miércoles, 20 de julio de 2022

¿Y LA TIERRA DE MI CORAZÓN, ES BUENA, DA FRUTOS?

Es la pregunta que todo buen cristiano debe hacerse, ¿da la tierra de mi corazón buenos frutos? Porque, desde la hora de mi concepción – en el vientre de mi madre – el Señor no ha dejado de sembrar y sembrar buenas semillas de su Palabra y Amor Misericordioso. Y, ¿cuál ha sido mi respuesta? ¿Me pregunto y cuestiono si estoy dando buenos frutos? ¿O simplemente paso de ello y acomodo mi vida a mis criterios, sentimientos y pasiones?

No cabe duda de que la siembra está hecha y, posiblemente, cada día se renueva y se siembras más semillas de amor. Pero ¿las cultivo con verdaderos deseos? ¿Quiero realmente dejarme modelar y ser tierra buena que dé buenos frutos? ¿O me dejo ir y parecerme a esa orilla del camino; a ese pedregal o zarza que me impide dar buena cosecha? Realmente, ¿quiero ser tierra buena? Esa es la pregunta que hoy nos toca reflexionar, cuestionarnos y responder.

 

«El que tenga oídos que oiga, pensó Pedro, como haciendo suya esa pregunta que se había hecho el mismo. Es cierto que a la hora de presentarme ante el Sembrador me será pedido los frutos de mi cosecha, y ¿qué voy a presenta: Un treinta, quizás un sesenta o un cien?»

Ensimismado y cuestionados por esos pensamientos vio llegar a Manuel. No pudo resistir la pregunta.

―¿Qué piensas al respecto de lo que nos dice el Evangelio de hoy. ¿Te has cuestionado la pregunta?

―Esa pregunta es, por sí misma una cuestión e interrogante. Siempre me la debo estar cuestionando, porque, mi cosecha puede siempre mejorar, tanto en porcentajes como en calidad. Cierto es que no se trata de cantidad sino de calidad.

―Razón tienes ―respondió Pedro. No es cuestión de hacer mucho, sino de hacer el máximo de tus fuerzas y capacidades recibidas. Y hacerlas con el máximo amor misericordioso.

―Sí, esa es la cuestión. Amar con todas tus fuerzas sin creerte que tú serás el productor de tus frutos. La Gracia del Señor será la que, con tu simple querer y desear, la que producirá ese treinta, sesenta o cien por cien.

 

Manuel había dado en el clavo. Somos tierra en manos del Señor. Tierra que Él hará fértil y capaz de dar frutos a pesar de nuestros pecados: orilla del camino, pedregal, zarza…etc. Tierra que el Señor convertirá en buena para que dé buenos frutos. Tengamos los odios abiertos y dejemos que la Palabra del Señor entre en nuestros corazones y remuevan nuestra tierra para que, regadas por su Gracia, dé esos hermosos frutos que espera de nosotros.

martes, 19 de julio de 2022

VÍNCULOS DE SANGRE Y ESPÍRITU

Por encima del vínculo de sangre está el vínculo espiritual. Un vínculo más fuerte y que enlaza y une espiritualmente desde el amor misericordioso en una misma fe. Un vínculo que nos hermana más fuertemente que el de sangre. Somos hermanos en Xto. Jesús por el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios que nos acoge, acepta y perdona por los méritos de la Pasión y Muerte de su Hijo.

Es verdad que en la familia – vínculos de sangre – crecen esos valores de unidad y amor misericordioso que se acrecientan y maduran trascendiendo por la fe y el amor más allá de la familia. Es innegable e indudable que todo aquel que cumple y vive en el amor misericordioso está vinculado espiritualmente con Jesús. Es como nos dice Él en el Evangelio de hoy: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Sin lugar a duda, el mayor vínculo es el del amor. Un amor misericordioso capaz de darse hasta el extremo, y de forma incondicional y gratuita, hasta la muerte.

―¿Qué piensas al respecto, Pedro? ―preguntó Manuel.

―Creo que el amor establece un vínculo más fuerte que el de la sangre.

―Evidentemente ―respondió Manuel. Hay familias rotas, separadas y enfrentadas sin posibilidad de entenderse o perdonarse. En cambio, cuando está por medió el vínculo espiritual – amor misericordioso por la fe en Jesús – todo se mira de otra manera. Y, aunque haya conflictos siempre hay esperanzas de misericordia y perdón.

