sábado, 2 de junio de 2018

SOBERBIA

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Los acontecimientos políticos nos demuestran el afán y locura del hombre por mandar. Todos quieren ser los primeros y estar por encima de todos, y cuando conviene avenirse o compartir, están dispuestos a tolerar otras iniciativas, destacando su actitud dialogante, que esconden tras una falsa arrogancia oculta por intereses y conveniencias. 

Todos quieren mandar y los sumos sacerdotes, escribas y ancianos de la época que corresponde a Jesús no eran menos. Ostentaban el poder absoluto religioso. Al menos eso es lo que ellos creían y querían y aspiraban a gobernar con total autoridad sin ninguna oposición. En este contexto, la irrupción de Jesús en la vida pública les presenta un gran problema. Jesús habla y obra con plena libertad. La autoridad con la que enseña y su coherencia en sus Palabras desprende admiración y muchos le siguen sorprendidos y admirados de lo que dice y hace.

Esta actuación de Jesús les molesta y la sienten como una amenaza que pone en duda esa supuesta autoridad religiosa que ellos tratan de arrogarse y ostentar. Y experimenta que pierden adeptos y que muchos se decantan por seguir a Jesús. Por eso tratan de buscar alguna ocasión para ridiculizarle o quitarle autoridad. El Evangelio deja muy claro lo que sucedió: (Mc 11,27-33): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y...

Pero, esto no es algo que pasó hace tiempo, sino que también ocurre hoy. Eso debe interpelarnos, porque, quizás nosotros también nos planteamos lo mismo. ¿Admitimos a Jesús como el enviado, el Hijo de Dios, o lo rechazamos? ¿Su Palabra amenaza nuestro bienestar, nuestro estar instalado y acomodado? ¿Su Palabra no invita a salir de nosotros mismo y dejar nuestras seguridades? Es cuestión de planteárselo, pero nunca solos sino en compañía del Espíritu Santo. En Él podemos descubrirnos y encontrar fuerzas para, por y en Él reorientar nuestro camino.

viernes, 1 de junio de 2018

DANOS SABIDURÍA, SEÑOR, PARA ENTENDER TU VOLUNTAD

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Mc 11,11-25
Se hace harto difícil entender la Palabra de Dios. En muchos momentos es clara y diáfana, pero en otros se no resiste a nuestra limitada y pobre inteligencia. Es una dicha ser pobre, dicho sea de paso descubrirlo, porque eso nos limita y nos demanda la necesidad de Dios. Pablo lo decía cuando sus debilidades servían para manifestar la Gloria de Dios -2ª Corintio 12, 9-10-.

Por lo tanto, nada de desesperar y menos desfallecer. Mi Dios tiene que ser un Dios al que yo no puedo llegar porque su grandeza es infinita y todo poderosa.  Todo lo contrario de su criatura -el hombre- limitado y pobre. Gracias, Señor, por esta pobreza, porque ser rico me descarta de tu salvación. Tú lo has dicho repetidas veces: EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS -Lc 4, 18-.

Hoy me quedo perplejo por tus acciones y tu enfado con los que han convertido tu casa en casa de mercadería olvidando que es casa de oración. No atino a tu maldición a esa higuera que no da fruto y me asombro de tu invitación a pedir dando de antemano que lo pedido ya está conseguido. No significa esto que no lo entienda, pero quedan lagunas que no llego a entender bien. De cualquier forma, todo lo que dices tiene gran sentido común, porque, observamos que también los padres de la tierra no dan lo que los hijos le piden, sino lo que les conviene.

También Tú, Señor, nos dice que pidamos con confianza y que todo lo que sea para nuestro bien nos será concedido. No cabe duda que así será a pesar de que muchas veces no lo entendamos, porque no vemos el resultado final. El tiempo juega un papel importante y nos demuestra a la larga nuestro premio por confiar y saber esperar con paciencia. Vemos que siempre Tú, Señor, tenías razón. Al final la mala hierba se seca y no da frutos.

