viernes, 2 de diciembre de 2022

UN GRITO DE ORACIÓN CONFIADA QUE EXIGE AL SEÑOR SU MISERICORDIA.

Cuando pedimos no lo hacemos convencido ni consciente de que el Señor espera nuestra petición. Ha sido Él quien nos ha invitado y enseñado a pedir. Nos ha dicho que insistamos, que llamemos y toquemos con perseverancia y constancia. Nos ha dicho que no nos cansemos de pedir. Luego, nos está diciendo que pidamos con exigencia el cumplimiento de su Palabra. Porque Él siempre la cumple.

Y aquellos dos ciegos gritaban confiados y con firmeza. Un grito que esconde esa confianza de que a quien se le grita puede darnos la vista. Porque, cuando uno está seguro, tiene confianza y fe en Aquel que le puede dar lo que le pide, sobre todo si se trata de la salud, grita con fuerza hasta el punto de parecer que lo exige.

La pregunta es: ¿No quiere el Señor que se lo pidamos así? No se trata de que nos lo merezcamos, todo nos ha sido dado gratis y porque el Señor ha querido, esa ha sido su Voluntad, un misterio que nunca entenderemos. Pero, somos sus criaturas, sus hijos por su Amor Misericordioso, y desde esa condición filial, le pedimos con fuerza e insistencia que nos abra los ojos de la fe. Que nos permita ver.

Ver el Camino; ver la Verdad; ver la Vida. En otras palabras, verle. Ver, Señor, tu Rostro y poder seguirte con firmeza y perseverancia. Seguirte poniéndote siempre en el centro de nuestro corazón y creer confiados, como niños con sus padres, que Tú, Señor, puede y quieres salvarnos.

jueves, 1 de diciembre de 2022

¿ACASO PIENSAS QUE DIOS ES UNA TOMBOLA DE REGALOS?

Mt 7,21.24-27

Posiblemente, casi sin darnos cuenta, hemos asumido una imagen de un Dios bueno que nos soluciona todos nuestros problemas. Un Dios que nos va a allanar el camino y nos va a poner las cosas al alcance de nuestra mano para acceder a ellas con facilidad. Un Dios del que nos olvidamos o no vemos, o quizás no queremos ver que trae una corona de espina y está crucificado en una cruz.

¿Cómo es posible que si mi Dios está crucificado en una cruz, yo quiero eludirla? ¿Soy yo mejor que mi Dios? ¿Cómo es posible que si mi Dios ha dado su vida por mí y por todos los demás, yo quiero mi vida para mí y no la doy a nadie? ¿Cómo es posible que busco un Dios de una vida fácil y sin exigencia ni compromisos? ¿Acaso pienso que puedo ser amigo de Dios sin dar amor? En realidad, ¿qué Dios busco?

Todas esas preguntas me llevan a responder sobre qué dios me he fabricado, o en que dios realmente yo creo. Porque, quizás me haya hecho la composición de creer en un dios tómbola que le pido y me da. Y que si no me da, me enfado. Un Dios que lo considero Dios en la medida que me dé según mis gustos e ideas. Un dios que se añada a mis proyectos y siga mi voluntad. Un dios de méritos, de puntos, de favores y de recompensas. Un Dios al que pueda entender y se ajuste a mis razonamientos.

Un dios sostenido y apoyado en la arena movediza de mi humanidad limitada, suficiente y soberbia que se cree con derecho de exigir a su Creador. Y, sucederá que ese dios se derrumbará cuando las tempestades acaben con mis sueños y sean superiores a mis fuerzas. Entonces, su ruina será grande, tal y como dice el Evangelio.

Yo creo en un Dios ininteligible, superior a mi entendimiento y mis fuerzas. Un Dios que no puedo entender, como su Madre María, que me ama hasta entregar a su Hijo en una muerte de cruz para salvarme. Un Dios misericordioso que, sabiendo de mis pecados, me perdona y da su Vida por mí. Un Dios que, a pesar de invitarme a vivir en su Cruz, me acompaña, me fortalece y me ayuda a sobrellevarla y a cargarla. Un Dios, como roca, que apoyado en Él resisto toda tempestad y huracanes. Un Dios de Infinito Amor Misericordioso que, al final del camino, me salva y me da vida eterna.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

DIOS, NUESTRO PADRE, TIENE UN PLAN

El envío de su Hijo, nuestro Señor Jesús, obedece a un Plan de su Padre. Dios, nuestro Padre, quiere anunciarnos su locura de Amor Misericordioso con todas sus criaturas y, de manera especial, al hombre. Porque es el hombre, a quien Él únicamente ha dado entendimiento, quien puede entenderle. Y, por eso, el Dios encarnado en naturaleza humana viene a este mundo a anunciarnos la Buena Noticia.