―Sí, estoy de acuerdo ―concluyó Pedro.

No cabe ninguna duda, si el mundo estuviese unido y fundamentado en el amor misericordioso, al estilo de Jesús, todo se vería de otra manera. Y las cosas sería de otra manera. ¿No lo creen así?

lunes, 18 de julio de 2022

SIMPLEMENTE, EL SIGNO DE LA CRUZ

Mt 12,38-42
Quieras o no quieras, la fe te será absolutamente necesaria. Y, te será, porque nunca vas a tener la certeza hasta estar delante de Él. Pero, llegado ese momento – la hora de tu muerte – habrás tenido primero que fiarte de su Palabra y, sobre todo, de su Resurrección al tercer día después de muerto y crucificado y ser enterrado en el sepulcro.

No busques razones ni pruebas. No habrá más. Tendrás que fiarte, creer y tener fe en esa Resurrección que avala el testimonio de los apóstoles y la Iglesia. Jesús ha Resucitado y ese hecho es el fundamento de nuestra fe.

No hay más ni debes perder el tiempo buscando más. Crees en un Dios, encarnado en Naturaleza humana y que, crucificado y muerto en la cruz, Resucitó al tercer día, o no encontrarás razones que te satisfagan y te convenzan. La fe, don de Dios, es el camino para creer en su Palabra y Resurrección. Y, en la medida que te abras a su Palabra, la fe, por la Gracia y Misericordia de Dios, irá naciendo en tu corazón.

 

La fe es un don de Dios, pero, tú y yo queremos comprobar los hechos de la Resurrección como si de un teorema científico se tratara. Y buscamos quedar convencido. Nos gustan las pruebas y de eso, precisamente, habla el Evangelio.

―¿Qué te parece, Pedro, crees en la Palabra de Dios y en su Resurrección?

―Hombre, si crees en la Resurrección se supone que todo lo demás está contenido en esa fe. ―¿No te parece? ―respondió Pedro.

―Supongo que sí ―concluyó Manuel. Si Jesús ha Resucitado, su Palabra es Vida y actúa en nosotros. Vive entre nosotros y en Él podemos encontrar, por su Infinita Misericordia, esa fe que necesitamos y pedimos. Ahora, necesitamos perseverar y fiarnos, y eso se demuestra con el tiempo y – valga la redundancia – la perseverancia.

 

Está claro, la fe es un don de Dios. Pero, un don que hay que pedir, buscar y abrirse a él. Un don que en la medid que tu corazón lo busque y se abra, germinará y crecerá dentro de ti. Porque, la realidad es que es un misterio superior a nuestra capacidad de entendimiento. Y solo, por la Gracia de Dios, lo podremos entender. Sin embargo, al igual que nos fiamos de pequeños de nuestros padres, tendremos ahora que fiarnos de nuestro Padre Dios. De ahí que necesitamos hacernos pequeños.

domingo, 17 de julio de 2022

LA ATENTA ESCUCHA DE MARÍA

La fe exige obras. Una fe sin obras es una fe muerta, aparente y sin fundamento. Eso realmente no es fe. Son las obras las que visibilizan la fe y, por tanto, sin obras, la fe deja de ser verdadera fe. Pero, por otro lado, la fe necesita tiempo de maduración y esa maduración exige contemplación y atenta escucha, sin la cual será imposible conseguir que la fe – por otro lado, don de Dios – pueda crecer y madurar.

En el Evangelio de hoy, María, hermana de Marta, nos ofrece ese testimonio contemplativo de atenta escucha para que la fe germine en lo más profundo de nuestro corazón. Ha escogido la mejor parte, llega a decir Jesús en el Evangelio: «María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Ahora, ¿y nosotros que escogemos? ¿Ponemos verdadera atención a la Palabra, la leemos o escuchamos con atención o, simplemente, lo hacemos ligeramente, de pasada y sin tenerla en cuenta durante cada día de nuestra vida? Posiblemente esa sea la lección y conclusión que debamos sacar de esta lectura evangélica. Quizás, lo bueno sea que el ejemplo de María nos anime a aprovechar la ocasión para leerla y sacar el deseado provecho.