Te pido, Señor, una cosa, dame la sabiduría de ser siempre pobre. Pobre de espíritu para tener hambre y sed de Ti y necesitar en cada paso que dé en mi vida. Porque, Tú sólo estarás atento a aquellos que se sientan y experimenten pobres y necesitados de la Gracia de salvación.

jueves, 31 de mayo de 2018

EN LA PRESENCIA DE UN MILAGRO

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Lc 1,39-56
Confieso que no me había dado cuenta durante toda mi vida, y pienso en la cantidad de veces que lo habré oído y leído, pero ha sido ahora, hace unos años, cuando lo he descubierto en unas catequesis de bautismo de adultos. Observé que Isabel no podía saber nada del anuncio del Ángel Gabriel a María y me dije, ¿de dónde adivinó Isabel que la visitaba la Madre de su Señor? Como dice el Evangelio, "quedó llena del Espíritu Santo".

Doble milagro, la del embarazo de Isabel, mujer estéril y de edad avanzada, y la de descubrir que María es la Madre de su Señor. Y nos empeñamos en buscar pruebas, seguridades y que alguien nos convenza de lo que está delante de nuestros ojos. Nadie podía saber el anuncio del Ángel Gabriel a María, y menos su contenido anunciador de la buena Noticia del Salvador. E Isabel canta la alabanza y bendiciones a María y al fruto de su vientre. La presencia del Espíritu una vez más nos muestra el Poder de Dios y el cumplimiento de la promesa del Mesías.

Verdaderamente es asombroso como se suceden los acontecimientos y como el Poder de Dios se manifiesta en su anuncio de su encarnación. Dios se hace hombre y son de nuevo dos mujeres las protagonistas de su anuncio. La Madre y la  prima Isabel. El Hijo encarnado y Juan el Bautista, quien lo precede, le anuncia y le allana el camino. Dios escoge lo más pequeño, lo más débil y lo menos creíble. Dos mujeres, una joven, sencilla, pobre y humilde, y otra mayor, anciana y estéril. Toma de lo pequeño para hacerlo grande y anunciar la buena Noticia de salvación.

Quizás muchos buscan pruebas extraordinarias o acontecimientos grandiosos. El mundo es único y un insuperable prodigio de grandeza. Sus misterios son inalcanzables para el hombre y, por cuatro cosas que ha llegado a descubrir, se cree grande, se engríe y se orgullece. Dios, creador de todo lo visible e invisible, se hace pequeño, humilde e irrumpe en el mundo en silencio, si alzar la voz y de forma desapercibida. Una Madre humilde y pobre, un padre adoptivo carpintero y un nacimiento sin ruidos y en el silencio de la noche. Quizás nos está anunciando que también nosotros debemos buscarlo en el silencio y en nuestro corazón.

miércoles, 30 de mayo de 2018

LA CRUZ DE CADA DÍA

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Mc 10,32-45
Podemos decir eso, nuestro camino lleva una cruz. Esa cruz del servicio, de dar bien por mal, de soportar toda injuria, burla, afrenta e incluso hasta el extremo de entregar la propia vida. Está pasando en todos aquellos que siguen subiendo a Jerusalén con Jesús y sucedió con Él mismo. Y nos lo dice hoy claramente en el Evangelio:  «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará».

Pero, el final nos colma de alegría y de gozo, pues nos aclara que al tercer día resucitará. Eso es lo único importante, la muerte no puede con la vida y el resultado final es de triunfo y victoria. Conocemos el camino y su dureza, pero tenemos al Señor que ha Resucitado y se ha quedado entre y con nosotros. Él está a nuestro lado en el camino y con Él vencemos todas las dificultades. Nos ha dejado dos herramientas que nos levantan y no fortalece, los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. 

