miércoles, 21 de septiembre de 2022

TODO, SEÑOR, ES GRACIA A TU MISERICORDIA

¿Qué sería de mí sin tu Misericordia, Señor? Iluso de mí pensar que, con y por mis méritos, podría alcanzar la recompensa de felicidad eterna. Pensar que con mi perseverancia, mi trabajo, mi cumplimiento…etc. puedo merecer el amor de Dios y su Infinita Misericordia sería caer en la trampa que, posiblemente el demonio trata de que así sea. Todo es pura Gracia y regalo de Dios. Todo es porque Él así lo ha dispuesto y lo ha querido. Si tenemos una posibilidad de salvación eterna es por su Infinita Misericordia.

Es Él quien nos busca y nos convierte. Es Él quien prepara nuestro encuentro con Él y es Él nuestra única esperanza de salvación. Nos lo dice claramente en el Evangelio de hoy: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Y es que los fuertes se bastan a sí mismo y no necesitan de nadie. Por eso, la primera cualidad que tenemos que descubrir es la humildad. Sin humildad nos sería imposible acercarnos al Señor. Y, la humildad, nos ayuda a descubrir nuestra total y plena dependencia del Señor. Solo en Él encontraremos la plena libertad de amar gratuitamente y por amor, valga la redundancia.

Por tanto, pongamos nuestra mirada fija y plena en el Señor. Su Infinita Misericordia nos salva; su Infinito Amor nos redime y nos libera y nos convierte. Simplemente, incluso es lo más cómodo para nosotros, ponernos en sus Manos y, a pesar de nuestras debilidades, oscuridades y pecados, tener nuestra mirada siempre fija en Él y, a impulsos de su Espíritu, tratar de, humildemente, caminar según su Palabra.


—Corremos el peligro de pensar que somos nosotros quienes nos salvamos. Y, posiblemente, eso es lo que nos puede desanimar cuando nuestra debilidad se haga patente —dijo Manuel.

—Mi propia experiencia —comentó Pedro— me dice que, por nosotros mismos, no podremos superar las tentaciones y seducciones que mundo, demonio y carne nos presentan.

—A mí me sucede lo mismo —respondió Manuel. Si me salvo es por la Infinita Misericordia de Dios, porque, fallos y, por supuesto, pecados voy a llevar siempre conmigo. Mi naturaleza está herida y vencida. Solo en el Señor, por su Infinita Misericordia, estoy salvo.

—Yo pienso lo mismo —dijo Pedro. Y eso me descubre que no puedo perder de vista al Señor.

 

Ambos amigos habían convergido en que solo en el Señor, por su Infinita Misericordia, podían encontrar la salvación. Una salvación que es puro regalo por amor. Indudablemente, un misterio que no podremos entender hasta estar en su presencia, por eso nos será necesario la fe.

martes, 20 de septiembre de 2022

REALMENTE, ¿QUIERES SER AMIGO DE JESÚS?

No solo amigo, sino hermano. Así, dice hoy en el Evangelio, Jesús: (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Seguir a Jesús exige dos condiciones. Escucharle y poner en prácticas sus enseñanzas. Así de fácil. No hay mas condiciones ni exigencias. Simplemente, escucha su Palabra y trata de ver que es lo que responde tu corazón. Experimentarás que es la mejor opción porque, dentro de ti, en lo más profundo de tu corazón, experimentas esa sensación y deseo de buscar la verdad, el bien y, sobre todo, amar.

¡Sí, estamos de acuerdo!, la vida nos complica ser como realmente queremos ser. Nuestra naturaleza está herida por el pecado. Nuestros deseos y afanes no son tan buenos. Somos ambiciosos y placenteros. Experimentamos envidia de otros que viven de acuerdo con lo que realmente sienten dentro de su corazón y, no les aceptamos. Nos recuerdan constantemente nuestros pecados y nos cuesta cambiar. La envidia no nos deja.

Pero nuestra mayor locura es querer hacerlo por nuestra cuenta. Necesitamos escuchar la Palabra y, junto a Jesús, abiertos al Espíritu Santo – recibido en el momento de nuestro bautizo – llevar esa Palabra a la vida. Con Él no nos resultará tan difícil y, a pesar de las dificultades y sacrificios, logramos vencer y llevarla a la vida. Para eso ha venido Jesús, para estar con nosotros, acompañarnos y fortalecernos en la lucha de cada día con nuestras propias pasiones y las seducciones del demonio, del mundo y la carne. Cristo y tú, mayoría aplastante. No lo olvides. 


