martes, 5 de mayo de 2020

Y TÚ, ¿A QUÉ ESPERAS?

Lo Que Tu Y YO Necesitamos / Iglesia Cristiana Jesus El Camino NYC ...
Jn 10,22-30
Posiblemente, tú como otros, en los que me incluyo yo también, estamos esperando pruebas y razones de que Jesús es el Hijo de Dios. Me incluyo yo porque, quizás, a pesar de que me confieso creyente y trato de ser responsable a ese compromiso, pongo en duda mi fe y la coherencia de mi vida. Por eso, trato también, junto a los que se puedan sentir interpelados, en dar respuesta a mi fe y responder a lo que me dice Jesús.

Es posible que muchos de los que se consideran cerca, estén lejos, y viceversa. La fe es un constante proceso de crecimiento. De modo que, una fe estable o parada deja de ser fe y se convierte en un estado muerto instalado en la seguridad, ideología o suficiencia. La fe necesita constantemente preguntarse el - ¿por qué y a dónde va? - y el tratar de dar respuestas a esas interpelaciones. Y es el Espíritu Santo quien nos irá, por ese mismo esfuerzo de creer, quien nos vaya dando respuestas.

Por tanto, no esperemos que las pruebas nos den la respuesta o nos convenzan. Jesús, el Señor , no vino a eso, sino a acompañarnos en nuestra apuesta y riesgo de creer en su Palabra y de fiarnos de su Amor. Un Amor gratuito y sin razones para amar. Porque, Dios no gana nada en apostar y amarnos, ni tiene ninguna ganancia ni beneficio en amarnos. Da la Vida de su Hijo de forma gratuita y sin ningún interés. Sólo por verdadero Amor.

Jesús, el Señor, no ha escatimado palabra y obras para proclamarnos el Amor del Padre como el suyo propio. Nos ha dicho: Yo y el Padre somos uno, pero nosotros no le escuchamos y no le hacemos caso. Es decir, no le creemos. Luego, ¿cómo queremos que nos lo diga? La cuestión que, por muchas pruebas y obras que te convenzan y veas, el resultado final va a depender de tu fe. Porque, es la fe, es decir, el riesgo que tú tomes en fiarte de Jesús, la máxima prueba que puedes aportar para demostrar que realmente te fías de la Palabra del Señor

lunes, 4 de mayo de 2020

LA CARACTERÍSTICA DEL BUEN PASTOR

Yo mismo iré a buscar a mis ovejas (Ezequiel 34,11-16)
Jn 10,11-18
El refrán lo anuncia y lo describe claramente: "El ojo del amo engorda el caballo". La sabiduría popular así lo revela y la realidad lo confirma. El asalariado, es decir, el empleado, no se preocupa por el rebaño ni por las ovejas en particular. Sólo se ajusta a su salario y, poco le importa lo que suceda a la colectividad y menos a alguien en particular. Sólo el amo, el dueño, el empresario, en términos coloquialmente actual, le importa lo que suceda en su empresa y en sus obreros particularmente.

Si bien, es verdad también, que hay pastores buenos, pero también malos. Por eso, se hace muy urgente e importante saber distinguir al Buen Pastor que es capaz, no sólo de importarle su rebaño, sino también cada una de sus ovejas. Y de conservarlas protegidas, seguras y bien cuidadas en su redil. Por eso, se preocupa de conducirlas y resguardarlas en su aprisco para que estén fuera de peligro.

Pero, el Buen Pastor, como se identifica nuestro Señor, se diferencia de otros posibles pastores, en que no se preocupa solo por las ovejas de su redil, sino que sale a buscar a todas aquellas ovejas que se encuentran amenazadas por peligros que atentan contra sus vidas. Él ha venido a salvar a todas las ovejas, sean de su redil o no y, lo hace, hasta el extremos de dar su propia Vida por cada una de ellas. Su intención y su misión es, según la Voluntad del Padre, formar un sólo rebaño - un sólo Pastor - y resguardarlo en un solo redil.

domingo, 3 de mayo de 2020

SÓLO UNA PUERTA DA PASO AL BUEN REDIL

Catholik-blog: Liturgia diaria meditada - Él es el pastor. Y Él es ...
Jn 10,1-10
No hay muchas opciones, aunque la vida puede presentarte muchas, porque, sólo una es la verdadera. En ese punto, todos estaremos de acuerdo, una sola es la verdad, la Verdad con mayúscula. Todo lo demás son opciones aparentemente disfrazadas, espejismos falsos que tratan de seducirte y logran confundirte y engañarte. La cuestión y el problema es nuestra propia naturaleza, débil y muy frágil e inclinada a las apetencias concupiscentes y placenteras. El demonio las conoces y las aprovechas para desviarte de la única y verdadera puerta que conduce al verdadero aprisco de los hijos de Dios.

