sábado, 19 de noviembre de 2016

LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN

(Lc 20,27-40)
Llega un momento que pensamos que esta vida tiene que acabar. He oído decir a mucha gente que no desearía vivir más allá hasta que pueda valerse por sí misma. La dependencia no gusta a nadie, sin embargo, puede ser la oportunidad que te abra las puertas de la vida eterna. Esa vida que todos, de alguna manera, tenemos en lo más profundo de nuestro corazón y anhelamos alcanzar.

Por un lado, porque aceptándola estás abrazando tu propia cruz, y, por otro, posibilitando a otros la oportunidad de amar al servirte. De cualquier forma llega un momento en que parece que esta vida no tiene más camino. Y apostar por ella no es de inteligente ni sirve para nada. Todo se quedará aquí y será para beneficio de otros mientras vivan. Pero es que, además, se desea su final para que empiece la otra, la que anhelamos y buscamos, al menos los que creemos, desde lo más profundo de nuestros corazones. Esa Vida Eterna plena y gozosa de felicidad.

La resurrección tiene sentido y lógica. Quizás no se puede entender, pero si intuir, y hasta desear. No queremos, cuando descubrimos la eternidad, continuar viviendo en la mediocridad. Deseamos la plenitud y le perdemos, sin por eso despreciarla, el miedo a la muerte. Sabemos, por la fe, que es el paso para la otra vida, la verdadera y eterna. Deseamos la plenitud que Jesús nos propone con su Autoridad y Palabra de Vida Eterna.

Es, entonces, cuando todo lo de aquí abajo pierde valor y peso. Nada tiene sentido si no hay esperanza en la resurrección. Es lo más sensato creer en ella y dejarnos guiar por la acción del Espíritu Santo. Apartarnos de nuestra razón que filtra por ella todas nuestras apetencias e intereses humanos y nos aleja de Dios al quererle entender, comprenderle y alcanzarle.

Dios se nos escapa a nuestra razón, y, por supuesto, también la otra vida. Rechacemos, pues, la tentación de querer entenderle y de dar explicación a todo. Sigamos unidos a y en la Iglesia, y al Papa, a quien ha dejado Jesús como guía, asistido por su Espíritu, para señalar el camino para todo su pueblo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

JESÚS EN LUGAR DE TODOS

(Lc 19,45-48)
Sería maravilloso poder escuchar a Jesús cada día. El Evangelio de hoy nos dice que enseñaba todos los días en el templo y eso era una oportunidad única. Me imagino que quedaría maravillado y cautivado, como tantos otros que así les pudo pasar, por las Palabras de Jesús. Pero, la realidad no ha cambiado en nada, porque, aunque la situación es diferente, Jesús está Vivo y presente cada día en las diversas Eucaristía que se celebran en el mundo.

Tú y yo podemos escucharle si tenemos la oportunidad de visitarle cada día en el templo. Porque en la consagración, Jesús, se hace presente y se entrega en sacrificio por la redención y salvación de todos nosotros. Sí, Jesús nos enseña y nos habla hoy también. Se trata simplemente de estar atentos y a la escucha y de dejarnos invadir por su Palabra.

Todo se hace nuevo, y todo se renueva. Jesús es el centro y sustituye a todo sacrificio y víctima. Él se hace víctima entregándose voluntariamente por todos nosotros. Su Palabra nos salva y nos indica el camino. El mundo sería diferente si escuchara la Palabra del Señor y la pusiese en práctica. Todo tendría sentido y la felicidad invadiría nuestras almas. Una felicidad que no sólo es serenidad y paz, sino que es también eternidad. Porque la felicidad que muere no es felicidad.

Guardemos nuestro templo interior, porque dentro de nosotros vive el Espíritu del Señor si le dejamos habitar en nuestro corazón. Porque es allí donde el Señor nos habla ahora y nos enseña el verdadero camino que conduce a la Casa del Padre.

jueves, 17 de noviembre de 2016

JERUSALEN, EL MUNDO QUE NOS RODEA

(Lc 19,41-44)
Extrapolando estas palabras de Jesús al mundo que nos rodea, nos encontramos con una Jerusalén en constante desasosiego y luchas fratricidas que hacen presente aquella profecía de Jesús. Jesús llora porque el pueblo elegido no le ha reconocido, y en este mundo en el que nos ha tocado vivir ocurre lo mismo. Hay mucha gente que, no sólo no reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, sino que lo rechaza y quiere matarlo. La historia continúa.

