lunes, 9 de junio de 2025

UNA MADRE SIEMPRE NOS ACOGE

Jn 19, 25-34

    Al pie de la cruz, y desde ese momento, María se convierte en nuestra Madre. Es un ofrecimiento de Jesús antes de morir: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

    Creo que no caemos en la cuenta de que tenemos una Madre en el Cielo. Una Madre especial, aparte de la nuestra propia, que intercede a su Hijo por nosotros. Una Madre que nos acoge, nos acompaña, nos sirve de modelo, nos da testimonio con su vida y su perseverancia, y nos alumbra el camino hasta la Cruz de su Hijo.

    —Pero, también nos enseña que el dolor nos sirve para probar nuestra fe y perseverancia. María es Madre porque estaba al pie de la Cruz. No se escondió, se mantuvo firme y compartió su dolor con el de su Hijo. ¿Lo hacemos nosotros así?

    —Me dejas algo descompuesto – replicó Pedro – creo que no. Incluso, hablo por mí, pienso que pasa desapercibida para muchos de nosotros.

    —Sí, creo que está en lo correcto. Si bien es verdad que hay muchas manifestaciones piadosas, romerías y actos de piedad, pero al final se aprueba la ley del aborto. ¿Dónde están esos hijos de la Madre de Dios, que defiende la vida de esos niños nacidos en el vientre de su madres?

    —Al parecer la mayoría se esconden.

    —Pues eso al menos parece.

    De todos modos María es nuestra Madre, y ella siempre estará al pie de la cruz de cada uno de sus hijos que Jesús, su Hijo e Hijo de Dios, le ha dado simbolizado en Juan, para acogernos, para consolarnos, para acompañarnos y para hablarnos de su Hijo. Gracias Madre, Madre de Dios y Madre nuestra.

domingo, 8 de junio de 2025

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

Jn 21, 20-25

Manuel se había dado cuenta de que el Espíritu Santo que había recibido en su bautismo era el mismo que recibió Jesús en el suyo, precisamente aquel día en el Jordán por medio de Juan. En ese momento el Padre lo presenta como el Hijo amado y predilecto, y desciende sobre Él el Espíritu Santo.

Su admiración y gozo eran grande. Se consideraba asistido por ese mismo Espíritu, pues él no se consideraba capacitado para observar, comprender y darse cuenta por sí mismo de ese gran y maravilloso misterio.

Aquel día el Espíritu quiso revelarle algo, al menos así lo entendió Manuel. Regresaba de la Eucaristía nocturna diaria a su casa, y por el camino oía, como siempre, radio María. Pues bien, un sacerdote comentaba que lo de Pentecostés no fue algo que sucedió en aquel momento concreto a los apóstoles, sino que repetía muchas veces en nosotros a la hora de nuestra confirmación.

Experimentó un gozo interior porque se sabía visitado por el Espíritu Santo. Primero desde la hora de su bautismo; segundo, el día de su confirmación, aunque confesaba que en aquel momento no fue consciente de ello, pero, ahora, muchos años después, por su Gracia, el Espíritu le revelaba su presencia.

«¡Y es el mismo Espíritu que acompaño a Jesús al desierto, exclamaba lleno de gozo, alegría y confianza desde su corazón!». ¡Ven Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí la llama de tu Amor!

Realmente, así es, recibimos el mismo Espíritu Santo que acompaño a Jesús en su permanencia en la tierra en la hora de nuestro bautismo, y nos imprime carácter, fortaleza y sabiduría en la hora de nuestra confirmación, como a los apóstoles, para que, con nuestra vida y palabra, anunciemos la Buena Noticia.

sábado, 7 de junio de 2025

TÚ, SÍGUEME

Jn 21, 20-25

—Todos los días le pido a Jesús, el Señor, que me haga discípulo suyo, porque esa es mi meta, seguirle.

Me sorprendió esa oración que me confesó mi amigo Pedro. «Se hace difícil encontrar, aunque realmente las hay, personas que en medio de este mundo pidan eso. No es lo más corriente ni tampoco lo más frecuente». En esos pensamientos, Manuel discernía sobre el seguimiento al Señor.

