lunes, 14 de marzo de 2022

AMAR ES REGALAR MISERICORDIA

 

Amar no es simplemente cumplir ni hacer el bien. Amar lleva implícito algo más. Es darse gratuitamente sin esperar recompensa y darse a sí mismo, olvidándose de sí mismo, valga la redundancia. Es lo que movió a Pedro a ofrecerle al Señor hacer tres tiendas para ellos – Moisés, Elías y Jesús – sin acordarse de ellos tres. Estaban tan bien que todo lo demás les sobraba. Amar es, precisamente eso, es sentirse tan gozoso y a gusto dándose que simplemente eso basta. El ejemplo lo hemos vivido y experimentados en y con nuestros padres. Dan su vida por sus hijos. ¿Cómo será el Amor Infinito del Señor?

Jesús quiere regalarnos una experiencia de amor. Un amor misericordioso que no tiene en cuenta nuestras faltas ni pecados. Su Misericordia es plena y perdona todo sin tener en cuanta nuestros fallos. Esa es la manera de amar que Jesús nos presenta y vive. Y, así tendremos nosotros que amar si queremos seguirle. Amar a quienes nos aman y a quienes no nos aman, Es decir, a amigos y enemigos. Porque, precisamente, en los enemigos es donde se prueba el auténtico y verdadero amor. Fácil es amar cuando la corriente va a nuestro favor, pero, amar cuando la tempestad nos amenaza e irrumpe en nuestra vida se hace más difícil. Diría que, sin la ayuda del Espíritu Santo, nos sería imposible.

Sucede que no nos damos cuenta, pero, los bautizados, hemos recibido el Espíritu Santo en el momento de nuestro bautismo, y, posiblemente, los de corazón bien intencionado no adviertan su presencia, pero, Él está ahí actuando. Porque, para eso ha venido, para asistirnos, auxiliarnos y fortalecernos en la lucha de cada día en nuestro peregrinar a la Casa del Padre.

No hay otra manera de amar. No trates de buscar un amor cómodo, a media y adaptarlo a tus comodidades e intereses. Eso no es amar. Amar es un compromiso. Así nos ama nuestro Padre Dios. Vivamos en actitud compasiva y misericordiosa tratando de medir con la misma medida que deseo y quiero que me midan a mí, pues, esa será la medida que tendrá.

domingo, 13 de marzo de 2022

UNA LUZ QUE NOS LLENA DE ESPERANZA

 
Lc 9,28-36

Todos pensamos que la vida es hermosa, pero, hay momentos que dudamos de eso que pensamos. Sobre todo, cuando la oscuridad se hace presente y todo parece que se derrumba. Se nos viene el mundo abajo y, lo que nos parecía hermoso, ahora se nos vuelve odioso y trágico. Es evidente, la experiencia nos no corrobora, que la vida presenta momentos y circunstancias alegres, de gozo y felicidad, pero, también, momentos de tristeza, desolación, angustia y dolor. 

Sin embargo, lo que nunca debemos perder es la esperanza. Sin esperanza es imposible vivir y avanzar. Posiblemente, la falta de esperanza provoca la depresión y, en consecuencia, el disparate. Siempre, si confiamos en Dios, hay motivos y razones para la esperanza. Precisamente, hoy, nos narra el Evangelio el episodio del Tabor. Jesús se hace acompañar por Pedro, Santiago y Juan, quizás tres de los apóstoles más aventajados, para que suban con Él al monte y le acompañen a orar. Allí, junto a Jesús, todo es hermoso hasta el punto de que Pedro, olvidándose de él y sus compañeros, propone a Jesús hacer tres tiendas para que Él, Moisés y Elías, que ven junto a Jesús.

Junto a Jesús todo se ve de otra forma. Posiblemente, los problemas son los mismos, pero las forma de afrontarlos son diferentes. La Misericordia de Dios, que no nos registra ni tiene en cuenta nuestros fallos y pecados, nos levanta, nos anima y nos invita a seguir el camino. Un camino lleno de dificultades – vamos hacia la cruz – pero un camino de esperanza y Resurrección. La presencia de Moisés y Elías así lo testifican y lo atestiguan. Ellos han resucitados y, también nosotros, por los méritos de Jesús, resucitaremos también.

