lunes, 29 de julio de 2024

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

Es evidente que todos, sin ninguna discusión, buscamos la eternidad. Una eternidad que lleva implícito la felicidad, porque ser eterno con padecimientos y sufrimientos a nadie le gusta. De tal forma que hay muchos que buscan la muerte física ante el sufrimiento permanente e irrevocable. Todos queremos y buscamos una vida eterna en plenitud de gozo y felicidad. 

Y es precisamente eso lo que Jesús le promete hoy a Marta ante el acontecimiento de la muerte de su hermano Lázaro: Juan 11, 19-27: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y crea en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?». Ella contestó: «Sí, Señor. Creo firmemente que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

La pregunta y la respuesta nos toca ahora, en este momento y en el camino de nuestra vida, responder a nosotros: ¿Creemos en que Jesús, el Señor, es la Resurrección y la Vida? ¿Y si lo creemos es nuestra vida coherente con esa fe? Nuestros propios actos y obras nos darán la respuesta. Y será inútil escondernos, pues la verdad al final saldrá a relucir.

domingo, 28 de julio de 2024

DE LO PEQUEÑO A LO UNIVERSAL

Ocurre siempre igual, de lo pequeño nace lo grande y universal. Jesús busca y escoge lo pequeño para hacerlo grande, para alumbrar su Palabra y darle poder. Digamos que hace lo imposible, es decir, un milagro. Donde no hay, pone, y de cinco panes y dos peces da de comer a una multitud. Evidentemente, eso solo lo puede hacer Aquel que es el Hijo de Dios.

Afortunada o desgraciadamente, no sé que será, Jesús, el Hijo de Dios, se vale de lo pequeño, de lo limitado y casi sin capacidad o valor humano para darle grandeza, capacidad y valor. Siempre toma lo pequeño, lo ignorado, lo que nadie elegiría y lo que al mundo poco importa o no le da valor.  Y lo coge para demostrarnos su Poder y para llamarnos la atención a que su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

Y cuando actúa, lo hace buscando siempre el bien de alguien o de muchos. En el caso que nos trae el Evangelio de hoy domingo se trata de darle de comer a un gentío que le había seguido y esperaban su Palabra. Se da cuenta de la situación, de la lejanía para conseguir alimento y la necesidad de alimentarse. Y, valiéndose de cinco panes y dos peces que tenía un muchacho, hace el milagro de la multiplicación de esos panes y peces.

De alguna forma es el adelanto de la Eucaristía. Jesús se hace comida y alimento espiritual para darnos su Vida, su Espíritu y fortalecernos en el Camino, en la Verdad y la Vida. Más adelante nos lo dirá claramente en la última Cena, y nos lo dirá con estas palabras: Marcos 14, 12-16. 22-26 … «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos …

sábado, 27 de julio de 2024

UNA VIDA ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA

Es irremediable separarlos, el bien y el mal crecen juntos y juntos llegarán hasta el final de sus vidas. Donde hay trigo habrá también cizaña, donde hay ganancia hay también perdida y donde hay ventajas hay también desventajas. El afán por querer lo bueno, la ganancia o la ventaja despierta la ambición, el egoísmo y la avaricia, y eso construye la mecha por donde arde la confrontación y nace la cizaña.

Será imposible separar el trigo de la cizaña. La libertad te dará opción a elegir y tu naturaleza herida por el pecado sentirá la tentación de acaparar todo el trigo y descartar al otro de ganancia. Así, el egoísmo y la avaricia harán que la cizaña esté también presente y la confrontación, la lucha entre el bien y el mal se eternizará mientras haya mundo.

La cuestión será limpiar y separar cuando llegue el momento. Porque, de hacerlo antes corremos el riesgo de confundirnos y arrastrar el bien mezclado de mal. Mejor dejarlo para el final donde con calma y una visión general podemos apartar lo bueno de lo malo nuestra vida.

viernes, 26 de julio de 2024

EN ESTADO DE VIGILANCIA Y ALERTA

Seguir a Jesús exige permanecer en estado de vigilancia y alerta constante. El Maligno está al acecho y, al menor descuido y relajamiento por nuestra parte, caerá encima de nosotros para tentarnos y seducirnos y apartarnos del Camino, de la Verdad y de la Vida.

Si nos quedamos a orillas del camino, pronto los pájaros de nuestra pereza, de nuestro abandono y comodidad terminarán por apagar todas nuestras inquietudes y aspiraciones y engullirlas hasta el punto de desaparecer. Pero, también nos puede ocurrir que llenos de alegrías y entusiasmo por acoger la Buena Noticia, todo queda en la superficie, no hay profundidad ni interiorización, y pronto a las primeras de cambio, ante las dificultades y problemas, desistimos y dejamos de seguir a Jesús. Nuestro primer entusiasmo desaparece.

Otro de los grandes peligros es quedarnos a media y no escuchar en silencio la Palabra. Sembrar no limpiamente sino en medio de mucho ruido y entre medias aguas. Es decir, querer estar aquí y allí, escuchar la Palabra, pero también al mundo. Terminarán los afanes y ambiciones de este mundo por vencernos y apartarnos de Dios. Consecuencia de sembrar entre abrojos.

