martes, 7 de diciembre de 2021

EL VALOR DE LO PEQUEÑO

 

A todo lo pequeño – por lo general -  se le da poco valor o importancia. Quedan en un segundo o tercer plano. En este mundo lo importante es lo que tiene mucha demanda y se le estima en gran manera por todos. Influye en sus vidas y les da gran importancia. 

Sin embargo, Jesús, el Señor, piensa de otra manera. Para Él, todo tiene importancia, pero, si hay algo que tiene un lugar preferente en su Corazón son los pequeños, los débiles e insignificantes. El hombre, su criatura preferida, creada a su imagen y semejanza no para morir, sino para vivir eternamente a su lado es su mayor preocupación. Sobre todo, los pequeños e indefensos.

 El Evangelio de hoy nos habla de eso al referirse a la parábola de la oveja perdida. Nos manifiesta cuán grande es el Amor del Padre con respecto a sus hijos cuando no quiere que ninguno se pierda, sobre todo los más débiles y pequeños. Ira, sin dudarlo, a su rescate hasta el extremo de dar su Vida.

Sin embargo, se nos ha dado el don de la libertad y dependerá de nosotros perdernos o no. Esa decisión nos corresponderá a cada uno de nosotros. Pero, estemos seguros que Jesús siempre, sea cual sea nuestra respuesta, saldrá a nuestro rescate.

lunes, 6 de diciembre de 2021

APARIENCIAS ESCONDIDAS EN PARÁLISIS

 

Una llamada supone siempre una salida, pues llamar implica ven, y ven significa movimiento y salir de donde moras a donde te llaman. Cuando sientes el impulso de salir, caminas y peregrinas hacia ese mundo que llama tu atención y, en ese movimiento, nace y se desarrolla tu crecimiento, tanto a nivel material como – más importante -  espiritual. La parálisis no es buena ni aconsejable. Quedarse quieto e inmóvil es sinónimo de muerte. Conviene, pues, levantarte, tomar tu camilla y caminar.

Se hace necesario tomar tu camilla, adaptarla y ordenar tu camino, de tal forma que no te quedes paralizado sino que tu vida se sienta viva a pesar de las heridas del pasado que te invitan y amenazan a que te pares – parálisis – y te inmovilices quedándote sin capacidad avanzar. Diríamos que en ese momento tu parálisis te puede, se hace presente y trata de vencerte. Hacen presencias tus miedos, tus heridas del pasado, tus fracasos, tus debilidades…etc. Y te inmovilizan dejándote tumbado en tu camilla. Necesitas una Voz que te dé esa fuerza y fortaleza que te levantes, tomes tu camilla y eches a andar.

Es necesario que nos demos cuenta que para evitar quedarnos paralizados y anclados en este mundo necesitamos ordenar nuestra vida interior – corazón – y poner a quien puede ordenar nuestra vida y levantarnos de nuestras camillas de parálisis como primera Opción. Ese es el Señor, a quien acudimos como ese paralítico que llevan a la presencia de Jesús.

domingo, 5 de diciembre de 2021

UN BAUTISMO DE CONVERSIÓN

 

Juan, personaje del Adviento, donde aparece, es importante protagonista y en él termina su misión. Juan el Bautista es el Precursor que irrumpe en el Adviento y llama a preparar el camino para que haya una actitud de arrepentimiento y conversión.

 El Evangelio lo describe así: (Lc 3,1-6): En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, com…   

Observamos que se dan datos – reinado del emperador Tiberio; siendo Poncio Pilato gobernador de Judea; Herodes virrey de Galilea…etc., para que conste que este hecho de Juan sucede en un tiempo concreto de la historia. También podemos considerar que hoy mismo está sucediendo esto en nuestra vida e historia personal. La Palabra proclamada por Juan, hace unos dos mil años, nos invita a renovar nuestro compromiso bautismal y crece en conversión.

Y es bueno, a tal efecto, preguntarnos: ¿Cómo y qué hago cada día para que mi conversión permanente y perseverante vaya creciendo y dando frutos? Discernir a la Luz del Espíritu Santo, abriendo nuestro corazón a la Palabra de Dios, es la actitud paciente, perseverante y disponible con la que debemos caminar y este tiempo de Adviento.

sábado, 4 de diciembre de 2021

UNA AMOR QUE SE COMPADECE

 

Experimentas que cuando percibes y ves dolor y sufrimiento en las personas, tú también te llenas de tristeza y compasión. Sientes que tu corazón se torna compasivo ante la presencia de personas extenuadas, abatidas, desorientadas y abandonadas. Es – nos lo dice el Evangelio de hoy – lo que sintió Jesús cuando presenció a aquel gentío extenuado y abandonado como ovejas sin pastor.

También nos sucede a nosotros cuando observamos en otras personas dolor y sufrimiento. Nos compadecemos. Pero, la pregunta que nos hacemos es, ante tal situación, ¿cómo nos quedamos y reaccionamos? ¿Somos capaces de actuar siguiendo los criterios que nos señala la Palabra de Dios y en la medida de nuestras posibilidades? ¿Tratamos de actuar ofreciendo consuelo, acogida y esperanza, e, incluso sanando y curando por la Gracia del Espíritu Santo?

Eso es lo que leemos en el Evangelio de hoy: (Mt 9,35-10,1.6-8): En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y… Todos somos llamados puesto que todos tenemos una misión y hacemos falta. La mies es mucha – nos dice el Señor, y nos pide que roguemos al Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies.

