martes, 8 de abril de 2014

SIN TI SEÑOR, ¿A DÓNDE VOY?

(Jn 8,21-30)


La experiencia de este mundo salta a la vista de forma muy clara. Cada día me sorprendo más de la ceguera de muchas personas, aparentemente inteligentes, pero, empiezo a dudarlo, porque no descubren ni advierten la hermosa claridad de la verdad que tienen delante. Pasa la vida y no experimentan la pregunta que late dentro de su corazón. ¿Qué sucede luego? ¿A dónde vamos? ¿Tiene esta vida caduca sentido?

Observo a muchos amigos que envejecen, que contraen enfermedades graves, y que muchos mueren, y me sorprenden que no reaccionan, que viendo no ven, que el mundo ha apagado las luces de la fe y que viven triste y resignados a su destino equivocado. ¿Es qué no oyen la Voz del Señor que les invita a una vida nueva, eterna y gozosa? ¿Es qué no entienden o no quiere entender?

Supongo y pienso que están muertos, poseídos, sometidos y esclavizados por el Príncipe de este mundo, y ciegos ante la Verdad que les invita y le abres los brazos del Amor y la Paz. Mientras hay vida tenemos la oportunidad de creer en el Señor y suplicarle que nos lleve con Él a ese lugar junto al Padre. Despertemos de la oscuridad de este mundo vacío y caduco.

Ilumina Señor mi entendimiento y dame la Luz de la Fe para seguir el camino de tu Cruz confiado y abandonado a tu Palabra.


lunes, 7 de abril de 2014

VETE, Y EN ADELANTE NO PEQUES MÁS

(Jn 8,1-11)

La consigna de Jesús es clara. No condena, pero ofrece un cambio de vida y no volver a cometer los mismos errores. Al menos a esforzarse en ello. Esto descubre un arrepentimiento sincero y poner de nuestra parte todo el esfuerzo necesario. Es posible que por nuestra condición pecadora y humana volvamos a caer, pero cuando el esfuerzo es sincero y en el Señor, su Gracia nos dará las fuerzas necesarias para corregirnos.

Sin lugar a duda, cuando nos examinamos nosotros primero, la misericordia se hace presente en ese mismo instante en lo más profundo de nuestro corazón. Jesús nos conoce y nos toca en lo más íntimo y hondo de nuestro corazón. Sabe de nuestros pecados y de nuestra humanidad pecadora. ¡Ha venido a salvarnos!

Por eso, nos invita a reflexionar interiormente para que veamos nuestras culpas y delitos. Quizás muchos de los presentes son cómplices y culpables de los pecados de aquella mujer que, ahora, quieren lapidar. Y cuando hacemos ese ejercicio humilde de vernos a nosotros mismos, no nos queda otra salida que la de perdonar como nos gustaría que nos perdonen a nosotros también.

Por eso, en la medida de que des y ofrezcas perdón, también serás tu perdonado delante de Dios.

domingo, 6 de abril de 2014

TAMBIÉN NOSOTROS ESPERAMOS LA RESURRECCIÓN

(Jn 11,1-45)


Posiblemente Jesús aprovechó esa muerte de su amigo Lázaro para Gloria de su Padre Dios, y para que muchos hombres creyeran en que Él era el Mesías. Termina el Evangelio de Juan afirmando esto: Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.

Estamos inclinados a necesitar grandes prodigios, como es el resucitar de la muerte a una persona, para abrir nuestros ojos y creer seriamente. Eso le ocurrió a muchos judíos en aquella ocasión, pero nos ocurre también a nosotros ahora, en nuestro tiempo. 

A la pregunta de Marta por la tardanza de Jesús y la muerte de su hermanos Lázaro, Jesús responde:  «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo». 

¿Y creemos nosotros también? Esa es la pregunta que busca respuesta en nuestra vida : vencer la muerte. Porque lo verdaderamente importante es vivir eternamente y Jesús nos propone esa vida eterna y gozosa en presencia del Padre. Estamos a pocos días de celebrar la Pascua, ese misterio del paso de la muerte a la vida, y aprovechamos la ocasión para, una vez más, pedirle al Señor la fe de Marta y María en la esperanza de resucitar en el Señor para la eternidad.

Porque el Señor es el Camino, la Verdad y la Vida.

sábado, 5 de abril de 2014

¿QUIÉN ERES SEÑOR? ¿DE DÓNDE VIENES?

(Jn 7,40-53)


Todo sigue igual, Dios mío. Ponemos en duda tu Divinidad y tu Palabra, y nos preguntamos quien eres. Ocurre lo de siempre, nos ajustamos a la ley cuando nos interesa y siempre procurando adaptarla a nuestros intereses y comodidades. Tratamos de alejarnos de aquello que significa una exigencia y compromiso.

Ponemos en entredicho tu origen sin apenas conocerte. Sucede que siempre son los que menos te conocen los que hablan de Ti negativamente y poniendo en duda tu Palabra. Los de siempre Señor, los fariseos y los versados en la ley. Los ciegos que viendo no ven.

Y quieren acallar tu boca Señor, y desprestigian tus Palabras. Su ley es dios y la interpretan según les conviene. No les interesa oír tus Palabras y tratan, por todos los medios, quitarte del medio. Te insultan y te llaman embaucador y agitador, y rechazan tu Mensaje. Siempre hay una porción de tierra donde tu Palabra hunde sus buenas raíces. Esa tierra hoy se llama Nicodemo que escondido en Ti, Señor, trata de salvarte y de que tengan la oportunidad de escucharte.

