jueves, 25 de junio de 2026

ORACIÓN Y OBRAS

Mt 7, 21-29

—No cabe duda de que las palabras son importantes —dijo Pedro. Por medio de ellas nos entendemos, expresamos lo que sentimos y construimos relaciones… 

Interrumpió Manuel:

—Si las obras no las acompañan, todo queda sin efecto. Surge la desconfianza y la palabra pierde fuerza.

Pedro le miró precipitado y le dijo:

—Precisamente, a eso me refería. Una palabra sin el testimonio que la sostenga pierde toda credibilidad.

—Efectivamente —añadió Manuel—, las palabras son importantes… y las necesitamos para expresar nuestros amores, decir y escuchar un te quiero…

Guardó un breve silencio y, mirando a todos, aclaró:

—Pero cuidado con quedarnos en un «Señor, Señor», vacío…

Se levantó y, moviendo los brazos con una expresión de lamento, agregó:

—No solo perdemos el tiempo, sino que nos engañamos a nosotros mismos.

Al mismo tiempo abrió la Biblia que ya sostenía en la mano y dijo:

—En Mateo 7, 21-29, Jesús nos dice: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial…

Entonces, hizo una pausa, miró detenidamente a los que le escuchaban y, con firmeza, concluyó:

—¿Está nuestra oración apoyada sobre roca firme o sobre arena movediza?

Hubo miradas cruzadas y quienes, por sus gestos, manifestaban que la oración es oración cuando lo que se dice va respaldado con lo que se hace.

Posiblemente, el camino para vivir así tenga que ver con el silencio, con detenerse para escuchar a Dios y descubrir qué sueña, cómo nos sueña… y desde ahí, ponerse en marcha.

 Quizás la fórmula sea: Escuchar, discernir, optar y elegir para vivir y hacer realidad esos sueños. Pero sobre todo ánimo y generosidad.

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