Sólo, lo sembrado en tierra buena, capaz de dejar hundir las raíces de tu corazón y de que se adhieran a la Palabra de Dios, será capaz de dar frutos. Y esa será nuestra misión, aspiración y vigilancia, cuidar bien nuestra siembra de la Palabra de Dios, escuchándola y poniéndola en práctica en nuestras vidas asistidos por la acción del Espíritu Santo.

jueves, 25 de julio de 2024

EN EL SERVICIO SE ESCONDE NUESTRA DIGNIDAD

Quizás no se nos ha ocurrido preguntarnos alguna vez el por qué servimos al más débil, pequeño o excluido. Incluso, preferible a aquel que no pueda pagarnos ni devolvernos el favor. Posiblemente no hayamos pensado sobre eso nunca.

Pues bien, descubramos que si lo hacemos es porque creemos y lo sentimos, de que esas personas son tan hijas de Padre Dios como nosotros. Y al ayudarlas es como si lo estuviésemos haciendo al mismo Padre Dios.

De alguna manera significamos que la más grande dignidad de la persona humana se esconde en la dignidad de ser hijo de Dios. Todos somos iguales en dignidad y derechos porque somos hijos de un mismo Padre Dios. Y en Él quedamos configurados como herederos de su Gloria por la Gracia y méritos de su Pasión y Muerte de su Predilecto Hijo, nuestro Señor Jesús, que al Resucitar no da a cada uno de nosotros esa Resurrección para gloria de Dios Padre.

Y cuando servimos en esa clave de amar sin condiciones ni recompensa estamos respondiendo a esa dignidad de hijos que Dios, nuestro Padre, nos ha dado por los méritos de su Hijo, nuestro Señor.

Esa es la clave y la cuestión, servir por amor. Servir tal y como nos ha enseñado y nos dice Jesús: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Así de claro, estar en el Señor y seguirle significa estar dispuesto a servir como Él mismo nos ha servido.

miércoles, 24 de julio de 2024

UN MUNDO DONDE LA VIDA ES OPORTUNIDAD PARA TODOS

Es bonito y deseado ser semilla que se esparce a boleo por todas partes y que tienes la oportunidad de crecer con libertad y dar frutos. Todo lo contrario en un mundo donde unos pocos quieren controlar a muchos, por no decir a todos. Un mundo donde la libertad está comprada, cautivada y sometida al capricho e interés de unos pocos. Un mundo donde se cierran las posibilidades y se piensa exclusivamente para unos cuantos.

Buscamos y queremos un mundo donde las posibilidades se multiplican y se las halla con facilidad. Un mundo donde la verdad y la justicia es aplicada de forma transparente y en igualdad para todos. Un mundo conforme a la Palabra de Dios, porque, precisamente, Jesús viene a eso, a conformar un mundo abierto, justo y con posibilidades al alcance de la mano para todos.

Un mundo donde la semilla es sembrada libremente y dependerá de la tierra donde caiga para que se hunda, eche raíces y dé frutos. Cada cual será libre para abrir sus oídos y ojos y acoger esa Palabra que, vivida, dé buenos frutos. Porque tienes esas posibilidades: orilla del camino, terreno pedregoso, tierra de abrojos o tierra buena. Tú decidirás, pero ten en cuenta que siempre tendrás a Dios Padre a tu lado.

martes, 23 de julio de 2024

YO SOY LA VID, USTEDES LOS SARMIENTOS

No se puede decir más claro: El Señor, nuestro Señor Jesucristo, es la Vid, y nosotros, entre los que estamos tú y yo, somos los sarmientos. De modo que si no estamos injertados en el Señor, nada podemos hacer. Si nos falta la savia de la vid, el sarmiento se muere. De igual forma, si nos falta la Vida de la Gracia, que es el Señor, nuestra vida humana se seca, ahogada por la mundanidad de este mundo, y se muere.

Así de claro queda dicho. Y así de claro, nuestra propia experiencia nos lo demuestra. Lejos del Señor quedamos a merced del mundo, del demonio y de nuestra propia carne. Y no hace falta que me lo aclare nadie, lo sé por mi propia experiencia, Igual que aquellos samaritanos que pudieron experimentar por su propia experiencia que ya no les hacia falta que le anunciara la Palabra del Señor porque, ellos mismos, la habían oído, vivido y experimentado.

Solo permaneciendo en el Señor nuestra vida de gracia vive, y su Palabra está en nosotros hasta el punto de dar frutos. Frutos nacidos del amor, sin condiciones, sin intereses y sin búsqueda de otras prebendas que puedan enriquecernos y satisfacer nuestros propios egoísmos. De ahí la exigente necesidad – libre y por voluntad propia – de agarrarnos al Señor a través de la Eucaristía y la oración de cada día; de la escucha de su Palabra y del esfuerzo propio por. No solo oírla y anunciarla, sino vivirla y darle protagonismo y vida en nosotros mismos.