Ilumínanos Señor para verte por la Luz de la Fe y afirmarnos más en tu Palabra y Divinidad.

viernes, 4 de abril de 2014

PELIGRO DE MUERTE

(Jn 7,1-2.10.14.25-30)


La vida de Jesús corre peligro porque lo que dice no gusta a los que mandan y manejan al pueblo. Es la ley la que ellos adoran y a la que someten a los demás. La ley que les interesa mantener porque favorecen sus intereses y la adaptan a sus conveniencias. Jesús representa un peligro porque les descubre sus oscuros y egoístas intereses.

Les nubla sus mentes el conocer a Jesús. El saber que es de Galilea ciega sus ojos y sus corazones y les predispone al rechazo. No puede ser el Mesías alguien conocido, murmuran, y este sabemos quien es. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado».

Dios se hace Hombre para revelar su Amor a los hombres. Y Jesús, el Hijo de Dios Vivo, es el Mesías enviado y encargado de dárnoslo a conocer. A Dios nadie lo conoce ni lo ha visto, sólo sabemos que Jesús, el Hijo, nos lo revela, nos habla de sus intenciones y de su Amor y nos ofrece, en Él, la vida eterna de parte de su Padre Dios.

Gracias Señor porque por tu entrega libre y voluntaria, llegada tu hora, a una Muerte de Cruz, nos has rescatado y salvado para siempre por la Voluntad y Amor del Padre.

jueves, 3 de abril de 2014

YO CREO EN TI SEÑOR


(Jn 5,31-47)

Creo porque todo lo que me circunda habla de Ti, pero porque las Escrituras, tu Palabra, me dan testimonio de que Tú eres el Hijo de Dios vivo. Sé que muchos así no lo creen, y te rechazan porque de reconocerte tendrían que renunciar a muchas cosas. La actitud de aquel joven rico nos descubres y señala a nosotros también.

Experimento lo duro que es renunciar a nuestros apegos, nuestras comodidades y nuestros intereses, pero confío en tu Palabra y en la fuerza del Espíritu Santo que nos asiste y nos prepara para esta renuncia. Juan, tu primo, dio fe y testimonio de Ti, y nos preparó el camino. Y Tú Señor nos anunciaste el Amor de tu Padre y la locura por salvarnos a cada uno de nosotros por tus méritos de muerte en la Cruz.

Tus obras Señor son testigos de tu Amor y de tu Poder. Nos lo demuestra porque nos curas y salvas de nuestras enfermedades y muerte. Nos promete vida eterna y nos libera de nuestras cadenas de esclavitud. Tú, Señor, eres el Hijo de Dios Vivo. El enviado por el Padre para que en Ti podamos reconocer su Amor y alcanzar la liberación y vida eterna.

Gracias Señor porque por tu Gracia mi fe tiene consistencia y se sostiene, y en Ti se construye y edifica. Gracias Dios mío porque me das la fe y la aumentas para que acepte el testimonio de las Escrituras y de la Ley que nos trasmitió Moisés y tiene en Ti su cumplimiento.

miércoles, 2 de abril de 2014

¿QUIÉN DIRIGE MI VIDA?



Hay muchas preguntas a las que debemos responder. Preguntas que igual nunca nos hemos hecho y que quizás nunca nos las haremos, pero que de sus respuestas dependerá nuestra salvación. Experimentamos que nuestra vida es un camino, en muchos momentos alocados y en otros atormentados. Caminamos muchas veces sin sentido y en otros, el sentido se lo damos nosotros.

La pregunta: ¿Quién dirige nuestra vida? tiene una respuesta de vital importancia para, valga la redundancia, nuestra propia vida, pues si la dirigimos nosotros posiblemente la perderemos, pero si la ponemos en Manos del Señor será bien encauzada y salvada. Todo dependerá de donde la pongamos.

Si nuestra referencia es Jesús, el Hijo de Dios, observamos que Él ha puesto su vida en Manos de su Padre: "El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace... (Jn 5, 17-30).

Ahora, la pregunta que me hago es: ¿Quién dirige mi vida? Si la dirijo yo, ya sé que me puede pasar, pues soy ciego y pecador, pero si la pongo en Manos del Señor, Él me conducirá a tierra fértiles de abundancia de paz y felicidad. Y la experiencia que tengo es que soy yo quien dirige mi vida e inmovilizo al Señor. Mis planes y proyectos son los que prevalecen aunque me autoengañe y los consulte con el Señor.

Pues cuando la cuesta se me hace dura y difícil de seguir, tomo otra dirección y yo mismo me pregunto y me respondo. Se hace difícil ponerse en manos de otro porque tus planes no coincidirán con él. Tendrás que obedecer sin estar de acuerdo. Cuanto más en Manos del Señor cuyos planes nunca entenderemos.

Sin lugar a duda, cuando es el Señor quién me dirige está asegurado el camino y siempre, a pesar de no entenderlo, será lo mejor para mi salvación. Y todos los que están a mi lado notan su presencia. Si esto no ocurre descubre que no suelto plenamente mi vida en Manos del Señor.
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