—El mundo —dijo Manuel— es más fuerte que nosotros y nos vence con facilidad. El demonio lleva ventaja sobre nosotros y solos ante él estamos perdidos.

—Será un disparate enfrentarse a él, ¿no? —dijo Pedro.

—Una locura. ¿Para qué nos hemos bautizado? ¿Y quién nos acompaña desde ese momento? Pues, con Él podemos salir victoriosos de la lucha de cada día contra precisamente el mundo, demonio y carne. —afirmó Manuel.

 

Nuestro bautizo significa el nacimiento a una nueva vida. Volvemos a nacer desde el Espíritu – como le dijo Jesús a Nicodemo, Jn 3, 3 – para fortalecidos en ese Espíritu de Dios superar todas esas dificultades que mundo, demonio y carne nos presentan.

lunes, 19 de septiembre de 2022

LA LUZ DESCUBRE LA MENTIRA

Es evidente que quien no tiene nada que esconder no se preocupa de estar en la luz. Es más, diría que le gusta y goza estando en la luz al tener la posibilidad de mostrar sus buenas intenciones, sus cualidades y toda su verdad y amor. Siempre es mejor moverse en la luz del día, pues en la luz se aprecian las cosas mejor. Sobre todo si esa luz proviene de lo más profundo del corazón.

Quienes buscan la oscuridad y, por tanto, la prefieren, es porque algo esconden. Les conviene moverse y vivir en la mentira. Aliarse con la oscuridad es algo que necesitan para ocultar todas sus fechorías y mentiras. Sin embargo, la luz acompaña a aquellos que nada esconden, ni siquiera sus propios pecados, de los que se duelen y se arrepienten. Experimentan dolor de contrición y propósito de la enmienda. La luz, por tanto, les favorece y ayuda a sostenerse en la verdad y a transmitirla con su testimonio.

Es evidente que la oscuridad es propicia para esconderse y ocultar todo lo que interesa que no se vea y se esconde bajo la apariencia. La luz molesta. Es todo lo contrario, en ella todo queda al descubierto y bajo la mirada de Dios. Nada se podrá ocultar a su mirada. Es esa Luz, la del Espíritu Santo, que hemos recibido en el bautismo, la que nos ilumina interiormente hasta el punto de dar testimonio de la verdadera Verdad, la Buena Noticia.

 

—Vivir en la luz significa vivir en Gracia de Dios. Al menos, en esa intención y con esa actitud. ¿Estás de acuerdo Manuel —dijo Pedro.

—Totalmente de acuerdo —respondió Manuel. No estás en la Luz si no tratas de estar abierto a la acción del Espíritu Santo y a sus impulsos. Porque, solo en y con Él puedes vivir en la verdad.

—Pienso lo mismo. Si no estás en la Luz estás en la oscuridad. De modo que para vivir en la verdad es necesario estar con Dios.

 

Al final todo se sabrá. De nada vale ocultar tus fallos o pecados. Mejor confesarlos porque todo se sabrá. «Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público - Lc 8, 16-18 -». No es de inteligente ni de buena decisión vivir escondido detrás de las apariencias.

domingo, 18 de septiembre de 2022

MANO IZQUIERDA

Cuando actuamos con mano izquierda queremos significar que usamos toda nuestra astucia y picardía para, nunca engañar, pero sí valernos de ciertas apariencias o seducciones para ofrecer la posibilidad de vivir en la verdad, la justicia y el amor. Posiblemente queremos hacer el bien y, para ello, nos valemos de ciertas apariencias que atraigan a aquellos que, quizás confundidos, vacilantes o ignorantes no sepan qué hacer o como defenderse.

El peligro se esconde en que usemos el mal para hacer el bien. No se trata de eso. Se trata de usar toda nuestra astucia y picardía para dar a conocer la Buena Noticia donde está la felicidad y salvación que todos buscamos. Se trata de dar a conocer a Jesús a aquellos que no le conocen y, para ello, usar todos nuestros recursos y seducciones, dentro de la verdad, para darlo a conocer. Puede ser una fiesta, puede ser un motivo de encuentro deportivo o de cualquier cosa que se nos pueda ocurrir para tener la oportunidad de anunciarle el Amor que Jesús, de parte de su Padre, nos anuncia con su Vida y Obras.