Hoy son muchos los que trata de apartarlo de Jerusalén, el mundo, y no quieren que se hable de Él. Se quiere erradicarlo de las escuelas, de la enseñanza y de arrinconarlo en su propia Iglesia. Ya el Papa Francisco ha gritado que hay que salir a la calle y darlo a conocer. No sólo de palabra sino con la vida también. La fe se hace testimonio cuando convertida en oración se hace vida. Y es entonces cuando se vuelve testimonio que contagia y que salva.

Porque los cristianos, los que creemos y seguimos a Jesús no podemos, a pesar de la situación y las diferentes épocas que nos ha tocado vivir, quedarnos en silencio y pasivos. Necesitamos gritar y proclamar que Jesús es el Camino, es la Verdad y también a Vida. Porque dentro de cada hombre hay un deseo y un ansia de felicidad y de eternidad, y eso ha sido sembrado en sus corazones por Dios. Y su Palabra es el agua que necesita cada día para que esa siembre dé frutos.

Pues bien, somos nosotros los elegidos para regar esos corazones con nuestra perseverancia, trabajo y testimonio. Somos nosotros, la Iglesia, la que día a día vamos abonando los corazones de los hombres que lo abran al Señor con su Palabra y su Espíritu. Pero no perdamos de vista que Jesús está entre nosotros, y nos alienta y nos redime cada instante que, reconociéndole, imploramos su Misericordia reconociéndonos humildes pecadores.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

MÍRATE, ¿CÓMO TE VES? ESO QUE VES PONLO AL SERVICIO DEL AMOR DE DIOS

(Lc 19,11-28)
Tú tienes algo y eso tienes que descubrirlo. Has venido a este mundo con una mochila, una mochila llena de amor. Amor de Dios. Y ese Dios, tu Padre, que te quiere te ha llenado tu mochila para que tú negocies en este mundo esa cantidad de amor que lleva dentro. Esfuérzate en descubrir esa cantidad de amor y darla toda. Multiplícala si puedes. Ese es tu trabajo, y también el mío.

Todos tenemos algo que dar. Podrá ser mucho o poco, pero es algo es todo lo que Dios nos ha dado y todo lo que tenemos que dar. ¡¡¡Todo!!!, no nos guardemos nada. Todo, ya sea poco o mucho. Incluso, algunos han recibido la mochila de ser carga para otros. Son los disminuidos, los dependientes y enfermos, y son la carga de amor que tú o yo, o quien nos toque, tenemos que dar.

No perdamos el tiempo pensando la hora del regreso. Vendrá y eso nos basta. Será ahora, en otro momento o mañana, pero eso no debe atormentarnos ni distraernos. Su Palabra es Palabra de Vida Eterna. El Señor vendrá porque lo ha dicho Él. A ti y a mí nos toca trabajar ahora y vaciar esa mochila de minas, es decir, de todas las capacidades y cualidades que el Señor nos ha entregado, para ponerla a rendir. Lo que verdaderamente importa es tener las manos llenas y las mochilas vacías para cuando llegue el Señor entregarle todo nuestro esfuerzo y trabajo transformado en amor. Él sabrá acogernos y premiarnos.

Por lo tanto, mirémonos bien y descubramos todo lo que hemos recibido. Igual descubres muchas cosas que puedes hacer y están enterradas como aquel último que por miedo y, quizás por pereza, enterró todo lo recibido sin esforzarse en ponerlo a rendir. No tengamos miedo como nos dijo san Juan Pablo II. El Señor está con nosotros y el Espíritu Santo nos asiste y nos dirige. 

martes, 15 de noviembre de 2016

ZAQUEO TAMBIÉN SOY YO

(Lc 19,1-10)

El año pasado, creo que después de reyes, aproximadamente el siete u ocho, planté doces azucenas. Llevaban ya tiempo los bulbos en casa y pensé, sé poco de jardinería, que podían estar secos. Decidí plantarlos y ver qué ocurría. Pasaban los meses y no pasaba nada. Llegué a pensar que realmente estaban secos. Pero hace poco, brotó una. Casualmente la primera que planté, y meses más tarde ha brotado otra, creo que la que hace el número siete. Y no han nacido más. No sé qué ocurrirá.

Y digo esto porque la siembra tiene su tiempo y necesita de paciencia, pero también de cuidados y, sobre todo, de agua. Hay que regar la tierra y esperar. Lo mismo ocurre con el Señor. Jesús, nuestro Señor, viene a buscar a quienes estén perdidos A aflorar y reconocer el seguimiento de muchos, oculto a la sombra del respeto humano o de la capa de la vergüenza, o, simplemente no saber cómo enfrentarse a la vida de fe. El Señor lleva la iniciativa, sorprende y te invita a abajarte del árbol de la suficiencia o de la indiferencia.

