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miércoles, 19 de abril de 2023

EL OBJETIVO DE DIOS: DARNOS LA VIDA ETERNA

Cuando pensamos bien lo que hacemos en cada momento de nuestra vida podemos sorprendernos de los graves errores que cometemos. Por un lado todos buscamos la felicidad, pero no una felicidad para hoy sino para siempre. Es lo que coloquialmente decimos: pan para hoy y hambre para mañana. ¡No!, queremos pan para siempre. Es decir, ¡Felicidad Eterna!

¿Y qué hacemos? Nos cerramos los ojos y vivimos según nuestros criterios e intereses. Ni siquiera tenemos presente el momento de nuestra hora final, que sabemos que llegará. Pararnos y pensar un poco y nos damos cuenta de lo disparatado de nuestra vida. ¿A dónde vamos? ¿Qué pretendemos? ¿Quiénes se perjudican? ¿No somos nosotros los más interesados en el asunto y los más perjudicados si no la conseguimos?

Es evidente que pensamos muy poco en lo que realmente es más interesante. Quizás nos devanamos los sexos pensando en cómo conseguir más dinero, más poder, más placer…etc. Pero ¿y la Vida con mayúscula, la que empezará después de la muerte?  

¿Qué no creemos en que luego empieza una vida nueva? ¿Te has preocupado por mirarlo, investigarlo y buscarlo? ¿Te la juegas a lo que otros te han dicho y tú has oído? Piensas que es mejor vivir ahora bien, que no lo logras siempre, y jugarte toda una Vida Eterna Feliz? No lo sé, pero creo que el asunto es tan importante que merece la pena pensárselo seriamente. Tú decidirás porque nadie te va a obligar, ni siquiera tu Padre Dios que quiere regalártela. Eres libres para decidir.

Hoy, por enésima vez, Jesús, el Hijo de Dios venido a este mundo para anunciarte ese regalo Inmenso, Infinito y que nunca mereceremos, nos lo dice de nuevo en el Evangelio del día: (Jn 3,16-21): En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Y hoy te lo está diciendo, no a Nicodemo, sino a ti.

lunes, 20 de abril de 2020

NACER DE NUEVO

Nicodemo, el simpatizante rico de Jesús
Jn 3,1-8
Cuando tú quieres empezar algo nuevo tratas de renovarte, de cambiar y de empezar tu vida de otra forma. Proyectos nuevos demandan vida nueva. Hasta cierto punto es razonable. Nicodemo, que temía ser visto por los demás y que descubrieran su sentir y admiración por Jesús. Y, sobre todo, su concordancia con lo que Jesús decía y hacía, se acercó a Él por la noche con la intención de no ser visto.

También hay muchos Nicodemo en nuestra época de ahora que llevan una doble vida o una vida de fe algo descafeinada, oculta y escondida. Una vida de fe de dos caras, una religiosa cuando se está en la comunidad, y otra diferente cuando se vive en la relación con los demás socialmente. Sin embargo, Nicodemo, más que ocultarse era prudente y, por las circunstancias, no podía romper con su situación de forma repentina. Necesitaba madurar.

Nacer de nuevo exige un cambio brusco, aunque eso no signifique que sea de la noche a la mañana, sino que ese cambio, con el tiempo irá creciendo en madurez y entrega. Porque, cuando se abre el corazón a Cristo nuestra vida cobra, se despierta y ve un mundo diferente, un amanecer con ojos lleno de amor para ver el mundo con humildad, paciencia, comprensión, suavidad y bondad. Nacer de nuevo significa nacer del Espíritu de Dios que, en nuestro bautismo, al recibir al Espíritu Santo renacemos a una vida nueva.

Y permanecer en el Espíritu Santo nos exige estar abierto a sus impulsos, que traerá, como consecuencia, despojarnos de nuestros proyectos e ideas para iniciar lo que el Espíritu nos señale y a donde el Espíritu Santo nos lleve. Como vemos, se trata de un nuevo camino, que no tiene que ser un camino diferente al que estamos recorriendo, sino un camino con una mirada nueva y desde la acción del Espíritu Santo.

martes, 10 de abril de 2018

NACER DE NUEVO

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Jn 3,7-15
No se trata de volver a nacer, sino de transformar nuestro corazón de piedra en uno de carne capaz de amar misericordiosamente. Un corazón que, apegado a las tradiciones se mantiene cerrado e inamovible ante los nuevos cambios o retos que nos empujan a renovarnos y a cambiar. Un corazón cerrado e instalado en la doctrina y en la razón humana. Un corazón racional que tiene que ver y entender para creer, y que sólo cree en aquello que ve, toca y entiende.

¿Cómo, entonces, entender y creer en un Dios Omnipotente que está por encima de nosotros? Nos cuesta abrir nuestros corazones y acoger la Palabra de Dios. Nos cuesta estar disponible como lo estuvo María, nuestra Madre, ante el anuncio del ángel Gabriel. Y, sucede, que ante la dificultad nos cerramos a la Palabra de Jesús, un judío que no nos merece crédito y que habla de cosas que no entendemos y que nos cuesta aceptar y cambiar.