No cabe duda de que solo la Gracia del Señor es la que puede darte esa capacidad de seguir al Señor. Porque seguirlo exige una condición imprescindible: amar. Y es que en el amor está implícito todo.

—¿Y has notado algún cambio?

—No es fácil advertirlo, pero en el tiempo, al igual que crece la semilla sin apenas notarlo, vas observando que te cuesta más odiar, buscar venganza, ensoberbecerte … y por otra parte descubres que te esfuerzas más en escuchar, servir, perdonar … etc. Vas tomando conciencia de que vas creciendo como persona en tu manera de vivir y de amar tal como el Señor nos ama.

—¿Y cómo lo haces?

—Yo no lo hago, respondió Pedro con absoluta seguridad, lo hace el Señor con su Gracia y Misericordia. Él va modelándome en la medida que yo se lo voy pidiendo. Claro, yo colaboro poniendo de mi parte todo lo que de Él he recibido. Sobre todo, la inteligencia y voluntad recibida.

—Sí, estoy de acuerdo. También yo creo que ese es el camino. Ser perseverante, confiar en que el Señor te escucha y, si te conviene, te irá señalando el camino por donde debes ir y dándote lo que realmente necesitas para que crezcas en amor y santidad.

—A veces - comentó Pedro -  la cosa se tuerce. Se complica el camino y no entendemos por qué ni lo que sucede. Ese es el sentido de nuestras cruces, porque, a veces conviene experimentar el dolor para crecer en amor.

—Sí, creo que es así. Tenemos que confiar en el Señor, el sabe a qué obedece cada cosa y lo que conviene en cada momento para nuestro bien y crecimiento. Son pruebas que sirven para confirmar la veracidad y firmeza de nuestro amor.

Ambos amigos compartían sus vivencias sobre el seguimiento al Señor. Y es que seguirle nos compromete, pero nos da lo que realmente buscamos, la felicidad eterna. Porque de eso se trata, de estar eternamente con el Señor. Él es la Felicidad Eterna.

viernes, 6 de junio de 2025

NUESTRA FE SE FUNDAMENTA EN ALGUIEN QUE, MUERTO, HA RESUCITADO.

Jn 21, 15-19

—Dónde se apoya tu fe, Pedro? Pregunto Manuel a su amigo.

—En un Dios todopoderoso y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

—Pero, da la sensación,  así muchos lo manifiestan, que ese Dios es un Dios lejano, invisible y que parece, o no interviene, en este mundo. ¿No lo ves tú así?

—¡Hombre, no sé que decirte!, pero ese es el Dios que he conocido toda mi vida.

—Pero, hay un Dios encarnado en Persona Humana, Jesús, que ha bajado a este mundo para enseñarnos ese Rostro que tú no conoces de Dios, y para anunciarnos su presencia entre nosotros y un amor de misericordia infinito. Y ese Dios Hijo, hecho hombre, nos ha enseñado de qué manera nos ama su Dios Padre, y de lo que quiere que hagamos para vivir con Él, en gozo y plenitud, eternamente.

—¿Y cómo podemos saberlo?

—Ha dado su Vida por nosotros, y ha Resucitado para demostrarnos que solo el Amor es eterno y en donde se esconde la felicidad que todos buscamos.

    Los dos amigos concluían que lo verdaderamente importante es amar. Pero un amor hasta el extremo, tal y como Jesús, el Señor, nos lo había dado. Y la experiencia nos va demostrando y enseñando que solo en el amor nuestra vida tiene sentido. Y ese amor nos cuesta mucho sostenerlo por nuestra propia condición humana. Solo en Dios podemos conservarlo, modelarlo, suavizarlo, humanizarlo y despojarlo de la inclinación ególatra a la que estamos sometidos por el pecado original. Y darlo en generosidad gratuita a los demás. Solo así permaneceremos en Dios y seremos dichosos.

jueves, 5 de junio de 2025

UNIDOS, COMO EL PADRE Y EL HIJO.

Jn 17, 20-26

No entendemos que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que ha dado su Vida por mí, se ponga ante el Padre y le pida por mí. Y también por ti y por todos los que creen en su Palabra a través de los apóstoles que nos la han transmitidos.