Y es que cuando conocemos al verdadero Pastor, su voz es inconfundible y nadie nos aparta de Él. Sabemos que nos ama y nos cuida y da la vida por nosotros. Sin embargo, a un extraño no le seguiremos porque su voz no la conocemos y porque la mentira es su bandera. Por eso, debemos abrir los ojos para saber distinguir la Voz del buen Pastor diferenciándola de otras voces malintencionadas. Y eso lo logramos permaneciendo y perseverando junto al Buen Pastor y permaneciendo en el verdadero aprisco.

Cuidado con tantos pastores, proclamadores y cuidadores que nos ofrecen el oro y el moro para invitarnos a sus apriscos, pero, detrás de esas invitaciones esconden las mentiras y sus malas intenciones. Buscan el separarnos del Verdadero y Buen Pastor y llevarnos a su redil donde nos someterán a sus pensamientos, y proyectos, esclavizándonos y alejándonos de la Verdad. 

Tengamos mucho cuidado, porque la mentira es la madre de la perdición, de la tristeza y del pecado que nos mata el alma. Y el pastor falso se viste y disfraza de buen pastor para equivocarnos de redil y llevarnos, por la puerta falsa, al redil de la mentira, del pecado y del fuego eterno. Sólo una puerta da paso al aprisco del Buen Pastor, y su Voz es clara y dice la Verdad. Nunca miente.

sábado, 2 de mayo de 2020

TODO LO BUENO SE HACE DURO Y DIFÍCIL

Vitaminas Franciscanas : La crisis de Galilea...
Jn 6,60-69
¡Faltaría más que alcanzar la dicha de la Vida Eterna fuera algo fácil de lograr! Todos sabemos que lo bueno es duro y difícil de conseguir. Eso sería señal de fraude o de que no sería tal y como dicen. Y si es fácil, ya habrá tiempo de pensarlo y conseguirlo. Nada de eso, amigo y hermano en la fe. ¡Nada de eso! Es algo tan serio como la vida misma, y tan verdadero como que lo llevamos grabado en nuestros corazones. Quieras o no quieras, esa interrogación y respuesta a esa pregunta la llevas implícita en tu corazón. Tú, y, por supuesto yo también, y todos, buscamos y queremos la Vida Eterna, y decir lo contrario es engañarte a ti mismo.

Ahora, ¿dónde se puede conseguir eso? ¿Se vende o regala en algún sitio, lugar o mercado? Parece ser que todo lo que se pueda conseguir en este mundo es algo transitorio y con fecha de caducidad. Y eso, por muy bueno que te parezca, ¡y lo sea!, no termina de convencernos. ¿Por qué? Porque, lo que es temporal nos está diciendo que un día me deja vacío y con más hambre. Pan para hoy y hambre para mañana no es un buen negocio.

 ¿O es que tú eres de los que piensas que los que tratamos de seguir a Jesús, con el testimonio de nuestra vida y la oración, queremos perder el tiempo? Es todo lo contrario, buscamos ese Tesoro tan deseado por todos, entre ellos tú también, que es la Vida Eterna en plenitud. Eso significa que es la Vida con todo lo que tú quieres - Felicidad - y para siempre. 

Porque, en todo el mundo, llevamos ya más de dos mil años, no hay otra Palabra que, no solamente hable de la Vida Eterna, sino que la ofrezca gratuitamente por amor y lo demuestre con su Vida y sus Obras. La más importante su propia Resurrección para Gloria del Padre. Un Padre que nos presenta a su Hijo y que nos envía a Él para que nos enseñe el camino de regreso a Casa. Por lo tanto, abramos los ojos y pidámosle al Padre que nos lleve hasta el Hijo. Nos lo ha presentado en su bautismo y nos ha dicho que hagamos lo que Él nos diga.

viernes, 1 de mayo de 2020

COMER Y DIGERIR

Pin de MARCA LA DIFERENCIA en IMÁGENES CATOLICAS PARA NIÑOS ...
Jn 6,52-59
Una vez que hayamos terminado de comer, el cuerpo humano, sobre todo los órganos digestivos, necesitan reposo y un tiempo de cierto estado de tranquilidad para hacer bien la digestión, donde los alimentos ingeridos son transformados en las sustancias y proteínas necesarias para el buen funcionamiento del cuerpo humano.

De la misma forma, el alma necesita también su alimento espiritual para poder encontrar su estado de paz y de bienestar espiritual. Un estado donde la conciencia busca y pide ese estado de paz que le procure gozo y serenidad. Pero, hay más, el hombre busca algo más que su bienestar material, es decir, su salud física, y aspira a la eternidad. Es verdad que muchos no se atreven ni a hablar del tema, porque, aunque lo sienten en lo más profundo de su ser, no llegar a creérselo. Sin embargo, si rascan en su interior, mantienen sus esperanzas.

Jesús, que nos conoce muy bien, nos habla de esa aspiración dormida, y casi enterrada con la que aspiramos a la vida eterna. Se identifica con el Padre y nos anuncia que Él es ese Pan bajado del cielo con el que el Padre nos quiere dar la Vida Eterna. Tenemos la oportunidad, cada día, de alimentar nuestra alma con el alimento espiritual que se nos da en la Eucaristía. Es Jesús mismo que se entrega plenamente para que, en Él, tengamos la fortaleza para perseverar y alcanzar la Vida Eterna que deseamos y buscamos.

