sábado, 20 de abril de 2019

HOY DÍA DE SILENCIO Y ESPERANZA

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Supongo que aquel sábado los apóstoles estaban desolados y confundidos. Muchos no terminaron de creerse que Jesús resucitaría y casi ni lo comprendían. No cabía en sus cabezas y, después de mas de veinte siglos a nosotros nos ocurre igual. Muchos no creen en la resurrección; otros no la comprenden y, quizás por eso la rechazan, y otros se fían y, aún sin comprender, creen que Jesús Vive y ha Resucitado.

Indudablemente, es un misterio que no cabe en nuestra cabeza, pero basta su Palabra para creer en Él. Su estilo de vida, su Palabra y sus Obras nos lo dejan claro. Y también el testimonio de sus apóstoles, que siendo los primeros en no comprenderlo le vieron después resucitado. Tan prueba fue su presencia entre ellos que, por eso, nos ha llegado su Palabra hasta nosotros y por eso también creemos.

¡Qué sería de nosotros si los apóstoles, a través de la Iglesia, no hubiesen transmitido su Mensaje! ¡Esa Buena Noticia de Salvación! Esa es la prueba que nos anima y nos llena de esperanza. Esa es la fortaleza que nos deja constancia de la presencia de Jesús entre nosotros. Ese es el deseo que vive en nuestros corazones y que tiene respuesta en la Palabra de nuestro Señor.

Por eso, hoy también nosotros meditamos ese misterio en silencio, pero con unas renovadas esperanzas de sabernos resucitados en el Señor si perseveramos y creemos en Él. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Hoy actualizamos ese hermoso día de oscuridad que se hace día y Luz clara con su Resurrección. Tengamos fe y esperanza en su Palabra.

Te pedimos, Señor, que en estos momentos que actualizamos de tu Pasión y Muerte, veamos con más claridad y fervor tu Resurrección y tu presencia entre nosotros. Amén.

viernes, 19 de abril de 2019

PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR

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Jn 18,1—19,42
Hoy, Jesús, nuestro Señor, entrega su Vida, pero no de una manera cualquiera sino dándose totalmente por cada uno de nosotros para que consigamos la Vida Eterna en la Gloria de Dios Padre. Y lo hace dejándonos a su Madre, para que siempre al amparo de ella podamos encontrar el cobijo necesario para llegar a Él. Una madre, como reza la canción, nunca se cansa de esperar.

Lo hace, señalándonos el camino del perdón. No podremos alcanzar la Misericordia de Dios si no somos capaces de perdonar. Y eso pasa por ser humilde hasta superar las humillaciones que eso nos pueda acarrear. Siempre abajarnos ante los que son más pequeños que nosotros nos será muy difícil, hasta el punto que por nosotros mismos no podremos. Necesitaremos la Gracia de Dios, porque el amor como el perdón son dones de Dios. Nosotros nunca seremos capaces de lograrlo sin el concurso y la Gracia de Dios.

Y, también lo hace, poniendo toda su confianza en Dios Padre. Él es el modelo donde nos tenemos que mirar para en el esfuerzo de cada día tratar de ir pareciéndonos a Él. Ser personas que seamos capaces de amar hasta el punto de darnos y de confiar en nuestro Padre Dios que sale a nuestro encuentro y quiere invitarnos a su Casa para que participemos de su Gloria.

Eso es la Pascua, el paso de la muerte a la Vida. Una vida de Eternidad gloriosa junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; una vida gloriosa y plena de gozo junto al Dios Trino. Y en la Persona del Hijo, nuestro Señor Jesús, retomamos fuerzas cada día a partir de hoy que lo celebramos anualmente para que, todos los días del año, levantemos la mirada y no perdamos de vista cuan es nuestra meta y nuestra felicidad.: Parecernos al Señor hasta acabar nuestro peregrinar en este mundo entregando nuestra vida como Él por verdadero amor.

jueves, 18 de abril de 2019

LA HUMILDAD DE AGACHARSE

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Jn 13,1-15
El pequeño sólo puede ser humilde ante otro más pequeño que él. Porque, la humildad exige que el grande se abaje ante el pequeño. No sería humilde un pequeño ante un grande; un pobre ante un rico, porque eso es lo natural. El pequeño no tiene otro remedio que presentarse humildemente ante el poderoso y grande. Jesús cambia los términos y por eso se hace humilde, porque se humilla ante sus siervos.

Él, el Maestro, se abaja ante sus discípulos y, como un siervo, se pone a lavarles los pies. Esa es la nota característica de la Santa Cena. Jesús se hace pequeño como nosotros sus discípulos y se pone a nuestra disposición. Nos está diciendo que nosotros tenemos que hacer lo mismo, darnos ante los demás, sobre todo los pequeños y más necesitados. Ponernos al servicio de los demás.