Y su misión tiene como objetivo formar un grupo de discípulos que continúen su obra en este mundo hasta que Él decida volver. Y así lo ha anunciado y lo hará. Sabemos, por sus mismos apóstoles, que llamados, le siguieron tal y como nos cuenta hoy el Evangelio. Pero ¿no nos llama nuestro Padre Dios, a través de su Hijo, a todos? Esa es la cuestión que el Evangelio de hoy nos pone sobre la mesa.

Posiblemente, nuestro Padre no nos llame a todos a la misma misión. Ha repartido talentos y capacidades de manera desigual y, en consecuencia, exigirá a unos más que a otros. Y esa es la cuestión, ¿qué misión, según mis talentos y cualidades tendré yo? Porque desde ahí Jesús también me invita al Plan evangelizador de su Padre para que yo dé lo mejor de mí mismo y en atención a mis posibilidades y talentos.

Esa pregunta me lleva a mí a replantearme mi vida y tratar de responder a los interrogantes que la vida me plantea. A estar vigilante, atento y siempre con la mirada levantada hacia mi Padre del Cielo en la actitud de búsqueda y de disponibilidad a dejarme guiar por la acción del Espíritu Santo.

martes, 29 de noviembre de 2022

EN Y POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Desde y en la hora de mi bautismo he recibido la visita del Espíritu Santo. Una visita para quedarse todo el tiempo de mi vida conmigo. Una visita sin condiciones y, quiera o no, paciente, perseverante y permanente a la puerta de mi corazón.

En mi bautizo lo he invitado, quizás no consciente por mi temprana edad, pero, si por la voluntad, por tradición o por fe, de mis padres. Pero, ahora ya mayor y consciente, sigue ahí esperando que le abra la puerta de mi corazón, le deje entrar a mi barca y le dé el timón para que Él oriente mi vida y señale el rumbo a seguir.

Dependerá de mí, y también de ti. ¡Está claro!, Dios ha dejado en tu mano la opción a dejarle entrar o cerrarle la puerta. Posiblemente, tu suficiencia te lleve a cerrársela porque piensas que no le necesitas. O, quizás, tu humildad y pequeñez te diga que debes abrírsela para que te oriente, te revele el Amor Misericordioso de tu Padre Dios y te enseñe la grandeza y el poder de su Amor.

No cabe ninguna duda, la llave de esa puerta está escondida detrás de tu humildad, de tu sencillez, de tu saberte pobre, pequeño y necesitado de su asistencia y poder. Sin esa humildad y sencillez no la encontrarás nunca. Descubre tu corazón de niño y déjate encontrar por el Amor Misericordioso de tu Padre Dios.

lunes, 28 de noviembre de 2022

¡SEÑOR, QUIERO ABRIRTE MI CORAZÓN PARA QUE SEAS TÚ, QUE ME BUSCAS, QUIEN ME ENCUENTRE!

El título de esta humilde reflexión lo dice todo. Mientras sea yo quien trate de encontrar al Señor corro el peligro de que sea el Señor que yo quiero encontrar y lo adapte a mis gustos, a mis intereses y conveniencias. Y eso sería lo mismo que no encontrarlo. ¡Nada de eso!, hoy quiero suplicarte, Señor, que lo que quiero es dejarme encontrar por Ti. Que seas Tú, Señor, mi Señor, y que mi vida gire en torno a tu Palabra y deseos.

Quiero, Señor, hacer tu Voluntad y no la mía. Pero, sabes quien soy y lo débil y caprichoso que soy. Me seduce este mundo, poder, dinero, riqueza, placeres, fama y…etc. Y Tú me pides otra cosa: Amor. Amor con los más pobres y necesitados, y eso me exige darme y dar, compartir y acompañar, sufrir y llorar con ellos. Y, también sabes, Señor, que eso no me gusta y que me exige mucho esfuerzo. Por eso me gusta más encontrarte yo que dejare encontrar por Ti.