¿Cómo es que tenemos que nacer de nuevo, pregunta Nicodemo? ¿Acaso se puede volver al vientre de nuestras madres? Y quien lo pregunta, Nicodemo, no es un ciudadano corriente, sino un maestro de la Ley, a quien le resulta incomprensible lo que dice Jesús. Y es que quienes no nacen del Espíritu Santo no pueden entender nada de lo que habla Jesús. Sólo, el Espíritu Santo nos puede guiar y descubrir el verdadero significado de la Palabra de Dios. Es Él quien nos revela la Palabra de Dios.

Es el mismo Espíritu Santo por el que María concibe a Jesús, el Hijo de Dios, y es el Espíritu quien le guía al desierto una vez recibido el bautismo de manos de Juan el Bautista y presentado por su Padre como el enviado y el Hijo amado y predilecto. Y a quien nos invita el Padre a escucharle y obedecerle. Por lo tanto, necesitamos volver a nacer desde el Espíritu Santo. Un nacimiento que se realiza en nuestro Bautismo, y que nos capacita para, en el Espíritu Santo, fortalecernos y prepararnos para la lucha diaria contra las tentaciones y el pecado.

sábado, 1 de abril de 2017

JESÚS IMPRESIONA

(Jn 7,40-53)
No te quedas igual oyendo a Jesús. Su Palabra impresiona y mueve a un cambio. No resulta fácil y, es verdad, se inicia una lucha interior que se hace dura y molesta. Pero, la Palabra de Jesús invita a superar esas dificultades y a vencer ese desafío que el mundo, demonio y carne te presenta y te ofrece como alternativa.

Hoy, la presencia de Jesús nos interpela, y, si muchos la aceptan, otros la rechazan. Desconocen el origen y quién es Jesús. Ignoran las profecías que tienen todas cumplimiento en su Persona. Son los doctos, sabios y religiosos de su pueblo, por una razón xenófoba, Jesús no es judío, sino Galileo, y el clan del poder y de la seguridad dogmática de su tiempo se atrinchera y se defiende de la doctrina del Nazareno, que les incomoda (comentario de "Orar & Celebrar).

Muchas veces nos precipitamos, y la intervención de Nicodemo nos alerta y nos descubre la necesidad de reflexión. Posiblemente se debe al conocimiento que tenía Nicodemo de su contacto y encuentro con Jesús. Se hace necesario ser prudentes y reflexivos y no adelantarnos en tomar decisiones por anticipado, sobre todo, cuando no tenemos conocimientos y fundamentos para dar una respuesta razonada y meditada. Es, pues, conveniente hacer pausas en nuestra vida que nos den la posibilidad de razonar y madurar frente a la verdad que otros nos proponen.

¿No nos ocurre lo mismo en estos momentos de nuestra vida? ¿Cuántas luchas, divisiones, guerras y muertes por cuestiones xenófobas y racistas tienen lugar en nuestro mundo de hoy? Todavía siguen imperando nuestras ideas y verdades sobre las de los demás. Queremos imponernos y mandar, y rechazamos lo que nos digan otros.

De esta forma, muchos rechazan la Palabra de Dios. No, porque no la comprendan y asientan que es la verdad, sino que, dominados por sus prejuicios, soberbias y avaricias, quedan inmersos en la oscuridad y son incapaces de abrir los ojos y ver la Verdad.

martes, 14 de abril de 2015

LA CLAVE ES EL ESPÍRITU SANTO

(Jn 3,7-15)


Todas mis oraciones las empiezo con el Espíritu Santo, porque la clave y el secreto de todo están en el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, y es Dios. Un Dios y tres Personas. Hoy, que me toca catequesis en la cárcel, el Espíritu Santo precederá nuestro compartir, y allí rezaremos por nuestro hermano Franklin Velásquez, hermano de nuestro querido y compañero Wilson Velásquez, de Honduras, y colaborador de Blogueros con el Papa.

Nacer de nuevo es nacer en el Espíritu de Dios. Es transformar nuestro corazón para que toda acción que nuestro corazón emprenda sea con el impulso del Espíritu de Dios. En Él vivimos y en Él moriremos para nacer a la Vida de la Gracia. Y, por Él, nos moveremos al ritmo que el mismo marque, como el viento que sopla y no sabemos de dónde viene.

Suponemos que Nicodemo cambió su vida. El Evangelio no nos cuenta que fue de él, pero de su interés y actitud de búsqueda intuimos que cambiaron su vida y transformaron su corazón. ¿Mantenemos nosotros ese mismo interés que Nicodemo? ¿Buscamos al Señor, no solo de noche, sino también de día? ¿Tratamos en esa búsqueda de experimentarlo? Porque, en la medida que lo hagamos, también lo iremos experimentando.

