lunes, 26 de enero de 2015

PRIMERO TIENES QUE ABRIRTE TÚ

(Mc 3,22-30)

Nunca podrás ser curado si antes tú no te pones en manos del sanador. Es condición indispensable para optar a la posibilidad de ser curado. De la misma forma, no podrás ser perdonado si tú antes no reconoces tus pecados y tu miseria. Ese es el primer paso.

De tal forma que, quien no los dé no podrá ser perdonado. Por eso, los pecados contra el Espíritu Santo no serán perdonados. Pero no porque el Señor no quiera y desee perdonarte, sino porque tú no le das esa oportunidad al no reconocerte pecador. Encaja perfectamente con la exigencia de la humildad. Necesitas ser humilde para humillarte y reconocerte pecador. Es entonces cuando buscarás médico que te perdone, y sólo el Señor puede perdonar nuestros pecados.

Eso ocurre hoy, y nada descabellado que ocurra también dentro de la misma Iglesia. Y ocurrió en tiempo de Jesús. El Evangelio de hoy habla de que le acusan de diabólico. Mientras Jesús se compadece por aquellos que están oprimidos y enfermos, los escribas, que se supone que son los entendidos y los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, no sólo no le reconocen sino que le tachan de diabólico. ¡Vamos, como para echarse a reír!

Lo lógico es abandonar y dejarlos ahí con sus especulaciones y mentiras. Porque son guiados por la soberbia y la falsedad. Se esconden a la verdad y no reconocen la Divinidad del Señor. ¡Imposible perdonarlos porque no aceptan ni buscan el perdón! Sin embargo, el Señor resiste pacientemente y nos argumenta lo disparatado de nuestros razonamientos, causa más bien de nuestra soberbia que de nuestra razón, porque todo reino dividido contra sí mismo no puede subsistir. 

Danos, Señor, la luz y fortaleza necesaria para doblegar nuestra soberbia y aceptar humildemente reconocer nuestra miseria y pobreza e implorarte que nos perdones. Amén.

domingo, 25 de enero de 2015

ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS

(Mc 1,14-20)

Hay señales que nos indican el momento y la hora de empezar la obra. El encarcelamiento de Juan el Bautista fue la señal de que Jesús empezará su vida publica. La misión de Juan había terminado, y ahora empieza la de Jesús.

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Jesús está entre nosotros, y en Él está el Reino de Dios. Por lo tanto, más cerca imposible. Y hoy lo tenemos en cada Eucaristía, bajo la especies de pan y vino,  y a cada instante en su presencia espiritual en nuestro corazón.

Lo primero que hace Jesús es elegir a sus más íntimos colaboradores. Elige a Simón y Andrés; a Santiago y a Juan. Y ellos le siguen. Posiblemente, porque le esperaban. Posiblemente, porque ansiaban la llegada del Mesías y tras las indicaciones de Juan el Bautista estaban dispuestos a la llamada. Pero, ¿nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿O nosotros no esperamos a nadie?

Es posible que tengamos que sufrir algún percance o problema para levantar la mirada y experimentar deseos o esperanza de encontrar al salvador que nos libere de esa situación. Pero, también es posible que no llega esa oportunidad y llegue algo tarde.

Pidamos al Señor que nos dispongamos a estar expectante y dispuestos a buscarle y permanecer en Él, porque sólo Él es nuestra esperanza y salvación. Amén.

sábado, 24 de enero de 2015

LOCOS COMO JESÚS

(Mc 3,20-21)

Cuando no entendemos a alguien, lo inmediato es pensar que está equivocado o desequilibrado. Siempre nuestras ideas prevalecen a los otros, y nos cuesta entender, asumir o vivir las que nos transmiten los demás. A Jesús le sucedió lo mismo. Su Mensaje es tan novedoso, tan contrario al pensamiento humano y contra corriente que sorprendía.

Y lo sorprendente cuesta asimilarlo y más asumirlo. Eso te lleva a justificar cierta locura en Jesús para sostener tu falta de compromiso y pasividad. Ocurre que cuando no estamos disponible o en actitud de entrega, distorsionamos la realidad y nos auto engañamos (traición) justificando nuestras actitudes ante la negativa de hacer lo que pensamos deberíamos haber hecho. 