 

«Es verdad, pensaba Manuel, que no prestamos la debida atención a la lectura ni a la escucha de la Palabra de Dios. Posiblemente, ponemos, el acento en otras cosas que, pareciéndonos más importante, no lo son»

―¿Qué piensas al respecto ―preguntó Manuel― sobre la lectura del Evangelio de hoy?

―Creo que está claro ―respondió Pedro. Sin una verdadera y atenta escucha a la Palabra la fe no tendrá oportunidad de asentarse y crecer dentro de nosotros.

―Así es ―afirmó Manuel. La fe es un don de Dios, pero necesita de nuestra colaboración y de que le abramos la puerta de nuestro corazón. Somos libres para rechazarla o dejarla entrar.

 

Esa es la cuestión, escoger la mejor parte, tal y como hizo María, hermana de Marta, significa abrir la puerta de nuestro corazón a la fe con la escucha atenta y contemplación paciente a la Palabra de Dios. Una contemplación activa, es decir, no quedarnos solo en la contemplación sino complementarla con la acción. Marta y María representan esa atenta escucha a la Palabra de Dios: contemplación y servicio.

sábado, 16 de julio de 2022

CAMINO DE MARÍA - VIRGEN DEL CARME

Mt 12,46-50

Hoy, bajo la advocación del Carmelo – Virgen del Carmen – veneramos a María, Madre de Dios y Madre nuestra. María que nos enseña el camino a seguir y tener un encuentro con su Hijo. María que nos descubre y señala con su vida un camino de cruz tras el que nos encontramos con su Hijo.

Es evidente que se trata de un camino de sorpresas y misterios; un camino de alegrías y sufrimientos; un camino de luces y sombras. Seguir a Jesús, y en eso María es referencia y modelo, no es nada fácil. Exige renuncias, esfuerzo, paciencia, perseverancia, esperanza y, sobre todo, fe. Fiarse de su Palabra y guardarla, a pesar de que haya oscuridad en nuestro entendimiento, en nuestro corazón.

María es la Madre que está siempre presente en la Vida de su Hijo. María es la Madre que cree, persevera y camina – haya luz u oscuridad – tras los pasos de su Hijo y a pesar de no entender en muchos momentos las oscilaciones, precipicios y barrancos de ese camino. Se fía de la Palabra de su Hijo y, desde el primer instante en el que le fue anunciada su elección de Madre, fue obediente, humilde en hacer la Voluntad del Padre que la ha elegido.

María, Madre de Dios, enséñanos a cumplir con la Voluntad de Dios para ser hermanos de tu Hijo Jesús, el Mesías prometido. Amén.


―¿No has reparado, Pedro, de las enseñanzas que podemos descubrir al contemplar y reflexionar sobre las actitudes de María? ―señaló Manuel muy decidido.

―Es notorio ―respondió Pedro― las enseñanzas que pueden desprenderse del camino que María, primero, acepta, emprende y realiza con verdadera humildad, obediencia, perseverancia y fe.

―Indudablemente ―añadió Manuel. María es referencia, modelo y guía que nos lleva directamente al encuentro con su Hijo.

Ahora, nos toca a nosotros descubrir todo lo que – el camino de María – nos enseña para nuestra vida. Porque, mirándonos en María podemos también encontrar nosotros ese camino que nos lleva al encuentro con Jesús.

viernes, 15 de julio de 2022

MÁS QUE EL TEMPLO

Mt 12,1-8

Es evidente que la Ley está para cumplirla, y será siempre bueno cumplirla. Sin embargo, otra cosa es anteponerla a la Voluntad de Dios. Porque, lo que viene de los hombres, viene manchado por el pecado, y lo que viene de Dios es lo bueno, lo que es perfecto y lo que verdaderamente nos conviene. Por tanto, primero, escuchar a Dios y luego, en sintonía con la Voluntad de Dios, amar misericordiosamente a los hombres.

Esa es la misión de la Iglesia, de Templo espiritual que es la Iglesia como continuadora de la misión de Cristo, nuestro Señor. Porque, el verdadero Templo es el Señor que demanda, no sacrificios sino Misericordia. Amar es el fundamento de la Ley, porque, una Ley que se olvida de servir en la justicia y vivir en la misericordia es una ley opresiva e inquisidora. El hombre siempre está primero y, se es justo cuando se busca el bien del hombre. Nunca anteponer la justicia al bien del hombre. Por una sencilla y simple razón: Eres justo y vives en la verdad cuando tus actos van dirigidos al bien del hombre. Un bien fundamentado en la justicia y en el amor.