—¿Tú lo entiendes, Pedro? Preguntaba Manuel, algo perplejo, a su amigo.

—Me cuesta entenderlo, pero quiero y trato de entenderlo. De cualquier manera lo importante es creer. Y en eso me aplico.

—Sí, a mí me ocurre algo parecido. Sin embargo, en mis oraciones pido para que mi corazón – iluminado por el Espíritu Santo – llegue a entenderlo.

Ambos amigos se interpelaban en el esfuerzo de compartir esa dificulta, inherente a nuestra propia naturaleza, que nos impide entender lo que nos dice y promete el Señor. De ahí la necesidad que tenemos de ser niños y creer en nuestro Padre. Nada extraño a nuestra propia experiencia, pues cuando niños creíamos en todo lo que nos decían nuestro padres. De ahí que Jesús, el Señor, nos dice en algún momento que tenemos que ser como niños.

—Esa es nuestra intención y eso es lo que celebramos en cada Eucaristía, todos unidos ante Jesús, que reza por nosotros y se da para que perseveremos unidos como el Padre y Él son uno – concluyó Manuel.

Hagamos nosotros lo mismo, celebrar la Eucaristía unidos a Jesús y tratando de vivir esa unidad a la que nos convoca Jesús cuando nos reparte su Pan: Cuerpo y Sangre.

miércoles, 4 de junio de 2025

MENSAJEROS DE FRATERNIDAD Y RECONCILIACIÓN

Jn 17, 11b-19

    Manuel se sentía débil cada vez que olía el ambiente del mundo. Era difícil expresar un deseo de paz, de buena intención y de fraternidad. La corriente del mundo arrastra y es hostil al pensamiento de Jesús. Ser discípulo te creaba problemas, pues el mundo no comulga con la fraternidad ni solidaridad.

    «Será difícil – se dijo – abrir el corazón hasta el extremo de darse en amor y misericordia. Posiblemente no te comprenderán ni entenderán esa actitud».

    El mundo es hostil y seductor. No obstante es uno de los más graves peligros del alma. Caminamos entre lobos y muchos se introducirán entre nosotros. Eso nos exigirá estar muy atentos y unidos. No cabe duda de que la unión fortalece. Necesitamos estar unidos para resistir la lucha de un mundo que nos impone desigualdades, privilegios y margina al pobre y vulnerable.

     Unidos y en oración  permanente a nuestro Señor era la idea que llenaba la cabeza y el corazón de Manuel. Sabía y presentía, que unido al Señor resistiría las tentaciones y peligros del mundo, demonio y carne. Y eso le daba fuerza, ánimo y esperanza para seguir su camino.

martes, 3 de junio de 2025

LLAMADOS A LA VIDA ETERNA

Jn 17, 1-11ª
Hoy se lo decía a un amigo:

—Hemos sido creados, no para morir, sino para vivir eternamente. Y vivir en plenitud de felicidad. Se trata, pues, de recorrer este tiempo y en este mundo injertados en el Señor y hacer su Voluntad. Tenemos al Señor Jesús, el Mesías enviado por el Padre, como Camino, Verdad y Vida para no perdernos y a su Espíritu para acompañarnos en nuestro camino por este mundo.

El amigo no dijo nada. No sé si porque no cree y no le interesa, o porque realmente no tiene respuesta, y cegados por el mundo, demonio y carne permanecen con el corazón cerrado y endurecido. De alguna manera, muchos son los llamados y pocos los elegidos.

Me faltan palabras para poder expresarme respecto a esa hermosa y generosa oración que Jesús dirige a su Padre. Toda su vida ha sido un darse a glorificar al Padre, y ahora pide al Padre por aquellos que le han escuchado. Sólo se me ocurre pedirle al Señor que se acuerde de mí y me tenga entre sus elegidos y pida al Padre por mí, por mi familia y amigos. Y le abra los ojos a aquellos que persisten en sostenerlos cerrados. Esa esperanza me da fuerzas, levanta mi espíritu y me llena de gozo y alegría. Porque su Misericordia es infinita.