Pero, como aquel centurión, Señor, yo quiero hoy pedirte, en contra de mi voluntad, que me des la fe de dejarme encontrar por Ti y de dejarme guiar, a pesar de mis debilidades y resistencia, por tu Voluntad. Porque, es esa Voluntad la que me conviene y la que me hará bienaventurado y dichoso. Ya me lo dijiste en aquel hermoso sermón de la montaña. Y hoy, a través del centurión me lo recuerdas. Quítame el miedo y aumenta mi fe para abandonarme en tus brazos y dejarme encontrar y guiar por Ti.

Gracias, Dios mío, porque sé que me escuchas y que lo harás. Dame fuerza y sabiduría para no arrepentirme y ponerme siempre en tus brazos.

domingo, 27 de noviembre de 2022

NO SABEMOS EL DÍA NI LA HORA

Se ha repetido hasta la saciedad, ¡claro, en los Evangelios!, pero quienes no los conocen y, por supuesto, no los lee, no se enterará de la advertencia. Ya sucedió en tiempos de Noé con el diluvio y, nos dice el Evangelio de hoy que de la misma manera sucederá ahora. ¡Cuándo? No conocemos el día ni la hora, pero si sabemos, es Palabra de Dios, que ese día llegará.

La vida continúa igual, dice el Evangelio: (Mt 24, 37-44): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro…

La realidad es que la esencia de nuestro vivir y comportarnos sigue siendo la misma que siglos pasados. Todo sigue igual, aunque con más avances tecnológicos. Así lo narra el Evangelio y así comprobamos que es la realidad. Y mientras, ¿qué hacemos nosotros? Porque no podemos justificar que no lo sabíamos. Sabemos, valga la redundancia, que el Señor vendrá cuando lo decida. Esas son las últimas palabras con las que termina este Evangelio: «Por eso estad también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre»

La cuestión por tanto es espabilar y estar atentos y despiertos. En cualquier hora se nos puede venir todo abajo. No solo porque así sucede en este mundo, sino porque puede ser que el Señor, Rey del Universo decida que ha llegado el fin. La promesa y también la advertencia está hecha, ahora tú decides como quiere seguir viviendo. Tal y como dice el Evangelio de hoy domingo, o levantando la mirada y atento a la Voluntad de Dios. Porque, escucha, Dios quiere tu salvación y tu felicidad eterna. No te lo impone sino te lo propone.

Y luego todo está ya hecho. No hay vuelta atrás, la eternidad que nos espera es la que hayamos elegido. Realmente, ¿no es para tomarselo en serio? Porque, independientemente de que creas o no creas, dentro de ti hay algo, a lo que no puedes renuciar, que te llama a vivir feliz eternamente.

sábado, 26 de noviembre de 2022

EN ESTADO DE ALERTA

Lc 21, 34-36

No cabe duda de que cuando estamos en peligros y sospechamos que podemos ser atacados por sorpresa nuestra vigilancia y actitud de alerta es máxima. Es evidente que nos puede caer el enemigo en cualquier instante y podemos ser sorprendidos con consecuencias fatales. La alternativa será estar en permanente alerta y montar un equipo de vigilia.

Nuestro comino en este mundo es un camino en constante peligro. No ya solo en el aspecto físico sino también espiritual. Estamos constantemente en peligro. Y no solo por lo que venga de afuera, sino fundamentalmente por lo que está dentro de nosotros, nuestra naturaleza, inclinada a satisfacerse carnalmente. Son nuestras pasiones, concupiscencias, odios, venganzas, soberbias y un largo etc. lo que seduce a nuestro corazón y lo pone en peligro de abandonar su recto camino.

La realidad es que nos enfrentamos a muchos sufrimientos y penalidades. El mundo es un camino de permanente peligro y nos costará permanecer con la cabeza bien levantada y firme si nos dejamos arrastrar por el ambiente cómodo, pernicioso y corrupto que nos rodea. Nunca debemos perder la fe en la esperanza de que el final llegará y con él vendrá la hora del Banquete Eterno. Un Banquete donde la felicidad será plena para siempre. Esa idea nos debe ayudar a sostenernos firmes y con gran esperanza. Dios, nuestro Padre no nos falla.