De alguna manera, aunque lo hacemos sin condiciones, gratuitamente y por amor, el testimonio busca despertar y mover en el prójimo a descubrir el Infinito Amor que Dios nos anuncia en su Hijo Jesús y su Infinita Misericordia. Se trata de eso, de poner toda la carne en el asador para que la Buena Noticia sea anunciada y conocida. Siempre al servicio del Amor incondicional y gratuito, por la Gracia de Dios, y priorizándolo al dinero y las riquezas. Porque, como bien termina el Evangelio de hoy domingo, no podemos servir a dos señores, terminarás aborreciendo a uno y amarás a otro.

 

—¿Te parece, Pedro, que conviene tener mano izquierda para, seduciendo, buscar la posibilidad de anunciar la Buena Noticia? —planteó Manuel.

—¡Hombre, a veces necesitas decir alguna mentirijilla piadosa para acercar al amigo al Señor y poder anunciarle la Buena Noticia.

—Eso es lo que entiendo yo también —dijo Manuel. Siempre que no perjudiques, corrompas o hagas daño, debemos utilizar todos los recursos para dar a conocer la Buena Noticia.

sábado, 17 de septiembre de 2022

LA SEMILLA ESTÁ DENTRO DE TI

Desde tu nacimiento, en el mismo instante de tu concepción, la semilla de la Palabra de Dios ha sido sembrada en tu corazón. Una semilla de verdad, de justicia y de amor. Una semilla llamada a dar frutos de amor sin condiciones ni exigencias. Una semilla que si no muere no dará frutos. Y muere cuando dándose en todo su ser se entrega al servicio de los demás por amor.

Sin embargo, sucede que el mundo, diablo y carne nos seducen y, pronto, a las primeras tentaciones, entregamos nuestra semilla sin apenas abrirla. Se la comen los pájaros. Otros se mantienen algo más de tiempo, pero las primeras dificultades ahogan su perseverancia y abandonan su semilla dejándola sin sembrar ni cultivar. Hay otros que llegan a sembrar sus semillas, pero los afanes, riquezas y placeres que el mundo les ofrece terminan por impedirles madurar y dar frutos. Y, por último, los que perseveran, soportan las tentaciones y hunden sus semillas en sus corazones y, escuchando la Palabra, son los que maduran y dan frutos. Unos 30, otros 60 y otros 100 por ciento. Cada cual según los talentos recibidos.

La pregunta se cae por su propio peso: ¿Dónde te encuentras tú? ¿Qué tierra eres y donde estás sembrando tu semilla? Responder a esas preguntas te corresponde a ti. Nadie va ni puede responder por ti. Tú sabrás que haces con esa semilla – Palabra de Dios – que ha sido sembrada en tu corazón.

 

—Creo que lo importante es descubrir donde tengo que sembrar mi semilla —dijo Manuel. Buscar una tierra buena para que pueda echar raíces y dar frutos.

—Sí, esa es la cuestión —respondió Pedro. Pero ¿cómo buscar esa tierra?

—Jesús, que sabe de nuestras dificultades, dejó, precisamente para eso, la Iglesia. En ella podemos escuchar la Palabra y encontrar ayuda para perseverar.

—Sí, supongo que ese será el camino.

 

Diríamos que la Iglesia es el lugar donde podemos dejar nuestra semilla para que, desde allí buscar la mejor tierra donde sembrar esa Palabra de Dios que nos convierta y nos de la fortaleza y Gracia para dar frutos de amor. No olvidemos que allí recibimos el Espíritu Santo – en la hora de nuestro bautismo – y en Él encontraremos inteligencia, sabiduría, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios para dar los frutos de amor que nuestro Padre Dios espera de nosotros.

viernes, 16 de septiembre de 2022

EL PAPEL DE LA MUJER

Lc 8, 1-3

Sin lugar a duda, la mujer desarrolla un papel importante en la sociedad en todos los aspectos. En ella empieza la vida humana que, con la colaboración del hombre, perpetuán, por la Gracia de Dios creador, la presencia humana en la tierra. Es complemento que perfecciona al hombre y que añade con su intuición y cualidades femeninas todo lo que el hombre no ve. Es la pareja que completa la obra de Dios, la creación del ser humano, hombre y mujer, semejantes a Dios.