No se experimenta un encuentro con el Señor desde una oración descomprometida, distante y hasta lejana e infrecuente. No se puede experimentar al Señor solo en los momentos extremos de necesidad o interés. Experimentas al Señor cuando caminas y dialogas con Él, y cuando compartes las alegrías y tristezas de otros también con el Señor entre ellos. Porque Jesús ha Resucitado, y ha Resucitado para estar con los hombres, sobre todo con los más pobres.

Por eso, en la medida que te acerques a la Iglesia, a las comunidades y grupos, y empieces a compartir las inquietudes y los problemas; en la medida que te solidarices con los más pobres y necesitados; en la medida que te esfuerces en soportar y perdonar a los más incordios y egoístas y luches por ser misericordioso y justo, estarás experimentado al Jesús Resucitado.

Podrás entonces compartirlo, verlo y proclamarlo. Porque Jesús Vive, y vive en los pobres y en donde hay necesidad de Él, como ocurrió con Nicodemo. Él se aparece a los que le buscan, y a los que están tristes porque piensan que ha muerto. Él se nos hace presente cuando damos señales de acercarnos y le buscamos.

Jesús es el Señor y permaneciendo en Él no le quedará a nuestro corazón otro camino que el de ser transformado, porque en el Señor está toda nuestra alegría y nuestro gozo eterno.

lunes, 13 de abril de 2015

NACER DE NUEVO

(Jn 3,1-8)


No se trata de volver a empezar, sino de volver a nacer. Se trata de dejar la carne con la que hemos nacido en este mundo, y, limpios de pecado por el Bautismo, nacer al Espíritu de Dios, que es lo que significa nacer de nuevo y de lo alto. Se trata de morir al pecado y nacer a la Vida de la Gracia. Es lo que hacemos en el Bautismo.

Por eso, el Bautismo es un regalo de Dios. Un regalo que no puede esperar, pues cuanto antes nazcamos a la Vida Nueva de la Gracia, antes gozaremos del privilegio de ser hijos de Dios. No es cuestión de aceptarlo o no, sino de sumergirse en la muerte carnal, para resucitar, limpio y nuevo con Jesús a la Vida de la Gracia.

Hay una cosa que llama la atención a Nicodemo, pues reconoce en Jesús un poder misterioso que hace que pueda hacer prodigios extraordinarios que nadie puede hacer. Eso le hace suponer y creer que viene de parte de Dios, porque nadie que no venga enviado por Él puede hacer estas cosas. ¿Y nosotros? ¿Podemos preguntarnos la misma pregunta y considerar que Jesús es realmente el enviado y verdadero Hijo de Dios?

No nos faltan testimonios y conocimientos de la Vida de Jesús. Sabemos por la Escritura muchas cosas de Él, y conocemos sus obras, sus milagros y curaciones. Conocemos que ha pasado haciendo el bien y proclamando el Amor que el Padre, de que se proclama enviado, nos tiene a cada uno de nosotros. Y el colmo ha sido que ha entregado su Vida, libremente y voluntariamente, para salvarnos y rescatarnos.

 Lo ha hecho por Voluntad del Padre, obedeciendo por amor y libremente. Dándonos ejemplo de obediencia y de amor. Porque la obediencia está por encima de las apetencias y gusto. No se ama por sentimiento o gustos, sino por compromiso y responsabilidad. Y ese es el Misterio del Amor de Dios, que no teniendo ninguna obligación ni necesidad de amarnos, nos ha amado hasta el extremo de entregarnos a su Hijo a una muerte de Cruz para redimirnos.

No se puede entender, porque nuestra pobreza y pequeñez no alcanza a comprender tanto amor. Pero la realidad es que estamos vivos por el Amor y la Misericorida de nuestro Padre Dios. Tratemos de buscar, como Nicodemo, al único y verdadero Hijo de Dios, que ha venido al mundo, enviado por el Padre, para ofrecernos la salvación.

lunes, 28 de abril de 2014

CREADOS DE NUEVO

(Jn 3,1-8)

Nicodemo no entendía lo que Jesús le decía: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios». Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.

El Bautismo es el inicio de ese volver a nacer revestido del agua y del Espíritu de Dios, y por él empezamos una nueva vida como verdaderos hijos de Dios. Es posible que sintamos miedos, miedos originados por nuestra naturaleza humana, débil y pecadora sometida por el pecado. Necesitamos la fuerza del Espíritu que nos fortalezca y nos ilumine para poder vencernos y nacer a la verdad y al amor.

Sin la Gracia del Espíritu de Dios nada podemos hacer. El Bautismo nos infunde la Vida de la Gracia y nos dispone al combate, asistidos por el Espíritu Santo, para la lucha de cada día contra nuestras limitaciones e inclinaciones humanas al pecado.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros la llama de tu Amor. Envíanos Señor tu Espíritu y nuestros corazones serán creados de nuevo. Y ser renovará la faz de la tierra.