Pero es bueno saber y aceptar la Infinita Misericordia de Dios, nuestro Padre. Después de, aproximadamente, o más, dos mil años. Nosotros gozamos de la gran ventaja de saber que Jesús nos adelanta la prueba de su Resurrección. Es un alto en el camino que nos motiva y nos da esperanza. Ellos, los apóstoles no comprendieron lo que habían visto, pero, más tarde lo entendieron cuando, sobre todo Pedro y Juan, comprobaron que el sepulcro estaba vacío. En la Transfiguración, Jesús, les mostró su esplendor y su Resurrección, a pesar de que había que seguir el camino hacia Jerusalén, donde iba a ser crucificado. Vivamos con esperanza y ánimo, también nosotros, ese camino cuaresmal hasta el momento de la Resurrección.

sábado, 12 de marzo de 2022

NUESTA LUCHA CONSISTE EN CAMBIAR AMOR POR OFENSAS


Cumplir con las reglas no presenta gran dificultad. Todo consiste en habituarte y hacer de ellos un hábito diario. Amar a los que te aman es lo lógico y lo que demanda el sentido común. Otra cosa es salirte de la receta e ir más allá del mero cumplimiento cambiándolo por caridad y ofrecer amor en el lugar de las ofensas recibidas. Es eso lo que propone Jesús en el Evangelio de Mateo 5, 43-48 de hoy sábado.

Amar a los que te hacen mal e intentan derrumbarte – enemigos – es la prueba del algodón, como se dice ahora, del amor. Porque, donde se descubre el verdadero amor es cuando las circunstancias son duras y van contra corriente. Cuando el pastel es hermoso y tiene buena presencia y gusto, apetece comerlo. Pero, cuando sucede lo contrario, huele mal y no parece bien presentado, las circunstancias instintivas te invitan a retirarte y abandonar. Es, pues, lógico y entendible, desde el punto de vista y la naturaleza humaba, que Jesús se quedase abandonado por los suyos en la Cruz. Solo el amor de una Madre – María – soporta y cambia amor por ofensas.

Jesús nos invita a amar a los enemigos, porque, así ama Él. Y si Él nos ama así, ¿cómo nosotros vamos a amar a media, o a nuestro interés? Tendremos, si nos confesamos seguidores de Él en amar como Él ama y nos ama. Es, pues, evidente que nos mande a amar a los enemigos. Y, solo amando a los enemigos – también a los amigos – podemos entablar amistad con Él. Nuestro diálogo – oración – no se podrá establecer con Él sí, primero, no estamos en actitud de amar a quienes nos ofenden. Entendemos ahora como nos lo ha puesto claramente en la oración – Padrenuestro – que el mismo nos enseñó.

Claro está que, nosotros solo no podremos con tan alta misión. Nuestra naturaleza, sometida al pecado, es débil y no podrá vencer, por sus propias fuerzas, la tentación de nuestra razón y justicia humana. Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo, que ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo, precisamente, para eso. Para darnos fortaleza y liberarnos del pecado. En Él podemos vencernos y suavizar nuestros corazones para, por su Gracia, amar como Jesús ama.

viernes, 11 de marzo de 2022

PERDONAR COMO DIOS NOS PERDONA


Es de sentido común que, si pido perdón, también lo dé yo. Porque, lo que no es correcto es que yo sea perdonado y, luego, no perdone. Por eso, entendemos que no podemos presentarnos delante de Dios suplicándole perdón cuando nosotros no perdonamos a nuestros deudores. Incluso, también a los que nos ofenden. Y es que Dios nos perdona todas nuestras ofensas y pecados. Ahora, ¿cómo no vamos nosotros a perdonar a los que nos han ofendido? ¿Con qué cara nos vamos a presentar delante de Dios? Está claro que, para hablar con Dios necesitamos perdonar a nuestros hermanos en la fe.

Dios nos ha creado para la vida – vivir eternamente en gozo y plenitud – y quiere que todos sus hijos gocen de esa Vida Eterna. Él es la Vida, la Verdad y el Camino. Vida en abundancia y felicidad y, fuera de Él, no hay nada, vacío y perdición. Por eso, nuestro Padre, que nos conoce, deja la puerta abierta de su Infinita Misericordia y nos perdona, dándonos siempre la oportunidad de levantarnos y volver a Él. La parábola del hijo pródigo es un hermoso ejemplo de como nos quiere y nos perdona nuestro Padre Dios.

Sin embargo, nuestro Padre Dios quiere que decidamos nosotros. Nos ha creado en libertad y nos toca a nosotros decidir. Ya en el – Deuteronomio 30, 15 – nos pone esa posibilidad y quiere que, en plena libertad, le respondamos. De tal forma que, la Misericordia con la que hemos sido tratados por Él, también la tengamos nosotros con los demás, amigos y enemigos, creyentes y no creyentes.