Si con el primero levantamos nuestra alma limpiándola de todos nuestros pecados, que cometemos por nuestra debilidad en el camino, con el segundo recibimos el alimento espiritual de su Cuerpo y Sangre que nos transforma y nos configura con Él para vencer ante las dificultades y la cruz de cada día. Sí, la cruz se nos hace pesada en muchos instantes y momentos de nuestro camino, pero junto a Jesús y fortalecidos por el Espíritu Santo recibido en nuestro bautismo, podemos subir la cuesta que nos impone nuestra propia cruz.

Un servicio solidario, exigente, justo, honrado y fraterno. Un servicio, no dado como limosna sino entregado por amor desde el compromiso bautismal. Un servicio que te ayuda a levantarte, a caminar y a poner también tú de tu parte tu fuerzas, tu compromiso, tu colaboración y tu correspondencia al amor de Dios que se hace presente en el hermano por la acción del Espíritu Santo.

martes, 29 de mayo de 2018

SE TRATA DE DEJAR TODO LO QUE TE IMPIDE SEGUIR AL SEÑOR

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Mc 10,28-31
Cuando te dispone a reflexionar el Evangelio de cada día te asaltan preguntas y desafíos que cuestionan tu vida. Eso, siempre que lo quieras reflexionar desde una seriedad, un compromiso y un intento por hacerlo vida en tu vida. No cabe ninguna duda que, desde esa actitud, te interpela y te compromete. Y experimentas miedo e impotencia, porque te sientes débil, pobre, frágil y fácil de ser vencido. Te experimentas sin fuerzas ni voluntad para enfrentarte a esas renuncias que el seguir a Jesús te plantea.

Primero hay que despojarse de todas aquellas maromas que te atan al puerto de tu vida. Y eso cuesta y duele. Son tus apetencias, tus apegos, tus hábitos, tus comodidades, tus costumbres, tus egoísmos... Son tus ambiciones, tus afanes, tus ilusiones mundanas, tus honores, tus logros, tus privilegios y todo aquello por lo que te sientes atado a tu entorno y a tu mundo. Son todas esas cosas con las que tú crees ser feliz y con las que experimentas cierto gozo y bienestar. Es tu humanidad limitada, pobre y pecadora.

¿Cómo descubrir que vas por camino erróneo? ¿Cómo experimentar que todo eso tiene su tiempo contado y termina siempre mal? Sólo hay una posibilidad y un camino, experimentarlo y seguirle, a pesar del dolor y del desapego. La experiencia te irá despejando la incógnita y te irá aclarando el camino. El gozo y la libertad al desprenderte de todo aquello, aparentemente gozoso, pero caduco, te despejará la incógnita que te hará ver donde realmente está la verdadera felicidad y la verdadera plenitud. Todo lo de aquí abajo tiene poco valor y muy relativo. Está destinado al fuego.

Pero, en la medida que caminas, experimentarás que renunciando a lo que te impide ser libre y darte en generosidad y amor, ganarás más de todo lo que tenías. Estarás mejor considerado y más arropado. Es verdad que siempre tendrás a tus espaldas la amenaza de la persecución, pero eso no impedirá que dento de ti haya más paz, más gozo y más plenitud. Porque, la felicidad que tu buscas no está en las cosas y el placer que el mundo te puede dar, sin en la capacidad que tú tengas para amar.

lunes, 28 de mayo de 2018

NO BASTA CON CUMPLIR

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Mc 10,17-27
Es un fatal error confundir la fe con un mero cumplimientos. Muchos desearíamos que fuese así, pues de esa forma no sería tan difícil. Ser un buen cumplidor cristiano no es cosa muy difícil, basta habituarse y tener un poco de voluntad. Cumplir con el precepto de ir y oír misa no se hace pesado. Es más, ayuda a ser diligente y a alternar con otras personas. Te sociabiliza con los demás y hasta se pasa un buen rato.

