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sábado, 20 de enero de 2024

¿JUSTIFICAMOS EL MEDO CON LA LOCURA?

No es nada nuevo, siempre ha pasado y sucedió en el tiempo de Jesús y con Jesús. Cuando se habla en verdad y se defiende la verdad frente a la injusticia y mentira suceden esas cosas. Las respuestas son: «Están locos; eso es disparatado; no coordina y le falta un tornillo…etc.». Y la actuación de Jesús no fue una excepción.

Supongo que también nosotros, siendo familiares de Jesús, hubiésemos actuado igual. Incluso, seguimos actuando igual. La experiencia que podamos tener se esconde en esa realidad: ¿No te ha pasado que nos has hecho tal cosa por no enfrentarte o tener el enfado, la replica de tus familiares y allegados? Quizás también por no romper con tu situación familiar establecida. Sí, indudablemente yo al menos me confieso haber sentido cierto miedo a la inseguridad, a las consecuencias y a los problemas que te puede traer actuar en ciertos momento como pensabas que debías actuar. Y todavía me pasa.

Son esos momentos cuando descubres la imperiosa necesidad de la asistencia del Espíritu Santo y la medida de tu pequeñez, de tus miedos y debilidades. De alguna manera ese miedo y frustración puede convertirse en gracia de descubrir tu pequeñez y la necesidad del Espíritu Santo que ya desde el instante de tu bautismo está contigo.

Nada de locura, ni de no estar en mis cabales. Y menos Jesús, el Señor. Jamás se puede estar más cuerdo, porque Amar de forma plena y misericordiosa, incluso al enemigo es el Tesoro de la felicidad. Y lo es porque así lo enseñó y vivió con sus obras Jesús. Y lo es porque Él dio su Vida por todos nosotros y para que entendiésemos que solo amando, como Él nos enseñó, podemos encontrar la verdadera paz y felicidad plena y eterna.

sábado, 23 de enero de 2021

LA LOCURA DEL AMOR

Mc 3,20-21

 

De todos es sabido por propia experiencia que decir la verdad acarrea problemas. Y, cuando esa verdad, proclamada y manifestada, se vive con radicalidad es causa de locura para muchos, sobre todo para los miembros de la familia y conocidos. Es la consecuencia de seguir a Jesús. Él también fue tomado por loco tal y como nos narra el pasaje evangélico de hoy: (Mc 3,20-21): En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí». 

No es extraño que eso nos suceda, pues, cuando intentamos vivir la radicalidad del Evangelio nos caen muchas críticas y nos tratan por loco. Pero, es algo que tenemos que asumir y soportar en la confianza de que la verdad emergerá y saldrá a la luz. Al final, quizás cuando hayas desaparecido, se darán cuenta de tu compromiso y de tu verdad y de que vivías lo que decías. Comprenderán el valor de tu coherencia y testimonio.

Posiblemente, también nosotros podemos caer en esa tentación de considerar a otros locos. Y cuando miramos de esa manera a esa persona en concreto, nos fijamos en sus defectos, en sus errores o exageramos sus acciones ridiculizándolas. Todo menos querer ver con ojos de pureza y de verdad sus buenas acciones y el sentido de lo que hace, pues, todas sus acciones tratan de ayudar, servir y aliviar el sufrimiento de los demás. La pregunta que nos podemos hacer es, ¿nos molesta que otros hagan realmente lo que, quizás, me gustaría hacer a mí?

sábado, 24 de enero de 2015

LOCOS COMO JESÚS

(Mc 3,20-21)

Cuando no entendemos a alguien, lo inmediato es pensar que está equivocado o desequilibrado. Siempre nuestras ideas prevalecen a los otros, y nos cuesta entender, asumir o vivir las que nos transmiten los demás. A Jesús le sucedió lo mismo. Su Mensaje es tan novedoso, tan contrario al pensamiento humano y contra corriente que sorprendía.

Y lo sorprendente cuesta asimilarlo y más asumirlo. Eso te lleva a justificar cierta locura en Jesús para sostener tu falta de compromiso y pasividad. Ocurre que cuando no estamos disponible o en actitud de entrega, distorsionamos la realidad y nos auto engañamos (traición) justificando nuestras actitudes ante la negativa de hacer lo que pensamos deberíamos haber hecho. 

Así nos ocurre con Jesús. Sus Palabras son rechazadas y puestas en entre dicho para justificar nuestra aversión a cambiar de rumbo y de vida. Nos cuesta salir de nuestra coraza, de desinstalarnos, de movernos de nuestra silla, de nuestro ambiente, de nuestros pensamientos e ideas. Realmente es duro, pero para buscar hay que empezar un nuevo camino y levantarte de tu sillón.

La pregunta queda en el aíre: ¿Estamos dispuestos a desinstalarnos y hacer el esfuerzo para darnos, cómo hizo Jesús? ¿O por el contrario nos conformamos con reducir nuestra vida a unos rosarios, Eucaristías y algunos actos de piedad?

Danos, Señor, la sabiduría y la fuerza necesaria para no pararnos y seguir caminando tras de Ti con la intención de crecer en tu Verdad de vida y palabra.