Sí, posiblemente para eso puede pasar tiempo. La conversión no es un huevo que se echa a freír. Puede que a veces suceda de un momento a otro, pero, por regla general, exige tiempo, como el ejemplo de mis propias azucenas. Pero, sin darnos cuenta explota y aparece la Luz. Una Luz que exige, como hemos visto días atrás, paciencia, perseverancia y constancia. Es necesario estar al quite, al cuidado, subido al árbol como Zaqueo, porque el Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere.

Quizás tú y yo necesitamos también subirnos a nuestro árbol para ver mejor al Señor. Para observarlo y mirarlo. Porque el Señor merece todo esfuerzo por costoso que sea. Pues su Mirada cautiva, sorprende y llena de gozo y de paz. Dejémonos mirar por el Señor y escuchemos su invitación. Abrámosle las puertas de nuestro corazón y comamos con Él. No tengamos miedo, seguro que como Zaqueo dejaremos muchas cosas en el camino que nos impedían caminar.

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?

(Lc 18,35-43)

Bartimeo tuvo esa oportunidad y, al parecer, la aprovechó. Pero, ¿tú y yo? ¿O es que el Señor no nos da también a nosotros esa oportunidad? Claro que nos la da. Ha venido para eso, para salvarnos y espera también que le hagamos nuestra petición. Realmente, ¿qué queremos pedirle al Señor? ¿Tenemos claro nuestra pregunta?

Bartimeo quería ver y recuperada su vista le siguió glorificando a Dios. No sólo recuperó la vista de sus ojos, sino la vista de la Luz, la verdadera Luz de conocer a Jesús, el Hijo de Dios, y, por y a través de Él, llegar a Dios. 

¿Sabemos ya nuestra pregunta? ¿Y tenemos la fe y confianza en qué Jesús nos dará esa Luz, como hizo con Bartimeo? Pues no perdamos ni un segundo, hagámosela sin pérdida de tiempo y, recuperada, sigámosle glorificando a Dios. 

Porque nuestra pregunta exige respuesta. Y una respuesta responsable y comprometida. Una respuesta de oración ante las dificultades y obstáculos del camino. Obstáculos que se encuentran también entre nosotros y los nuestros. Y es que son las difícultades y obstáculos, como los que le decían a Bartimeo que se callara, los que nos levantan y nos ponen delante del Señor. Son las necesidades las que nos abren los ojos y nos emergen las preguntas sacándolas del corazón para presentárselas al Señor.

Es entonces cuando se produce el encuentro, el diálogo que nos hace ver, ver la Luz que alumbra toda nuestra vida y nos deja ver el camino. El verdadero camino de salvación. Por eso, Señor, queremos encontrarte en nuestro humilde camino y pedirte que nos abras los ojos para ver. Ver que significa verte a Ti, Señor.

domingo, 13 de noviembre de 2016

PALABRAS MUY SERIAS Y DURAS

(Lc 21,5-19)
El Señor no se anda por las ramas. Habla muy claro y el Evangelio de hoy lo demuestra una vez más: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».  Y la pregunta es: ¿No esta sucediendo esto?

El mundo en el que vivimos está amenazado por enfrentamientos que ponen en peligro la convivencia y la paz entre los hombres. Guerras que amenazan destruir el planeta; consumo desmesurado que influyen en el clima y lo alteran. Sólo hace falta encender la televisíon y comprobar la inestabilidad que se cierne sobre el mundo que habitamos. Y esos enfrentamientos nace de las ideologías de nuevos líderes que se erigen como jefes y profetas de un nuevo orden.

La confusión cada vez es más compleja y muchos tratan de apoderarse de la voluntad de los hombres para dirigirlos según sus ideologías amenazando la libertad de poder elegir tu propio camino. Ayer veía en la televisíón un documental sobre la amenaza que vivió el planeta en tiempos de Kennedy y Kruschev que estuvieron a punto de desencadenar una guerra mundial. Vivimos al filo de la navaja y pendientes de que en cualquier momento la tragedia se cierna sobre el mundo.

Realmente la realidad actual se parece a todo esto que Jesús ya nos ha dicho: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Pidamos luz y fortalece para que en medio de estos acontecimientos no perdamos la senda del camino recto y perseveremos en el Señor.