―¿Has observado ―preguntó Manuel― como regañan los padres a sus hijos cuando hacen algo que no les conviene y les perjudica?

―Y creo que hacen bien ―respondió Pedro. Buscan el bien de los hijos aunque, para ello, tengan que hacerlo enfadados y con gestos aparentemente agresivos.

―Además ―siguió Manuel― si lo hacen desde el amor en Cristo Jesús, es decir, en su presencia, y buscando el bien, se notará siempre un halito de paz y amor.

―Creo que ahí está la diferencia, cuando se corrige desde el amor todo es diferente, hasta la forma de reprender. Y eso solo se consigue estando en la presencia del Señor.

―Efectivamente, cuando actuamos desde Dios y con Dios, al menos en esa buena intención, las cosas cambian y son diferentes. Porque, solo de Dios viene lo bueno, lo que nos conviene y busca nuestro bien:  La Salvación Eterna.

 

La ley – que viene de los hombres – nunca puede obligar ni enfrentarnos al amor misericordioso que viene de nuestro Padre Dios. La parábola del buen samaritano nos lo deja bien claro. Sería contradictorio dejar de hacer algo bueno y necesario para el hombre porque la ley lo prohíba. El sábado siempre estará al servicio del hombre, y nunca al revés.

jueves, 14 de julio de 2022

ÉL ES CAMINO, VERDAD Y VIDA

Buscar en este mundo será vano. No hay otra alternativa, para encontrar esa felicidad eterna que todos buscamos, sino Jesús. Él es Camino, Verdad y Vida. Es nuestra referencia, nuestro modelo y nuestro guía. Sin Él nos desorientamos y perdemos el rumbo y objetivo de nuestra vida: la felicidad plena y gozosa eterna.

Jesús nos enseña a superar todos los obstáculos que nos impiden el camino correcto y verdadero. Nos invita a tomar su yugo y, como Él, ser manso y humilde para aceptar y soportar las adversidades que el camino de esta vida mundana nos presenta. Queramos o no las dificultades aparecerán y con ellas el sufrimiento y el dolor. Pero, en y con el Señor encontraremos sosiego, paz, sentido y fortaleza para aceptarlas y superarlas.

Todos nuestros esfuerzos deben ir dirigidos a poner como objetivo principal de nuestra vida la Voluntad de Dios. Así lo hizo Jesús y así nos lo enseña. La Voluntad del Padre debe ser nuestro principal objetivo. Todo los demás queda sometió a ella. Jesús, nuestro modelo, acata la Voluntad de su Padre y, toda su Vida, está puesta en y para hacer la Voluntad de su Padre. Voluntad que pasa por amar a todos los hombres hasta el extremo de entregar su Vida.

 

―La experiencia nos va descubriendo la dureza de la vida ―manifestó algo apesadumbrado Manuel.

―Se te ve triste ―alegó Pedro.

―No es para menos. La vida es dura y hay muchos momentos que el cansancio y la dureza del esfuerzo te amenazan con doblegarte y rendirte.

―Sí, eso es cierto, pero el Evangelio de hoy nos da esperanza y consolación ―dijo Pedro.

―Y es precisamente lo que me llena de esperanza y alegría. Tenemos Alguien donde apoyar todas nuestras fatigas, desilusiones y cansancios. Jesús se nos ofrece hoy como verdadero alivio de nuestro cansancio y agobios.

La cara de Manuel reflejaba el sentir de sus propias palabras. Su semblante apesadumbrado se tornaba ahora apacible, esperanzado y consolado. En y con Jesús la dureza de la vida encontraba descanso y paz.

 

El camino es duro y angosto pero, lo sabemos, su curso desemboca en esa gloria, plena de gozo y felicidad eterna que es el Cielo. Y ese final no debemos perderlo nunca de vista. Se nos ha dicho, es la puerta estrecha la que nos lleva a la felicidad eterna. Una felicidad que supera todas las adversidades que este mundo nos puede presentar.