Así nos ocurre con Jesús. Sus Palabras son rechazadas y puestas en entre dicho para justificar nuestra aversión a cambiar de rumbo y de vida. Nos cuesta salir de nuestra coraza, de desinstalarnos, de movernos de nuestra silla, de nuestro ambiente, de nuestros pensamientos e ideas. Realmente es duro, pero para buscar hay que empezar un nuevo camino y levantarte de tu sillón.

La pregunta queda en el aíre: ¿Estamos dispuestos a desinstalarnos y hacer el esfuerzo para darnos, cómo hizo Jesús? ¿O por el contrario nos conformamos con reducir nuestra vida a unos rosarios, Eucaristías y algunos actos de piedad?

Danos, Señor, la sabiduría y la fuerza necesaria para no pararnos y seguir caminando tras de Ti con la intención de crecer en tu Verdad de vida y palabra. 

viernes, 23 de enero de 2015

TÚ TAMBIÉN ERES ELEGIDO

(Mc 3,13-19)

Jesús eligió a doce, y esos doces accedieron a seguirle, aunque uno, Judas Iscariote, tuvo dudas y se apartó traicionándole. No se presentó voluntario ninguno. Fueron elegidos por el Señor. Él llama al que quiere y le elige para una misión concreta. Quizás tú también ha sido llamado, pero distraído por las cosas del mundo has mirado para otro lado.

Todos tenemos una misión que nos viene dada: "La misión de salvarnos", porque estamos llamado al gozo de una vida dichosa y eterna. No tiene sentido morir, porque entonces la creación nos sería perfecta y menos, maravillosa. Si la vida es hermosa es porque, a pesar de los sufrimientos que sabemos tenemos que compartir por el paso de este mundo, llegará el momento glorioso de la dicha gozosa y eterna. Eso compensa todas nuestras miserias y sufrimientos.

Y esa salvación pasa por el amor. La capacidad de recibir y de dar. Recibir el Amor de Dios y hacerlo centro de nuestra vida. Dios por encima de todo. Y corresponder a ese amor dándonos en servicio, justicia y caridad a los demás. ¿Hay misión más grande? Pero también puedes ser llamado a otras misiones concretas de apostolado como fueron los apóstoles. Se trata de tener paciencia e irlas descubriendo injertado en el Espíritu Santo. Él nos irá señalando el camino y la misión.

Pero esa disposición exige actitud de escucha, deseo de encuentro y perseverar con paciencia. La fe no nos exige entender, sino obedecer confiadamente.

jueves, 22 de enero de 2015

NO PODEMOS ENCERRARNOS EN NOSOTROS MISMOS

(Mc 3,7-12)

Si nos preguntamos cual es nuestra misión como cristianos convergeremos que sólo hay un Mandamiento: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como Jesús nos enseña a amar". No hay más, porque todo lo demás está contenido en él.

Ahora, ¿qué necesitamos para amar tal y como nos enseña e invita Jesús? No hay otra salida ni otro camino que el unirte a los nosotros. Descubrimos que es la familia la primera célula donde recibimos el amor y nos preparamos para darnos también. Experimentamos que nuestro amor se prolonga en los hijos, nietos... y desde esa experiencia descubrimos nuestra vocación a la familia y a la apertura a la vida.

Pero, las familias no viven solas, se constituyen en grupos que forman pueblos, ciudades y naciones y se relacionan. Esas relaciones deben estar impregnadas de amor, y el amor necesita unidad. Si no hay unidad significa que hay separación, y la distancia impide el amor. Y si no nos amamos nos alejamos de lo que quiere Dios. Experimentamos que necesitamos amar, porque la vivencia del amor nos realiza.

Hoy sucede algo parecido. Los santuarios marianos son visitados por mucha gente, y muchos acuden con las intenciones de ser curados. Recordemos que de los diez leprosos que fueron curados por Jesús, solo acudió uno, precisamente un samaritano, a dar las gracias y a reconocer la divinidad del Señor. Los nueve restantes quedaron satisfechos y olvidados de quien los había curado.