En y con el alimento empieza la digestión. Esa digestión de asimilar la Gracia, que nos llega del Pan de Vida, que se nos da a través de la Eucaristía y que nos viene enviada del Cielo por el Padre en el Hijo. El Hijo es el Pan que el Padre nos da para que, por medio de Él, lleguemos a alcanzar la Gloria de la Vida Eterna. Estas son sus Palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.

jueves, 30 de abril de 2020

VIVIR, POR LA GRACIA DE DIOS, EN LA LUZ

Comentario Palabra de Dios: “Se sentarán a la mesa…” ( Lc 13,22-30 ...
Jn 6,44-51
Muchas veces me asalta la idea de, ¿por qué mi acercamiento a Dios? Concretamente, ayer, me vino esa pregunta a mi mente y pensaba que, de mi familia, soy el único que de manera comprometida participo en mi parroquia y, salvo en esta época del covid19, participo y celebro la Eucaristía todos los días. Y hoy aparece este Evangelio que dice: Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae.

Y, como deben de suponer, conecté enseguida con esos pensamientos que me asaltaron ayer. ¿Dios me ha atraído a su Hijo? ¿Por qué a mí de toda mi familia? Porque, ni mis padres ni hermanos han sido y son religiosos o creyentes en un sentido peyorativo de la palabra. 

Reconozco que me he quedado sorprendido, pero, al mismo tiempo, tranquilo y, en lo más profundo de mi corazón, un cierto regusto de bondad, de dicha y de felicidad. Sí, recuerdo que desde muy pequeño me he sentido atraído por la Verdad, la justicia y el amor de Dios. He sentido atracción por su Palabra siempre verdadera, amable, buscando el bien y la justicia y, sobre todo, por su anuncia de la Resurrección y la plena felicidad. Y en la medida que he ido creciendo esa idea nunca me ha abandonado.

El mundo en que vivo no responde a esos sentimientos y deseos que anhela mi pobre corazón. Sin embargo, la Palabra de Jesús, sí. Es lo que siempre he buscado y sigo buscando. Y hoy me encuentro muy feliz y contento porque recibo la noticia de que Dios, nuestro Padre, es quien me ha llevado a su Hijo. Él ha sido quien me ha elegido y quien me ha puesto en el camino de su Hijo.

Ese maná que Dios Padre dio a su pueblo en el desierto por medio de Moisés, hoy Dios nos lo da a nosotros, por medio de su Hijo, Pan de Vida Eterna, para que nunca más tengamos hambre y sed. Igual que aquellos en el desierto, hoy, también nosotros, tenemos que dar un paso hacia adelante y acercarnos a la Eucaristía para comer de ese Pan de Vida Eterna. Dios envía a su Hijo para que, en y por Él tengamos la Vida Eterna.

miércoles, 29 de abril de 2020

DESCUBRE A DIOS EN LO PEQUEÑO

Lời nguyện chung Chúa nhật XIV thường niên A
No te afanes en buscar en las grandes historias ni en los altos intelectos. La sabiduría de Dios está en las cosas pequeñas y, por supuesto, en los hombres humildes y pequeños. Pequeños en poder y riqueza que no les permite ensoberbecerse ni en moverse con una actitud arrogante y suficiente. Dios ha querido manifestarse en lo más bajo y pequeño tomando la humildad como su signo más visible.

Su vida aparece dentro de una familia humilde y viene a este mundo en un establo, apartado de toda riqueza, lujo y rodeado de la sencillez que rodea y destaca en los más pobres. Su vida se moverá dentro de la sencillez, el trabajo y la humildad. Y es, precisamente, en esa gente sencilla y pobre donde Dios, a través de la Palabra del Hijo, derrama su Sabiduría y su Verdad. Repetidas veces nos descubre que su intención es venir a salvar a los pecadores, y los pecadores se encuentran en la gente más marginada, más carente de todo lo necesario y, por supuesto, en los más pobres y pequeños.

Porque, son esos, los pequeños, los más necesitados de salvación y lo que, por supuesto, más se abren a las enseñanzas y anuncio de la Palabra de Dios. No hace falta desarrollar más esta afirmación porque la hemos experimentado y vivido por nosotros mismos. Y, porque a lo largo de toda la historia así se ha manifestado. Los grandes y poderosos siempre han cerrado sus corazones a la Palabra de Dios.

La altura de Dios, decía San Agustín, hay que comprenderla desde su bajura. Es decir, para entender la grandeza de Dios, hay que comprender primero su bajura, su pequeñez, su despojo, a sí mismo, tomando forma de siervo y hecho igual a los hombres... - Filipenses 2, 6-11 -  y estando en esa condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por lo tanto, quienes siguen al Señor y le buscan, tendrán que hacerlo en lo pequeño, en lo humilde y en los pobres y sencillos.