Es la noche de la promesa en la que nos dice que se quedará con nosotros bajo las especies de pan y vino. Es la noche grandiosa de la institución de la Eucaristía, donde podemos tocarlo y comerlo para que sea nuestro alimento espiritual y podamos amar como Él. Porque el amor que nos exige Jesús no está a nuestro alcance. Nosotros no podemos amar así, porque nuestra naturaleza no puede llegar a esa dimensión ni tiene esa capacidad. El amor pleno y gratuito es un don de Dios.

Por eso, se ha quedado con nosotros para enseñarnos a amar. Pero, eso exige estar a su lado, tomar su alimento y abrirnos a su Gracia para ir convirtiendo nuestro corazón endurecido, egoísta y soberbio en un corazón, suave, manso, generoso y entregado al servicio a los demás. Porque, en y la medida de esa entrega seremos felices. Sólo dándonos descubriremos esa paz y felicidad que buscamos.

Tengamos fe y sentemos a la mesa con Jesús. Celebremos esa Santa Cena a su lado y dispongamos nuestro corazón endurecido para que Él nos lo transforme en un corazón como el suyo.

miércoles, 17 de abril de 2019

LEJOS DEL SEÑOR QUEDAMOS EN MANOS DEL DEMONIO

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Mt 26,14-25

Cuando nos vamos alejando del Señor, y eso significa que vamos dejando las prácticas religiosas y los ambientes comunitarios o de grupos e insertándonos en la agenda mundana de los círculos sociales y de trajín de la vida agitada, activa, social y mundana, nuestra voluntad se debilita y está pronta a ser seducida por los placeres y ofertas del mundo. Entonces, casi sin darnos cuenta el Señor va quedándose lejos de nosotros y nosotros quedándonos a merced del demonio.

Nada es insignificante respecto a permanecer al lado del Señor. La visita de cada día, o semanal; la Eucaristía diaria, con frecuencia o dominical; los grupos o comunidades; compartir y reflexionar; rezo del santo rosario, diario o semanal; oraciones diarias y constante contacto con el Señor. Y, sobre todo, el estar injertado y colaborar en la parroquia. Todas estas prácticas y actividades nos ayudan a sostenernos cerca del Señor y a espantar y hacerle frente a la influencia del demonio.

Nuestro mayor disparate es alejarnos del Señor. Tal y como hizo Judas. Perdemos siempre y nos desubicamos de nuestro principal objetivo: la Vida Eterna. Es, precisamente, ese objetivo el que nos debe siempre alentar y sostener. Y muy importante no perderlo de vista, porque será él el que nos sostenga firme en nuestro peregrinar y nuestra perseverancia.

La vida pierde todo su sentido si el Señor no está presente. ¿A dónde vamos sin Él? ¿Dónde podemos encontrarnos mejor sino con Él? Y, sobre todo, ¿dónde podemos alcanzar nuestro mayor anhelo y deseo, Vivir Eternamente, sino en, con y por Él? Por eso, se hace necesario perseverar y permanecer injertado en Él.

En esta actitud de dolor, no sólo ya por la Pasión y próxima Muerte de Jesús, sino por la forma que llega y se produce, auspiciada por la traición de uno de los suyos, Judas Iscariote, y por la crucifixión en la cruz. Cruz que a partir de ahora será para todos los creyentes signo de salvación eterna. Que todo este dolor y sufrimientos sea signo redentor y que nos ayude a marcar el horizonte de nuestro camino en la esperanza de alcanzar la Resurrección Eterna.

martes, 16 de abril de 2019

FIDELIDAD O TRAICIÓN

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Jn 13,21-33.36-38
En muchos momentos nos quedamos sin iniciativas por miedo a ser engañados. El engaño te paraliza y te hace excluirte, por miedo, de muchas iniciativas que te gustaría tomar. La fidelidad, por el contrario, te afirma, te da seguridad y te anima a tomar riesgos y a ser optimista. Todo un cúmulo de factores que te fortalecen y te lanzan a tomar iniciativas.

La pregunta sobre nuestra actitud nos cuestiona y nos interpela. ¿Soy yo un traicionero o una persona fiel? O dicha de otra manera, ¿estoy yo en actitud de engañar o de ser fiel? ¿Y esa actitud de fidelidad hasta dónde llega? ¿Es circunstancial, según los intereses y riesgos, o hasta el extremo de darlo todo? Dar respuesta a todas estas preguntas y muchas más que puedes hacerte es una cuestión que descubrirá o esconderá tu compromiso de bautismo.

