este mundo.

Pero antes hay un camino de cruz. Un camino donde recorrerlo exige vivirlo desde abajo hacia arriba, desde lo material de este mundo a la gratuidad del amor de Dios.

domingo, 11 de agosto de 2013

SIEMPRE EN LA VOLUNTAD DE DIOS



No se trata de cumplir, de, en ciertos momentos, hacer la Voluntad de Dios, sino de estar en permanente actitud de vivir haciendo la Voluntad de Dios. Y hacer la Voluntad de Dios sabemos que es olvidarse de uno mismo para darse al más cercano en ese momento; es enseñar ese Tesoro que has encontrado dentro de tu corazón y mostrar que otros también pueden encontrarlo; es dar plenitud a ese Amor que te desborda y te llena, para irradiarlo en otros corazones que lo necesitan...

Porque nos ha sido dado ese Reino, sólo tendremos que descubrirlo y comprarlo, vendiendo todo aquello que se interpone entre Él y nosotros, y usándolo como medio para llegar a mantenerlo como meta y fin de nuestro camino. Jesús es nuestro Tesoro, nuestro Camino, nuestra Verdad y Vida, y sólo Él vale la pena conservar.

Ni un momento de despiste, de hacer algo que le contradiga, de olvidarnos e imponer nuestra voluntad. Otra cosa son nuestros fracasos, nuestras debilidades, nuestros fallos y errores, pero siempre por la impotencia de nuestra pobre humanidad. Por eso, Jesús nos ama con Misericordia Infinita, y nos sostiene y perdona. Porque sabe de nuestros pecados.

Pero siempre en la actitud de, agarrados y mirándole a Él, estar en la lucha contra nosotros mismos de hacer su Voluntad, de esperar su segunda venida haciendo su mandato: Esforzándonos en amar como Él nos ama, porque lo que hemos recibido nos será exigido.