¿Se nos hace difícil, hasta el punto de que nos parece imposible? Sí, es evidente. Nuestra naturaleza es débil y sometida al pecado. Jesús, el Señor, viene precisamente a liberarnos, y esa es la clave, abrirnos a su Misericordia y Palabra. Entonces, seremos fuertes y capaces de perdonar. Incluso a nuestros enemigos. Partimos de que no vamos solos. Desde la hora de nuestro bautismo hemos recibido al Espíritu Santo. El mismo que recibió Jesús en el Jordán a la hora de su bautismo. Y, en, con y por Él seremos fuertes y capaces de que, nuestro corazón se transforme en un corazón humilde, comprensivo, paciente, suave y bueno. Recordemos la necesidad de ser persistentes y perseverantes tal y como reflexionábamos el otro día.

No perdamos de vista que nunca podríamos ser recibido por nuestro Padre Dios si antes nosotros no recibimos misericordiosamente a nuestros hermanos. Esa es la condición, que no es otra que el amor. Amar a Dios y amar al prójimo. Sin el segundo no se puede vivir el primero. Claro como el agua y necesario la acción del Espíritu Santo.

jueves, 10 de marzo de 2022

QUIEN PIDE, BUSCA O LLAMA, ENCUENTRA RESPUESTA


Sabemos por experiencia que la insistencia y perseverancia tienen siempre respuesta positiva. Bien es sabido que quien no llora no mama – dicho popular – conocidos por todos. ¿Quién no ha insistido a sus padres por algún deseo o capricho que quería conseguir? Y, también, quién no ha recibido negativa por respuesta si, nuestros padres consideraban que eso no nos hacia bien y no nos convenía? Pues, esas experiencias nos enseñan a pedir e insistir, y, sobre todo, buscar.

Si nuestros padres, pecadores, saben darnos cosas buenas, y son sus deseos, el dárnosla, cuanto más nuestro Padre del Cielo que es Infinitamente Bueno y sabe bien lo que realmente nos conviene y debemos tener. Todos sus regalos van dirigidos a enseñarnos el camino recto y verdadero para estar al final, tal y como decíamos en el Evangelio del lunes, a la derecha de nuestro Padre Dios. Porque, todo lo que tenemos y somos son regalos gratuitos del Señor. Sí, hacemos cosas malas, pero, debido a nuestra libertad y suficiencia, rechazando lo que el Espíritu Santo – recibido en nuestro bautismo – nos sugiere y señala, y prefiriendo lo que a nosotros nos apetece. Por eso, la gran importancia de ponernos en manos del Espíritu Santo y, aunque no le entendamos muchas veces, dejarnos guiar por sus soplos y alientos.

Ahora, ¿persistimos nosotros con fe y confiados en la escucha atenta, bondadosa y misericordiosa de nuestro Padre Dios? Porque, aunque nos parezca y lo aparentemos, puede ocurrir que ni insistimos ni pedimos con fe. Puede suceder que, más que insistir exijamos, y hasta amenazamos si no recibimos lo pedido. Amenazamos con abandonar pensando que con eso fastidiamos o perjudicamos a nuestro Padre Dios. ¿Acaso no nos damos cuenta qué somos nosotros los perjudicados? Posiblemente, al Señor no le agrade nuestra forma de actuar, pues somos sus hijos y a ningún padre le gusta que sus hijos le desobedezcan, pero nada podemos hacer para molestar o perjudicar a nuestro Padre Dios. Nuestro Padre nos ama, no porque nos necesite, sino porque Él así lo ha querido y, voluntariamente, lo ha dispuesto. Su Amor es un compromiso y, a pesar de nuestros berrinches y pecados, nuestro Padre nos esperará hasta el final de nuestra libertad. Ejemplo, parábola del hijo pródigo.

Todo nos lo ha puesto nuestro Padre Dios en nuestras manos. Dependerá de nosotros pedir, buscar y llamar a Quien nos puede dar lo que realmente necesitamos.

miércoles, 9 de marzo de 2022

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA FE: LA RESURRECCIÓN


Pensamos que eso de la ceguera es cosa que se dice, pero no es real. La realidad es que si no vemos lo que importa e interesa, estamos ciego. Y, en ese sentido, lo estamos, porque, lo que nos interesa es la felicidad y, donde la queremos encontrar no está. No está en las riquezas, en los placeres ni en el poder. Preguntarle a los famosos y poderosos y, siendo sinceros, nos sorprenderá sus confesiones. Además, de muchos sabemos algo de sus vidas. Tanto el poder como la riqueza y placer nos dejan, al final, vacíos y insatisfechos. Nuestra felicidad está en otra parte y es ahí donde debemos buscarla. Para eso, tendremos que abrir bien los ojos.