Porque, en nuestro bautismo nos hemos comprometido a ser fiel al Señor. Bien, es verdad, que en la mayoría de los casos actuales lo han tomado nuestros padres por nosotros, pero, en el espacio de tiempo en el que hemos alcanzado la madurez tenemos ya juicios para decidir por nosotros mismos. Ahora, esa toma decisión requiere conocer bien al Señor, porque de no conocerlo podemos tomar juicios y decisiones equivocadas.

Posiblemente, Judas no lo conoció bien, y eso que tuvo el privilegio de estar a su lado y compartir con Él esos tres años de vida publica asumiendo Naturaleza Humana como nosotros. Posiblemente, Judas no creyó en sus Palabras y desesperó. Su idea del Mesías era otra que la que Jesús le revelaba. Él esperaba a un Mesías poderoso, fuerte, invencible y capaz de unir a toda Israel. Un Mesías liberador del yugo romano. 

Quizás nosotros debemos también preguntarnos qué clase de Mesías esperamos o como lo estamos imaginando y fabricando en nuestro corazón. ¿Queremos un Mesías a nuestro gusto y según nuestra imaginación? ¿O queremos al Mesías que se nos revela en Jesús y que entrega su Vida por nosotros? Tú decides.

lunes, 15 de abril de 2019

CON JESÚS RESUCITADO

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¿Podrías imaginarte estar a la mesa con Jesús después de haberte resucitado? Esa escena fue realidad después de que Jesús resucitó a su amigo Lázaro. El Evangelio de Juan nos dice: Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa.

María, la hermana de Lázaro, en señal de agradecimiento, ungió a Jesús los pies con perfume de nardo puro muy caro. Y, nos dice el Evangelio, que Judas Iscariote murmuró que se debía de haber vendido ese perfume tan caro y el dinero dárselo a los pobres. Pero, al parecer no lo decía con esa intención sino que como era el encargado manejaba la economía y se quedaba con el dinero. Siempre la cuestión del dinero pervierte al hombre y rompe la unidad.

Jesús le recriminó que lo guardaran para su sepultura, prediciendo su muerte en la cruz, y manifestando que pobres habrá siempre, pero Él se iría muy pronto. Y así ha sucedido. Jesús, hecho Hombre se ha ido, pero se ha quedado su Espíritu y está entre nosotros. Y continúa nuestro camino junto a cada uno de nosotros. Un Dios que nos acompaña y que nos anima a caminar siguiéndole.

Los judíos se acercaban a la casa no sólo por ver a Jesús sino también por ver a Lázaro. Y es que Lázaro es un testimonio y una prueba de un resucitado. Eso que piden muchos ahora y que no les será dado. Tienen a la Iglesia y a las Escrituras que nos dan testimonio de su Palabra y de su Vida. Y es que, como se dice en la parábola del rico epulón - Lc 16, 19-31 - que aunque venga uno resucitado no harán caso tampoco, tal y como sucedió con Lázaro al que los sumos sacerdotes y fariseos querían también matar.

domingo, 14 de abril de 2019

PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS

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(Lc 22,14—23,56
Hoy, domingo de ramos, celebramos la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesús, que terminará con el domingo próximo, domingo de Resurrección, el triunfo de la Vida sobre la Muerte. Y desde esta perspectiva es como debemos contemplar esta Semana mayor, centro de la vida del cristiano.

Proclamamos, como sucedió en este domingo de ramos, a Cristo como Rey y Señor nuestro. Un Rey que viene humildemente a salvarnos, porque su Reino no está en este mundo contaminado por el pecado, sino que su Reino se apoya y fundamenta en el Amor. Un Amor que dignifica a la persona humana y que la antepone a toda la creación. Porque, Dios ha creado al hombre y la mujer como centros de la creación.

Tratemos de vivir esta Semana Santa con la intensidad que esa celebración demanda y significa, porque en ella está fundamentada nuestra fe. Jesús es condenado por blasfemia, y su blasfemia es revelarnos que Él es el Hijo de Dios enviado al mundo para revelarnos el Anuncio de salvación. Es condenado porque no creen en su Palabra y le rechazan como el Hijo de Dios. Es condenado porque no aceptan que, tomando nuestra propia naturaleza humana se ha despojado de todo asumiendo nuestra propia esclavitud y haciéndose igual a nosotros menos en el pecado.


Es condenado porque, (Flp 2,6-11): Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. 
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Tratemos nosotros de exaltarlo y arrodillarnos ante su presencia y proclamarlo como el Señor, para gloria de Dios Padre.