Anunciar la Buena Noticia es cosa de todos. De todos los bautizados que, en esa hora de nuestro bautismo, recibimos al Espíritu Santo para, asistidos y auxiliados en Él, proclamemos, tal como nos ha enviado el Señor, la Buena Noticia.

viernes, 3 de diciembre de 2021

UNA FE QUE REALIZA EL MILAGRO

 

Supongo que muchas veces te has dirigido al Señor -sobre todo si eres creyente y practicante- a la intercesión de su Madre o algún santo con la intención de pedirle una necesidad o curación propia o de alguien. Y no sé tu experiencia, pero, sí puedo hablar de la mía, y lo hago afirmando que el Señor siempre me escucha y me atiende. Posiblemente, mi fe no sea suficiente, pero, si sé que si estoy aquí en este momento es porque el Señor, a través de mis peticiones, ha querido que así sea.

En muchos momentos la respuesta del Señor no coincide con la mía, pero, a largo plazo voy comprendiendo que la mejor era la que el Señor ha elegido. Y, como esos dos ciegos, de los que habla hoy el Evangelio, no he podido quedarme quieto, sino que he sentido la necesidad de proclamar que el Señor Vive y nos salva.

Me pregunto si me celo apostólico – a través de las redes -  nace de ese deseo inevitable, como aquellos dos ciegos, de proclamar las maravillas que el Señor hace en cada uno de los que creen en Él. Porque, creer en una persona no es simplemente decirlo o confesarlo, sino ponerte en movimiento y dar pasos que descubren gestos y signos que crees en esa persona. Piensa que si hablas con Jesús y le ruegas para que te ayude o sane a alguna persona estás, de alguna forma, creyendo en Él. No dudes de que el Señor te escucha y te da lo que realmente te conviene para tu salvación, que es precisamente lo que importa.

jueves, 2 de diciembre de 2021

CONSTRUIR SOBRE ROCA

Mt 7,21.24-27

Sucede que muchos cristianos apoyan su fe en el cumplimiento de las normas o mandatos del Señor. No es nada nuevo, pues los fariseos del tiempo de Jesús – el Señor – apoyaban su fe en el cumplimiento de la Ley de Moisés más las que ellos habían agregado. Sin embargo, Jesús resumió sus mandatos en un solo mandamiento, que a su vez deriva en otro que está muy relacionado con el primero.

Se trata de amar a Dios, haciendo ese amor visible en el amor al prójimo. Sobre todo, a una clase de prójimo muy preferente para Jesús, los pobres, marginados e inocentes. Luego, todos los mandatos de la Ley son buenos, importantes y ayudan a lo verdaderamente importante, amar. Podemos decirlo de otra forma, amar a ese estilo que Jesús nos ha enseñado contiene todos los mandatos que Él nos ha sugerido y mandado.

Quien ama respeta, habla en verdad, es justo, no roba, no explota, no codicia…etc. Y quien hace eso con los más desfavorecidos lo está haciendo con su Padre Dios. Por lo tanto, no debemos poner nuestra mirada en la norma o mandato sino en el amor misericordioso, porque, lo segundo incluye a lo primero. Y pongo un ejemplo real. El otro día un compañero me decía esto: el domingo por la tarde iba a la santa misa, pero, me sentí indispuesto y regresé a casa. Al día siguiente me sentía intranquilo y no muy seguro si había cometido una falta grave, pues no celebré misa el domingo. La pregunta era, ¿puedo comulgar hoy o tengo que confesarme?

Mi respuesta fue que podía tranquilamente comulgar. El amor con el Padre y la relación de amistad no ha sido rechazada ni apartada. Simplemente, no se ha podido cumplir involuntariamente por tu parte. Por tanto, por qué motivo nuestro Padre misericordioso va a negarnos su Cuerpo y Sangre. Nuestro Dios es un Dios de Misericordia Infinita. Y lo verdaderamente importante es el amor. Un amor que de cumplirse contiene todo lo que el Señor quiere de nosotros.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

¿QUÉ ESTÁS DISPUESTO A DAR Y DESDE DÓNDE?

 

Si Dios te ha creado libre es porque espera y necesita que tú le des algo. Por ejemplo, poner en su Mano tu libertad, o acercarte a Él en señal de que le necesitas. Porque, sólo cerca de Él tienes la posibilidad de alcanzar, no sólo la curación sino la salvación. Es posible que tus defectos se te escondan y tú no quieras descubrirlos ni dejarlos emerger, pero, acercándote a Él y poniendo en sus Manos tu ceguera, tu parálisis, tu cojera o sordera, Él te curará.

Pero, necesitas acercarte y poner en sus Manos ese precioso don de la libertad, que Él te ha regalado. Necesita, a crearte libre, tu fe, tu confianza y que des lo que realmente puedas dar, aunque sean siete panes y unos pocos peces. Jesús no te pide ni te exige lo que necesita para darles de comer a aquella multitud, sino te pide que estás tú dispuesto a dar, que tienes y realmente pones al servicio de los demás. É,l bien sabe que todo corre de su cuenta.

Quedémonos ahí y preguntémonos, ¿qué he recibido yo y que estoy dispuesto a dar? Porque, sólo interpelándonos y tratando de responder a esos interrogantes que pululan en nuestro corazón, encontraremos el camino y las respuestas - evidentemente, asesorados por el Espíritu Santo - que Jesús nos está pidiendo.