El fundamento de nuestra fe es Jesús Resucitado. Porque, es, a partir de ese momento, cuando el Amor – con mayúscula – tiene presencia. Es cuando los apóstoles, que no se habían enterado de nada, entendieron que el arma de la evangelización y del hallazgo de la felicidad es el Amor. Un Amor que Cristo deja sin discusión en su muerte de cruz. Es allí y en ese momento, cuando nos damos cuenta de que solo amando – como Cristo nos amó y nos ama, ahora resucitado, los hombres pueden salvarse. Lo contrario sería lo que han vivido nuestros antepasados y vivimos también nosotros. Ejemplo, la actual guerra Rusia – Ucrania. ¿Será feliz Putin después de ganar? Su felicidad será la misma, porque, donde busca satisfacer sus egoísmos no vive la felicidad.

Es evidente que estamos ciegos y esa ceguera nos conduce a la perdición. Las Palabras de Jesús nos lo señala claramente: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.  ¿En qué estamos pensando? ¿No es Jesús suficiente signo y señal para creer en Él y en su Palabra? ¿No ha vencido la muerte? ¿Pensamos que cualquiera, que nada ha demostrado ni es capaz de aumentar un pelo de su cabello, nos diga otra cosa? La autoridad de Jesús está demostrada. ¿Qué nos ocurre? ¿Choca con nuestros intereses materiales, egoísmos y pasiones? Indudablemente, primero tendremos que hacernos pobres humildemente para, luego, abrirnos a la Buena Noticia que Jesús – de parte de su Padre Dios – nos trae. ¿No te parece?

martes, 8 de marzo de 2022

HÁGASE TU VOLUNTAD


Hablamos de una persona y decimos que es buena porque observamos coherencia en sus actos y son buenos. Es decir, busca el bien, la verdad y la justicia. Lo que muchas veces entendemos como “sentido común”. Hay personas que actúan de forma inconsciente, quizás <¿será eso a lo que se refiere Jesús cuando dice que muchos últimos serán primeros?> y otras lo hacen conscientemente esforzándose en el amor gratuito y en la presencia de Dios. Porque, consciente o inconscientemente, todo es Gracia de Dios. Sólo Él es Bueno y todo lo bueno nos viene de Él.

Precisamente, en el Evangelio de hoy, Jesús, nos enseña la oración del Padrenuestro. Es la oración por excelencia, porque, en ella reconocemos a Dios como nuestro Padre Bueno, le santificamos y le pedimos que su Reino – nuestro Señor Jesús – venga a nosotros. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y, como no puede ser de otra forma, queremos hacer su Voluntad. Fueron las palabras que dijo María – hágase su Voluntad – al serle anunciado que había sido elegida para ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios. Una Voluntad, por supuesto, aquí en este momento, en este mundo, ahora en nuestro lugar y momento donde estamos y en las circunstancias que estamos. Su Voluntad – que es la que conviene – en el trabajo, en la familia, en todas nuestras responsabilidades…etc.

Por supuesto, también le pedimos por el pan de cada día. El pan de la comida; el pan del esfuerzo y el trabajo; el pan de nuestro equilibrio para resistirnos al pecado; el pan de nuestra fortaleza y fraternidad con los demás – amigos y enemigos – y el pan de su Gracia para, a pesar de ir contra corriente, resistirnos a las tentaciones. Esas tentaciones de las que, inmediatamente, le pedimos que nos libre. Y, sobre todo, la misericordia para perdonar a los amigos y enemigos como Tú, Señor, nos perdona.

Hermosa oración que resume todas nuestras peticiones. No hay que inventar ni hablar mucho más, aunque nos gusta hacerlo y gozamos manifestándoselas a nuestro Padre Dios, que nos escucha y nos atiende. Pero, vivamos el estilo de la oración del Padrenuestro, porque, es un estilo de vida, donde alabamos, adoramos y santificamos a nuestro Padre Dios y tratamos de hacer su Voluntad. Ponernos en sus Manos y dejar que su Voluntad se vaya realizando en nuestra vida es la hermosa y dichosa consecuencia de vivir en esa oración del Padrenuestro