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viernes, 19 de septiembre de 2025

EL PAPEL DE LA MUJER

Lc 8, 1-3

    Siempre he pensado —compartía Pedro— que en la familia, la mujer tiene un papel fundamental. Es la madre, y la que lleva, aunque a veces permanezca escondido, el timón de la casa. Hasta el extremo —me atrevo a decir— que si falta la mujer, la nave zozobra. No sucede lo mismo con el hombre.

    —¿Qué piensas tú, Manuel?
 —En principio estoy de acuerdo. El rol de la mujer es imprescindible. Aparte de ser la que trae a los hijos al mundo, es el cobijo de todos los hijos de la casa. Sin embargo, no podemos obviar que el hombre también tiene su función. Y muy importante
   —Supongo —comentó Pedro— que la familia se construye en aras de la unión del hombre y la mujer. Eso es evidente.
  —Eso está claro —replicó Manuel—. Pero quiero destacar el desempeño enorme que ha aportado la mujer, no solo a la familia, sino también a la sociedad en general. Sobre todo, como lo resalta el evangelio (Lc 8, 1-3), donde el papel de la mujer en la Iglesia ha sido de gran relieve desde el principio como discípulas de Jesús.
   —Me parece muy importante —dijo Pedro—, porque, a veces, da la sensación de que la mujer queda relegada a un segundo plano.
   —Sí, y es conveniente descubrirlo y ponerlo en el lugar que les corresponde. Entre ellas están María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que siguieron a Jesús y le servían con sus bienes.

    En el evangelio, pocas veces aparecen las mujeres mencionadas como discípulas del Señor, pero es así como sucede en este texto. Aquí se recoge el nombre de algunas de ellas. Son seguidoras de Jesús, mujeres agradecidas al Maestro, por haber sido liberadas de malos espíritus o de enfermedades.

   Volverán a aparecer junto a la cruz de Jesús, en primera línea, y serán testigos de la resurrección del Señor.

    Las mujeres jugaron un papel clave en la primera comunidad cristiana y a lo largo de los siglos.

viernes, 16 de septiembre de 2022

EL PAPEL DE LA MUJER

Lc 8, 1-3

Sin lugar a duda, la mujer desarrolla un papel importante en la sociedad en todos los aspectos. En ella empieza la vida humana que, con la colaboración del hombre, perpetuán, por la Gracia de Dios creador, la presencia humana en la tierra. Es complemento que perfecciona al hombre y que añade con su intuición y cualidades femeninas todo lo que el hombre no ve. Es la pareja que completa la obra de Dios, la creación del ser humano, hombre y mujer, semejantes a Dios.

Porque, si hemos sido creados semejantes a Dios, entendemos que Dios tiene semejanza tanto con el hombre como con la mujer. Luego, la obra humana perfecta se completa en el hombre y la mujer. Ambos forman esa semejanza con nuestro Padre Dios. Y, por supuesto, ambos tienen un papel importante en el Plan creador y anunciador del mensaje de la Buena Noticia. Creados por Amor y para amarnos.

Por tanto, hombre y mujer, diferentes para complementarnos en la construcción de esa nueva alianza que forman el pueblo de Dios. La familia será la célula que nos engendra, nos cobija y nos educa para el amor solidario y misericordioso semejante al que nuestro Padre Dios tiene con cada uno de nosotros. Por tanto, el papel de la mujer será determinante y necesario. Así transcurrió en la Vida de Jesús, nuestro Señor, tal y como vemos hoy en el Evangelio – Lc 8, 1-3 – donde las mujeres acompañan a Jesús en su labor evangelizadora.

 

—Somos semejantes a Dios, así lo dice la Biblia: Gn 1, 26: Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Pero eso no significa que seamos iguales —puntualizó Manuel.

—Supongo —respondió Pedro— que uno complementa al otro y eso exige que sean diferente. ¿No lo crees?

—Lo que a uno le falta, lo tiene el otro. De esa manera son más perfecto y, por supuesto, ¡lo más importante, necesitan amarse! Un amor que exige respeto e igualdad en dignidad.

 

Está claro para el que quiera ver las cosas como en realidad son. Hombre y mujer son iguales en dignidad. Ambos son hijos de Dios, pero con características y diferencias que hacen a uno el complemento del otro. Ambos formal la familia, célula de la sociedad sin la cual los pueblos desaparecen. Su papel, hablamos del lado feminista, tiene gran importancia y relevancia en la Iglesia. Lo vemos claramente en el Evangelio, Palabra de Dios.