¿Nos ocurre a nosotros igual? Son preguntas que nos pueden ayudar a replantearnos el camino de nuestras vidas, porque sabemos que la lepra volverá un día a amenazarnos y no se irá. Sólo con el Señor estaremos a salvo de toda clase de lepras.


miércoles, 21 de enero de 2015

NO LES IMPORTA EL HOMBRE, SINO LA LEY

(Mc 3,1-6)

Las consecuencias de que el mundo esté mal se esconden en el mismo hombre. Un hombre que no mira ni le importa su homónimo, sino que mira y se interesa sólo por sí mismo. Aplica la ley, a la que le da más valor e importancia que al mismo hombre porque la adapta, y con ella somete al hombre, a sus propios intereses.

Están al acecho de que Jesús cure en sábado, porque de hacerlo les estropea el plan de su ley y con la que dominan a sus anchas. Sin embargo, Jesús les desafía y les pone en entredicho decidir en sábado sobre la importancia de hacer el bien o dejar que una vida se destruya. Y se callan.

Igual nos ocurre a nosotros, callamos antes muchas cosas que descubrimos como malas y perjudiciales para el hombre. Nuestro corazón endurecido ya no sufre tanto, mira para otro lado y continua su camino perdido y sin rumbo. Porque cuando se esconde la verdad, la mentira no nos deja vivir en paz.

Jesús no critica la ley sino el espíritu radical y la ausente misericordia que excluye toda compasión y caridad con la que se puede hacer el bien y no dejarla pasar por caprichos de la ley. Pero, sobre todo, esa dureza de corazón que les hace incapaz de reconocerlo y le incita a maquinar venganza para quitarlo del medio. 

No son cosas ni acontecimientos del pasado, sino hechos que están ocurriendo ahora, en nuestro tiempo y en todos los órdenes. Porque se manta inocentes en el vientre de sus madres por caprichos egoístas; porque muchos pasan hambres y necesidades primarias porque otros no quieren compartir sino vivir mejor; porque la soberbia y el egoísmo separan y crean conflictos.

Y Jesús sabe que sólo el amor es capaz de arreglar todo eso. Por eso nos proclama amar y nos enseña a hacerlo amándonos Él primero.

martes, 20 de enero de 2015

LA NECESIDAD DEL HOMBRE SUBORDINA A LA LEY

(Mc 2,23-28)

No está la ley para adorarla ni para cumplirla por encima de las necesidades del hombre. El hombre es el bien supremos de la creación, y todo debe estar sometido a su bien. Así lo ha querido Dios y así también se desprende de la lógica humana. Es de sentido común que la ley está hecha para servir al hombre y no al revés.

Esta forma de pensar de los fariseos deja al descubierto lo equivocado de sus criterios y pensamientos. Y pone de manifiesto sus malas intenciones egoístas. Manejan la ley para sus intereses y la cumplen según les convengan, pero someten a los demás a un riguroso cumplimiento. Pero, ¿no ocurre hoy lo mismo? 

Vemos que los mismos problemas que se le presentaron a Jesús siguen presentándose hoy. Y las respuestas de Jesús son validas también para la sociedad y el hombre de hoy. Todos los problemas planteados tienen respuestas y soluciones concretas a realizar, sólo que hace falta que el hombre se plante que la ley está al servicio de todos los hombres, sobre todo los más necesitados.

No se puede pensar en educación si antes no está el estomago de todos los pueblos lleno. Ni tampoco se puede llenar el estomago si antes no hay salud. Es entonces cuando se puede educar. Y esas deben ser las primeras medidas que deben elaborar los hombres y plasmarlas en leyes que las protejan. Detrás puede venir todas las demás necesidades que complementan a las primeras.

Y todo esto debe realizarce en un clima de libertad, justicia y convivencia fraterna, que nos exige desprendimiento, renuncias y caridad. Es ahí donde radica el problema. Imaginan un mundo  que se proponga vivir en esta verdad. ¿Realmente, pocos serían los problemas?