Y luego, lo demás, rezar un poco y cumplir con la solidaridad y demás normas no presentan tanta dificultad. Aquel joven que se acercó a Jesús cumplía con todos los preceptos. Y hay mucha gente que, igual que él, lo hace hoy en día. El problema empieza cuando te planteas tu fe de una forma más sería y comprometida. Comprometida desde el compromiso, valga la redundancia, de tu bautismo. Entonces, la fe se inquieta y pide algo más que el mero cumplimiento.

La fe exige camino. Un camino de crecimiento y perfección, porque creer es aspirar a ser santo. No por tus medios y fuerza, sino asistido y llevado por la Gracia del Espíritu Santo, que, precisamente, empieza a caminar junto a ti en el momento del bautismo. Es la Santísima Trinidad, celebrada ayer, que se manifiesta en el Padre, que envía al Espíritu en nombre del Hijo, y el Hijo que te promete estar contigo hasta el final de los tiempos.

Se hace necesario dar ese paso de compromiso. Un compromiso de amor que corresponde al que el Padre tiene con nosotros. Así nos lo revela el Hijo al manifestarnos y mandarnos que nos amemos como Él y el Padre se aman. Es ese amor al que hay que aspirar y para ello necesitamos renunciar a muchas riquezas que nos retienen amarrados con esas maromas, que nos esclavizan y nos acomodan, como a los barcos en los puertos, fijados e inmóviles.

Porque, el mundo nos presenta muchas cosas que nuestro ego personal y nuestra naturaleza humana, herida por el pecado, ambiciona y desea. Y la riqueza es la fuente con la que se consiguen esos placeres, que nos ciegan y nos atraen y por los que estamos dispuesto a renunciar a la verdadera Fuente de la Vida y la Felicidad.

domingo, 27 de mayo de 2018

JESÚS SE QUEDA

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Mt 28,16-20
¿Sabemos lo que Jesús, el Señor, nos ha dicho? ¿Somos conscientes de que todo lo que ha dicho Jesús se ha cumplido y que ahora, al final, nos ha prometido estar con nosotros hasta el final de los tiempos? Esto significa que no estamos solos y que es una enorme garantía en medio de las dificultades que se nos presentan en el camino.

Por lo tanto, la misión que nos manda está avalada por Él y debemos ser conscientes y confiados en su Palabra. Esto no significa que tengamos éxito y que todos se avengan a ser discípulos de nuestro Señor, pues Él fue rechazado por muchos. Significa que también nosotros debemos hacer misión respondiendo así a nuestro compromiso de bautismo. Tenemos el compromiso del Señor y su Poder no tiene límites.

Los resultados no deben desanimarnos, ni tampoco los rechazos. El hombre es libre y puede optar por el camino que quiera. La tentación del mundo es muy seductora y muchos preferirán pasarlo bien aquí antes que renunciar a sus vidas y entregarlas en beneficios de los más pobres y necesitados. Pero, se equivocan cambiando tan poco y limitado por el gozo pleno de la Vida Eterna. Ahí está la trampa que el pecado nos hace seduciéndonos con cosas de tan poco valor y finitas.

Porque, lo que no es eterno tiene muy poco valor. ¿De qué te vale ganar el mundo si lo vas a perder en poco tiempo? ¿No has experimentado que cuando te das gratuitamente por hacer algo bueno en ayuda de quien lo necesita tu vida cambia y tu alegría es inmensa? Ahí se esconde la felicidad, la verdad y el verdadero camino que nos lleva a lo que realmente buscamos. Jesús es el Señor y en el bautismo empezamos nuestra verdadera vida cristiana cuyo objetivo es alcanzar la santidad y en él pertenecemos a Aquel que es por excelencia el Santo, el "tres veces santo".

La duda y la desconfianza siempre están en la mochila de nuestra vida. Somos pecadores y pensamos mal. El Evangelio de Mateo nos dice que algunos dudaron. También nos ocurre a nosotros, pero esa es la prueba de nuestra fe. Necesitamos superar esa desconfianza y confiar en Aquel que siempre ha cumplido su Palabra.