Porque, si hemos sido creados semejantes a Dios, entendemos que Dios tiene semejanza tanto con el hombre como con la mujer. Luego, la obra humana perfecta se completa en el hombre y la mujer. Ambos forman esa semejanza con nuestro Padre Dios. Y, por supuesto, ambos tienen un papel importante en el Plan creador y anunciador del mensaje de la Buena Noticia. Creados por Amor y para amarnos.

Por tanto, hombre y mujer, diferentes para complementarnos en la construcción de esa nueva alianza que forman el pueblo de Dios. La familia será la célula que nos engendra, nos cobija y nos educa para el amor solidario y misericordioso semejante al que nuestro Padre Dios tiene con cada uno de nosotros. Por tanto, el papel de la mujer será determinante y necesario. Así transcurrió en la Vida de Jesús, nuestro Señor, tal y como vemos hoy en el Evangelio – Lc 8, 1-3 – donde las mujeres acompañan a Jesús en su labor evangelizadora.

 

—Somos semejantes a Dios, así lo dice la Biblia: Gn 1, 26: Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Pero eso no significa que seamos iguales —puntualizó Manuel.

—Supongo —respondió Pedro— que uno complementa al otro y eso exige que sean diferente. ¿No lo crees?

—Lo que a uno le falta, lo tiene el otro. De esa manera son más perfecto y, por supuesto, ¡lo más importante, necesitan amarse! Un amor que exige respeto e igualdad en dignidad.

 

Está claro para el que quiera ver las cosas como en realidad son. Hombre y mujer son iguales en dignidad. Ambos son hijos de Dios, pero con características y diferencias que hacen a uno el complemento del otro. Ambos formal la familia, célula de la sociedad sin la cual los pueblos desaparecen. Su papel, hablamos del lado feminista, tiene gran importancia y relevancia en la Iglesia. Lo vemos claramente en el Evangelio, Palabra de Dios.

jueves, 15 de septiembre de 2022

MARÍA, AL PIE DE LA CRUZ

María se mantiene firme y, a pesar del dolor de ver a su Hijo en la Cruz, se sostiene firme y a su lado. ¡Claro!, sufre y se desmaya, pero, llena de dolor y, por la Gracia del Padre, soporta y persevera al pie de la Cruz. Es María, la Virgen de los Dolores que hoy celebramos. Celebramos y recordamos esos momentos de dolor y sufrimiento que nos pueden servir a nosotros de referencia para nuestra vida.

No perdamos nunca la fe en el Señor y pidamos al Padre que nos dé esa fortaleza y esa Gracia de saber resistir y superar los momentos de cruz que nos traerá nuestra vida. Porque, llegarán tarde o temprano. Pidamos a María, nuestra Madre, que interceda al Padre para que también nosotros podamos, por la Gracia de Dios, soportar con paciencia y, sobre todo, fe, los momentos de debilidad donde nuestra esperanza y paciencia se derrumban y se sienten vencidas.

Miremos a María frente a su Hijo. Miremos su sufrimiento, pero también su fe y su esperanza. Ella supo esperar que Dios le diese la fuerza y fortaleza para, sin perder la fe en su Hijo, alcanzar la Gracia de permanecer firme a la Voluntad de Dios Padre. Amén.

 

—Si observas y miras a tu derredor, Pedro, verás que la vida es un camino donde el dolor y sufrimiento están en él. Y, pienso, que solo aceptándolo desde la Cruz y junto al Señor se puede superar. Porque, quieras o no, el dolor llegará siempre.

—Estoy de acuerdo. Tarde o temprano llegará el sufrimiento. Sabemos que tendremos que morir y tenemos miedo a la enfermedad y al dolor.

—Sí, y esa son nuestras cruces que, compartiéndolas con el Señor, podemos aliviarnos y llenarnos de esperanza y gozo. Porque, sabemos que un día llegará la gloria eterna.

 

«No hay escapatoria, pensaba Manuel. El camino está definido: nacemos y morimos, y ese espacio llamado vida nos deparará momentos de alegría y momentos de sufrimientos. Pero, un día llegará el final. Luego, será el gozo eterno o el rechinar de dientes. Todo dependerá a que cruz te has agarrado. A la que te ofrece el mundo o a la que acepto Jesús por ti